El fin de esta locura o una gran tristeza

Entrevista al escritor mexicano Jorge Volpi
A modo de promoción del libro de entrevistas Seis Caminos

Agustín Labrada

Jorge Volpi - Fotografía: La TerceraCon un enfoque de narración ensayística, tan recurrente en Milan Kundera, y ensanchando —entre situaciones más artificiosas y eurocéntricas— la fábula principal de la novela de Héctor Aguilar Camín Un soplo en el río, Jorge Volpi despliega en una sátira narrada el esplendor y la derrota de algunas utopías que llegaron a prevalecer (como banderas u horizontes) durante el pasado siglo.

En El fin de la locura, Volpi relata con cierta acidez —mediante la historia singular del médico Aníbal Quevedo emigrado en París— laberintos de la ideología izquierdista, la intelectualidad mexicana, el análisis artístico rebuscado, el pensamiento filosófico, el poder con sus demonios y el complejo sicoanálisis, donde se unen personajes históricos y personajes de ficción.

El mexicano Aníbal Quevedo, dibujado como antihéroe en su fallida búsqueda tras el amor imposible de la joven revolucionaria francesa Claire, protagoniza (casi azarosamente) las escenas simbólicas donde se novelan los conceptos que originan este libro. El relato de Aníbal es un pretexto para exponer en su voz pensamientos críticos que ahondan con frialdad en el desencanto.

 

¿Es tu propósito desacralizar o humanizar la ideología izquierdista y la misma historia oficial a través de una historia de ficción?

Creo que las dos cosas. Por un lado, hay una desacralización mediante la sátira y el humor negro que busca mostrar (evidentemente) las contradicciones de los personajes de esta época, pero también, por otro lado, existe la intención de que al mostrar esas contradicciones se humanicen los personajes que imaginamos monolíticos, para ver que son tan humanos y cometen tantos errores como nosotros.

 

¿El supuesto fin de esas utopías sociales y políticas genera un nuevo equilibrio mundial o un gran vacío?

Ésta es la gran pregunta que queda abierta al final de la novela: ¿qué pasa después de la Guerra Fría? Se siente un inmenso vacío y a la vez, como las ideologías no admiten vacíos, vemos que comienzan a imperar modelos de democracia neoliberales y de libre mercado como alternativa. Sin embargo, esos modelos traen muchas contradicciones que no acaban de resolverse.

Cuba es el único país de América Latina que no tiene un gobierno, en mi opinión, democrático. Es un país aislado y sometido al bloqueo económico de Estados Unidos. El pueblo cubano no tiene la culpa. Pero la implementación del neoliberalismo no ha resuelto ningún problema social, pues cada día hay más pobres que ricos en nuestros países y también más injusticias.

 

¿Con un título tan abarcador no crees que quedan fuera otras locuras, las cuales se hallan muy lejos de su fin?

Así es, quedan muchas locuras que no terminan en este mundo e, inclusive, habría que analizar quiénes son los locos y quiénes son los cuerdos, y revisar los conceptos tradicionales acerca de la demencia y la cordura para aplicarlos con mayor tino a la hora de juzgar los actos. Tienes razón en ese señalamiento, creo que mi novela debió llamarse El fin de esta locura.

 

¿La configuración de las acciones íntimas de conocidos personajes reales fue concebida tras un análisis tuyo de sus acciones públicas?

Sí, la intención era justamente llenar esos vacíos de la vida privada que quedan ocultos tras la vida pública con el fin de comprender mejor la personalidad de cada uno de estos personajes y las causas que los impulsan a tomar ciertas decisiones de repercusión social en el pasado y conflictivo siglo XX. “El comandante”, que tanto se parece a Fidel Castro Ruz, y “El presidente”, que se asemeja a Carlos Salinas de Gortari, fueron los más difíciles. Ahí estuvo centrado mi mayor reto.

 

¿La similitud de Claire con Rayda Valenzuela, personaje ficticio de la novela de Héctor Aguilar Camín Un soplo en el río; y con Tamara Bunke, personaje real vinculado a la experiencia guerrillera de Ernesto Guevara, responde a la elaboración de un mito moderno?

En el caso de Tamara Bunke y de otras mujeres de esa época sí hay cierta similitud, pues constituyen referentes concretos para la elaboración de un mito, pero no conozco la novela de Héctor Aguilar Camín Un soplo en el río. Yo aprecio mucho la prosa narrativa de Héctor Aguilar Camín, es muy portentosa en diferentes libros como, por ejemplo, en La guerra de Galio.

Han sido otros casos los que me han servido para elaborar el personaje de la joven francesa Claire o Clara, como sería su nombre en español. Se trata de muchachas cercanas a guerrilleros famosos y muchachas revolucionarias, algo anónimas para la historia más divulgada u oficialista, de las cuales he sabido a través de conversaciones, de las que alguien alguna vez me habló.

 

¿Para hacer esta novela acudiste a información testimonial?

Intenté que no fuera importante la búsqueda de testimonios orales. Conforme en esta trilogía (En busca de Klingsor, El fin de la locura y una tercera novela) me voy acercando a la época actual, es más probable ir encontrando a varios personajes históricos vivos o gente que los haya conocido de cerca. En el caso de El fin de la locura no busqué testimonios.

Preferí remitirme a documentos, libros, periódicos, revistas, estudios históricos, ensayos… que entrevistar a gente viva para después tener la libertad de burlarme de ellos, sino, de otra manera, habría sido una falta de respeto. Leyendo la prensa de la época, pude no sólo indagar en la sicología de estos personajes tan conocidos, sino también encontrarles un léxico.

 

¿En El fin de la locura se manifiestan rasgos estéticos de la Generación del Crack?

Creo que nuestras coincidencias, la de los miembros de la Generación del Crack, radican en la idea de reivindicar esa tradición de novela del primer boom, que buscaba crear mundos complejos autónomos mezclando realidad con ficción, con muchas voces de muchos personajes, y con una participación muy activa de los lectores. En esa medida, mi novela cubre tales rasgos de tipo estético.

 

¿El humor en tu novela es similar al de las películas de Charles Chaplin?

No lo había pensado. Cuando reflexiono en el humor de El fin de la locura, me remito al humor prosístico que manejan escritores mexicanos como Jorge Ibargüengoitia y Sergio Pitol. Ahora que lo mencionas, me alegra mucho que lo hayas interpretado así, porque soy un gran admirador de Charles Chaplin en cuyos filmes, después de la risa, queda en el fondo una gran tristeza.