Aseguran no pocos editores —y también críticos, amén de izquierdistas pálidos— que el “tema Cuba” ya aburre. La mayoría de los editores rechazan publicar novelas que aborden la tragedia cubana de los últimos 50 años. Se equivocan. La desgracia del comunismo castrista da para rato; aun, ya lo veremos –aunque no creo que yo lo veré— se convertirá en una épica narrativa. Los lectores de los que hoy carece, según los sondeos de la casas editoriales, aquella narrativa, se multiplicarán en el futuro en uno y otro sitio; y en Cuba, cuando ocurra lo que tiene que ocurrir, ni decirlo: se venderá y consumirá como pan caliente, como se dice.
La editorial portorriqueña Terranova Editores apuesta contra la “lógica” impuesta: Ha publicado recientemente Callejones de Arbat, del escritor cubano Antonio Álvarez Gil (1947), radicado en Suecia. Y acierta Terranova Editores: esta novela resulta de un novedoso contenido dentro de la narrativa más reciente ocupada en denunciar —esta es la palabra, si bien la denuncia, en el arte, ya lo sabemos, nunca supedita la estética—, en exponer para el presente y para el futuro los desmanes de la revolución castrista. Para el futuro porque solo la literatura, en la medida de sus posibilidades, proporcionará a los lectores, sociólogos, psicólogos, políticos y politólogos del porvenir una idea de lo que ha significado este medio siglo para la isla de Cuba. Digo esto ¿por qué cuál verdad podrá hallarse en las hemerotecas de la llamada revolución cubana?
Una de las locaciones, física y espiritual, de la novela que nos ocupa es la sede en Moscú de la OCEI (Organización para la Colaboración Económica Internacional).Un emporio del comunismo internacional.
La trama de Callejones de Arbat corre en dos vertientes fundamentales: la estancia, el desarrollo y el desencanto de Mario, el narrador- protagonista, cubano casado con la rusa Vera, en aquella organización, y un feroz triángulo amoroso Mario-Vera-Dolores; esta última hija de un español ruso, Santiago Gómez, el personaje más interesante de la narración; el hombre que simboliza el ascenso de la utopía y el declive de esta, con todo el horror de por medio.
Creo que el plano que da cuenta de las tribulaciones de Mario, inmerso en un debate interior entre dos mujeres (espeluznante, como suelen ser estas situaciones) es el más logrado de la obra. En este el autor alcanza una inusitada intensidad, una elaboración casi milimétrica de sus sentires. Se trata de decidir entre la mujer de siempre, la madre de sus hijos, quien le ha resultado un apoyo inestimable durante muchos años, y la bella Dolores, fresca, artista, de profundo pensamiento y sensibilidad igual, rusa y española al 50 por ciento por parte.
Por medio del gran Santiago Gómez y con el aporte del narrador, entramos en lo que suele llamarse la novela de la novela, un entramado muy bien pensado por Álvarez Gil. En estos capítulos nos llega el terror, la barbarie estalinista sobre todo contra grandes narradores, poetas y artistas rusos de otras disciplinas. En realidad, aun con todo lo que podamos saber sobre esos años terribles, nos sobrecogemos al leer estas líneas escritas en un sobresaliente tono confidencial.
Pero la novela abarca más que eso, se va, con ánimos novedosos, por esos caminos de la detentación del poder “revolucionario” en Cuba, ajustando varios de los hechos más ominosos de la revolución castrista.
El intríngulis de la OCEI nos va llegando mediante un testigo presencial y excepcional. Aquí constatamos el miedo, el cinismo, la doble moral, el arribismo de varios de los cubanos y funcionarios de otras latitudes que entonces trabajaban en esa organización; una especie de todos contra todos, aunque las apariencias no dieran fe de ello.
Dejo para el final un aspecto que me parece de lo más logrado de la novela: la paranoia; justamente la paranoia que se apodera de Mario hacia el final de la obra, cuando debe tomar una de esas decisiones que suelen superar al ser humano. Digo que esto resulta de lo más encomiable de Callejones de Arbat porque está tratada, la paranoia, con un detallismo que llega a involucrarnos sin más remedio en las acciones narradas.
De modo que debemos reconocer esta publicación de Terranova Editores, y claro, a la vez reconocer al autor de una buena novela. De mi parte, gracias.
