Un arco iris en el firmamento

Sobre Poesía selecta, de William Wordsworth

Ian Sosa Ferreira

Poesía selecta
William Wordsworth
Traducción, introducción y notas de Eduardo Sánchez Fernández
Linteo Poesía. Ourense, 2018

 

William Wordsworth (1770 – 1843) no extravió nunca su razón de existencia; sin premura, situó su realidad en la dinámica del cambio lírico que necesitaban las letras de entonces y subordinó su poesía a lo imperdurable. Las encendidas ascuas de su ayer son ahora -dos siglos después- vigencia y hechizo; tal vez, porque en su interior siempre sostuvo un único paraíso posible. Su verso fue sustancial a la hora de enfeudarse en la retórica de un futuro ineludible: el de hacer subjetiva la voz interior, la de separar las contingencias y las circunstancias inanes, y mostrar al fondo lo múltiple, la raíz elemental de lo absoluto.

Su batallar no fue en solitario, pue su amistad y su común mirada con Samuel T. Coleridge (1772 – 1834), fueron fundamentales para apuntalar las bases del movimiento romántico británico. Ambos lucharon por convertir la imagen sombría de los poetas en contemplativa  transparencia. La radical premeditación con la que los escritores neoclásicos de entonces defendían sus ya decadentes propuestas chocó con la renovada perspectiva  estético-literaria que trajo el Romanticismo.  El relato de la vida cotidiana, la remembranza, la melancolía, los bellos escenarios que brinda la Naturaleza…, van siendo moneda común para una nueva hornada de escritores que desean ser entendidos, que anhelan compartir sus sentimientos con cualquier público. Y para ello, qué mejor que dotar al lenguaje de unos códigos propiamente accesibles. Claro que tal intención no debía entenderse como un engañoso disfraz lingüístico, sino como la honesta misión que todo autor -más aún siendo poeta- habría de asimilar con total naturalidad.

De todos estos aspectos podrá empaparse el lector gracias a la reciente publicación de Poesía selecta, de William Wordsworth. Eduardo Sánchez Fernández ha estado al cuidado de la traducción, introducción y notas de este volumen que abrochan el decir y el sentir del literato británico. Confiesa el compilador que los textos que componen esta antología “han sido escogidos de acuerdo con un criterio muy personal , si bien he tenido en cuenta la trascendencia literaria y social que alguno de ellos han tenido y continúan teniendo”.

En estos poemas se adivina que cada elemento está dispuesto con suma precisión, que no hay nada baldío ni sobrante, que la voz de Wordsworth es un intento de trascender más allá de la propia esencia humana. Para ello, propició anudarse a las repentinas iluminaciones que derivaban del alma humana y dejarlas avanzar en pos de la verdad. Si bien, el ser humano debe sumirse en un proceso de introspección que le permita salir fortalecido en su batalla con el universo exterior que lo  rodea.

“Sólo siendo un gran poeta se justifican aventuras tan peligrosas”, dejó escrito T. S. Eliot al referirse a Wordsworth. En sus ensayos, quiso aclarar que fue un autor más inspirado que lúcido -al contrario de lo que consideró a Coleridge-; es decir, que su obra más sobresaliente habría surgido siempre desde el arrebato y no desde su intrínseca capacidad lírica.

Dividido en “Baladas y otros poemas líricos”, “Poemas narrativos”, “Poemas meditativos”, Sonetos y “Odas”, el volumen manifiesta una evidente yuxtaposición que deviene en intuición, en impresión sensible  y en donde el yo no quiere que se interrumpa, ni se mute, la esperanza vital.  Porque todo cuanto resulte verosímil y visible -aunque el entendimiento no lo llegue a percibir-, debe ser poetizado desde la clave ontológica del amor por la palabra: la más alta jerarquía de cualquier poeta: “Mi corazón salta cuando contemplo/ un arco iris en el firmamento:/ así fue el comienzo de mi vida,/ así es ahora que soy un Hombre”.