La estirpe errante

Juan Ángel Juristo

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Desde luego que el exilio se puede abordar de múltiples maneras, desde la descripción de tramas que apelan al drama colectivo hasta aquellos que han logrado introducir, con no poco riesgo literario, una suerte de comedia enloquecida, de claro corte surreal las más de las veces, y que actuaría al modo de purga moral ante este tipo de hecatombes. La literatura cubana del exilio, interno o externo, tanto da, es variada en sus temas y maneras, casi tantas como escritores, desde Cabrera Infante a Reinaldo Arenas, desde Jesús Díaz a Gastón Baquero, desde Rafael Rojas a Lino Novás, desde Zoé Valdés a Álvarez Gil…, como si para expresarse con verdad en la isla cada escritor tuviese que recorrer de nuevo el malhadado camino de José Martí. En esta novela, felizmente, quiero decir, con feliz resultado, se ha recurrido a la larga tradición española de la picaresca para dar cuenta de la crisis de los balseros. Estamos a principios de los noventa, cuando miles de cubanos se lanzaron a pedir asilo político en países de acogida, Suecia entre ellos, introduciendo así una suerte de ambigüedad moral lúcidamente propuesta y muy bien resuelta.

 

Pequeños dramas

A fin de cuentas, ¿cómo distinguir a un exiliado político de un inmigrante hambriento?, dicho aún mejor, ¿dónde se halla la diferencia real entre un estado y otro? De preguntas así surge este libro y su trama tan proclive a ser tomada como emotiva, claro, pero las respuestas no existen, o sólo en parte logran esclarecer lo que, en definitiva, puede ser tomado con la misma fatalidad que el destino en los tiempos antiguos. Todo eso abordado desde la farsa, que es el modo que ahora adopta lo que puede ser contado como legendario. El narrador, por ejemplo, que nace en los momentos álgidos de la Revolución, Santa Clara y el Che, es decir, con un estigma que para sí lo quisieran Aquiles o Sigfrido, es educado para ser un edificante ejemplo de ciudadano socialista pero, finalmente, termina pidiendo asilo en Suecia, un país que de la noche a la mañana aparece convertido en una pequeña Habana nevada. Encuentros felices y pequeños dramas que son la mayoría de las veces tragicómicos, historias de amor que terminan como deben terminar en las novelas de ahora, esta narración nos da cuenta de una serie de vidas que, en definitiva, maduran sabiendo que la nueva Jerusalén no existe, pero cuya idea es necesaria a la libertad del hombre.