Guillermo Mondaca (Coquimbo, Chile, 1991). Se adjudicó la Beca de Creación del Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes 2018 para su obra “Contacto y contagio”. Su trabajo literario aparece en Maraña, Panorama de poesía chilena joven (Editorial Alquimia, 2019) y en II Reescritura de Valparaíso” (Editorial Balmaceda Arte Joven Valparaíso, 2019).
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Los travesaños del arco
colores confundidos bajo el sol
polvareda griterío
abejas afanosas
ninguna cancha es totalmente plana
cántaros con reflejos vivos
gatos adentro de la ropa
la cabeza a medio salir por la ventana
raspilladuras sangre seca
el giro de la pelota impreciso en el aire
sobre el travesaño.
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Se vuelve a inundar el patio de la niñez
la tierra vuelve a llenar la cama con su pedrería blanda
del jardín del frente escapa un perro
con el pelo aplastado
corre afuera del pasaje por avenida ossandón
cuando era chico
mataron a una niña en la cruzada
g me llevó con un pequeño abrigo
un día de lluvia también a ver su cadáver junto a la vereda
donde después pondrían un semáforo
la pieza oscura
con planchas imitación madera
los sticker despegados dejaron su contorno marcado
la escena delineada con tiza
el borde de su pelo
levantado por la energía
equilibristas torpes
demuestran su valor.
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El tema es un álbum
de viaje un diario de anotaciones
junto a imágenes en treinta y cinco milímetros
el tema es el espacio y el tiempo
su transformación
retratada con minucia y desdén
el tema es el murmuro
de dos insomnes cubiertos por sus sacos de dormir
mirando el nylon de la carpa
el nombre
que no ritma con ningún río y es arrastrado
sin embargo
los escogidos trepan a los árboles
como manada
de monos se protegen
de lo que pasa en el bosque de noche.
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Esto transcurre
en pasajes sin salida
un pez invertido
devora su reflejo
habitaciones para fingir dormir
o intentar protegerse
niebla acumulada en parabrisas a las cuatro am
rejas pegadas a los muros
intersticios
de vidrio entre barrotes
puertas cerradas con estrépito
ladridos hienas mestizas y heridas
resplandor de ventanales que se quiebran
botellas cuchillos
silbidos respiración de alguien que gime
al fondo de un pasillo que atravesé
con el ojo de la memoria brusca-
mente abierto a la fuerza
resplandor
denso la materia cede
crecimiento
entre peces ciegos
todo transcurre en poblaciones sin suerte
cités de caliente espesura
a través de la noche
la manera en que todos yerran todos triunfan
está ahí cada día
la cabeza apoyada en azulejos
el cuello mojado la espalda
mojada hilachas
zumban en la fragmentación de un collar roto que cae
estructura de sonidos
precisos en su trazo
fermento germen frío el cuerpo en su encierro infinito
en la necesidad de estar lúcido/ habían hienas
mestizas y heridas entre los patios las esquinas
te muerden mascan te arrancan pedazos
con el hocico sonriente en el oropel de sus colmillos
óvalos de blanca cal
pastillas repartidas en la mesa de vidrio
vasos servidos hasta el borde el hielo asoma su piedra trasparente
shramanas cubren su cuerpo con ceniza
caen monedas pedazos de voces retazos de sentido no hay noción
del cuerpo en su red de firmes amarras
todo late barcos podridos algas entre maderos
su peso y su espuma oscura deciden por mí
que me toco la cara pienso que pienso en un mar de dunas
mientras un rostro de cera habla
desde el otro lado apunta con énfasis
pasajes sin salida niebla acumulada en los parabrisas a las cuatro am
preñados de qué cuento al fondo
de una casa con ladrillos rojos
un callejón cerrado
en que el ángel se lame las uñas
bolsas plásticas retratos
orquídeas maleza
suavidad
de agua entre los dedos
sorbido el oxígeno a velocidad
vegetal de hojas y raíces.
