Perdido en Buenos Aires

Fermina Daza

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

Antonio Álvarez Gil es cubano pero reside en Estocolmo desde hace casi dos décadas. Sus trabajos literarios discurren paralelos a su vida, comprometido y cronista de los avatares de su pueblo. Su obra principal está publicada en Cuba, Uruguay, Costa Rica, Puerto Rico, Suecia, Italia y España. Entre sus libros de cuentos figuran Una muchacha en el andén, Unos y otros, Del tiempo y las cosasPerdido en Buenos Aires es su sexta novela, la preceden Las largas horas de la noche, Naufragios, Delirio nórdico, Después de Cuba y Concierto para una violinista muerta.

Pues atentos a Perdido en Buenos Aires que ha sido Premio de Novela Vargas Llosa  del 2009. Recién estrenada en nuestro país, salió a la venta en Octubre del 2010.

Conocí esta novela antes de publicarse a través de la oportunidad que su autor dió publicando on-line el primer capítulo y la esperé, por ello, con interés ya que intuí una historia embaucadora. Y no me equivoqué porque además es seductora, elegante y amable. Literatura que elabora vidas y acontecimientos deslizándose entre renglones teñidos de ficción y biografía.

Su autor apuntó que no es la biografía de Capablanca lo que pretendía con este libro sino el relato de aquellos días desde su imaginación, tal y como él soñó que sucedieron, no obstante, es parte de su vida profesional el meollo de la novela, aquella mítica y casi interminable partida de ajedrez con su rival Alekhine en el Buenos Aires de 1927.

Antonio Alvarez Gil retrata -casi cinematográficamente- la ciudad porteña de los años predecesores a la Crisis Mundial del 29. Es un Buenos Aires ajeno a la decadencia venidera y que solo se señala, anticipada y reflejada, en el Campeón del Mundo de Ajedrez, en la merma de sus cualidades durante aquellos días y en su desgana ante lo que fue su vida y su pasión.

Luce para la historia de la inolvidable partida una ciudad con el esplendor de los tangos de Gardel, los temas musicales inolvidables del mito viviendo e interactuando con Raúl Capablanca. Leer escuchando la banda sonora que nos propone Álvarez Gil es disfrutar más todavía y más aún indagar cuáles fueron personajes y lugares reales y ficticios. Bares, calles, hoteles, actrices, amigos… El lector indagará y al descubrir valorará más y más las páginas escritas por el autor que entrelaza, como en el tango lo hacen los cuerpos y las piernas, lo real y lo imaginado.

Varios tiempos verbales marcan la narración y una especie de voz en off marca, para encuadrar la vida de Capablanca, el pasado de éste,  los recuerdos considerados para él cruciales en su trayectoria profesional.

No se confunda nadie. No es una novela exclusivamente sobre ajedrez, hay grandes dosis de él y tan bien contadas y calculadas que leer en papel los movimientos en el tablero no tendrá ninguna dificultad para los profanos en esta maestría. Pero las partidas más interesantes de la novela se juegan fuera de ese tablero, y es en la vida de los protagonistas donde se mueven fichas determinantes como el amor, la felonía, la culpa, la lealtad, la lucha, la elección de pasiones, el orgullo, la soledad, el sentimiento de ser apátrida, lo peligroso y necesario que es soñar, y el análisis de cada movimiento concluyendo en la idea que ronda en la novela y que no es otra que la de que no se puede vivir para una sola cosa.

Leerla es disfrutar y darle la razón al jurado que la ha premiado.