El Antonio Álvarez Gil que conozco

Ihosvany Hernández

Edición puertorriqueña de la novela "Las largas horas de la noche", 2003.

Edición puertorriqueña de la novela “Las largas horas de la noche”, 2003.

Conocí a Antonio Álvarez Gil gracias al premio que obtuvo en el año 2009: el Vargas Llosa de Novela, por su obra Perdido en Buenos Aires.  A partir de entonces comencé a prestarle atención a su carrera literaria, engrosada totalmente en el exilio.

He leído algunas  novelas, entre éstas  menciono (acaso dos de las más importantes) Las largas horas de la noche y Callejones de Arbat.  En ambas he presentido la voz del autor preocupado por llevarnos hacia el mundo interior de sus personajes, a quienes dota de cierta credibilidad, convirtiéndolos, casi, en seres reales, de carne y hueso.  

Aún recuerdo a los personajes Dolores y Mario, de Callejones de Arbat. Todavía me parece que los oigo, que los veo sentarse a la mesa de un café, todavía me parece que los veo encontrarse en un Moscú que jamás he visitado. Y, sin embargo, he creído que junto a estos personajes estuve por algunas calles y callejones, y hasta me ha hecho indagar, buscar fotos, imágenes para cerciorarme de que lo imaginado como lector se aproxima a lo que, como autor, Álvarez Gil quiso exponer, partiendo de su propia experiencia, de sus años de vida en Europa, viendo aquel socialismo desaparecer de nación en nación, viviendo en carne propia las modificaciones de un régimen felizmente desaparecido. Y de todo este tiempo, como es lógico que suceda en un autor que sabe darle provecho a sus propias vivencias, parten la mayoría de sus relatos o novelas. Su mundo tiene mucho de sinceridad y de humanismo, de credibilidad y hasta de inconformidad con lo real, con lo que se sabe ha sido injusto y él intenta hablar, decir, declarar la torpeza de lo que ha visto bien de cerca arremeter contra una sociedad entera.

Con su estilo que bien lo identifica, uno puede asomarse a los rostros más conocidos, hallando allí nuevas facetas en la vida de quien él como autor indagó. Por ejemplo, en una novela que fue finalista del premio Casa de las Américas, en Cuba, me refiero a Las Largas horas de la Noche.

Al leer esta novela también tuve la sensación de estar ante dos personajes que distaban de ser pura caricatura, sino que se íbamos descubriendo personajes que parecían respirar y agonizar ante el lector.  La lectura se me iba en un paseo hacia el interior del ser humano, y todo lo que quedó en la Historia y que muchos cubanos conocemos como un  idilio sensacional, como un hecho que marcó la vida de quienes lo padecieron, recobra en esta obra de Gil una dimensión especial. Porque él les da  nueva vida a José Martí y a la niña de Guatemala, asunto que recrea en esta novela.

Antonio Álvarez Gil ha creado una obra que busca penetrar en la sensibilidad de sus lectores, sin dar crédito a la simplicidad o el artificio. Lo hace con autenticidad y una astucia creativa,  partiendo de su propia experiencia, de sus vivencias en aquel socialismo que vio caer, o desde la Cuba que asumió dejar. Álvarez Gil  crea su obra desde la perspectiva de un autor preocupado por un pasado (reciente), desde la mirada de este siglo XXI y con toda la esperanza puesta en hacerse entender a través de sus historias.