Matices Antología poética (1974 – 2016)
Diego Martínez Torrón
Cátedra. Letras Hispánicas
Bajo el título de Matices, se reúne una amplia antología (1974 – 2016) de Diego Martínez Torrón. Nacido en 1950 en Zalamea, Badajoz, es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Córdoba. Además, tiene publicada una amplia obra ensayística (José de Espronceda, Alberto Lista, Francisco de Quevedo, Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz….), novelas, relatos y una decena de poemarios. De ellos, precisamente, se nutre esta compilación que deja al lector una amplia muestra de su quehacer.
Anota José María Merino en su prólogo que es esta una poesía en la cual “lírica y vida se concilian plenamente, enlazadas a lo largo del tiempo mediante un instrumento, el artificio verbal, que responde de manera convincente a los sentimientos y pensamientos expresados”. A esos mimbres señalados, el escritor pacense une un verbo diáfano, de amplia voluntad comunicativa, del cual deriva una afectiva dicción. De la mayor parte de sus textos nace una esencia plena de libertad, de pasión, que, a su vez, se acompaña de una serena realidad, de una conciencia propia y colectiva, protectora de lo que más importa: “Ser tierra,/ ser agua,/ ser árbol,/ ser pájaro,/ ser luz./ Y, cuando dejemos de ser,/ ser el Ser mismo/ que subyace,/ nos subyuga/ y nos sustenta./ Ser de nuevo tierra./ Y reiniciar el ciclo”:
El florilegio se abre con Deliquios, y recoge los primeros poemas del vate extremeño fechados en 1974. Después, nueve poemarios más -hasta Llorar por ella– que van dando cuenta de una obra rigurosa y de madurada expresividad.
Resulta enriquecedora la selección e introducción que el propio autor ha llevado a cabo, así como los personales comentarios a cada poema. Todo ello ayuda a descubrir datos relevantes de sus anhelos, de sus cuitas, de sus preferencias…, de su íntimo universo lírico.
Tras una primera etapa de acentos surrealistas, se aprecia un giro hacia una poesía de mayor clarividencia, en donde el contenido narrativo conjuga sabiamente con el esquema rítmico y estrófico de la composición. En Alrededor de ti (1984), se constata también esa búsqueda del amor juntos a territorios y protagonistas de cálida complicidad: “Y lucho,/ lucho con todas mis fuerzas por conservar tu amor, y establecer una pausa eterna en este fluir encadenado./ Lucho por tu limpia mirada de niña, tu alma de cristal./ O quizás eres otra y siempre la has sido, más allá de mi límite y mi pensamiento,/ pero tengo la certeza de tu caricia y de tus besos”.
Posteriormente, Martínez Torrón confiesa como optó por una “estética de la sencillez” que fue impregnando sus siguientes volúmenes: Las cuatro estaciones y el amor (1990), La otra tierra (1990), Tres pájaros en primavera (1995) y Sobre tus labios (2001). En ellos, su cántico se condensa, se ordena y se dibuja de forma coherente, precisa, y su sustancia versal cubre cualquier eclipse con el gozo que emana del corazón. Así, van dilatándose los instantes que conforman una atmósfera donde la consciencia del vivir se vuelve isla compartida, marea común, fiebre y fulgor de llama viva: “Envuelto/ en tu aire,/ la música/ de tus manos/ acariciando/ el espacio/ en cada gesto/. El aire/ que tú respiras,/ el aire/ que te rodea./ Blanca la magia/ de tus brazos/ y mi alma/ es tu sombra”.
La necesaria unión del Hombre y la Naturaleza será el hilo conductor de Adagio al sol (2007), al que seguirá dos años después Fantasmas en la niebla. En él, el Amor y la Muerte van de la mano tras el trágico fallecimiento de la esposa del autor. En su poema “La muerte de ella. Epílogo a mi poesía” es una elegía tan doliente como hermosa, tan desasosegante como conmovedora: “Anoche me dejaste./ Anoche te fuiste./ Y la noche ya era mi única compañera cuando besé llorando tus labios”.
Llorar por ella (2016) es en palabras de Martínez Torrón “un homenaje póstumo con el que me despedí de la poesía”. En ese adiós, también cabe la contemplación de escenarios evocadores, los cuales propician instantes de eterna fidelidad. Los versos fluyen como alegoría de lo vivido, de lo que no cesa de cambiar y se mantiene a la vez inalterable, muy cerca de “donde habite Ella”.
Una antología, en verdad, abarcadora y explícita, que alienta desde la metáfora de su concreción “el sentido último/ del universo”.