Ciudad abierta
Teju Cole
Ediciones Alcantilado, España 2012
Capturar la vida, en crudo, sin subrayados, prescindiendo de una clara progresión de acontecimientos y que el resultado sea una novela magnífica resulta, como parece obvio, muy difícil y requiere tanto una mirada muy lúcida como un talento narrativo más que notable. Porque Teju Cole no subraya la vida, no enfatiza ni el horror ni la alegría, simplemente los narra con precisión, sin cinismo ni pretensiones de agudeza. Gracias a tal logro ha conseguido que Ciudad abierta sea una de las mejores novelas de 2012.
La primera referencia que surge en la mente del lector es, inevitablemente, el novelista alemán W.G. Sebald. Como él, Cole deambula por paisajes urbanos y naturales y también como él –en un alarde de sutileza apenas perceptible- lanza su mirada sobre el tiempo, el hombre y el espacio. Lo hace sin diatribas filosóficas que rompan el ritmo de lo narrativo. Es Cole un Sebald multicultural, más joven, más orientado hacia la luz, que no siente sobre sus espaldas la carga asfixiante de la Historia de Europa. También, oscila entre la autobiografía y la ficción y posee una amplia cultura clásica, que le ayuda a construir una modernidad de cimientos más que sólidos. Coinciden también en la búsqueda casi desesperada de raíces y en los pequeños microrrelatos, que parecen despegarse de la narración pero siempre regresan, sin desfocalizar, manteniendo la centralidad del hombre y el tiempo. También le vincula al alemán en su fijación por los árboles, los animales, los ciclos de la naturaleza, unidos y despegados a los periodos de los hombres.
Así pues, la trama de Ciudad abierta es la propia vida, con un leve hilo conductor, que en este caso es la cotidianeidad de un joven psiquiatra nigeriano. Tanto Cole como su protagonista son negros, pero no están obsesionados con su raza. De hecho parecen obviarla, aunque le persiga a cada paso, sobre todo en el reconocimiento de los demás o, por ejemplo, en el tramo final, cuando acude a un concierto sinfónico y observa la abrumadora mayoría blanca. Cole es valiente, se adentra en las vidas de los parias de nuestra sociedad, de aquellos que solo existen en las estadísticas del hambre o de las migraciones. También aporta la muy interesante perspectiva de un emigrante afroamericano culto sobre la degradación racista de Europa. Una mirada externa que resulta muy conveniente para evaluar nuestra decadencia.
Desde una perspectiva formal, Ciudad abierta posee un profundo lirismo, nada cursi, que evita en las trivialidades de la poesía más realista. Su habilidad con el correlato objetivo y en la creación de escenas, le ayuda a lograr que sigamos, con cierto hipnotismo, el deambular de un desconocido. Por otro lado, Cole es consciente de las necesidades de la novela y no olvida lo que ve: los motivos, los personajes, regresan confiriendo así a la novela la necesaria unidad. Y tampoco posterga los giros, logrados mediante una dosificación de las quiebras, de brotes inesperados de violencia, que desvían la linealidad, aunque pronto regresen a su cauce.
Resumiendo, Ciudad abierta es un excelente antídoto contra la fatiga que causa la artificiosidad de muchas tramas. Además cuenta con una gran traducción, que reproduce con esmero las texturas del libro.
