El pálpito verbal de Yolanda Castaño

Sobre el poemario La segunda lengua, de Yolanda Castaño

Jorge de Arco

La segunda lengua
Yolanda Castaño
Visor Poesía. Madrid, 2014

 

yolanda-castano-librario-poesia-otrolunes36En 2007, entrevisté a Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), al hilo de la aparición de su Libro de la egoísta. Por aquel entonces, la poetisa gallega, afirmaba: “Mi poesía ya no es tan vitalista, tan impulsiva, tan optimista y lúdica, ni tampoco visito la temática erótica como campo de trabajo para muchos otros ejercicios. Quizá a cambio se haya vuelto más reflexiva, más amarga pero también aún más sincera, quizá se haya enriquecido con algunos matices y haya madurado a la vez”.

Traigo hasta aquí aquellas afirmaciones, tras la lectura de La segunda lengua, poemario ganador del XI Premio de Poesía Fundación Novacaixagalicia y en el que Yolanda Castaño ha plasmado su sabia reflexión sobre el enigmático y sugestivo ámbito del lenguaje.

Y en verdad, su verso, continúa vertebrándose sobre una base de mayor hondura meditativa, de sostenida autenticidad. No hay renuncia en su decir, sino serena contemplación, certidumbre que  dialoga con la cotidianeidad del verbo: “Desde la mano que procura el pálpito/ aprovecho folios ya usados:/ la tinta negra de la otra cara se advierte por detrás/ y pienso/ que también se escribe así,/ anotando palabras nuevas mientras otras/ anteriores/ se transparentan”.

En su anterior entrega, Profundidad de campo (2009),  la autora enfrentaba su conciencia al paisaje externo que convocaba la inquietud de sus deshoras. Y desde ese territorio personal, su discurso se articulaba en pos de una sabia ordenación de la conducta humana que le permitiera hallar la esencia de su acontecer: “No puedo permitir que se me malinterprete una vez más”, rezaba el poema inicial.

Nada, tampoco, invita a una mala interpretación en esta segunda lengua, que derrama realidades, ensoñaciones, elocuencias, sorpresas, ironías, apariencias…, y que roza, en muchas de sus páginas, las esquinas del deseo: “¿Qué clase de amor podría yo vendimiar/ si mi deseo se tapase la boca?/ También una vez fue la pronunciación/ un asunto de vida o muerte (…) ¿Qué clase de beso daría si cubriese/ mi boca con la membrana de otro acento?”.

Dentro de la observaciones insertas en El hombre y la gente, anotaba José Ortega y Gasset que “la significación auténtica de la palabra es siempre ocasional”. También entiende Yolanda Castaño que su discurso poético es una posibilidad, una alternativa, un juego de espejos del que cada cual obtendrá una lectura nueva, distinta,. Porque estas páginas ofrecen múltiples visiones que nacen desde el relativismo lingüístico de los textos: “Cuando hablamos, acabamos todos manchados de lenguaje,/ sólo en la lengua madre alcanzamos el propio silencio./ Porque hablas atonal no sé/ si esconderías las graves lagunas de una oda/ o los riscos esdrújulos de la épica”.

A sabiendas de la estrecha relación que existe entre el pensamiento y el lenguaje que lo expresa, la autora gallega advierte de que también el valor de las palabras y la forma en que se usan pueden ser falsificados. Para recuperar el instinto vital que las torna costumbre en nuestra existencia, hay que aprehender los significantes de cada uno de sus sentidos, pues, por ejemplo, no hay que olvidar que “el sentido del gusto/ está alojado en la lengua”.

En la contraportada del poemario, escribe Elena Medel que, La segunda lengua reflexiona sobre la escritura y su tensión con la vida,  sobre la escritura como modo de vida y sobre la escritura como vida paralela, y propone un recorrido bello y durísimo por esas más dudas que certezas: para qué el lenguaje, para qué el cuerpo, qué espacio entre ambos, por qué no ocuparlo”.

En rellenar ese hueco y hacerlo de forma lírica y profunda, se ha afanado Yolanda Castaño en este  volumen, en el cual ha sabido trazar una original aventura verbal, plena de verdad: “Deja que las palabras remonten sus propios símbolos./ No intentes traducir el sonido de las caracolas”.