Las largas horas de la noche: un texto incómodo

Arsenio Cicero

Edición de Costa Rica de su novela "Las largas horas de la noche", 2000.

Edición de Costa Rica de su novela “Las largas horas de la noche”, 2000.

Muchos son los escritores que han optado por ficcionalizar a Martí. Un proceso interesante al respecto fue el iniciado a finales de los años 80 del pasado siglo, a partir de un ambicioso proyecto televisivo sobre episodios de su vida y en los que se pretendía humanizar al héroe. Para este evento fueron convocados varios narradores, que aceptaron el reto con entusiasmo. Eduardo Heras León, Francisco López Sacha, Reinaldo Montero y Antonio Álvarez Gil son algunos de ellos. Luego de acuciosas  investigaciones, estos autores escribieron sus guiones y escaletas. La serie televisiva. Sin embargo, como resultado de la “inclemencia” del “período especial,” la serie televisiva no llegó a producirse, y varios de estos escritores convirtieron más tarde sus propuestas en obras literarias. Tales son los casos de Álvarez Gil y Arturo Arango. Si bien este proyecto televisivo no tenía una intención desmitificadora  per se, el hecho de utilizar a un actor para encarnar a Martí en la televisión (incluso en la Cuba revolucionaria, la televisión no se considera un medio artístico de la talla del cine o el teatro), y de internarse en episodios de la vida íntima del héroe, verlo como “Pepe,” padre o esposo, constituía un cambio atrevido en el tratamiento tradicional del icono.

Uno de los resultados del serial televisivo sobre Martí que debutó en el área de la literatura, específicamente como novela, fue Las largas horas de la noche. El narrador Antonio Álvarez Gil, quien había optado por llevar a la pequeña pantalla un controversial aspecto de la estancia de Martí en Guatemala, escribió un texto basado en una historia real. Posteriormente, envió la novela al concurso “Casa de las Américas”, en 1993, donde fue finalista. Ese mismo año, el libro obtuvo mención en el concurso de la UNEAC, y fue acordada su publicación por la Editorial Letras Cubanas.

El tema de la novela es bien popular en Cuba. Entre abril de 1877 y agosto de 1878, el joven Martí, quien contaba veinticuatro años y estaba comprometido con su futura esposa, Carmen Zayas Bazán, viaja desde México hacia Ciudad de Guatemala huyendo de la dictadura de Porfirio Díaz y con la idea de trabajar y hacer dinero para trasladarse con Carmen más tarde. Durante su estancia allí, Martí conoce a María García Granados, una adolescente de dieciséis años que pertenecía a la alta sociedad guatemalteca, y con la que se especula que el cubano tuvo un idilio. El colofón de este no confirmado “affaire,” fue la muerte prematura de la joven. Un conocido poema de Martí da cuenta de esta historia y contribuye al mito de la relación. Dos octosílabos de “La niña de Guatemala” (Versos sencillos), aparentemente brindan la clave del fallecimiento de María: “dicen que murió de frío/yo sé que murió de amor.”

A partir de un profundo estudio de la vida y obra de Martí y con el uso de documentos y textos originales de la época, Álvarez Gil recrea este episodio con una fidelidad histórica que sólo es retada por la inmersión absoluta en la psiquis de los personajes de la novela, en especial el protagonista, José Martí. Sin un gran despliegue de novedosas técnicas narrativas, Álvarez Gil se vale del uso de diversos puntos de vista narrativos y perspectivas para recordarnos que es un texto escrito a fines del siglo XX. Por ejemplo, Martí se expresa a partir de una segunda persona gramatical que, aunque ya a fines de los años 80 comenzaba a ser retórica, sirve aquí para conocer las interioridades del personaje, sus pensamientos, sus emociones. El lenguaje, por su parte, sobrio y coloquial, pretende copiar el de la década de los ochenta, pero del siglo XIX. Y lo consigue. Es por ello que en esta novela el habla del Martí-personaje funciona como tal. La rigidez de los diálogos en otras obras en las que se incorporan sus textos no existe en Las largas horas de la noche. Una serie de narradores, personajes omniscientes, con apenas alguna intervención de un supranarrador, es otra de las características estructurales de esta obra. Súmese a esto la naturaleza de los acontecimientos: la historia de un amor imposible, la muerte de una joven delicada y hermosa, los “vahídos,” “estremecimientos,” “cojines perfumados” y muchas, muchas lágrimas, y tendremos una obra con una fuerte aura romántica.

Este libro tuvo una azarosa carrera, ya que finalmente no se editó en Cuba. No fue hasta el año 2000 en que publicado, por primera vez, en Costa Rica,. Tres años después, corregida y aumentada, la novela tuvo su publicación definitiva por la editorial puertorriqueña Plaza Mayor. La razón para que no se publicara en Cuba donde, según el autor, estaba lista para editarse, fue su exilio en Estocolmo, Suecia, en 1994. En “No escribo contra nada ni contra nadie,” una reciente y amplia entrevista, Álvarez Gil se refirió a las vicisitudes de esta obra, de marcado carácter histórico. Pienso, no obstante, que una revisión de las andanzas eróticas del Apóstol, de sus tanteos sentimentales, y de un tormentoso período de su vida lleno de luchas y ambiciones políticas, tampoco era de interés oficial como no lo es hoy todavía.

A pesar de que esta historia recuerde más a la de otra María, contada por el novelista colombiano Jorge Isaacs hace más de cien años, hay otros elementos que marcan una diferencia. El hecho, por ejemplo, de que el Héroe Nacional de Cuba sea llamado Pepe, o que se cuente la mofa que de él hacían cuando le llamaban “doctor Torrente,” por lo que sus detractores consideraban sus excesos oratorios, e incluso que se le describa en flirteos con una joven, o en escarceos amatorios con su esposa, no importa lo puritanas que estas descripciones sean, son algunos de estos elementos. En mi opinión, son también razones para que Largas horas de la noche, hubiera sido un texto incómodo en Cuba. De cualquier manera, es evidente que aunque, publicada en el extranjero y muchos años después de su escritura, se observan en esta novela rasgos de su origen en la Cuba de los 90 con todo lo que esto implica.