Ayotzinapa y otros poemas

Del libro Azogue suite

Armando Salgado

Armando Salgado

armando-salgado-poesia-otrolunes36(Uruapan, Michoacán, 1985). Egresado de la Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío, Michoacán. Maestro en Educación Básica por la Universidad Pedagógica Nacional. Candidato a Doctor por parte del Instituto McLaren de Pedagogía Crítica. Autor de los libros: Cofre de pájaro muerto (Dirección de Literatura, UNAM, ediciones Punto de Partida, 2014), Fiebrerías (Diablura Ediciones, 2014), Estancia de ánimas (FETA, 2013; Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal, 2013. Elegido por la revista Siempre! y el periódico La Razón como uno de los mejores libros del año publicados en México), Azogue Suite (ICA, 2013; Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos, 2012, poesía), Corvus Suvroc (Mantis Editores/H. Ayuntamiento de Hermosillo, 2012; Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal, 2011) Liturgias (Secretaría de Cultura de Michoacán, 2011; Premio Michoacán de Ópera Prima de Poesía, 2011), y Variaciones de una vida rota (SECUM, 2011; Premio Michoacán Ópera Prima de Narrativa, 2011). Entre otros galardones ha recibido el Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela, 2014; el primer lugar nacional en el Concurso de Expresión Literaria sobre los Símbolos Patrios de la SEP (recibiendo el galardón en el Ángel de la Independencia), el Premio de Poesía de los L Juegos Florales Nacionales de Jiquilpan, Michoacán, dedicados a la revolución mexicana (obteniendo el mismo certamen a los 100 años de la revolución), el segundo lugar en poesía en el concurso 45 de la revista Punto de Partida de la UNAM, y el Premio Michoacán al Mérito Juvenil en la categoría de Expresión Artística. Ha colaborado en revistas como: Tierra Baldía, Parteaguas, Punto de Partida, Tierra Adentro, Botella del náufrago, Vozquemadura, Inchátiro, Coma suspensivos, Salvo el crepúsculo entre otras y en los suplementos Laberinto del periódico Milenio, La Jornada Semanal, La gualdra de La Jornada Zacatecas y Letras para llevar de la Universidad Michoacana. Participó en el III Fórum Universal de las Culturas, en Valparaíso, Chile, y en la Casa Museo de la Fundación Pablo Neruda, en Isla Negra, en 2010. Carlos Olivares Baró dijo de su obra que es una: Voz discordante de afrentas arriesgadas que hay que tomar en cuenta a la hora de resumir los nuevos rumbos de la poesía mexicana. Miembro de la Sociedad de Escritores Michoacanos. Actualmente se dedica a la docencia en Morelia, Michoacán.

*****

 

manicomio zygmunt

(fragmentos)

Anoche me soñé en la calle Primera. Había letreros de alquiler en las puertas de los grandes hoteles. Todo era borroso como la niebla que tiene un cementerio. Llegué al hostal. El pasillo estaba cubierto de ojos, vulvas y tornillos. La recepcionista era Kristen Stewart y como siempre tenía cara de ramera recién contratada. Recuerdo el número de tu habitación: 68. El letrero sobre la puerta confirma que prefieres la soledad de un hotel barato. Sé que odias los pechos grandes que tiene esta ciudad. Toqué la puerta. Salimos al malecón y hablaste durante horas y barcos. Decías que todo es rentable y lo que no, sufre las consecuencias de una cirugía plástica. También gritabas que la apariencia se viste de gente. Pero lo que más me rompe fue el grito  antes de lanzarte contra los riscos: somos una simple habitación en este hotel abandonado.

 

Tienes ojos de vodka vidriados por el alcohol si no salimos a separar a los perros que se dan en la madre a raja dientes. Sé que no modificaremos el mundo pero lograremos que esos dos cabrones                       —peleadores de perros— dejen de vender droga en la colonia. Así los vecinos tendrán un poco de valor —que mucho les falta—. No inclinarán el rostro y no dejarán que cualquier pendejo insulte a sus esposas, ni en el mercado, ni en la calle o cada vez que recojan a los niños en la escuela. Sus hijos les tendrán respeto y se llenarán de fuerza. Se defenderán de aquellos hijos de puta que los extorsionan quitándoles el dinero o las cosas tan preciadas. Las vírgenes no serán la excepción. No dejarán que toquen sus piernas ni consentirán a los patanes. Enfrentarán el acoso del profesor de inglés. No permitirán los insultos de la maestra de biología cada vez que pregunten por las enfermedades de transmisión sexual. Sin remordimiento alguno sabrán lo qué es un orgasmo. Es tarde, Bauman, los perros han muerto. Vamos a enterrarlos antes de que el sol nos apeste.

 

Por fin descansarás. Publicarás otros libros. Vayamos a la panadería,  bueno es respirar el aroma del pan recién hecho e ignorar las partículas de cloro que la harina tiene. Destapa las botellas de vino, probando a sorbos el horizonte nos beberemos la tarde. No tardan en abrir. Olvidemos el hedor de las coladeras. Acerca el cielo, una pizca de sereno nos caerá bien. Abre una lata de atún, su conservador petrificará este momento. ¿Recuerdas a tus padres?, siempre han dado lo mejor. Compraban el pan más sabroso. Bauman, ¿podrías preparar kulebiak de salmón para la cena? Cierto, mejor un trago de lúpulo y una hogaza de pan. ¿Has probado la corteza del insomnio? Vámonos querido amigo, hoy no abrirán este horno. Otra noche probarás el pan de los muertos.

 

No pretendo ser un modernista en pleno siglo veintiuno. Ni aparentar el dominio de los modelos académicos ni la literatura de moda. Sé que la impaciencia arremete contra las épocas y habita el pensamiento. Lo que en otros tiempos duraba un siglo hoy dura un instante. Las nuevas enfermedades te vuelven efímero. Por eso tengo las manos firmes sobre el teclado de la computadora, me aferro a él como si fuera la única tabla que me libra del naufragio. Soy el que está frente a la pantalla y no el reflejo de quien está adentro del mismo reflejo. Podrán etiquetarnos con libros, premios, ciertas becas, en algunos talleres. Pero lo importante, Bauman, es reconocernos libres de todo convenio. Citar autores que en verdad valgan la pena. Lo demás será sembrarnos libros en la mente, crecerán con el pasar de los años, y quizá los podremos escribir.

*****

 

ayotzinapa

El mar fermenta peces voladores
con latidos de vidrio fusilado.
Luis Cardoza y Aragón

Sí, Wittgenstein, desarnar cuerpos pertenece al azogue. Respirar partículas de carne, un quejido y este cristal roto. Desgarrar astros y autopistas. La muerte marcha por tu espalda. Los muertos por la boca. Los hijos por el caño. El azufre tiende a partirnos los periódicos, a rompernos la madre, a desgajarnos los testículos. Cortémosle el culo a la estadística. ¿Para qué los números con cubre bocas?: son fríos, estériles. Números con maquillaje. Transgénicos. Sin músculos. Son vistos como hijos, carne de cañón. ¿Para qué los números Wittgenstein?, si vienen a sufrir, a marcarse, a sentir el peso del tiempo, a llenarse de estrías, a recibir el grito del revólver, a ser brea sobre grieta. ¿Para llorarlos con resina y arder bajo los párpados? ¿Para caminarlos sobre marchas filosas y cortarles los pies con granaderos y truenos? La democracia es el peor de los sistemas porque no hay otro, ni otros que lo nieguen. Ni tú Wittgenstein, porque sabes que el tamaño de tu ausencia tiene la dimensión de todas las armas, y por lo tanto, de todos los muertos. No podrás ignorar que en este universo lleno de metales la carne se ignora y los hijos mueren. Muchos, prefieren callar.