"Busco siempre decir cosas que interpelen al alma humana
y al mundo en el que vivimos".

Entrevista con la escritora argentina Florencia del Campo

Por Amir Valle

A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Florencia del Campo? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Florencia del Campo, el ser humano y Florencia del Campo, la escritora, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Vaya! Sí que es un reto… Florencia del Campo el ser humano es una persona que persigue permanentemente el ideal de viajar todo lo que pueda y de habitar más de un mundo, con todas las complejidades de ello. Y al mismo tiempo, valora muchísimo la libertad. La contracara de todo esto es ser extranjera permanentemente. La escritora es la versión de la anterior que le roba casi todas las horas del día a ser eso, no tanto por el hecho de sentarse a escribir sino como posición frente a la vida, frente a la Florencia humana. Al final, se cruzan una y otra permanentemente en el punto que la libertad, los movimientos, los viajes y la extranjeridad configuran la materia y los temas que más le interesan a la escritora.

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Hay, siempre, un antes…

Lo primero: tienes un nombre que parece salido de un personaje de novela: Florencia del Campo. ¿Nombre real o seudónimo?

Real, absolutamente real. De hecho, creo que en Argentina no suena tan alucinante como fuera de ese país. Dudo que mis hermanas o mi padre o nadie de allí se haya dado cuenta del juego de palabras que conforma, o de lo bello que es. En Argentina, Florencia, en las mujeres de mi generación, es un nombre súper común porque evidentemente estuvo muy de moda. Yo siempre tuve una compañera, cuando no más de una, de nombre Florencia en el cole, en los trabajos, en todas partes. Yo no fui consciente de mi nombre en el sentido que señalas en tu pregunta hasta que me vine a vivir a Europa.

 

Esta pregunta se la hice también a tu colega y amigo José Luis Pizzi y, con toda intención, la repito para ti: Pretender escribir en Argentina, uno de los países de más tradición literaria en todo el territorio de la lengua española, es un verdadero reto, pero es también el espacio más propicio para beber de otras fuentes de muchísima calidad. ¿Qué lecturas netamente argentinas, qué autores de tu país, te han influido más?

Es increíble porque ayer recibí el mail de un lector mexicano que vive en Berlín, diciéndome que acababa de leer Madre mía y que esa lectura le había hecho reencontrarse con Cortázar. ¿¡Con Cortázar!?, me pregunté yo… Y al mismo tiempo lo entendí y me pareció hasta bonito, no siendo en absoluto una fanática de ese escritor. Quiero decir: estoy hablando de la tradición que señalas, y de que algo de eso, mucho más de lo que incluso pueda saber yo de manera consciente, debe estar muy marcado en nuestros genes de escritores/as. Yo me formé en el colegio leyendo Cortázar y Borges (entre otra literatura latinoamericana), es cierto. Pero si tengo que mencionarte las autoras que realmente me han, no sé si influido pero sí configurado como humana y como escritora, son Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni y Silvina Ocampo. Yo en ellas encontraba algo, una sensibilidad, que me dejaba entre tranquila y hecha polvo.

 

Pero antes de eso, seguramente, hubo una muchacha que se acercó a los libros como lectora, o que quizás, como diría el gran Cortázar, emborronó alguna cuartilla con sus primeros gritos públicos; o tal vez alguien a quien un familiar o un amigo le dijo: «tienes gracia para escribir»… Háblanos de esos comienzos.

Sí, fue en la infancia. Por un lado, tenía gracia para escribir el típico diario íntimo que rellenábamos las niñas de 9 años en esa época. Gracia o una cierta melancolía que encontraba algo de calma en la escritura. Y en esa misma etapa me fui acercando a la biblioteca de mi madre que, si bien tenía muchos libros, tenía poca literatura (era psicoanalista), a la de mi padre, que tenía más, y a la de la madre de quien era mi mejor amiga. Así llegué a la poesía, que fue el género que comencé a leer. Incluso, copiaba por horas los poemas de los libros en mis cuadernos, y, por supuesto, ante ese ejercicio, acababa aprendiéndomelos de memoria. Sobre todo entendí que la literatura tenía un ritmo (y no solo la poesía).

 

Buenos Aires y Madrid, Argentina y España, América del Sur y Europa… ¿en qué sentidos han alimentado a la escritora Florencia del Campo esas ciudades, esos países en los que has vivido?

En el sentido, sobre todo, de esa posición que mencionaba al comienzo: en el sentido de habitar una extranjeridad. Mi posición frente a la escritura es la de ser extrajera: de país, de lengua (aunque sea español también), de familia, de todo.

 

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Los trazos sobre el papel…

Buena parte de tu obra se ha dirigido a ese público que, en términos metodológicos, los expertos llaman «infanto-juvenil», un término horrendo que intenta definir a esa literatura que se escribe para los niños y jóvenes. Es, sin dudas, uno de los géneros más difíciles, no sólo por el reto que significa incentivar la fantasía a seres que viven en su propia fantasía, sino también porque «se perpetra» mucha literatura (es decir, se escribe mucha mala literatura). ¿Cuál crees que sería la diferencia de tus propuestas en este género?

Bueno, lo primero que creo es que no pasa por los temas que se toquen. A mí no me parece que haya temas para niños y temas para adultos. Creo, más bien, que lo que difiere en la literatura infantil respecto a la otra es la manera de tratar o abordar los temas. Uno de los libros para niños que tengo publicados (por Libre Albedrío) es A los saltos, la historia de un canguro que está aburrido de vivir en Australia y saltando llega a África, y allí conoce a una jirafa. Es una bonita historia de amor o amistad, pero me gusta pensar también que tiene algo de ese “ser extranjero” que a mí me interesa abordar en la literatura. Quiero decir: la literatura infantil primero es literatura, si no, no es; luego, veremos cómo lo contamos, pero creyendo que los niños son tontos no.

 

¿Cuándo y cómo descubres que puedes lanzarte al mundo de la novela?

La primera novela que escribí fue Soy linda, novela que yo me planteé como juvenil, pero que luego me di cuenta (y me dijeron) que tal vez no fuera tan juvenil, que tal vez era para adultos (también). Esa novela resultó finalista del Premio SM Argentina y luego, efectivamente, me la publicaron en un libro para adultos. Y ahora va a reeditarse en España como libro juvenil, porque yo defiendo la idea de que es juvenil y revisaré el texto atendiendo a esta convicción. En fin. Quiero decir que fue ese libro el que puso la maquinaria de la escritura de novelas en marcha. Pero fue muy natural. No lo viví como un lanzarme o un animarme o atreverse, simplemente pasó y era absolutamente natural que pasara, así lo viví.

 

Como hacemos con todos los autores, te propongo ahora un recorrido literario por algunos de esos libros. Y lo hago con un reto: para cada libro que hayas publicado debes recordar y contarnos una anécdota en torno a su escritura, publicación o su impacto. Comencemos:

 El libro de los libros. Guía de librerías de la Ciudad de Buenos Aires (No ficción, Asunto impreso, Buenos Aires, 2009): Uy!!! ¡Qué recuerdos! Eso fue hace mucho tiempo. Bueno, este libro lo preparé yo (investigué y lo redacté) pero la idea fue de Guido Indij. Es una guía de librerías de la Ciudad de Buenos Aires. Lo que más recuerdo fue toda la investigación que hice, ¡fue alucinante! La imagen que más grabada tengo fue cuando visité una librería de viejos y me quedé horas allí tomando café con el dueño. Era un rincón de película. De hecho, esa experiencia me impactó tanto que cuando tuve que escribir un largo para acabar mis estudios de guionista que estaba haciendo en ese momento, inventé todo el argumento de la peli en torno a esa librería y, sobre todo, a ese personaje del librero.

Novela roja (Acuático editorial, Buenos Aires, 2013): Fue la primera novela que me publicaron en Argentina. Recuerdo que cuando ya la había acabado me fui a California y estando allí, en una misma semana, recibí dos mails, de dos editoriales distintas, diciendo que me la querían publicar. Yo era una autora inédita todavía, no podía creer que se me estuviera haciendo tan fácil conseguir editor… De hecho, me di el lujo de elegir yo con cuál hacerlo finalmente.

Rupturas y riñas (dos nouvelles, Malas Palabras Buks, Buenos Aires, 2014): Este libro contiene dos nouvelles, una de ellas es Soy linda, la que mencionaba antes, y la otra es El alambre. En realidad, me resultaba muy extraño juntar las dos en un mismo libro, era un poco un Frankenstein medio raro, pero bueno, acepté. Recuerdo sobre todo dos cosas: estar en Francia cuando la editorial me dijo que me querían publicar ambas nouvelles en un solo libro; y estar en Buenos Aires tras la muerte de mi madre corrigiendo los ferros de este libro.

¿Y si no entro en este libro? (Literatura infantil, Editorial Libre Albedrío, España, 2014): Me acuerdo de estar en un mítico café porteño del barrio de San Telmo con Guadalupe Belgrano, la ilustradora del libro, trabajando juntas en este libro álbum. Luego yo me mudé a Madrid y ahí recibí el correo de una editorial buscando textos infantiles para publicar. Les mandé este, que ya estaba ilustrado, y A los saltos, que era solo un Word, sin ilustraciones. Me contestaron que me publicarían ambos. Era increíble. Apenas ponía los pies en España y ya iban a publicarme dos libros.

A los saltos (Literatura infantil, Editorial Libre Albedrío, España, 2014): Además de lo que acabo de contar, agregar que recuerdo como algo muy bonito la invitación que me hizo la editorial a Alicante para conocernos personalmente y firmar el contrato por ambos libros. Fue una comida estupenda con unos editores (Gema, Vicente y Carlos) alucinantes. Y luego unos tragos frente al mar para festejar.

La huésped (Editorial Base, España, 2016): Sobre todo una satisfacción inmensa: haber logrado que este libro me lo publiquen en España (en Editorial Base) y en Argentina (Baltasara Editora) un año después. Y que una alumna del seminario “Literatura en tránsito: Poéticas migrantes” de la Universidad Nacional del Comahue lo analizara en su monografía final y ese trabajo acabara formando parte del libro La tercera orilla: estudios sobre poéticas migrantes.

Madre mía (novela, Caballo de Troya, España, 2018): Recuerdo todas las ciudades a las que fui a presentar el libro: Madrid, Plasencia, Salamanca, Sevilla, Segovia… Y en Buenos Aires lo estaré presentando el próximo mes de mayo, puesto que, aunque el libro es de edición española, se realizó una tirada para el territorio argentino.

 

Soy de los que digo que la literatura escrita por mujeres suele ser más interesante que la que escribimos los hombres (de hecho, para demostrarlo en el caso de Cuba, soy compilador de cinco antologías de cuentos escritos por narradoras cubanas), así que no me negarás que escribir en momentos del esplendor de excelentes narradoras como las españolas Sara Mesa o Lara Moreno; las chilenas Nona Fernández o Lina Meruane; las mexicanas Valeria Luiselli o Guadalupe Nettel, o tus coterráneas Ariana Harwicz o Samanta Schweblin, por citar sólo algunas que he leído, es un reto peligrosísimo ¿Cuáles crees que han sido los tuyos en esa búsqueda de decir algo distinto y personal que llaman «estilo propio»?

Admiro muchísimo a todas las que mencionas y más. Pero debo decir que este contexto no me ha conflictuado más del conflicto que es en sí; escribir siempre es un reto. Al contrario, leerlas me alimenta muchísimo. Y a la hora de escribir no me pregunto cómo voy a hacer yo para decir algo nuevo o para crear mi estilo propio. Los estilos ya los tenemos. Y lo que cada una dice nunca va a ser igual a lo que pueda decir otra autora. En cualquier caso, busco siempre decir cosas que interpelen al alma humana y al mundo en el que vivimos, y hacer del material, de la lengua, algo que rompa y proponga desde esa ruptura un modo de decir y un modo de entender el lenguaje de maneras desafiantes. No quiero formatos estándares, lo que quiero es que la forma y la lengua puedan, ellas mismas, cuestionar algo de lo establecido, de lo estándar, de lo esperado, incluso algo del mercado y de lo político de la lengua o de la literatura.

 

Finalmente, una pregunta gastada pero necesaria: después de Madre mía, ¿qué pueden esperar tus lectores?

¡Otra novela! Estoy trabajando en una que no es autoficción, que se aparta de lo autobiográfico para construir una ficción que me permite hablar de lo que quiero: la familia, la extranjeridad, la mujer, el cuerpo… esos temas que no me dejan en paz, o yo no puedo dejarlos a ellos. Y además, como ya adelanté, a fin de año sale en España mi novela juvenil corregida, reeditada y demás… Estoy contenta de apuntar a ese nicho con mi próximo libro.