Categoría: De Poesia

Cuando se presiente la luz


Poemas
José María Muñoz Quirós
CLIC. Universidad de Cambridge, 2020

 

Pintura y poesía se aúnan en esta singular y esmerada edición del Centre for Language and Inter-Comunication Department de la Universidad de Cambridge. Albano Hernández en la ilustración y José María Muñoz Quirós en el verso han vertebrado un hermoso volumen donde el mestizaje artístico resulta, en verdad, primoroso. Leer más…

Monólogo del que nunca partió


Trazo estos signos en la arena
Waldo González López
Ediciones Baquiana, 2015

Una suerte de alegría aliada a la nostalgia, un bosquejo del azoro cotidiano.
[…] Unas manos que te alumbran bajo la piel, un irse quedando en el recuerdo.
Waldo González López

Pude leer el libro Trazo estos signos en la arena, del poeta, ensayista, crítico literario y teatral, periodista cultural Waldo González López (Las Tunas, 1946), radicado desde 2011 en Miami, EUA, un poemario publicado por Ediciones Baquiana en 2015. Una suerte de leitmotiv recorre este libro, esa suerte llevada en versos y que tanto ha servido a numerosos escritores para derramar sobre el papel en blanco toda esa nostalgia que los acorrala después de radicarse fuera de su terruño natal. Versos todos de una gran factura y donde, no por azar ni coincidencias en el tiempo, predomina el término nostalgia [utilizado en diez poemas], más los sinónimos [melancolía, utilizado en cuatro, y tristeza, en seis], para un total de veinte usos del término en cincuenta y seis poemas que estructuran el libro.

En otras circunstancias podría decir que esta utilización (casi) exagerada del término nostalgia y sus sinónimos, lastraría la lectura del poemario, pero no: la proposición de un lenguaje y de una expresión de profunda interioridad, de vigilia, de la aceptación de la angustia como motivación hacia alguna forma de trascendencia —y que tiene que ver, sobre todo, con la poesía del desarraigo, del desasosiego y que, a la vez, logra superar el sentimentalismo gracias a una mayor expresividad a lo surreal, a lo onírico y con matices de irracionalidad—, jamás se ve lastrada gracias al buen decir poético.

Así, escribe en el poema “Fotos” [página 15]: “El tiempo cruza la tarde y añora los fulgores de entonces, las viejas canciones del olvido, las voces, las sonrisas, los gestos que se fueron opacando como las fotos de polvo y sepia…”

La diversidad plural en las temáticas que propone el poeta parece su signo más definitorio, así como la vuelta al sentido clásico y universal del ritmo interior, la medida de los versos y la rima, como también la responsabilidad vital de la vocación y la disciplinada actitud a la hora de asumir la construcción del poema. Todo ello se orienta hacia una tentativa intensa de la verdad estética, como hecho literario y humano, preocupación reflejada en el poema “Estatuas de sal” [página 20]: “Hoy tocamos desde aquí el techo del mundo y el mundo es mucho menos azul, casi gris, desde el sepia de la nostalgia.”

Waldo logra su retorno triunfal a una de las más límpidas formas de la creación literaria: la décima, a su forma tradicional sin abandonar, ni traicionar, las conquistas metafóricas y el sentido creacionista que caracterizan al género, e insiste en este discreto eclecticismo como característica mayor de su propia creación. Logra insertar los distintos elementos que como hombre creador le preocupan, tal lo social, el humor, el erotismo y cierta carga de filosofía, explícita en el poema “Ventana” [página 32]: “Tras esa breve ventana las mariposas se agolpan como rehenes desesperados ante la próxima muerte. […] Traza el hombre en el cristal su destino de penurias y reclamos antes de recordar, apenas un instante, la fría imagen del olvido.”

Logra, además, la intextualidad con la historia universal y el clasicismo literario. Así vemos cómo interactúan en sus páginas Odiseo, Martí, Machado, Pavese, William Butler Yeats, Rainer María Rilke, Jorge Luis Borges y Carilda Oliver Labra, entre otros que nos antecedieron y aún lo visitan en su escritura. Un acercamiento a Trazo estos signos en la arena conduce a la comprensión de la existencia de un discurso, de una evolución en la forma muy personal con que Waldo González López asume la creación.

Desde el primer poema, “Casablanca” [página 7], va trazando lo que se convertirá en la autoconciencia de la literariedad, poemas que, en su conjunto, llevan implícitos los mecanismos de la autorreflexión, donde cada personaje, con una leve ficcionalidad, de una forma u otra se mira, instaura un proceso de desdoblamiento, lo que es decir: un otro ser nostálgico que, al final del discurso, no es más que su propio sentir sicológico pugnando por aquellas imágenes que su memoria se niega a borrar, por un país anclado en medio del mar y aún se le presenta en los sueños, en el vórtice de una [des]esperanza que constantemente cuestiona su individualidad, como lo plasma en la décima País” [página 63]: “Tan cercano está el país, / el país que llaman vida, / la vida, pura estampida, / estampida de raíz, / raíz ya sueño, matriz, / matriz de toda razón, / razón y verdad: pasión, / pasión que resurge en todo, / todo se va con mi modo, / el modo de esta canción.”

Estamos en presencia de un libro que ningún lector, en su sano juicio, rechazaría. Y no sólo por el desgarramiento espiritual que encierra, sino también por la asociación permanente del lenguaje, la imaginación y la alta valoración de lo escrito por sobre lo oral, que no es más que su confesión de cuántos fantasmas no logra exorcizar.

 

 Incluido en el volumen Estos silencios. Estas palabras. Veinte libros, Veinte reseñas,
Neo Club Ediciones, Colección Crítica, 2016,

edición del narrador, ensayista y codirector de Neo Club Ediciones Armando Añel,
presentado en el Festival Vista, Miami, 2016.