"Al menos yo no estoy dentro de la misma jaula donde están los que viven enamorados de sus cadenas"

Conversación con el escritor venezolano Néstor Rojas

Por Amir Valle

A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Néstor Rojas? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Néstor Rojas, el ser humano y Néstor Rojas, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Néstor Rojas, el ser humano: Unas pocas palabras podrían definirme como ser humano: Me inspiran y animan los sentimientos más nobles que nos engrandecen: solidaridad, honestidad, humildad, amistad y valentía. La libertad es el fundamento de mi vida y la máxima aspiración. Procuro ser dueño de mis actos e independiente, aunque entiendo que uno nunca es libre del todo: vivimos atados a ciertos convencionalismos, dogmas y prejuicios. Sobrevivimos a la sombra de un sistema que nos encadena.

Siempre pongo a prueba mis límites en consonancia con mis valores y aspiraciones espirituales, sin avasallar ni opacar a nadie. Para mí es muy importante servir a los demás en procura de cambiar en algo la realidad. Esa lucha o batalla diaria comienza conmigo mismo. En la medida en que soy mejor ser humano y ciudadano, en esa misma proporción procuro incidir, con lo que hago desde la escritura creativa y pública, en la transformación de mi entorno. Sé que no es fácil cambiarse uno mismo y mucho menos intentar quebrantar los rígidos patrones y sistemas que hoy día limitan la libertad de los demás. Todas nuestras luchas y esfuerzos diarios van dirigidos a sentirnos bien, seguros y satisfechos de lo que hacemos por nuestra felicidad y por la de los demás. Todos los días nos levantamos con las ganas de seguir construyendo, con muchos sacrificios, un espacio digno y confortable para la familia, la comunidad a la que pertenecemos y el país donde tuvimos la dicha de nacer, crecer y formarnos para ser mejores, en todos los aspectos. Sabemos que no es fácil lidiar con los que conviven con nosotros, con los demás y ser tolerantes en un mundo en constante cambios y confrontaciones. Pero, hay que esforzarse de manera consciente, responsable y voluntariosa por preservar nuestras pequeñas conquistas y los logros que vamos obteniendo a lo largo del camino. Siempre debe impulsarnos el deseo irrenunciable de vivir libres, en armonía y responsablemente con quienes también manifiestan su voluntad de ejercer, con respeto a las normas sociales y leyes constitucionales, su derecho a estar y vivir en libertad.  Al menos yo no estoy dentro de la misma jaula donde están los que viven enamorados de sus cadenas.

Como escritor mi búsqueda personal es explorar dentro de mí todas esas potencialidades creadoras y constructivas para liberarlas. El ejercicio de la escritura forma parte de esa exploración por superar mis limitaciones. Valoro la palabra poética, pero también su silencio. Por eso escribo: para continuar la tradición de los que leen, sueñan y mirarme a través de las palabras (soy rehén de sus espejos): Con ellas y a través de ellas voy aprendiendo a vivir y morir. Eso ya es bastante. Podría decir que para mí la poesía es una manera de ver el mundo y de vivir más cercano a la felicidad y al despojo. Cuando escribo siento que de alguna manera vivo otras vidas en otros mundos y revivo los recuerdos de otros y los míos para que el olvido no nos devore del todo. Sé que la muerte siempre nos atrapará y el olvido también.  Pero escribiendo me siento vivo entre las fauces del tiempo.

El escritor que soy casi a tiempo completo es un hombre común que todos los días se levanta para luchar por su propia libertad, para sentirme menos preso en una sociedad que le da muy poco valor a su alma y a la poesía.

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La poesía, esa voz

Todo escritor tiene un punto de partida: ese en el cual sueña con convertirse en escritor, una especie de remanso del pasado ingenuo al cual regresará memoriosamente cuando ya sea escritor. Háblanos de esos primeros años, de esos sueños, cuando aún Néstor Rojas era solo un soñador.

Pienso que nunca he dejado ese punto de partida (siempre regreso a la infancia, ese paraíso perdido). Solamente sigo dando vueltas por los alrededores de mis fantasmas y los entornos de mis sentimientos, recuerdos e ideas (que son mi patrimonio y mis íntimos naufragios). Siempre regreso al pasado, a la tribu particular, a lo que viví o he vivido (conmigo mismo y con los demás). No hay otro modo de avanzar o salir de nuestros linderos espirituales: Hago lo que me gusta hacer (escribir para sentirme libre), que es otra forma de soñar y vivir. Otra manera de estar y hacerse visible.

Como me cuesta lidiar con el mundo, con mis semejantes, que andan más apurados y ocupados que yo, haciendo cosas más inútiles que las que hago yo, entonces me echo a un lado del camino, sin prisa y me pongo a soñar, ajeno al mundanal ruido y apetencias modernas, que no me quitan el sueño. Mi aspiración es liberar mi existencia mediante el acto mismo de la escritura: Cuando escribo soy el hombre más libre y feliz del mundo. La palabra poética es el camino hacia liberación de esas fuerzas espirituales, que me permiten seguir, luchando en una orilla del camino. La poesía me ha ayudado a caminar por los bordes, despacio, reflexiblemente, de la mano y el amparo de Dios. La poesía, esa voz que oigo entre el sueño y la vigilia, me ha permitido volar y sumergirme dentro de mí mismo para impulsarme con más fuerza.

Pienso que mis primeros años, cuando comenzaba a ser un soñador, estuvieron marcados por esa incipiente rebeldía que me puso en conflicto con mi entorno. Entonces veneraba a un Neruda comprometido, que no le tenía miedo a la palabra pública, a los poetas surrealistas y malditos, que me ofrecieron otra visión del mundo en sus propuestas liberadoras. Otros  poetas más silenciosos y humildes, de alguna manera me ayudaron a ser menos obstinado y pedante. De aquellos tiempos conservo sólo algunos textos míos insufribles. La humildad es el despojo de la pedantería. Dios me libre siempre de ese pecado.

 

Ser escritor, poeta, en una tierra de una poderosa tradición literaria como Venezuela es, de muchos modos, un reto. Cada artista, cada escritor, alcanzado ya cierto reconocimiento, se ufana de haber superado retos que, tal vez, en cierto momento creyó imposibles. ¿Cuáles fueron esos primeros retos en lo literario?

Es difícil es Venezuela dedicarse al oficio de la escritura y no morir de hambre en el intento. Yo todavía lo sigo intentando, ahora desde España. La nostalgia, el exilio, el sufrimiento (por los amigos y familia que dejé) son precios muy altos que he tenido que pagar por esta libertad de ahora, condicionada por el gobierno de España, porque estoy bajo el régimen de Protección Internacional, pero ya sabemos lo que eso significa. Ser escritor y poeta es mucho más que un reto: es un sacrificio y un despojo. A veces se consigue cierto reconocimiento, que no te sirve para vivir materialmente o ir al supermercado, pero que te vale como estímulo para seguir intentándolo. Para seguir escribiendo. En el mundo de la literatura hay que abrirse un espacio y yo he intentado abrir el mío, a fuerza de tesón y constancia. Los retos de los comienzos como poeta aún hoy continúan y continuarán hasta el último minuto de mi vida: me esfuerzo por abrirle un espacio a mi poesía, para que se lea, respete y oiga. Los concursos me ayudaron en buena parte a eso en Venezuela, también las publicaciones han servido de algo. Como tengo tiempo que no publico, en las redes sociales me mantengo vigente, combativo y creativo. No me alimentan, pero de alguna manera colgar un poema en Facebook para las amistades también me hace feliz.

 

Has dicho que eres un hombre de mundos. Y por eso, sabiendo de tus estudios en México, en Irlanda, de tu estancia desde hace un tiempo en España, me atrevería a lanzarte otro reto de autorevisión: ¿en qué sentidos específicos esos cuatro países (Venezuela, México, Irlanda del Norte y España) han marcado tu poesía?

Para mí Venezuela es el país de mis raíces, de mi sangre y querencias. Nací en un poblado petrolero que se llama El Tigre, al oriente de Venezuela, que por supuesto fue el inicio de mis primeras experiencias poéticas: En los márgenes de esos años que viví en mi tierra natal, que ahora son recuerdos muy gratos en mi memoria, todavía resplandecen esos soles como viejas hogueras que alumbran mis primeras edades. No viví en una tierra cualquiera: El Tigre como paisaje fue para mí el hallazgo de la poesía. Allí descubrí la sabana con sus chaparros siempre verdes, a cuya sombra dormía para ver bocarriba los senderos del cielo y las nubes que parecían ovejas pastando en la pradera del sol. Las huellas que esa infancia me ha dejado en el alma se resisten al olvido y de cuando en cuando afloran en mis poemas.

Mi infancia es una casa con muchos recuerdos, adonde siempre regreso para encontrar mis huellas por los arenales, a plena sabana alumbrada por mechurrios. Transcurrió ajena a eso que llaman comodidad. De niño padecí de asma. Por eso no jugaba como cualquier niño. Pasé mis años infantiles inventando juegos de día y noche. A veces me refugiaba en un cuarto de zinc agujereado, por donde pasaban los rayos de luz que para mí eran como hilos que colgaban del universo. Entre los rayos de la resolana imaginaba mundos poblados de seres  flotantes, extraordinarios y maravillosos. Cuando los aguaceros torrenciales caían como latigazos en las tierras y sabanales de la Mesa de Guanipa e inundaban las calles de El Tigre, mi hermanita Esther, que murió cuando apenas tenía 8 años, jugaba conmigo a los barquitos de papel, calle abajo hasta llegar a la Plaza Bolívar. Un día murió después de haber regresado de unos de esos viajes y juegos bajo la lluvia.

México para mí fue el hallazgo de la grandeza prehispánica, de la poesía de grandes poetas como Alfonso Reyes, Sor Juana de La Cruz, Xavier Villaurrutia, Jaime Sabines, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Efraín Huerta, José Gorostiza. Viví en Coyoacán, en un lugar donde era muy frecuente encontrarte con poetas de renombre. Pude asistir a recitales suyos y entrevistar a algunos, como José Luis Ribas, Adolfo Castañón, Alvaro Mutis, José Emilio Pacheco, José María Espinasa. Trabajé como lector por poco tiempo en la Gaceta Cultural del Fondo de Cultura Económica, donde también me publicaron unos pocos poemas.

Irlanda fue el tiempo de la escritura incesante, de la experiencia poética, el compartir artístico y el descubrimiento de excelentes poetas. En The Tyrone Guthrie Centre at Annaghmakerrig, en Monaghan, que es una residencia para artistas que acuden de todo el mundo, pude vivir como el buen salvaje que descubría la naturaleza, la música celta y la poesía irlandesa. En aquel entonces escribí varios libros (todavía inéditos) en la Casa Grande, tocaba un piano de cola y pintaba todos los días, compartiendo experiencia con pintores, narradores y pintores del mundo entero. En Annaghmakerrig viví gloriosos días: encender el fuego para que se calentara la habitación, trotar hasta dos veces al día  por el bosque de hadas y duendes,  seguido por un perro cazador, leer poemas en un círculo literario a la luz de la luna, nadar en las aguas muy frías de uno de los lagos de Newbliss, caminar con los poetas, pintores y músicos unos pocos kilómetros después de la cena hasta el pub más cercano, donde tomábamos Guinness, bailábamos, fueron experiencias que jamás olvidaré. Realmente conocer Dublín y vivir en la tierra de Yeats, Oscar Wilde, James Joyce, Seamus Heaney, Beckett fue una experiencia maravillosa e inolvidable.

Paris es otra fiesta que de cuando en cuando resplandece en mi memoria como un abalorio de recuerdos también inolvidables. Te podría decir que el mismo día en que llegué en la mañana al centro histórico de Paris me alojé en un hotel donde había estado Arthur Rimbaud. Me dieron una habitación, donde en las paredes estaban escritos poemas de él y Charles Baudelaire. En la noche había estado una pareja que dejó flores regadas en la cama y por el piso. En un pretil de la ventana había dos botellas vacías de vino y un olor a perfume de mujer y sexo que me hizo recordar aquellos tiempos románticos de los poetas malditos.

A España llegué hace más de siete meses. No puedo quejarme. Los españoles, en tierras maragatas, me han abierto las puertas de su amistad cultural. Me han brindado apoyo y ayudado a promover mi trabajo pictórico, mi poesía y lo más importante para mí, su afecto y confianza. He realizado varias exposiciones pictóricas y recitado en algunos lugares. Los más recientes en Casa Panero, el 15 de febrero a casa llena, también en Valladolid, Ponferrada (en el Museo de la Radio) y en Bembibre, en la Casa de las Culturas.

 

Finalmente, una pregunta de orientación a los lectores: de tu generación y otras generaciones contemporáneas a la tuya, ¿qué nombres de poetas recomendarías?, ¿algún grupo literario?, ¿puede hablarse de «poesía venezolana» como definición?

Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, Armando Rojas Guardia, serían para mí poetas fundamentales, que me han tocado el alma como lector. Pienso que el Grupo Viernes fue la aparición de las vanguardias en Venezuela y el inicio de una modernidad en la poesía venezolana. Vicente Gerbasi, con quien compartí una amistad, estando ya en México, dijo que “En Venezuela no se escribe igual antes que después de Viernes”. La poesía no tiene fronteras ni nacionalidades. Hay voces que nos distinguen, que hablan de nuestros paisajes, nuestras culturas y particularidades, pero desde una lengua que heredamos. Por supuesto: tenemos un habla, una manera de decir, hablar y escribir, unas voces distintas que también heredamos de nuestros ancestros, de nuestras tierras, altas y bajas, orientales y occidentales, pero la poesía que se ha escrito desde Venezuela es universal. Nuestros poetas son universales, aunque estén marcados por una terredad que tiene la voz de nuestros cielos y paisajes. En eso caso sí podríamos hablar de la existencia de una poesía venezolana.

 

Dura pregunta esta, pero necesaria: ¿qué crees ha motivado la profunda escisión de la cultura venezolana en la actualidad, haciendo que buena parte de la intelectualidad de tu país renuncie a ese papel que suele exigírsele al escritor, al intelectual, al artista: ser la conciencia crítica de la sociedad y asuman el triste papel de voceros de un régimen que ha provocado la mayor crisis social, económica y política en la historia de Venezuela?

Es lamentable saber que algunos escritores, poetas e intelectuales venezolanos, como Gustavo Pereira, Crespo, Calzadilla, a quienes leía, se han colocado del lado abominable de los verdugos y criminales que destruyeron al país y sometieron a los venezolanos a pasar hambre y necesidades. No puedo justificar esa conducta ni esa posición, que condenan los venezolanos. No es cuestión de ser de izquierda o derecha, sino de estar del lado de un pueblo que sufre, que protesta en las calles clamando libertad y llora a sus hijos caídos, asesinados. No se puede estar viviendo bajo la sombra de una dictadura genocida y depender de un sistema injusto y tiránico, sólo por un plato de lentejas. El escritor debe ser fiel a su pueblo y no a políticos y regímenes.

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Los libros, esas personas

Aunque rebuscada, esa frase que habla de los libros como hijos es de una precisión casi absoluta. Los libros se convierten en personitas que concebimos y cuando nacen, buscan caminar solos, ir solos por la vida. Pero como padres también cambiamos: los hijos nos cambian. ¿En qué ha cambiado aquel Néstor Rojas que concibió los poemas de Transfiguraciones a este Néstor Rojas que, seguro, hoy mismo acaba de escribir otro poema?

Mis primero libros, como Transfiguraciones, son hijos como pieles que ido dejando en el camino. No reniego de ninguno de ellos. Son expresiones y testimonios de épocas vividas, aunque muchos de esos poemarios forman parte de una poética del despojo y los trabajos del tiempo, que todavía hoy voy trazando. Quien los escribió sin duda ha cambiado o matizado su forma de sentir, pensar y ver el mundo. Acabo de terminar un poemario que he intitulado ‘Íntimos naufragios’.  Surgió cuando llegué a España y me sentí extranjero. Había estado en Barcelona hace muchos años, pero en otras condiciones, ya como turista. Esta vez había sido expulsado del vientre de mi patria y estaba en otra tierra, con el corazón desfondado y nostálgico. Estaba en un espacio extraño como la ciudad de Astorga, donde veía que la gente pasaba a mi lado como si yo no existiera. Entonces me sentí como si estuviera en otro mundo, dividido, desarraigado, sonámbulo y caminando como un autómata. Pero mi alma se había quedado en Venezuela, en esas tierras del sol. Se había quedado en esos farallones de Chimire, entre dos ríos: El Orinoco y el Caroní. Ahora andaba en otro lugar lejano, espiando otros aires en otros cielos fríos. Entonces comencé a verme como decía Beltor Brecht: desde arriba. Fue como una especie de viaje astral, como que si hubiera salido de mi cuerpo para alcanzar mi alma que se quedaba en Venezuela. Entonces la poesía tendió el puente para alcanzarme y traer el alma a mi cuerpo. Y de esa experiencia desde la palabra surgió ese libro “Íntimos naufragios”.

 

Algunas críticas sobre tu obra apuntan a «la plasticidad poética». Esto me hace pensar, y eso pregunto, en hasta dónde se retroalimentan el Néstor Rojas poeta del Néstor Rojas pintor.

La labor como artista plástico la realizo casi paralela con la escritura poética, aunque me inicié en las artes dibujando. Para mí pintar es acercarme a la poesía, pero a través de los colores y formas geométricas. La pintura es la materialización de una pasión por los tonos y la gramática del color. Es como volver a ser niño y jugar experimentando con colores y líneas, en la búsqueda de un mundo ajeno a las miserias humanas. Me divierto y  relajo pintando. También soy feliz cuando pinto.

 

Hagamos ahora un recorrido puntual, sobre tus libros. Te propongo, para ello, un reto: que nos cuentes una anécdota breve del proceso de escritura, publicación o impacto en el medio intelectual venezolano de cada uno de esos libros. Comencemos:

Transfiguraciones (1989): Con este libro comencé a dar recitales por varias ciudades venezolanas. Fue bien comentado en varios diarios y suplementos culturales.

Sepia (1992): Con este libro había obtenido un premio y muy pronto se agotó su edición.

Diario del Fulmar (1992): Fue publicado por Monte Ávila Editores y se distribuyó por todo el país y en algunas librerías en el extranjero.

Ocre (1994): Fue publicado por Fundarte, gracias a una mención en un concurso prestigioso de esa misma casa editorial, y también comentado como aporte en la poesía venezolana.

Hexagramas del vértigo (1994): Un libro diferente en mi producción poética, donde enfoco el erotismo. Ni siquiera yo tengo un ejemplar.

Abur agora del Edén (1995): Una edición artesanal que muy pocos conocen.

Los trabajos del tiempo (1996): Unos de mis libros más conocidos, también publicado gracias a un premio obtenido.

En trance de mudanza (2007): Una edición publicada por haber ganado un concurso nacional, que está agotada.

Antología comentada del Orinoco (2008): Parte de un proyecto con el que pretendía reunir los textos escritos con el tema del Orinoco. Se comentó mucho y se leía en las universidades.

Poemas de la angostura (2016): Un libro de los paisajes del Orinoco, que todavía espera por el bautismo del papel y la imprenta.

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Conceptos

Algunas marcas de tu existencia como creador son la poesía, la ética intelectual, la pertenencia a una cultura y, tal vez ya, esa marca a fuego en la piel que deja el exilio. Entonces, por ese camino, dejo las siguientes preguntas:
¿Por qué la poesía?

Una manera de vivir y respirar. Cuando escribo y termino un poema me siento el hombre más dichoso y afortunado del mundo. Escribo para sentirme vivo entre las fauces del tiempo. Para estar libre y acercarme a mis mundos interiores y a los demás. Para aliviar el desasosiego que llevo por dentro. La poesía me ha permitido adentrarme en los laberintos de la lengua y acercarme a los espejos donde el hombre se mira y dios desaparece. Cuando escribo estoy aquí y en otras partes, de manera invisible. A través de las palabras puedo disfrutar la magia y alquimia que es la poesía, que me ha ayudado a sobrellevar la realidad e inventar mi vida. Son muchos los naufragios que se llevan por dentro. A veces, podemos asir con la palabra ese barranco que es el alma, que vive al borde del abismo, pero también se revela y rebela como un silencio profundo que no tiene fondo y que se parece-por su inmensidad- al universo.

 

¿Qué ética debería defender un escritor, un intelectual, un artista? (Y, como ves, aquí vuelvo al eterno dilema de la controversia histórica entre Sartre y Camus sobre el papel del artista?

La estética implica una ética, una manera de saber estar sin traicionar a los demás y traicionarte a ti mismo. Nunca me pondría del lado de los verdugos, sean de derecha o izquierda.  Por ejemplo, no puedo fingir que en Venezuela no pasa nada cuando se masacra a un pueblo y se le niega vivir libremente, sin penurias. No puedo ver ni a mi país ni al mundo con indiferencia: Como escritor intento comprender lo que me rodea, reflexionar sobre lo que sucede y tomar partido por quienes son avasallados, oprimidos. Cualquier tiranía es un lastre, una vergüenza.  No se puede ser indecente en tiempos indecentes donde la justicia se parcializa por el poderoso y la crueldad genera dolor en los demás. La única ética es la defensa de la libertad y la condena del poder represivo y violento. No hay manera de escapar de la obligación moral de cuestionar cualquier acto que atente contra la dignidad y libertad de una persona y colectivo. El intelectual debe ser un francotirador y libre pensador, que descubra a los que mienten para ocultar la verdad. La literatura no es el arte de engañar a los lectores, aunque estos con frecuencia terminan decepcionados.

 

Ser venezolano, ¿qué significa para el poeta que eres?

Tener una conciencia y una voz y escritura donde un país se expresa libremente.  No soy ajeno a la historia que soy como pueblo. Soy uno más de tantos que llevan por dentro el grito desesperado de millones y millones de venezolanos que merecen el respeto y ayuda de un mundo que le ha dado la espalda. Venezuela tiene derecho a ser feliz, libre y vivir en paz, no en el exilio, sino en el mismo lugar de sus raíces. Tiene derecho al futuro.

 

¿Hasta qué punto el exilio es dolor y hasta donde es enriquecimiento en Néstor Rojas?

Detrás de cada palabra que escribo hay una parte del alma de esa Venezuela que ahora agoniza, que se duele. El exilio es la prolongación de ese sufrimiento que sienten millones de venezolanos que han tenido que salir de su país. El dolor es el mismo que padecen quienes se han quedado y sobreviven. Sentirse exiliado y sin saber si podrás regresar es un aprendizaje que cuesta asimilar por completo.

 

Pregunta final, seguramente gastada, pero también necesaria: ¿en qué proyectos escriturales anda actualmente Néstor Rojas?

Sigo escribiendo y pintando como una manera de seguir viviendo. Me voy quitando de encima esos naufragios, tan íntimos como desgarraduras.