El testamento de Diego

Sobre Nos quedan los dones, de Eliseo Diego

Rafael E. Saumell
Profesor Emérito Sam Houston State University, Texas.


Nos quedan los dones
Eliseo Diego
Edición de Yannelys Aparicio y Ángel Esteban.
Cátedra. Letras Hispánicas, 2020.

 

Además de haber sido poeta uno de los grandes poetas de Cuba del siglo XX, Eliseo Diego (La Habana, 1920-Ciudad de México, 1994), escribió y publicó cuentos y ensayos breves. Este año marca el centenario de su nacimiento. La presente edición recoge sobre todo su poesía y fue preparada por los académicos Aparicio y Esteban, de la Universidad Internacional de la Rioja y de la Universidad de Granada, España, respectivamente.

Ya ambos habían publicado, con la misma casa editorial Cátedra, ediciones críticas sobre Las honradas (2013) de Miguel de Carrión (1875-1929), y Persona non grata (2015), de Jorge Edwards (1931), por citar un par de ejemplos.

A los lectores no suficientemente familiarizados con la poética de Diego, les conviene saber que los rectores de la cultura en la isla van a homenajearlo en su primer siglo. De ahí, la pertinencia y la importancia de la publicación de Nos quedan los dones. A propósito de la ocasión, Madeleine Sautié, del diario Granma, entrevistó a Omar Valiño, director de la Biblioteca Nacional José Martí (Bncjm), quien le informó acerca de las jornadas que tendrán lugar en La Habana con la finalidad de celebrar el acontecimiento:

Varias son las instituciones que se suman a la merecida evocación, nos dice, y explica que el Centro Cultural Dulce María Loynaz, del Instituto Cubano del Libro, publica desde el 2 de junio un poema diario de Eliseo en su sitio web; a su vez, la Bncjm coloca en su portal las cubiertas de toda su bibliografía, con comentarios de los libros y parte de su contenido, fotos y documentos varios. Se han publicado también acercamientos a su labor fundacional y duradera en la atención a niños y jóvenes, dentro de la Biblioteca en los años 60. Por su parte, el Centro Cultural Cubapoesía ha convocado a un mitin poético que honrará a Eliseo, en tanto otras citas similares tendrán lugar en varias filiales de la Uneac [Unión de Escritores y Artistas de Cuba], y la ahs [Asociación Hermanos Saíz]. Por la radio se escucharán versiones musicalizadas de su poesía, entre las que destacan las del trovador Ireno García, y la televisión estará transmitiendo cápsulas promocionales en las que estudiosos de Eliseo emitirán disertaciones en torno al poeta. En la noche de este 2 de julio la emisión del programa La Pupila Asombrada estará dedicada a su centenario.  La Bncjm colgará la semana próxima su revista digital Librínsula con un número especial dedicado a Eliseo, y un dossier de altos quilates aparecerá más adelante en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.  El jueves 2 develaremos una tarja en su casa natal, en Compostela y Obrapía. En la propia Biblioteca realizaremos un acto en el que poetas de distintas generaciones leerán a Eliseo y también, poemas propios inspirados en su obra. Habrá una exposición bibliográfica y proyección de audiovisuales.

(Edición digital 24 de junio, 2020: http://www.granma.cu/cultura/2020-06-24/la-obra-de-eliseo-no-se-reduce-a-un-aniversario-24-06-2020-22-06-13).

El libro de Aparicio y Esteban tiene la siguiente estructura: una “Introducción” subtitulada “El milagro de las cosas” (15-102); una explicación sobre las fuentes utilizadas para escoger los poemas incluidos en “Esta edición” (103-04); “Bibliografía. Primeras ediciones de los libros y antologías de Eliseo Diego” (105); “Principales traducciones de su obra” (106); “Bibliografía crítica y otras ediciones de Eliseo Diego (106-10), y, finalmente, los poemas agrupados en la sección “Nos quedan los dones” (111-319). El último de esta antología lleva el título de “Tan cerca está mi cruz” fechado el 2 de junio de 1974, o sea, veinte años antes de fallecer: “Tan cerca está mi cruz, que ya la toco, /la cruz que es toda muerte y su agonía…” (319).

En “El milagro de las cosas” los editores comentan éste y demás tópicos de su obra. De ahí que esta sección debe ser calificada de pormenorizado ensayo sobre la creación de Diego, tanto en su aspecto estilístico como en el contexto de las letras y de la sociología política de sus dos tiempos históricos: la república (1902-1959) y la revolución.

En cuanto al primer aspecto, los editores afirman lo siguiente: “Los libros de Diego tienen un “argumento” o una “trama” que no es necesariamente una historia en el sentido convencional sino una afinidad entre los poemas…una forma de entender el mundo, la vida, la realidad, las sensaciones, la historia con minúscula y con mayúscula, la religión y el mismo concepto de arte” (18). En fecha reciente, Virgilio López Lemus ha enfatizado que Diego es “poeta del detalle, su labor resulta un nombrar las cosas desde sus intimidades, con puntilloso deseo de que las cosas mismas vivan en los versos…el mayor poeta minimalista de Cuba, capaz de detenerse en lo mínimo para ver en ello la inmensidad del universo” (“Centenario de un gran poeta: Eliseo Diego”. http://www.granma.cu/cultura/2020-06-30/centenario-de-un-gran-poeta-eliseo-diego-30-06-2020-21-06-47).

Hay también en este libro historia literaria, sobre todo a partir de los años treinta. Digamos, la presencia del español Juan Ramón Jiménez en La Habana, de las salidas de las revistas Luz, Clavileño, Verbum, Espuela de Plata, Orígenes, etc., la amistad y colaboración de Diego con Fina y Bella García Marruz, Cintio Vitier, Lezama Lima, Ángel Gaztelu, Gastón Baquero, etc.  Por supuesto, también hay datos y análisis de lo ocurrido después de 1959. En primer lugar, los desencuentros con creadores que estuvieron más involucrados en la revolución, y los reproches hechos contra los miembros de Orígenes, a causa de sus estéticas y valoraciones históricas.

Recordemos los casos de dos prominentes jóvenes de aquella segunda e inicial etapa cubana en el siglo XX. El poeta Heberto Padilla escribió entonces para Lunes de Revolución que “Orígenes es un ejemplo de nuestro más pronunciado mal gusto…prueba de nuestro colonialismo literario y de nuestra esclavitud a las antiguas formas… (39). Guillermo Cabrera Infante, periodista y narrador incipiente en aquel instante, anotó “…nos dedicamos a la tarea de aniquilar a respetados escritores del pasado. Como Lezama Lima, [autor de]… “versos de un catolicismo magnífico y obscuro, y reaccionario” (39-40). Claro, la historia política ulterior en la isla dio vuelcos y saltos tan dramáticos que ellos rectificaron, con el paso del tiempo y de  experiencias amargas, los juicios acabados de citar.

Asimismo, una parte de los origenistas encabezada por Roberto Fernández Retamar, y secundada por Cintio Vitier, se entregó a la tarea de forjar un nexo teórico entre los artistas e intelectuales de esa agrupación con los fundadores de la nación en la centuria previa y con el ideario impuesto por Fidel Castro desde su llegada al mando del país. Al respecto, consúltese el ensayo Ese sol del mundo moral; para una historia de la eticidad cubana (1975).

Con el apoyo y bajo la mira de altos funcionarios, Vitier logró acomodar la religiosidad y la responsabilidad social de ciertos colegas (él, Fina, Fernández Retamar, ¡incluso Lezama!, Diego) con los postulados esenciales del nuevo sistema, en especial a partir del contacto con representantes de la teología de la liberación (Ernesto Cardenal, Frei Betto, etc.), y la de estos con los máximos dirigentes del estado, muy fundamentalmente a partir del libro Fidel y la religión, el cual reproduce una extensa conversación entre Betto y el comandante.

Vale subrayar que la primera edición (1985), incluye un prólogo firmado nada menos que por Armando Hart Dávalos, ministro de cultura. Retamar y Vitier fueron diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular en los períodos de 1993 a 1998, y de 1998 a 2013, respectivamente, aparte de que el primero fue miembro del Consejo de Estado. Fueron cargos bastante ceremoniales pero significativos del respaldo oficial que se les ofreció.

Es necesario tener presente estos detalles porque la política es el fardo más pesado que deben cargar los escritores y artistas cubanos a partir de 1959. Nadie, ni siquiera alguien menos comprometido, en el sentido sartreano de engagé, como Eliseo Diego pudo escapar a ese lastre.   Sin embargo, para su bien y el de su poesía, no engarzó su obra con tribunas ideológicas, ni practicó militancia combativa en los relatos vindicadores de la identidad, el latinoamericanismo, el antimperialismo, el sexo, la raza, o las clases sociales. No cedió a las presiones ejercidas por los burócratas para que los autores cubanos practicaran la estética del realismo socialista, ni cantó a fechas, sucesos o personalidades del neosantoral civil. Tampoco fue disidente ni nadie lo acusó de tal; no se le puede imputar haber sido un “asalariado del pensamiento oficial”, según la frase de Ernesto Che Guevara en “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965).

Los editores explican muy bien esa actitud: “…los de Orígenes no confiaban demasiado en credos políticos, en salvaciones dirigidas alrededor de líderes carismáticos…Su republicanismo es más moral y estético que político” (97). Páginas atrás presentan lo que dan en nombrar la línea poética trazada por Diego: “…en ella se ponía bajo sospecha la capacidad del intelectual y el artista para elaborar relatos míticos y globales, e incluso la utilidad de estos, continuando el posicionamiento ya esbozado por Unamuno en su concepto de intrahistoria, o de Ortega y Gasset en ‘Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo…” (94).

En este sentido, los editores se refieren a un ensayo de Rafael Rojas, donde este analiza poemas como “En esta extraña calle”, “El lugar donde vivo”, “Despedida”, “Y qué va a ser de tus recuerdos” y “Déjenme en paz”: Indica que “…hay una desviación con respecto a la época anterior [antes de los setenta] ya que algunos de esos poemas se integran en un espacio más cómodo para la revolución, porque aluden a aspectos que son más funcionales para el poder” (96).

No obstante, Aparicio y Esteban opinan que desde “…los setenta, se establece un diálogo más directo entre las esferas del poder y el poeta de Arroyo Naranjo gracias a ciertas concesiones, a la aceptación de cargos y a la proyección personal que logra el escritor en el ámbito cultural de la isla…el catolicismo de Eliseo pudiera coincidir con ciertos presupuestos sociales y solidarios de la ideología dominante…” 96).

Habría que insistir en su capacidad y resistencia para desenmarañarse de los panfletos cívico-militares que tanto les reclamaban las autoridades a poetas, escritores, cineastas y  artistas en general. En los noventa los Diego pudieron viajar y residir en México al igual que numerosos creadores de la isla. En esa época, Aparicio y Esteban notan la presencia cada vez más frecuente de la muerte en sus versos. Uno de ellos, “El día de los otros” (284), figura quizás entre los mejores: “Cuando por fin mañana sea de veras, /cuando mañana sea mañana, /definitivamente la mañana de los otros, /qué poco va a importarte a ti/lo que empezaste con afán ayer/y era imposible que nadie sino tú/con afán le diese fin a tiempo. /Cuando mañana sea mañana…” (Cuatro de oros, 1991).

La selección de poemas es muy encomiable por su sostenida calidad y porque sirven para demostrar las tesis discutidas  en “El milagro de las cosas”. No obstante, lo que más se extraña aquí es la ausencia de ilustraciones, o, a lo mejor, siquiera una muestra mínima de los dibujos y algo del prólogo de Rapi Diego para el volumen Soñar despierto (1988), o facsímiles de los grabados empleados en Muestrario  del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña (1968).

De cualquier manera, la posteridad va siendo justa con el poeta. Claro, preguntarse cuántos lectores y cuánta vida tendrá un autor dentro de cierta cantidad de años es un ejercicio fútil. Sin embargo, sabemos que varias veces abordó el futuro de manera explícita. López Lemus insiste en que “…de la realidad objetiva [Diego] extrajo, subjetividad mediante, lo prístino poético, lo delicado y a la vez resistente: la resistencia al tiempo, ese que en su poema “Testamento nos dejó como herencia…” en el volumen Los días de tu vida (1977).

Habiendo llegado al tiempo en que                          
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;
habiendo llegado a este tiempo;
y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;
habiendo llegado a este tiempo;
y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;
y no poseyendo más que este tiempo;
no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;
no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;
decido hacer mi testamento.
Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.