En estos días he revisitado a Pushkin. O quizás sería mejor decir que ha sido Pushkin quien se ha dado una vuelta por mi vida. Lo digo porque hace poco descubrí en un libro venezolano esta pieza del poeta ruso que traduje al español en los inicios de mi carrera literaria. Todavía me parece verme luchando con aquellos versos perfectamente rimados que yo me empeñaba en llevar a mi idioma con la métrica exacta del original, aunque sin traicionar el significado de la estrofa. Por entonces las madrugadas eran el tiempo ideal, y casi el único, que podía dedicar a mi empeño. Para quien no lo sepa, Alexander Pushkin es el poeta nacional ruso por excelencia, un poeta eminentemente romántico. Vivió a principios del siglo XIX y murió en un duelo (como otros grandes poetas de su tiempo) defendiendo el honor de su esposa. En fin, aquí va el poema, que recoge, como pocos, el encanto del invierno ruso.
ЗИМНЕЕ УТРО
Мороз и солнце; день чудесный!
Еще ты дремлешь, друг прелестный –
Пора, красавица, проснись:
Открой сомкнуты негой взоры
Навстречу северной Авроры,
Звездою севера явись!
Вечор, ты помнишь, вьюга злилась,
На мутном небе мгла носилась;
Луна, как бледное пятно,
Сквозь тучи мрачные желтела,
И ты печальная сидела –
А нынче… погляди в окно:
Под голубыми небесами
Великолепными коврами,
Блестя на солнце, снег лежит;
Прозрачный лес один чернеет,
И ель сквозь иней зеленеет,
И речка подо льдом блестит.
Вся комната янтарным блеском
Озарена. Веселым треском
Трещит затопленная печь.
Приятно думать у лежанки.
Но знаешь, не велеть ли в санки
Кобылку бурую запречь?
Скользя по утреннему снегу,
Друг милый, предадимся бегу
Нетерпеливого коня
И навестим поля пустые,
Леса, недавно столь густые,
И берег, милый для меня.
Alexander Pushkin
MAÑANA DE INVIERNO
Hay sol y hiela; es bello el día,
Y aún tú dormitas, alma mía.
Despierta, hermosa, es tarde ya:
Los ojos abre, soñadora;
Ven al encuentro de la aurora
Cual la norteña estrella va.
Anoche la ventisca aullaba,
Brumoso el cielo se nublaba;
La luna, pálida y lejana,
Entre las nubes se perdía.
Tú estabas triste, vida mía,
Y ahora, mira a la ventana:
En el paisaje luminoso,
Como un tapiz esplendoroso,
La nieve luce bajo el cielo;
Desnudo el bosque renegrece,
Sólo el abeto reverdece
Y el río brilla bajo el hielo.
La pieza toda está inundada
De luz de ámbar, y caldeada
La estufa se oye crepitar.
Se está muy bien a su calor
Mas, dime, ¿no será mejor
La yegua baya aparejar?
Y por la nieve mañanera,
En el trineo a la carrera
Abandonarnos del corcel,
Y recorrer el campo frío,
El bosque otrora tan umbrío
Y mi entrañable orilla fiel.
Traducción: Antonio Álvarez Gil
