– Papá, es hora de entrar en casa, hace frío aquí.
Pero su padre no le contesta.
La masía familiar queda toda rodeada por un terreno inmenso de naranjos, hasta donde se pierde la vista. A su padre le gusta permanecer entorno; no sabe Francisco si por una cuestión de sobrevenida nostalgia o quizá por la imposibilidad de abandonar el hábito, pues a sus setenta y dos años –y por obstinación de su madre- ha decidido poner fin al trabajo de supervisión de los huertos, dejándolo en manos de la cooperativa.
Un trabajo este, el del cuidado y mantenimiento de los huertos, que prácticamente le ha ocupado toda su vida adulta. Leer más…
