El olvido

Del poemario inédito El olvido, de próxima aparición en Ilíada Ediciones.

Patricia Alejandra Núñez (Buenos Aires, Argentina). Poeta y psicoanalista. Ha publicado los libros Los rostros y la noche, Flores blancas, Pájaros en el desierto, La vida entre los ojos, La noche en la orilla de la luna, El sueño en mis manos, La mirada y Un relámpago de otoño. Ha participado en numerosos encuentros y festivales de poesía.


I

¡Mezquindad!
Escuche
dijiste mezquindad
mientras veías sobre las calles
el colchón sucio de un joven.
La calle
el paranoico mundo que nos habita.
¿Por dónde iras?
En este desamparo
en este cuerpo que se calla,
en esta venganza
en esta indiferencia.
¿Por dónde irás?
Junto a la bolsa llevabas
la fuerza terrible de tu trabajo.
¿La basura del mundo sobre el peso de tu cuerpo?
Te mire:
¡Tan hermoso tan joven!
Arrastrabas con valentía el peso,
la basura del mundo
mientras tu cuerpo, tu cuerpo…


II

Era la fiesta
me alejabas, no.
Un esfuerzo, la ración
la multitud, la muchedumbre.
Me iba, deseaba irme
salir, decir las palabras
La voz, la reprimenda, lo obligado.
Me rodeaban, ellos
el deseo oprimido me rodeaba.
Deseaba salir
la palabra deseaba decir.
La muchedumbre, el ruido
me asaltaban por la espalda
me vigilaban, me reprimían.
Me sujetabas con la culpa.
La palabra deseaba crear.
Saltar en un salto bello
parir los diferente
de indescifrables deseos.
La fiesta, los ruidos, el estar cercados
hasta que soltaste el insulto.
La palabra heriste
con resentimiento, con violencia soltaste.
Pusiste en peligro el amor
hasta silenciarme y dudar.
Así creció el escenario de la duda.
Salte,
una y otra vez salte
con el alma y sus heridas.
Hasta encontrar las palabras salte,
en silencio salte
hasta romper los muros.
Luego fue correr, correr, mirando atrás.
¡Que nadie venga a buscarme! dije
Corrí muy lejos hasta respirar
 y quebrar en llanto.


III

Respirar profundo mientras el corazón siente el rumor, ninguna arena pisada por las calles, ninguna flor arrastrada a las manos que oscurecen. Amanece el alba en estos dedos que señalan con inocencia la alegría.

Quisiera abrazarte en el instante que la inmensidad se esfuma y vuelve la bruma a los ojos con el canto de la voz.

Tu voz, mis ojos, estas manos retrasando la espera hasta llegar sobre la delgadez del cuerpo.

La frágil esperanza de los años, el universo estallando en sinuosas brevedades, la constancia de la nada, ecos donde la inmensidad es generosa y nos llama por el sonido que viaja hacia el corazón esculpido por atardeceres.

Sobre la luna los ojos de la ternura guiándonos.


IV

¡Enigma del amor aventurándose!
Este pecho abierto
en las fantasías despierta
por las noches, junto al alba.
¿Qué dichoso amor será?
No es un presagio
ni una revelación ni la certidumbre
es un preludio,
la premura, una sinfonía.
Este amor un despertar
una esperanza lucida
la espiritualidad de la voz.
El corazón
El cuerpo en el eco
de quien responde con la voz dulce
la firmeza de la ternura
la sinceridad del dolor.
La risa habla entre tambores
el cuerpo danza sobre la historia.
Esta fragilidad, esta levedad, este cielo