La URSS en la obra de Antonio Álvarez Gil

Jacqueline Loss

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Descubrí la novela Naufragios (2002) por casualidad en una librería en España hace unos años. Como típica y desafortunadamente a veces ocurre cuando uno está llevando a cabo una investigación en particular, nos fijamos más en los elementos relacionados con el estudio de uno a costa de otros detalles que podrían ser aún más relevantes.  De esta novela muy emblemática, tenía plantada en mi memoria durante años sólo una frase “La rusita era linda y estaba consciente de ello. La mezcla de sangre la había favorecido mucho. Tenía a un tiempo la enigmática belleza de las mujeres rusas y la salsa. . . de las chicas cubanas” (74).  Esta imagen sirvió más de una vez como la contraparte de otra representación de una cubana rusa que sale en una novela de un autor norteamericano Martin Cruz Smith. Sabía que este escritor residía en Suecia durante muchos años, pero sólo cuando por alguna razón me di cuenta de su larga estancia en la Unión Soviética empecé a leer lo mucho que había publicado desde aquel entonces; una confesión sobre la cual no estoy orgullosa, pero así funciona la presión en la academia norteamericana…pero esto sería motivo de otro ensayo, tal vez sobre el valor del ocio o la pérdida de lo estético en los estudios culturales.

No es imprescindible agrupar la lista vasta de estos viajeros que incluye a José Manuel Prieto, Jesús Díaz, Antonio Armenteros, Emilio García Montiel y por supuesto Antonio Álvarez Gil, entre otros. Sin embargo, varios de sus textos tienen aspectos que se pueden comparar entre sí ya que tienen “protagonistas” cubanos transportados a la Unión Soviética y Rusia, y los cuales terminan siendo prueba viviente de la influencia soviética y rusa en Cuba.  Enviado a la Unión Soviética a los diez y nueve años de edad con el fin de estudiar ingeniería química, Álvarez Gil pasó un año en Kiev y cinco en Moscú, únicamente regresando a su país natal años después, empleado allí por COMECON como experto en relaciones internacionales. Sus libros de narrativa corta como Unos y otros (Habana, 1990) y Del tiempo y las cosas (Habana, 1993) captan las expectativas y los compromisos que los cubanos y otros extranjeros experimentaron en la Unión Soviética mientras Callejones de Arbat publicado en 2012 en Puerto Rico es una historia retorcida y exhilarante sobre la transferencia de la represión sistemática de la Unión Soviética en Cuba.

Su segundo libro de cuentos, también publicado en Cuba, 1990.

Su segundo libro de cuentos, también publicado en Cuba, 1990.

En Unos y otros nos encontramos con personajes que lidian con su hombría a través de sus romances y sus amistades, revelando conceptualizaciones de éxito y fracaso individuo y colectivo. Muchas veces las experiencias que tienen los personajes en la Unión Soviética funcionan como una medida de su desarrollo personal. Para los personajes jóvenes que estudian allá en Unos y otros, la Unión Soviética es un lugar positivo, sin embargo plantea algunas preguntas sobre la supuesta amistad cubana-soviética. Leído entre otros testimonios fabulados de cubanos en la Unión Soviética, se destaca un cuento como “Tres cerditos” en el cual las vidas de tres estudiantes toman caminos distintos en comparación con los que se quedaron más tiempo en la Unión Soviética y a los que ya no les importa mucho la evolución de su propio país.  Es como si adoptaran un aire distinto, una arrogancia, bien comparable con la actitud que pudiera dejar el imperio en un viajero de una colonia que pasa un largo tiempo en la metrópoli y regresa a su país de origen.

Si el diario de viaje de Samuel Feijóo de 1964 retrató una experiencia única de una Unión Soviética que se ejemplificaba en esta declaración que publicó en Islas en 1967, “Hasta hoy no hay nostalgia de mi país, amigos, etc. Sigo en mi tierra” (108), los cuentos de Álvarez Gil se comprometen con una experiencia compartida entre los cubanos para quienes la Unión Soviética formó parte de sus horizontes de expectativas de algo novedoso, horizontes que fueron establecidos con la ayuda de pensadores como el mismo Feijóo.

Su tercer libro de cuento, publicado en Cuba, 1993.

Su tercer libro de cuento, publicado en Cuba, 1993.

El mundo en el que se encuentran los lectores de Del tiempo y las cosas, publicado en Cuba en 1993, es aún más vasto que él que abarca Unos y otros. La nacionalidad de los protagonistas no es siempre cubana y está impregnado de un aire misterioso, medio religioso y no esperado que permea los cuentos.  El protagonista cubano de “Variaciones sobre un tema de Bulgakov” pasa una tarde extraña buscando la casa de sus amigos, también extranjeros, viviendo en Moscú. Aunque los había visitado más de una vez, por alguna razón esta vez no pudo encontrar su casa. Por otra parte, una mujer le pregunta a él cómo llegar al Kremlin, una pregunta especialmente extraña considerando que está a la vista. Esta secuencia estrafalaria conduce a su amigo a preguntarse si, en realidad, este amigo “perdido,” el narrador y protagonista, fue hechizado esa tarde por los personajes de Bulgakov en El Maestro y Margarita, la novela, que según la versión revisada del mismo cuento publicado en Nunca es tarde (Premio de Narrativa Corta Generación del 27, 2004) sedujo a su narrador y a sus amigos latinoamericanos que pasaron muchas noches traduciéndola.El Maestro y Margarita es un subtexto crucial para la escritura de Álvarez Gil, pero Bulgakov no es el único escritor que ha sufrido bajo las manos del totalitarismo que ha sido resucitado por Álvarez Gil. Mario, el protagonista de Callejones de Arbat, es un periodista cubano que tiene un contracto con el OCEI: “aquella organización que había simbolizado durante decenios la alternativa a la economía de mercado y la libertad de empresa como fuente de prosperidad y desarrollo material de las naciones en el mundo moderno” (20). Cuando viaja a Moscú en 1989, conoce a Dolores, una bella actriz, hija de un traductor español que escapó a la URSS desde la España fascista.  Con ella, no sólo traiciona a su esposa, Vera, llevando a cabo una historia de amor intensa, sino se mete en el mundo de la mismísima novela de El maestro y Margarita, debido al hecho de que Dolores tiene el papel de Margarita en la dramatización de esta obra.  A través de ésta y otras amistadas, el mundo de Mario se abre pero no a las novedades positivas vistas en Unos y otros (donde el mundo soviético le ofrece otro horizonte para ver el mundo) sino a las represiones promulgadas por el sistema soviético y cubano, represiones que al final obligan a Mario a abandonar su puesto y pedir asilo en Canadá para él y para su familia.

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

Callejones de Arbat acusa al gobierno cubano de reprimir las voces artísticas e intelectuales más importantes, a través de tácticas ya sometidas a prueba por Stalin. Como en País que no era  de Antonio Armenteros (Habana, 2005), el modelo heroico retratado por autores como  Nikolái Ostrovski, Mijaíl Shólojov y Alexandr Bek, que fue ejemplar en la formación de los cubanos de los años 1970, es menos realista que la obra de la crítica de regímenes totalitarios.  La gran literatura del heroísmo no es la única cosa que los cubanos imitan en Callejones de Arbat, sino el peor aparato estatal del estalinismo. Es difícil leer la tête-à-tête sobre la Perestroika soviética que tiene Vera con el viceministro cubano sin pensar en las intervenciones extra-textuales que tuvieron lugar en publicaciones cubanas sobre la caída del socialismo en Europa del Este con respecto a la importancia de Stalin en el triunfo sobre los alemanes en la Gran Guerra Patria. El viceministro de la novela declara: “todo eso que me estás diciendo es parte de una campaña de difamación contra el hombre que salvó a tu gran país de la invasión alemana” (159).  Más adelante, se pone aún más apasionado, “Eran tiempos difíciles, de mucho peligro para la supervivencia del país, y que Stalin tenía que tener mano dura con la quinta columna enemiga que se le había formado en casa” (159).

Esta novela cubana sobre la Perestroika y la Glásnost revela dolorosamente las consecuencias de la lógica de ese sistema. Ariadna Efrón es la protagonista de la novela (inédita y muy problemática) dentro de la novela de Álvarez Gil, donde residen Marina Tsvetaeva, Borís Pasternak, Osip Mandelstam, Anna Ajmátova, Bunin, Nabokov, Brodsky y Nikolai Gumiliov. La mayoría de estos autores son los mismos que admiran muchos literatos cubanos, tales como Reina María Rodríguez, Juan Abreu y Jorge Ferrer, quienes implementan estas figuras como mecanismos para criticar su propia nación. Creer que “el modelo cubano era un calco del soviético” lleva a Mario a su destino.  El punto decisivo ocurre en las siguientes líneas de esa novela intercalada:

Ejemplos como el que acabo de citar en los casos de Pasternak y Mandelstam son una muestra de cómo el arrogante dictador se permite humillar al escritor rebelde. Los poemas laudatorios, las cartas de contrición y los reconocimientos públicos de culpa son sólo las aristas más visibles de vidas y talentos que se consumen y desaparecen en la artesa del poder totalitario. Desgraciadamente, la vida cultural de nuestro país no ha estado exenta de asuntos de esta guisa. Aunque no lo creo necesario, bien podría citar aquí varios casos de trato humillante y despótico hacia algunos escritores cubanos. (251)

La condena completa de la manera en que su propia nación construye los límites de la práctica revolucionaria intelectual es lo que pone a Mario en peligro, tomando en cuenta que no están desmantelando ningún sistema en Cuba.

En ningún momento durante la novela su condena lo hace creer que está en contra de la médula de la ideología socialista y éste es un punto crucial para entender Callejones de Arbat, Cuatro fugas de Manuel y también mucha de la producción cultural actual que indaga en el periodo soviético en Cuba. La fuerza de Callejones de Arbat descansa en su intertextualidad compleja y en su capacidad de expresar la sensación que tenían muchos cubanos en aquel entonces durante la Perestroika—que Cuba podría seguir dentro de la ideología revolucionaria a través de transformaciones críticas. Esta sensación es menos y menos vigente pero es esencial para entender el telón de fondo del matrimonio cubano-soviético, una parte única y estrafalaria de la historia cubana.

← Volver al índice

Bibliografía

Alvarez Gil, Antonio. Callejones de Arbat. San Juan, Puerto Rico: Terranova Editores, 2012. ———. Del tiempo y las cosas. Habana: Unión 1993. ———. Naufragios. Sevilla: Algaida Editores, 2002. ———. Nunca es tarde. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2005. ———. Unos y otros. Habana: Unión, 1990. Armenteros, Antonio. El país que no era. Habana: Letras Cubanas, 2005. Díaz, Jesús. Las cuatro fugas de Manuel. Madrid: Espasa, 2002. Feijóo, Samuel. “Viaje a la Unión Soviética.” Islas 9. 2 (1967): 83–307.