Acudiendo a la distancia que exhala el velo difuminado de la ficción, el escritor cubano Antonio Álvarez Gil muestra en su última novela Naufragios, una imagen real y sufrida de la Cuba actual. La obra, que obtuvo el V Premio de novela «Ciudad de Badajoz», está ambientada en un pequeño pueblo de la costa del norte de Cuba, San Pedro (de nombre imaginario, pero inspirado en una localidad real), que está situado en una zona en la que muchos balseros huyen del país. La trama plantea dos naufragios: el de un yate de recreo de unos turistas canadienses que se ven obligados a quedarse en el pueblo, originando su estancia una serie de curiosas peripecias provocadas por la distinta condición social de los personajes. El segundo es el de unos balseros cubanos que fracasan en su intento por huir del país.
La realidad cubana
Para el autor, esta novela puede ser una metáfora de la situación cubana: «Habla sobre la coyuntura de Cuba. Desde la ficción se muestra la cruda realidad que el pueblo cubano tiene que vivir diariamente. La historia está situada entre dos naufragios, aunque lo que de verdad representan es el naufragio del sueño cubano». El pesimismo del tema principal no le ha impedido narrar el relato con un tono alegre, que, de alguna manera, refleja el sentir de su pueblo: «El día a día en Cuba es duro y difícil, pero, a pesar de ello, el pueblo cubano tiene un sentido del humor, del choteo, que ayuda a sobrellevarlo». El escritor no se escondió a la hora de analizar el estado político de su país: «Lo cierto es que, a pesar de que el Gobierno de Fidel Castro ha tenido más de una oportunidad para abrir la sociedad, no lo ha aprovechado». ¿Qué se puede esperar del futuro? Álvarez Gil piensa que todo pasa porque Fidel abandone el poder: «En ese momento, todos los cubanos de todas las tendencias, tanto los de dentro como los de fuera, tendremos que ponernos de acuerdo para hacer una plataforma común que permita hacer los cambios futuros». A pesar de esto, el narrador no se alinea como adversario político del régimen de Fidel: «Estoy como auto expatriado; salí de Cuba porque vi que se imponían límites a la libertad de expresión, pero no tengo ninguna preferencia política ni soy militante de ningún partido. Eso me permite opinar libremente sobre cualquier tema referente mi país».
