En la poesía de Néstor Rojas cada palabra es un canto, una herida abierta en el tiempo que sella la sepultura y el olvido tan agrio de las cosas. Ya no sabemos lo que significan las palabras por que hemos perdido la inocencia como hemos perdido todo, poco a poco fuimos despojados de lo que antes era visible para todos. Lo invisible permanece desafiante, la memoria es un ultraje parecido a nuestra historia vestida de plumajes incandescentes. Un destello de las vanas y fútiles diferencias en las que habita el cuerpo, cansado de repetirse en ese espejo del otro que no fue siquiera el mismo cuando pudo y no quiso. Una suerte de agravio. No podemos remediar nuestros males con la boca al aire, el rostro desfigurado, las manos tejidas por el ojo del agua que atraviesa los senderos que bifurcan el sueño atemporal de estar despiertos, muriendo lentamente como se vive hoy bajo la sospecha. Somos libres por naturaleza…Pero la esclavitud persiste. Una razón tras otra afina la puntería, acecha nuestra existencia como una sombra del miedo, es nuestra forma de aclimatarnos y abrigarnos de la intemperie de las palabras, nos quedamos en silencio compungidos de nuestra casa que es otra sombra de nuestra perplejidad y duda. Hemos soñado lo mismo, tantas veces, desnudas las verdades que duelen, que se incrustan como un cuchillo afilado en el silencio que mata, en la bala asesina, de las formas petrificadas del sueño que murieron antes de nacer o pronunciar su nombre.
Lo que veo y siento es que la poesía de Néstor Rojas es una poesía solar y crepuscular, las dos caras de la inocencia en medio de la selva y su laberinto. Hemos navegado entre las orillas de un puerto distante, con el símbolo de una lejana geografía que está en medio de la Nada. No sabemos a dónde ir y menos hacia dónde vamos…Angostura barre las estrellas con los ojos noctámbulos de la noche y soñando se nos va la vida, cada instante lo vivimos al despertar como si fuera la última batalla mitológica del hombre. La llevamos por dentro como si fuera nuestra hazaña haber vivido lo que otros imaginaron. Pero usted, poeta, vive a plenitud en ese reino milenario donde la poesía celebra el canto del hombre libre de toda atadura. Es decir, en el mismo centro de un sentimiento que está en el universo. La libertad de hacer con la palabra y su verdad lo que la intuición del instante poético revela a su manera, la esencia de la naturaleza, la cadencia y el ritmo del universo.
Yo espero con fe de que su poesía trascienda en otros territorios. Seguiré leyendo este canto por su verdad y trascendencia. Demás está decir que merece todos los premios por su propia calidad literaria.