Hay dos personajes cubanos que, en mi opinión, son extremadamente cinematográficos: Kid Chocolate y José Raúl Capablanca. Asombra que ningún director de fuste haya reparado en el detalle. En realidad ya hubo un intento en lo que se refiere al ajedrecista, mas todos sabemos que fue polvora mal gastada: resultó una cinta mediocre y aburrida.
Sin embargo, a la hora de novelar la vida de Capablanca, parece que el acierto ha sido mayor. Le atinaron, como decían en mi pueblo. La prueba de lo que digo es Perdido en Buenos Aires, el excelente texto de Antonio Alvarez Gil.
Escrita con ritmo ágil y muy bien documentada, la novela de Alvarez Gil consigue envolverte desde la primera página. El autor, salta a la vista, ya domina los trucos del oficio porque disfrutamos cada instante de la historia.
La auténtica película sobre José Raúl Capablanca seguramente aún está por rodarse. Pero ya tiene su primera novela decente y la acaba de escribir un talentoso escritor cubano perdido en Estocolmo.
