«Si queréis no repetir el pasado, estúdialo»
Baruch Spinoza
(Tratado teológico político)
El escenario de la tragedia
Con el estreno de la obra «La de San Quintín», de Benito Pérez Galdós, quedó inaugurado El Teatro Principal de la Comedia el 29 de octubre de 1921. Situado en el local del antiguo Teatro Heredia, en Ánimas entre Prado y Zulueta, pronto se convirtió en importante centro cultural donde se presentaban obras teatrales y servía de escenario para eventos sociales, políticos y sindicales.
El 30 de septiembre de 1940, décimo aniversario de la muerte del alumno de la escuela de Derecho, Rafael Trejo, herido de muerte durante una protesta estudiantil contra la dictadura de Machado, se produjo un tiroteo en la velada conmemorativa celebrada en el Teatro Principal de la Comedia. Miembros y simpatizantes del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) se enfrentaron a tiros con militantes del Partido Comunista dentro del teatro. Hubo cuatro muertos y ocho heridos. El hecho refleja la cultura de la violencia que imperaba en la isla, herencia del colonialismo español.
Violencia como método.

Francisco Dionisio Vives y Planes (Orán, 27 de marzo 1755 – Madrid, 1 de enero 1840). Gobernador y Capital General de Cuba desde 1823 a 1832.
España utilizó el asesinato político como herramienta para imponer su política colonial en Cuba. En ese empeño utilizó sicarios a sueldo. Los siguiente ejemplos –no los únicos– así lo atestiguan: El Capitán General de la Isla, Dionisio Vives, en 1870 encomendó –sin éxito– al “tuerto Morejón”, un asesino, ex oficial de la policía, la muerte del padre Félix Varela, residente en los Estados Unidos; en la zona de Majaguabo, Manuel Hechavarría, un criminal al servicio de la metrópoli, falló en su intento de asesinar al general Antonio Maceo; en 1874, el preso común José de las Mercedes Colás intentó cumplir idéntica misión; el 9 de noviembre de 1894, en San José, Costa Rica, Maceo fue herido de bala a la salida de un teatro; en Haití, en 1879, los agentes de la metrópoli, Quintín Díaz y Antonio Pérez, dominicanos de origen, trataron de eliminar al Titán de Bronce; Vicente García fue envenenado en Caracas, Venezuela, a donde había marchado al término de las hostilidades, tras el Pacto del Zanjón; en Tampa, en 1892, Martí sobrevivió a una tentativa de envenenamiento orientada por el Cónsul español.
Con el nacimiento de la República en 1902 el asesinato político, lejos de disminuir, cobró fuerzas. Los casos de violencia por desavenencias políticas llenaban las planas de los periódicos. En ocasiones, el crimen no distinguía fronteras. El 10 de enero de 1929, fue asesinado en México el líder estudiantil, Julio Antonio Mella, por orden del dictador Gerardo Machado.
Dos partidos rivales.
Como se expuso al inicio, en el Teatro Principal de la Comedia chocaron simpatizantes del Partido Auténtico (PRCA) con miembros de Unión Revolucionaria Comunista (Partido Comunista). Las rivalidades entre las dos agrupaciones comenzaron en el año 1934 en los planteles de los Institutos de Segunda Enseñanza de la Víbora y de La Habana por el control de las Asociaciones de Alumnos, entre otros motivos.
El primer Partido Comunista de Cuba –el segundo nació en 1965– fue fundado en 1925 por Julio Antonio Mella, Alejandro Barreiro, José Miguel Pérez, Carlos Baliño y Fabio Grobart, entre otros. Por motivos de estrategia política cambió de nombre con frecuencia: Partido Comunista, Unión Revolucionaria Comunista (URC) y, en 1943, Partido Socialista Popular (PSP), a propuesta del historiador José Luciano Franco.
El 15 de enero de 1934 cayó el gobierno revolucionario Grau-Guiteras debido a la traición del coronel Fulgencio Batista. Tres semanas después, el 8 de febrero, miembros del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), reunidos en el local de la revista Alma Máter, fundaron el Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRCA). En sus estatutos recogieron el programa político del DEU que el derrocado “gobierno de los 100 días” no pudo terminar de implementar. El PRCA recibió una marcada influencia del movimiento de izquierda más importante del Perú, el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), fundado en la década del 20 por Víctor Raúl Haya de la Torre, fue el primero en plantear la necesidad de integrar en el socialismo al indio. Los auténticos se proclamaban socialistas, nacionalistas y antimperialistas. Entre sus figuras principales estaban Ramón Grau San Martín, Carlos Prío, Manuel Antonio de Varona, Segundo Curti, Rubén de León, Eduardo Chibás y Alberto Inocente Álvarez.
En 1935 se produjo una distensión de las hostilidades entre Auténticos y comunistas. Tras el fracaso de la huelga general revolucionaria de marzo de 1935, el jefe del ejército, Fulgencio Batista, desató una violenta ola represiva. Los coroneles José Eleuterio Pedraza y Jaime Mariné dirigieron las operaciones. La rama insurreccional del Partido Comunista, Ejército Libertador, dirigida por Ramón Nicolau; la Joven Cuba, fundada por el Dr. Antonio Guiteras; y la Organización Auténtica (O/A), rama insurreccional del Partido Auténtico, dirigida por Carlos Prío y Segundo Curti, coordinaron acciones conjuntas contra la dictadura. Efectuaron sabotajes, atentados, acopios de armas y acciones para recaudar fondos.
Elecciones y pacto de la discordia.
La despiadada represión dio sus frutos. Salvo algunos casos, en 1937 Batista tenía la situación bajo control. Para el dictador había llegado el momento de cambiar su traje militar por el civil. Aspiraría a la Presidencia de la República en los comicios de 1940. Pero necesitaba el apoyo de un partido con base popular, pues el pueblo tenía de él la imagen del represor. Solo dos partidos le ofrecían esa posibilidad: el Auténtico y el comunista. Batista intentó un acercamiento con el primero, permitió su legalización, pero fue rechazado. Entonces se viró hacia el partido comunista, donde tuvo mejor suerte. En 1938 Batista logró un pacto con Unión Revolucionaria Comunista. Se creó la Coalición Socialista Democrática. Esta unión, meramente coyuntural, atizó de nuevo las hostilidades entre auténticos y comunistas. Como parte del acuerdo, Batista les facilitó varias senadurías y actas de Representantes, dos ministerios sin cartera, una planta de radio (emisora 1010), un medio de prensa (Noticias de Hoy) y respaldo para obtener el control de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Por su parte, URC se comprometió en apoyar la agenda política del ex sargento en todos los órdenes.
Los comicios tuvieron lugar el 18 de julio de 1940. La Coalición Socialista Democrática derrotó al frente oposicionista de Ramón Grau San Martín, líder del PRCA. Aunque Batista obtuvo la mayoría de votos, no fueron elecciones limpias. En pueblos del interior, el ejército coaccionó a los votantes auténticos. En su obra Historiología Cubana, José Duarte Oropesa ofrece detalles de cómo en las elecciones de 1940, los oficiales jefes de regimiento, Manuel Benítez, Raymundo Ferrer y Abelardo Gómez Gómez, realizaron deportaciones, dieron plan de machete, efectuaron secuestros de cédulas e hicieron amenazas de muerte (Ediciones Universal. Miami, FL. 1974. Tomo II. Pag. 566). Cabe mencionar que el Código Electoral vigente (anterior a 1943) fue otra carta de triunfo para Batista, ya que no contemplaba el voto directo, en violación al artículo 98 de la Constitución de 1940.
Los enfrentamientos.
De 1938 a 1944 hubo decenas de choques entre auténticos y comunistas. Los escenarios fueron diversos: los planteles de los Institutos de Segunda Enseñanza, los sindicatos obreros, la Universidad de la Habana y los espacios públicos como cines, teatros, etc. Los auténticos fueron apoyados por la organización Acción Revolucionaria Guiteras (ARG). Sus fundadores simpatizaban con el PRCA y muchos de sus miembros eran también militantes, como Lázaro de Betania y Alfredo Flores.
Acción Revolucionaria Guiteras (ARG) fue creada en 1939. Su fundador fue Pedro Fajardo Boheras (Manzanillo), veterano de la Guerra Civil Española, miembro de Joven Cuba y estrecho colaborador de Antonio Guiteras. Fue asesinado el primero de enero de 1941 por el jefe de la Oficina de Control (SIM), Mariano Faget. Al llegar a la presidencia el Dr. Grau San Martín, en octubre de 1944, iniciaron una cacería de esbirros de anteriores dictaduras. Muchos de sus miembros recibieron posiciones en los distintos cuerpos policiales. Pero la corrupción existente los fue contaminando y se convirtieron en un grupo gansteril. Participaron en el asesinato de líderes sindicales, la mayoría comunistas. Entre sus miembros estaban Orlando León Lemus (El Colorado), Jesús González Cartas (El Extraño), Rogelio Hernández Vega, Juan Valdés Morejón, Aida Pelayo, Héctor Aldama Acosta, Raúl González Jerez, Alfredo Flores, Lázaro de Betania y Fulgencio Cruz.
Violencia sindical.
El atentado contra el dirigente obrero Sandalio Junco es claro ejemplo de las pugnas entre auténticos y comunistas en la arena sindical. De origen humilde, panadero de profesión, orador excepcional, en sus inicios Sandalio Junco militó en el Partido Comunista y visitó la Unión Soviética en dos ocasiones; pero luego rompió con la línea estalinista de esta organización y junto a Charles Simeón fundó el Partido Bolchevique Leninista, seguidor de las directrices del revolucionario ruso León Trotsky. De las filas trotskistas pasó a Joven Cuba y finalmente al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). El 8 de mayo de 1942 fue ultimado a tiros en el Ayuntamiento de Sancti Spíritus por miembros de Unión Revolucionaria Comunista, durante un homenaje a Antonio Guiteras. A pesar de las amenazas recibidas, el alcalde de la ciudad, Joaquín Escribano, de filiación auténtica, prestó el local. Días antes habían aparecido en esa ciudad unos volantes que decían: “Sandalio Junco no hablará”. Por este crimen, uno de sus ejecutores, Isidro Pérez, fue condenado a prisión en el gobierno de Grau.
Violencia en los Institutos.
La muerte del joven Gregorio Montesinos, estudiante del curso nocturno del Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana, simpatizante del Partido Auténtico y miembro de ARG, es otro eslabón en la cadena de violencia registrada en los centros de Segunda Enseñanza. Montesinos fue baleado frente al plantel por un miembro de Unión Revolucionaria Comunista, de apellido Oliveros, conocido por “Mi Tierra”. Oliveros se dio a la fuga, pero fue detenido y conducido a la Tercera Estación de Policía, de donde salió en libertad poco después. Los estudiantes del Instituto y miembros de ARG, Leonel Gómez y Herminio Díaz, intentaron en vano ajusticiarlo1. Logró escapar, pero tras la llegada de Grau a la presidencia fue sancionado por homicidio.
En 1941 se produjo un violento incidente en el Instituto de Santa Clara durante un congreso estudiantil en el que participaron estudiantes de los distintos institutos del país. Rolando Masferrer presidió la delegación de Unión Revolucionaria Comunista. Los líderes estudiantiles Lázaro Ascencio, Ricardo Linares y Jorge Besada participaron en el evento. Acción Revolucionaria Guiteras fue representada por Emilio Tro2, Francisco (Paco) Villanueva y Luis Felipe (Wichy) Salazar, entre otros.
El cónclave tuvo lugar en el Aula Magna. Por Unión Revolucionaria Comunista habló Carlos Franqui, quien al final de su alocución gritó: “Viva Unión Revolucionaria Comunista”, “Viva Rolando Masferrer”3. La arenga provocó una riña que terminó a tiros. Masferrer disparó a diestra y siniestra. Tro hirió en una mano al estudiante de filiación comunista Saúl Boullanger4. Hubo varios heridos.
El décimo aniversario.
Volvamos al Teatro Principal de la Comedia. Los preparativos del homenaje a Trejo estuvieron a cargo de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), presidida entonces por Norberto Martínez5, y la Juventud del Partido Auténtico, dirigida por Luis Orlando Rodríguez6. Acordaron no invitar a Unión Revolucionaria Comunista por formar parte del gobierno de Batista. Y como medida preventiva se entregó un pase a los invitados7. La seguridad del evento estuvo a cargo de Acción Revolucionaria Guiteras (ARG). Participaron Orlando León Lemus (El Colorado), Rogelio Hernández Vega, Raúl González Jerez, Lázaro Cordero, Domingo Hernández, Jacinto Fernández Torras y José Antonio Aguiar8.
El acto.
El homenaje comenzó en horas de la noche. Los auténticos Luis Orlando Rodríguez, Manolo Maza, Armando Dalama, Rubén Acosta9, Antonio (Tony) Santiago y Orlando Manrique, estaban presentes. Unión Revolucionaria Comunista envió un destacamento de los grupos de Auto Defensa, integrado por el jefe de la Comisión de Orden del Partido y Secretario General de la Federación de Trabajadores del Puerto, Manuel Porto Dapena. Lo integraban, además, Rolando Masferrer, Manuel Luzardo y Bernardo Martínez Niebla10, entre otros. Ninguno de ellos tenía el pase de entrada.
Al llegar al teatro, las puertas ya estaban cerradas. Tocaron fuertemente; pero no hubo respuesta. Entonces comenzaron a empujarlas. Desde dentro abrieron y se inició una pelea a puñetazos que se extendió por el portal y el vestíbulo del inmueble. Varios miembros de URC ocuparon el pasillo central, otros intentaron controlar los pasillos laterales de las lunetas, pero allí estaban los miembros de ARG11. Entonces comenzó el tiroteo.
No se ha podido precisar quien hizo el primer disparo. Los miembros de URC se lo atribuyen a El Colorado. Los auténticos, a Masferrer. La balacera se extendió a las afueras del teatro. Efectivos de la Tercera Estación de Policía, situada en Dragones y Zulueta, acudieron al lugar y realizaron varias detenciones, entre ellas a Rolando Masferrer. El miembro de ARG, Raúl González Jerez, escapó corriendo de espaldas y disparando al mismo tiempo12.
En la reyerta murieron los auténticos, Pedro Vior Cisneros y Francisco Flores Iturralde. Manuel Porto Pena fue herido de bala en el hígado. Sus compañeros lo llevaron al Hospital Calixto García; pero no logró sobrevivir. Su cadáver fue velado en el sindicato de los Dependientes de Almacén, ubicado en la calle San Ignacio, Habana Vieja. El Secretario General del Partido Comunista, Blas Roca, despidió el duelo en el Cementerio de Colón.
Entre los heridos se encuentran los estudiantes Rafael Hidalgo Navarro y el alumno de la Escuela de Medicina Héctor Pons Domenech; además, un hermano de Rubén Acosta y Orlando León Lemus, que recibió cuatro balazos, uno de ellos en el pecho. Con la ayuda de Rogelio Hernández Vega, El Colorado logró huir y ambos se escondieron en la residencia del abogado Luis Felipe Almagro, en la barriada del Cerro.
El Tribunal de Urgencia formuló cargos contra León Lemus y Hernández Vega. El doctor Almagro los representó en el proceso. El Colorado estaba amenazado de muerte por la policía y acudía a las sesiones del juicio escoltado por miembros de ARG. Las fotos y los titulares de prensa que detallaban el proceso le dieron notoriedad. Los sucesos de La Comedia constituyeron su bautizo de fuego y lo dieron a conocer como hombre de acción13.
Trayectoria de algunos de los participantes en el suceso.
Rolando Masferrer Rojas. Fue una extraña mezcla de intelectual, gánster y hombre de acción. Nació en la ciudad de Holguín en 1918, era nieto de oficiales mambises y sobrino de Luis Felipe Masferrer, lugarteniente de Antonio Guiteras en la zona oriental. Tocaba el piano para deleite de sus amigos y sacaba con rapidez la pistola ante sus enemigos14.
A los 17 años militó en Joven Cuba. Fue encarcelado tras la huelga de mazo de 1935. En 1937 se incorporó a las Brigadas Internacionales en defensa de la República Española; fue herido en la batalla del Ebro, quedándole como secuela una claudicación en la marcha. En España se relacionó con el Partido Comunista y estrechó amistad con el mariscal Joseph B. Tito, más tarde presidente de Yugoslavia.
A su regreso a Cuba ingresó en el Partido Comunista y trabajó en el diario de esa organización, Noticias de Hoy, hasta que en enero de 1945, junto a Carlos Montenegro, Luis Felipe Rodríguez y otros periodistas, fundó el semanario Tiempo en Cuba, con el aporte inicial de 500 pesos abonados por el ex miembro del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) y Secretario de la Universidad, Ramón (Mongo) Miyar. Esta publicación contó en su Consejo de Redacción con el economista Raúl Cepero Bonilla y su administración estuvo a cargo del doctor Eufemio Fernández, veterano de la Guerra Civil Española y de las expediciones de Cayo Confites y Luperón. A partir de aquel momento comenzó a manifestar serias discrepancias con la alta dirigencia del Partido Socialista Popular –nueva denominación del Partido Comunista– y la acusó de soberbia, de emplear métodos de intimidación dentro del seno de la militancia y de no admitir críticas a sus altos cargos. A esto se sumó la polémica ideológica de los dirigentes comunistas Jacques Duclos, francés, y Earl Browder, norteamericano, cuyas posiciones favorables al entendimiento entre capitalistas y obreros eran tachadas de claudicantes y revisionistas, pero fueron compartidas por algunos líderes del PSP. Los redactores del semanario se declaraban partidarios de analizar profundamente aquella controversia15.
Hoy les respondió a través de un editorial en el que fustigó duramente a los críticos del PSP. A la semana siguiente, en el número del 12 de agosto, Tiempo en Cuba volvió a la carga e insistió en los puntos anteriormente denunciados. Según parece, esto superó el nivel de tolerancia de la Comisión Ejecutiva del PSP, la cual en una Resolución publicada el 22 de agosto de 1945 dio a conocer la expulsión de Rolando Masferrer, Carlos Montenegro, Luis Felipe Rodríguez y otros, por “lanzar injurias y calumnias a esta organización, intentos divisionistas, indisciplina, deseos de perjudicar al partido y agresión a la clase obrera y al pueblo».
Durante su paso por la Universidad de La Habana, Masferrer apoyó a Manolo Castro y el Comité Estudiantil de Superación Universitaria (CESU) en su lucha contra los pandilleros integrantes del Bonche Estudiantil, financiado por el coronel Jaime Mariné con fondos de la Dirección de Deportes que presidía. Terminó la carrera de Derecho en 1945 y por sus elevadas calificaciones recibió el Premio Dolz, que le aseguraba una plaza de abogado de oficio en la Audiencia de La Habana.
El 6 de abril de 1947 participó en la fundación del Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), junto al ex profesor de Filosofía de la Universidad de Heidelberg, Alemania, Boris Goldenberg; el ex presidente de la FEU, Manolo Castro; el veterinario Julio Salabarría; el abogado Eduardo Corona; el Dr. Eufemio Fernández y el concejal del Ayuntamiento y miembro de Legión Revolucionaria de Cuba (LRC), José Díaz Garrido. Fue jefe del Batallón Sandino durante la expedición de Cayo Confites, organizada en 1947 por el MSR y exiliados dominicanos para derrocar la dictadura de Trujillo.
En 1948 inició su ascendente carrera gansteril al resultar electo Representante a la Cámara. Al ocurrir el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, se presentó en la Universidad de la Habana en zafarrancho de combate para defender la Constitución y al gobierno legítimo de Carlos Prío. Lo acompañaban el ex coronel del Ejército Republicano Español Valentín González (el Campesino), y los veteranos de la contienda española Antonio (Cuchifeo) Cárdenas, Rafael Alonso Cué y Armentino Feria (El Indio), pero no recibió apoyo estudiantil.
En horas de la noche de aquel día fue arrestado en su domicilio de Arroyo Arenas por orden del nuevo jefe del SIM, el capitán Manuel Ugalde Carrillo. El congresista Caiñas Milanés, de visita en su casa, fue detenido junto a él. Quedaron en libertad horas después. Durante varias semanas continuó trabajando en el periódico de su propiedad, Tiempo en Cuba. Desde Belgrado, el mariscal Tito le envió una carta invitándolo a Yugoslavia por razones de seguridad personal; pero no aceptó la propuesta y decidió permanecer en Cuba. Poco tiempo después se unió a los golpistas. Su otrora enemigo, el ministro de Información, Ernesto de la Fe, tramitó su ingreso. Cuando un amigo le reprochó duramente su traición, le respondió: “Hay que ser pragmático”16.
En 1956, con la anuencia del gobierno y el apoyo del sub secretario de Gobernación, Dr. Rafael Díaz Balart, organizó el tristemente célebre grupo paramilitar conocido como Los Tigres, que cometieron innumerables crímenes contra la población. El primero de enero de 1959 huyó a los Estados Unidos con varios colaboradores a bordo de su yate, el Olokún. Murió en la ciudad de Miami el 31 de octubre de 1975, víctima de un atentado con un explosivo colocado debajo de su auto.
El “rojo” y el Colorado.
Las balas que hirieron al Colorado en el Teatro Principal de la Comedia las disparó Masferrer17. Años después, la enemistad entre ellos quedó a un lado. Se cumplía el adagio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. En 1948, hicieron un pacto para enfrentar un peligroso rival: la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR)18. Al grupo se unió el pandillero Policarpo Soler. La temible coalición asesinó a varios miembros de la UIR, entre ellos, Justo Fuentes Clavel, vicepresidente de la FEU, al sargento de la policía Rubén Darío González y a los hermanos Noel y Luis Felipe (Wichy) Salazar.
Unos huyen y otros se quedan.
Tras el golpe militar, El Colorado enfrentó a la dictadura. No huyó del país; permaneció en Cuba. Policarpo Soler envió a su esposa, Caridad Díaz, a hablar con el periodista Luis Ortega para que gestionara con Batista su salida del país19. Ortega habló con el tirano y, en la conversación, Batista le preguntó: “¿Que tú opinas, Luis?”. “Déjalo ir», respondió Ortega. «Que se vayan todos los pistoleros. Quítate ese problema de encima”. Así fue. Policarpo viajó a España. El ministro Ernesto de la Fe lo acompañó al aeropuerto. De España se trasladó a la República Dominicana y se puso al servicio del dictador Rafael L. Trujillo, quien lo hizo General y, años después, ordenó su muerte por discrepancias personales.
De nuevo las armas.
Para el Colorado la vida clandestina era un hábito. No dormía en el mismo sitio por un tiempo prolongado. Se teñía el pelo, usaba espejuelos oscuros y evitaba lugares públicos. En una ocasión envió un recado al presidente de la FEU, José Antonio Echevarría, para entregarle unas granadas de mano, pero su muerte inesperada lo impidió20.
El 24 de febrero de 1955 León Lemus iba a participar en un atentado contra Batista planeado por militantes de la Organización Auténtica (OA), entre ellos, Menelao Mora Morales. Se efectuaría en el Palacio Presidencial durante una ceremonia utilizando granadas de mano. El día antes, durante el traslado de las armas, una granada explotó en el automóvil que conducía Orlando Morejón, vecino de Estrada Palma # 156. Sufrió una herida grave en la mano y la policía lo arrestó en el hospital. No resistió el interrogatorio de tercer grado al que fue sometido. Por sus declaraciones, los agentes ocuparon el armamento escondido en la calle Figueroa # 166. Morejón confesó, además, que pertenecía al grupo del Colorado e informó el lugar de su escondite21.
El 24 de febrero de 1955, en horas de la madrugada, efectivos de la Policía Nacional, el SIM y el Buró de Investigaciones rodearon el domicilio de la calle Dureges # 211, entre Santos Suárez y Enamorados, refugio del Colorado y de José (Mitico) Fernández22. De inmediato estalló un intenso tiroteo. El teniente coronel Lutgardo Martín Pérez y el vigilante Herminio Pérez resultaron heridos. Se ordenó entonces un alto al fuego. Martín Pérez habló con el Colorado y le prometió que respetarían su vida y la de Mitico si deponían las armas23. Los sitiados aceptaron, pues estaban rodeados y no tenían escapatoria. Tras la rendición, el coronel Hernando Hernández entró a la casa y ultimó a tiros al Colorado que estaba sentado en un sofá. Mitico fue asesinado en uno de los dormitorios. Su cadáver fue arrojado en la carretera de Vento. En 1956, tras la muerte del brigadier Rafael Salas Cañizares en los sucesos de la Embajada de Haití, el 29 de octubre, Hernández fue nombrado jefe de la Policía Nacional.
En 1956, durante los preparativos de la expedición del yate Granma, Fidel Castro envió desde México a la revista Bohemia un artículo publicado bajo el título “Frente a todos”. En una parte del escrito menciona a Orlando León Lemus : “… En igual situación están los del régimen: embarcaron a Policarpo Soler para España repleto de dinero y en cambio asesinaron al Colorado en la calle Durege. Dicho sea con respeto para el último, que muriendo frente a la tiranía, se reivindicó de sus errores… ”24.

