Categoría: Otros miran

Trabajo social de Constatino Laura

Muestrario de su obra

Tejer, como para nuestros antepasados, es una labor de vida, expresión y magia


Constantino, ¿cómo y cuándo prendió en su pecho la pasión por tejer? 

Nací en el seno de una familia tradicionalmente artesana de Ayacucho con trayectoria artístico-popular. Mi padre, Miguel Laura, fue uno de los pioneros del tejido ayacuchano. La pasión por los tejidos y los colores, pues, la llevo en la sangre.

Miguel Laura, padre de Constantino.

Miguel Laura, padre de Constantino.

Desde muy pequeño ya estaba involucrado en labores de tejido, las que puede ejercer un niño, por ejemplo, alcanzado los hilos de colores a mi padre. Son imágenes que habitan mis recuerdos, lo tengo muy interiorizado, son recuerdos que brotan constantemente en mi obra, como por ejemplo en «Mi niñez atrapado en un ovillo de colores» que presenté el año pasado en Madrid en la VIII Bienal de Arte Textil Internacional organizado por la World Textile Art.

Siento que entre los hilos de colores aún se esconden y juegan los días de mi niñez, por algún lado leí que un adulto creativo es el niño que le ha sobrevivido. Yo me siento así…

Empecé a tejer a los 10 años con diseños sencillos. A mis 14 o 15 años ya había creado mis propios diseños, pero fue a los 20 años que aprendí bien las técnicas del tapiz artístico. Reproducía en tapices obras de grandes maestros de la pintura como Van Gogh, Monet, Matisse, Gris, Picasso. Fue una etapa maravillosa de aprendizaje, del manejo del color y la composición.

 

¿Y cuándo, la pasión por enseñar?

Recuerdo un instante que marco mi vida, fue una mañana cuando me encontraba a lado de mi padre, entendí que uno podía llegar a ser un hombre bueno a través de ser un maestro artesano. Era un día cualquiera cuando un hombre humilde del campo busco a mi padre para que le enseñará a su hijo el oficio de tejedor. Le dijo en quechua: “Papá, churiynikita jina, yachaykachipuway, churiyta, vidallantapas kausakunampacc” — Padre, como a tu hijo enséñale a mi hijo para que pase su vida. Aquellas personas sencillas se dignificaban porque pagaban con una gallina, todo por voluntad propia, a mi padre, por enseñarles un oficio a sus hijos. Sabían que era para toda su vida y con eso ganarse la vida honorablemente.

En ese instante mismo decidí ser un maestro artesano, porque enseñar un oficio como vengo realizando todos estos años es darle alas, libertad, a todas aquellas personas humildes que no pueden pagar estudios en institutos ni universidades.

 

La tapicería artesanal y tradicional del Perú es un oficio complejo…

Si así es, los preparativos para elaborar un tapiz pasan por varios procesos, que comprende el esquilado, el hilado, el teñido —yo utilizo colorantes naturales—, y muchos pasos más. Sinnúmero de herramientas y técnicas se usan en estos procesos, que varían de una región a otra e incluso de una familia a otra. De la misma forma, el estilo y los colores diferencian a los artesanos, los talleres, las familias, las comunidades. Así ha sido desde tiempos remotos, y así es hasta la actualidad.

 

Constantino, su obra combina innovación y tradición…
Primavera del alma, 2004.

Primavera del alma, 2004.

Mi interés por la innovación, por explorar nuevos caminos, despierta en los años 80, curiosamente a raíz de una crisis. En esos años Perú pasaba por una crisis política y económica muy fuerte, que tuvo como consecuencia una importante reducción del turismo, tal y como está sucediendo en la actualidad, pero esta vez es por el COVID-19. Mi respuesta a aquella crisis fue explorar y desarrollar nuevos diseños y experimentar con nuevas técnicas, a la búsqueda de una nueva expresión para llegar a nuevos segmentos de clientes.

Durante los años 90s continué explorando y perfeccionando mi nueva estética y técnica. En 2004 mi tapiz «Primavera del Alma” es la obra ganadora del Primer Concurso de Diseño para la Innovación de la Artesanía Peruana, organizado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú. «Primavera del Alma” es un tapiz muy querido que innovó la iconografía en el arte textil peruano. Actualmente muchos artesanos recrean, toman formas y colores de mi obra.

El premio conlleva a ser contratado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo (ONUDI) para dar consultorías de diseño y nuevos productos en varias zonas textileras del Perú.  Esta labor me permitió intercambiar conocimientos y tener contacto directo con ricas y variadas tradiciones, porque no hay un pueblo que no tenga tradición e historia, ni pueblo que lo tenga todo. Esta experiencia fue muy valiosa para enriquecer y fortalecer mi conocimiento y mi técnica, fue como alimentarme de la savia eterna de los pueblos. En la actualidad hay artistas que en su búsqueda de modernidad se olvidan de sus raíces, pero la tradición es un valioso legado. Como dice una sabiduría india, mientras más tires el arco hacia atrás, la flecha se lanzará más lejos, hasta el infinito.

Intento que así sea mi obra. La luna es la misma luna desde nuestros antepasados, no cambia, es la mirada del artista que transmuta cada elemento…

Tejer, como para nuestros antepasados, es una labor de vida, expresión y magia que otorga voz y palabra a la materia. Tejiendo brotan los colores en nuestras miradas, que se entrecruzan en un diálogo bullicioso, que hablan de momentos épicos de nuestra historia, de momentos gloriosos de amores y desamores, de esperanzas y sueños acallados, de luces y sombras dando origen a nuevas expresiones, mezcla de razas y sentimientos que han convergido en lo que hoy es el Perú.

Los temas que cuento en mis obras tratan de nuestras cosmovisiones andinas, mitos y leyendas, sueños, esperanzas, flora y fauna. En la VI Bienal de Arte Textil realizada en Montevideo, Uruguay, participo con mi obra «Noche de luna enamorada, Historias de mi niñez».

Foto – Noche de luna enamorada

 

El impacto del COVID-19…

Tejer a la altura de mis años ya no es el simple acto de tejer, es tramar recuerdos entrelazando afectos, cada día es un lienzo en blanco o una urdimbre tendida, esperando ser pintada o tejida con los colores del nuevo día, porque tejer es la vida misma, y en estos tiempos la vida está siendo devastada por esta pandemia del COVID-19, con virtualmente todas las actividades canceladas: ferias, exposiciones, bienales, las galerías cerradas, la total ausencia del turismo por el cierre de todas las fronteras… Pareciera que estamos designados a desaparecer y con nosotros una tradición milenaria si no encontramos alguna fórmula que ayude a sostener las actividades, porque cada vez somos menos quienes desarrollamos el arte del tejido, porque este oficio no se aprende en institutos ni universidades, es herencia y legado de nuestros antepasados y se trasmite de generación en generación.

Actualmente el futuro es incierto, y a mí me gustaría seguir tejiendo, seguir creando desde el amor y la esperanza, seguir contando historias y no crear desde la incertidumbre de qué pasara mañana. La expresión artística tiene que tener sus propios sueños, transmitir el amor y sentimiento con que fueron hechos, ser un vuelo por mares y cielos luminosos, un paseo por dunas y estepas misteriosas, entrelazando estados del alma.

–***–

Más sobre Constantino Laura en internet:

¿Quién es Constantino Laura?


Constantino Laura Taboada, tejedor, pintor y poeta peruano, proviene de una familia de tejedores de Ayacucho. Actualmente es uno de los artistas textiles contemporáneos más reconocidos en América Latina y su trayectoria incluye prestigiosas bienales y exposiciones textiles en todo el mundo. Aprendió de su padre, Miguel Laura Pacheco, las técnicas del tejido ayacuchano y, con una visión más contemporánea, el artista emplea las materias primas como el algodón, lana de ovino y alpaca y el manejo del color, reinterpretando los motivos tradicionales.

Correo electrónico: tinolaura@hotmail.com Leer más…

Constantino Laura


 

Constantino Laura, sin dudas, es hoy uno de los artistas textiles de mayor reconocimiento en América Latina. Merecido lo tiene: tejedor, pintor y poeta peruano, nacido en una familia de tejedores de Ayacucho, ha insistido en no dejar morir la ancestral tradición del telar andino, un arte ligado a la espiritualidad y la cosmogonía de las razas autóctonas que conformaron la cultura peruana, andina y latinoamericana.

Como señalan muchos críticos, a la luminosidad de sus tapices, que cualquiera podría confundir con una pintura, Constantino Laura suma una magistral experiencia en las interrelaciones que conectan sus universos personales (aprendidos seguramente en esos años en que bebió la esencia del oficio gracias a su padre), la simbología originaria de la cultura en la que se formó, y guiños de complicidad también espirituales a esa modernidad en que intenta imponer este arte tan tradicional.

Admirable, e incluso heroico, puede considerarse también sus empeños como guía y mentor de nuevos artistas de este oficio, una labor que se extiende más allá del magisterio individual entre maestro/aprendiz para concretarse en una labor social que cumple un propósito de envergadura mayor: salvar este dorado filón de la cultura que, sin empecinados soñadores como Constantino Laura, podría perderse.

OtroLunes agradece especialmente a Julian Daniel Jiménez Krause que nos haya tendido el puento con Constantino Laura y se siente honrado con la posibilidad de presentar a nuestros lectores aunque sea una parte de la fabulosa obra artística y promotora de este singular creador peruano  

Amir Valle
Director General

 *****

Entrevista

Galería