Monólogo de un valioso actor cubano

Juan David Ferrer

Waldo González López

Hace muchos, tantos años que no recuerdo cuántos, ‘descubrí’ en el habanero Teatro Nacional de Guiñol a este actor que, si bien entonces era muy joven, ya descollaba en la puesta de Tendrás estrellas, versión del Teatro Nacional de Guiñol sobre El Pequeño Príncipe, de Antoine de Saint-Exupéry, dirigida por otro de mis maestros, Ulises García, que también la actuaba conmigo [ah, Juan David, quizás no sepas que cuando murió nuestro querido y muy destacado Ulises en Europa, mi colegamiga desde los tiempos de la Escuela Nacional de Arte: la valiosa actriz Sara Miyares, me pidió, a nombre del elenco, las palabras de homenaje que fueron leídas en el foyer del propio Guiñol].

En fin, el tiempo pasó y «pasó un águila por el mar» [dixit Martí].    Lo que sí recuerdo claramente es que desde aquella lejana fecha, no supe más de aquel creador escénico, ni pude disfrutar de otro de sus desempeños… hasta poco tiempo atrás, cuando nos encontramos en un teatro del preferido ámbito del exilio cubano: Miami.

Sí, poco tiempo atrás volvería a atraparme la actuación de aquel joven que yo, mucho tiempo atrás, en el habanero Teatro Nacional de Guiñol había descubierto, y al que yo recordaba por su desempeño.

Mas, como en esa ocasión en que nos reencontramos yo publicaba, en mi columna del portal teatroenmiami.com, comentarios sobre la escena miamense y realizaba entrevistas a no pocos actores y directores cubanos residentes en Miami y en otros países le dije: -Oye, Juan David, quiero entrevistarte para saber qué has hecho desde aquel lejano tiempo del Guiñol en La Habana, a lo que me respondió afirmativamente.

Pero aún debería pasar cierto tiempo para realizar mi postergada entrevista. Por fin, pocos días atrás, nos reencontramos y quedamos en que esta vez sí sería posible. Mas, antes de pasar a sus respuestas, debo destacar que, por su calidad, conocimientos y prestigio, actualmente labora como profesor de Actuación I en Teatro Prometeo, el Centro de Formación de Actores del Miami Dade College y el Adriana Barraza Acting Studio. Y ahora, por fin, he aquí el resultado de aquel postergado encuentro con el valioso intérprete cubano Juan David Ferrer, la que, por la calidad de sus respuestas, he preferido convertir en un monólogo.

 

En "Chamaco", de Abel González Melo, con el actor Adrián Mas.

En «Chamaco», de Abel González Melo, con el actor Adrián Mas.

Fui un niño muy tímido; todavía lo soy; tímido quiero decir, claro, aunque los actores conservamos siempre algo de la niñez: esa tendencia lúdrica, esa capacidad para la sorpresa, propia o ajena, para entregarnos a ciegas a los sueños, las utopías. El caso es que era de una timidez y una introspección notables. Mi cabeza siempre estaba en otra parte, imaginando otros mundos, otros seres, reconstruyendo el paisaje y viajando con la imaginación a otros lugares, a otras épocas.

Recuerdo haber sido, de niño, polaco, turco, vikingo, templario, sarraceno, anfibio, extraterrestre, acróbata de circo… ¡qué sé yo! La mesa estaba servida, sólo faltaba un contacto con el Teatro para marcar el rumbo, y se dio en una dramatización que preparaba una de mis profesoras de quinto grado sobre la Fábula de La Cigarra y la Hormiga, y me obligaron, literalmente, a subirme al escenario como La Cigarra; voluntariamente hubiera sido impensable.

Desde ese día para mi sorpresa, y la de los demás, supe que mi vida estaría en el Teatro, sobre el escenario; allí se juntaba todo lo que había intentado para ser feliz y capaz de comunicarme con los otros: la lectura, la música, la pintura, el viaje, diferentes sonidos, ritmos, colores…, pero había algo más; estaba yo, activamente mezclado con todo aquello, y ni sombra de timidez, de angustia; estaba yo expresando todo lo que llevaba por dentro, y haciéndolo a través de otra historia, de otro ser. Desde la primera vez que pisé un escenario me sentí protegido de todo mal y peligro; me sentí fuerte y seguro.

Nadie en mi familia se había dedicado antes al arte, y les costaba entender, y tomarse en serio, todo aquello. Mi padre nunca me vió actuar, y mi madre sólo me vió en La Boda, de Virgilio Piñera; muchos, muchos años después.

Mi familia se cambiaba de casa todo el tiempo; éramos como gitanos. Cada vez que llegaba a una nueva escuela, si no había grupo de teatro, yo lo fundaba, y si no había director, pues dirigía yo, pero mi primera experiencia profesional me la ofreció, a mis veintidós años, René Fernández Santana en el Teatro Papalote de Matanzas. Con ellos aprendí mucho sobre la técnica y la ética del actor, allí completé la formación que había iniciado con Aleida Santiago, quien marcó mi camino con un modo muy suyo, de hacer y ver el Teatro, que hasta hoy me acompaña.

Interpretar no es una revisión racional, pragmática del personaje; tampoco se trata de «ser el personaje». No necesito ser o entender al personaje para actuarlo; necesito aceptarlo; aceptar que está haciendo lo mejor que puede en sus circunstancias, que lo que hace está siendo hecho del único modo posible; no hay otro en esas circunstancias. Una vez que logro aceptarlo, trato, entonces, de ponerme en su lugar, entrar en su historia, darle mi cuerpo, mi voz, mis emociones, pero sin juzgarle. Si le juzgo no me va a dejar entrar; me va a bloquear, y eso no es lo que busco. Ya en el camino él me va diciendo cómo moverme, cómo caminar, cómo respirar, qué tono de voz usar. Para ser capaz de seguir esos dictados es imprescindible un cuerpo entrenado, afinado como un violín o un piano. El cuerpo es nuestro instrumento de trabajo y es preciso entrenarlo cada día; mantenerlo afinado, listo para las necesidades y exigencias del personaje. Un actor sin entrenamiento es como un barco sin timón y sin ancla; no hay capitán que lo haga llegar a puerto alguno.

Desde muy joven dirijo, sin embargo, sigo considerándome actor, no director. Yo sólo dirijo cuando necesito un director y no lo encuentro o cuando un amigo me pide que lo dirija porque quiere mi visión en su obra, o se siente cómodo frente a mí para crear. Los actores que dirigimos nos exponemos a ciertos riesgos. El mayor de todos, en mi experiencia, es imponer al actor, desde el principio, mi visión, mi modo de hacer y actuar, minarle su propio camino de acceso al personaje; por arrogancia, o prisa, o desconfianza. Siempre es posible conducirlo hasta donde quieres sin imponerle nada. Detesto esa tiranía y ya me tengo avisado; no más me sorprendo acercándome a esa línea amarilla me doy un bofetón y despierto. No quiero eso; no lo quiero como actor ni como director. A pesar de mis incursiones en la dirección prefiero la actuación, sin dudas. Hasta hoy ha sido así, no sé mañana; todo cambia. Lo único permanente, y seguro, es el cambio.

En la serie "El Capo.

En la serie «El Capo.

¿Experiencias decisivas en mi carrera? Mi carrera, toda, ha sido una experiencia decisiva. Haber tenido la oportunidad de explorar otros medios como el cine, la televisión; haber sido capaz de mantenerme trabajando hasta hoy, a pesar de lo difícil que resulta; haber podido mostrar mi trabajo en tantos países; conocer, gracias al Teatro, otras culturas, otros pueblos, otra gente, ha sido decisivo en mi formación, me ha hecho un mejor creador, y un mejor hombre. Doy gracias al Teatro por ello, por lo que soy.

¿Actores preferidos? No sería justo plantearlo en esos términos. Prefiero hablar de artistas, no necesariamente actores, que han sido determinantes en mi carrera y en mi vida, que me han ayudado, personalmente o con su obra, a elegir un camino y defenderlo: Marcel Marceau, Maria Bethânia, Rosario Suárez, Alberto Sarraín, Aleida Santiago, Lili Rentería, Denise Stoklos, Charles Chaplin, Fernando Pessoa o Helder Costa, el director de La Barraca de Lisboa: son personas a las que debo mucho en mi carrera, más allá de las preferencias. A fin de cuentas las preferencias son sólo eso: preferencias; las influencias quedan plasmadas en obra y trascienden lo personal, además, es bueno no desaprovechar la oportunidad de agradecer a tus maestros cada vez que sea posible.

Tanto filósofo grande suelto por ahí y tú me preguntas qué es para mí la existencia. Te respondo desde el teatro. Existir, convenido, es estar presente. Un actor puede estar sobre el escenario, incluso desnudo, si actua, porque sus acciones lo definen, lo hacen presente: él existe. La existencia, en el teatro, está condicionada por la acción dramática: el drama es acción; y el Teatro es una síntesis, sublimada, de la vida.

Podríamos convenir, entonces, que existir es estar presente en mi tiempo a través de mis actos, y que la calidad de estos determinará si mi existencia ha sido productiva o baldía, luminosa u oscura… no sé, es una pregunta para filósofos; yo sólo soy un actor.

En fin, gracias por todo, Waldo.

 

 

Algunas obras y series en las que ha actuado o dirigido:

"El cuarto de al lado". Foto: Julio de la Nuez.

«El cuarto de al lado». Foto: Julio de la Nuez.

La Zapatera Prodigiosa / Federico García Lorca
Teatro Papalote
Dir. René Fernández Santana /1985

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El Gran Festín
Teatro Papalote
Dir. René Fernández Santana /1985

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Tendrás estrella s/ Ulises García, sobre El Pequeño Príncipe /  Antoine de Saint Exupéry
Guiñol Nacional de Cuba
Dir. Ulises García/1987

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Con la actriz Magaly Aguero, en "Yarini". Foto: Pedro Portal.

Con la actriz Magaly Aguero, en «Yarini». Foto: Pedro Portal.

Don Chicote Mula Manca y su fiel Caballero Ze Chupanza /
Oscar Von Pfuhl
Guiñol Nacional de Cuba
Dir. Roberto Fernández /1989

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Los hijos de Medea / Suzanne Osten
Guiñol Nacional de Cuba
Dir. Eddy Socorro /1992

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El Público / Federico García Lorca
Teatro El Público
Dir. Carlos Díaz /1993

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La Boda / Virgilio Piñera
Teatro El Público
Dir. Raúl Martín /1993

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Gentefrication.

Gentefrication.

Mirando al tendido / Rodolfo Santana
Teatro Avante
Dir. Mario Ernesto Sánchez / 1995

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Requiem por Yarini  / Carlos Felipe
La Ma’Teodora
Dir. Alberto Sarraín /1996

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Delirio Habanero / Alberto Pedro
La Ma’Teodora
Dir. Alberto Sarraín /1997

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Manteca / Alberto Pedro
La Ma’Teodora
Dir. Alberto Sarraín / 1998

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Gentefrication.

Gentefrication.

La Chunga / Mario Vargas Llosa
La Ma’Teodora
Dir. Alberto Sarraín /1999

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Amanecí como con ganas de morirme / Indira Páez
Teatro Abanico
Dir. Juan David Ferrer /2010

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Cría Cuervos / Edui Tijerina Chapa
La Gaviota
Dir. Juan David Ferrer /2013

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Puentes y Paisajes / Ramón Caudet
La Gaviota
Dir. Neher Jacqueline Briceño /2015

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Freno de mano / Víctor Winer
El Bar
Dir. Leandro Fernández /2016

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Los ponedores / Iván Tula
EspacioT Cali, Colombia
Dir. Leandro Fernández /2017

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El camino de vuelta a casa / Miguel Angel González
EspacioT Cali, Colombia
Dir. Juan David Ferrer /2017

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Sangre / Eduardo Pardo
EspacioT Cali, Colombia
Dir. Leandro Fernández /2017

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El cuarto de al lado / Sarah Ruhl
Arca Images
Dir. Larry Villanueva /2018

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Gentefrikation / Emilio Rodríguez
Teatro Prometeo
Dir. Edgar M. García /2018

Nota del Editor:

OtroLunes agradece las fotografías de Julio de la Nuez, Alfredo Armas y Pedro Portal.

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador.