El maestro del terror moderno (o posmoderno)

El ángel Esmeralda, Don DeLilloPuede uno leer este libro de cuentos de DeLillo como si fuera un arqueólogo e intentar encontrar en todos ellos el germen, los ecos y las rimas de su obra posterior. Pero eso me parecería una falsificación de la lectura, una impostura y, sobre todo, la cansina repetición de ese aristocrático desprecio por el cuento, latente en esa forma de mirar los textos, frente a la tan exageradamente prestigiada novela (Esto, donde se ve más claramente, es en el cine, claro: “el corto entendido como una simpática “gracia” y el largo como el depósito de la verdadera creatividad. En fin.)

Prefiero, sin embargo, hacer otro gesto: aquél que el gran Sabino Méndez, compositor y guitarrista de Loquillo y los Trogloditas, en su magnífico libro Hotel Tierra, describía como el del interrogador, (que) es un explorador, un rastreador. Sale del campamento de la civilización con sus preguntas…Porque, si parece evidente que un autor genera en su obra los vínculos narrativos y temáticos necesarios para exigirnos esa lectura arqueológica, a la que antes me refería, me parece aún más claro que el posible valor de un libro reside en su singularidad, en sus particulares propuestas narrativas, tengan o no que ver con el resto de los libros del autor.

De lo que se trata, en definitiva, es de hablar de un libro de cuentos – El ángel Esmeralda – del célebre y reconocido Don DeLillo, y no de la trademark o marca registrada DeLillo.

Prácticamente desconocido como cuentista para el gran público, en este libro se reúnen una decena de cuentos –que no son todos los que ha escrito y publicado, aunque son los que él reconoce como dignos de ser recopilados en esta edición realizada por él mismo-, que abarcan desde 1979 hasta 2011 (aunque ya había publicado relatos, en revistas como Esquire, desde diez años antes de publicar su primera novela Americana en 1971).

Nos hemos empeñado en unir el concepto de postmodernidad a la obra de DeLillo, porque utiliza toda esa retórica que asociamos al término: la ironía, la metaficción, el género literario popular revisitado, etc. Y, quizás, no nos equivoquemos, pero hay que establecer la radical diferencia entre la postmodernidad de un Barth, por ejemplo, en el que la autoconciencia extrema del artefacto literario bloquea las conexiones con la realidad, y la narrativa de DeLillo que, con procedimientos similares, tiende puentes hacia la realidad que pretende registrar, haciendo visible (“siniestramente”, tendría que añadir ahora) lo que Fredric Jameson llamaba la lógica del capitalismo tardío, que consiste – básicamente – en mostrar la ruptura o el abismo que separa al individuo del mundo como consecuencia de la carencia de métodos o formas de hacer inteligible la realidad.

Un cuento ejemplar, en este sentido, sería Momentos humanos de la Tercera Guerra Mundial (1983), en el que dos astronautas, en una nave espacial, orbitan alrededor de la Tierra, observando y comentando el mundo. En esa nave aislada, lejana y sin vínculos, Vollmer, uno de los astronautas, comienza a recordar, mostrando a su compañero objetos traídos de la Tierra, y plantea reflexiones sobre el ser humano que confunden y asustan a su compañero: “(…) a veces me molestan sus percepciones no científicas, los destellos de madurez y juicio equilibrado. Empiezo a sentirme ligeramente desbancado. Quiero que se atenga a los sistemas, las guías de a bordo, los parámetros datales. Sus percepciones humanas me ponen nervioso.”

Como dice Martin Amis, en la portadilla del libro, DeLillo es el maestro del terror moderno (o posmoderno).

Los libros y los días

El amor es, de hecho, una dolencia del cerebro.
J. M. Barrie. Lady Nicotina.

 

Absolución, novela, de Luis Landero.Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948) es uno de los mejores novelistas españoles de nuestros días. Alejado de esa estirpe de escribidores que sólo saben producir novelas inanes y carentes de personalidad, Landero es dueño de un mundo propio, fraguado con una prosa delicada y personajes cervantinos, en donde los detalles tienen especial importancia. Después de seis novelas y una suerte de tratado acerca de la vida y la literatura, publica Absolución, un libro que ningún lector con buen gusto debería perderse. Leer más…

Opiniones generales sobre sus libros

Sobre la autora, la crítica ha dicho:

«La belleza formal de su narrativa, las ideas que maneja, la inteligencia y la sensibilidad que demuestra…» (Miquel Barceló).

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«Elia Barceló ha comprendido que para hablar de grandes temas a veces bastan palabras pequeñas, las utiliza con habilidad de narradora auténtica, algo que ya hicieron Ballard, Orwell o Huxley, pero que nadie en España había intentado» (J. Díez, Diario 16).

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«Lo que la hace destacar es su capacidad para crear cosas imposibles y fabular sobre ellas. Es una de esas personas que prefieren hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado» (Manuel A. Calvo, La Voz de Galicia).

 

Sobre El secreto del orfebre

«El título alude a la pericia de fabricar con cosas pequeñas objetos preciosos. Eso es lo que Elia Barceló ha conseguido: crear una pequeña joya (…) un viaje que se torna alucinante por la fuerza del deseo (….) una bellísima historia de amor imposible que se desarrolla en tres momentos del siglo XX (…) tan breve como intenso» (José Luis Charcán, La Razón).

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«Impresionante» (Rafael Alcántara, Diario de Málaga).

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«La autora rompe tiempos narrativos y los recompone, desdobla personajes, muestra visiones intrigantes que nos encierran y nos dejan. (…) Una novela, ésta, que no se puede ni se quiere olvidar» (Ramón Pedregal, Lanza).

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«Elia Barceló destila una gran capacidad narrativa con una gran inteligencia y sensibilidad» (Plácet).

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«El secreto del orfebre es la más conmovedora, extraordinaria y hermosa novela corta de amor que he leído en mi vida» (Fernando Marías, COPE).

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«Porque si algo tienen sus escasas cien páginas es que no pasan desapercibidas, y que cuando uno las ha terminado de leer, le invade una sensación de tranquilidad y sosiego como hacía tiempo no tenía. (…) Pero si hubiera que rescatar una secuencia de todo el libro, sin duda ésta estaría uniendo cuanto de mágico tiene una de las novelas máss conmovedoras y bellas de los últimos años» (Luis García, Literaturas.com).

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«Aborda aquí temas imprescindibles que dan a su obra cierta universalidad, el valor de plantear lo que sin duda nunca pasa de moda. Y lo hace con un estilo que la define y con una historia atrevida que consigue atrapar al lector de una manera que pocas veces se logra» (Prensa Quatro).

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«Brilla en la novela el afortunado uso de las diversas transiciones temporales, pero sobre todo un estilo sobrio, eficaz, suavemente elegiaco que subraya la intensidad de aquel amor y favorece la constante introspección del personaje central» (José Manuel Cabrales, El Diario Montañés).

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«Elia ha llevado a cabo un verdadero trabajo de orfebre. Ha construido una obra breve pero exquisita, muy trabajada; vibrante y deliciosa. (…) Elia ha querido, así, contar una historia interesante antes que escribir una novela de género; una historia que conmueva y de la que nos quedemos prendidos. (…) La novela está narrada con lucidez y precisión. Está dotada de una prosa concisa y mesurada, casi esponjosa, buscando la sugerencia y la aparente sencillez. (…) El secreto del orfebre es la consagración de Elia Barceló como una estupenda narradora, por encima de etiquetas y géneros. (…) La historia está contada y construida con una exquisitez, con una dulzura, que la hacen sobresalir de entre las demás» (Alberto García-Teresa, Bibliópolis).

 

Sobre El vuelo del hipogrifo

«Un explosivo cóctel de géneros literarios: fantástico, criminal, caballeresco, pastoril, folletinesco… confirma la modernidad y madurez de esta escritora catalana, capaz de manejar los hilos de la intriga con absoluta maestría y que se ha ganado buena fama como autor de ciencia-ficción» (Lourdes Ortiz, La Razón)

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«Una novela que resume en sus páginas no sólo las exigencias de entretenimiento, de compromiso ético con las aspiraciones de un mundo mejor (…), sino que además resuelve con eficacia estética un desafío complicado: soldar en una sola narración varias historias, (…) a partir de una idea motriz: el paso de una realidad a otra invisible y paralela. Barceló, estudiosa de Cortázar, usufructúa sus enseñanzas, junto a las de Bioy Casares, para fraguar una novela de itinerarios sorprendentes y esa temperatura hipnótica que deben tener los buenos novelones.» (J. Ernesto Ayala-Dip, Qué Leer)

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«Antes que nada, hay que ponderar la ambición de Barceló. También su desparpajo para moverse con soltura entre tantos modelos reconocibles, sin caer en el calco ni en la caricatura. Esas virtudes se acompañan de un instinto narrativo que dota de interés y amenidad a lo que cuenta (…) este alarde revela buenas facultades y una potencia fabuladora no frecuente» (Santos Sanz Villanueva, El Cultural)

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«Barceló accede al “mainstream” literario con una novela sobresaliente en la que lo puramente fantástico disminuye en favor de una historia en la que una mujer expone sus inseguridades y la insatisfacción existencial de todos los cambios de siglo. A pesar del agudo ejercicio de reflexión que se evidencia en cuestiones referidas al sexo y al amor, a la capacidad catártica del arte y la literatura para redimirnos de una existencia gris y de la visión sarcástica del submundo universitario. El vuelo del Hipogrifo tampoco defrauda a quienes hemos celebrado obras de tanta enjundia como Piel o Consecuencias naturales, inscritas en la ciencia ficción.» (José Luis Charcán, La Razón)

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«Barceló ha sabido crear una variada galería de personajes, unos grotescos, otros malvados, otros casi humanos. Ha sabido crear también situaciones muy distintas y controlarlas con eficacia.» (J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia)

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«Mezclando con sabiduría la novela de intriga, la investigación erudita y la fantasía culta, Elia ha construido una novela estupenda, magníficamente escrita y ambientada y con una sabia dosificación de elementos fantásticos que, sin duda, han tenido mucho que ver en el hecho de que la novela haya podido ser publicada sin etiqueta alguna y, por tanto, al alcance de un público mucho mayor». (Rodolfo Martínez, www.drimar.com)

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«El vuelo del Hipogrifo es una historia de intriga que resume no sólo las exigencias de entretenimiento, de compromiso ético con las aspiraciones de un mundo mejor, sino que resuelve con eficacia estética el desafío de soldar en una sola narración varias historias». (Txema García, Gara)

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«[…] uno de los mejores libros de género fantástico de los últimos años, una aventura fascinante por varios universos, y una descripción de ambientes y personajes, cuidada y detallista, que debería hacer las delicias de cualquier aficionado a la literatura fantástica». (Rodolfo Martínez)

 

Sobre Disfraces terribles

«Disfraces terribles es un ejercicio de amor a la labor filológica, más allá del mero homenaje, ya que Elia ensalza su entusiasmo, su ardor, pero reconoce que la mitificación y la erudición simplifican la vida y llegan a ocultar lo más importante: el drama individual que se esconde tras cada obra literaria y tras su autor. Así mismo, es una intrigante novela sobre los recuerdos y la memoria, sobre el pasado que acecha y cerca el presente. La memoria se construye, altera y pervierte los hechos, los salva a base de mentiras piadosas, y reafirma que cada personaje sigue guardándose sus secretos y su propia historia. Porque, como indica la novela, “qué es el recuerdo si no una fábula”. Y como fábula, como novela abierta a diferentes niveles de reflexión y como ejercicio narrativo, Disfraces terribles es un gran libro». (Alberto García-Teresa, ccyberdark.net)

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“La escritora Elia Barceló (Alicante, 1957), posee una virtud realmente inestimable; hace que, una vez hayas leído algo suyo, digas para ti, casi con ansiedad, que tendrás que leer todo lo que ha publicado y publique en el futuro. Esta escritora es conocida sobre todo por sus obras fantásticas, ahora nos ofrece con Disfraces terribles una novela entre realista y criminal que la confirma como una autora capaz de adaptarse a cualquier género con total maestría y sin perder nunca la marca de fábrica de todos sus textos: los misterios, los secretos, la trama emocionante y sorpresiva, los personajes cercanos al lector y llenos de vida y, sobre todo, su facilidad para embeber a los lectores en una lectura siempre gratificante y de una enorme altura literaria.” (Revista Dosdoce)

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“Una novela poderosa, intensa, que mantiene el ritmo a base de constantes y sorprendentes revelaciones, de la yuxtaposición de diferentes voces narrativas y un progresivo ahondamiento en cada uno de los personajes.” (Alberto García Teresa, Solaris)

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“Apasionante novela, entre negra y realista, en la que Elia Barceló vuelve a demostrar su maestría.” (El País)

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“La habilidad de Elia Barceló para crear personajes y situaciones de intriga la convierte de nuevo en la narradora más interesante del panorama español” (FNAC)

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“Novela que seduce de inmediato tanto al especialista como a quien busca en la literatura disfrute y entretenimiento.” (Diario Montañés)

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«Elia Barceló consigue con El vuelo del hipogrifo un nivel de excelencia literaria que sólo ha superado con El secreto del orfebre […] En El vuelo del hipogrifo conjugó los elementos del realismo mágico con el giro argumental sorprendente y convirtió una novela policíaca en una actualización de la novela de caballerías. En El secreto del orfebre va más allá y nos muestra en toda su crudeza la arbitrariedad y el doble rasero de los géneros, no sólo literarios […] Poseedora de una voz propia, Barceló sabe combinar los resortes genéricos de la creación literaria con los más específicos de los géneros literarios, a la vez que nos demuestra las limitaciones del análisis de una obra en función de su género literario. Todo ello en sólo noventa páginas deliciosas […] Falta hablar de la tercera novela de esta trilogía de Lengua de Trapo, Disfraces terribles, […] pese a no tratarse de una roman fusion (o slipstream) como las dos anteriores, en el sentido de que no mezcla género fantásico con policíaco, y pese a no estar ambientada en Umbría, comparte con ellas el tono cosmopolita, entre europeísta a ultranza y partidario furibundo del mestizaje procedente de Latinoamérica […] Elia Barceló recurre a un número limitado de actores, el más llamativo y vigoroso de los cuales es precisamente Raúl de la Torre, ya muerto, cuya sombra planea sobre toda la trama y todos los personajes, de una manera casi agobiante […] La estructura narrativa de Disfraces terribles se nos presenta de manera fragmentaria […]Asimismo, Elia introduce un doble juego de narraciones dentro de narraciones y de falsa realidad inmersa en el discurso de la ficción […]La importancia de Disfraces terribles dentro del conjunto de la obra de Elia Barceló es la de una novela que reflexiona hasta el límite sobre el concepto de la creación literaria y sobre el poder de la palabra» (Juan Manuel Santiago, Bibliópolis)

“Elia y Elias”, por Rubén Sánchez Trigos

Elia-docente da por concluida la clase, se sacude los restos de tiza de las mangas (a Austria ya han llegado las pizarras digitales, pero no a este aula), y se despide de sus alumnos antes de trotar en dirección a los despachos. Por el camino, un poco antes de alcanzar su puerta, se cruza con Elia-investigadora, se saludan con un asentimiento de sus cabezas, y es justo, justo en ese instante, cuando Elia-docente se esfuma en el aire. Como si una sola mirada de Elia-investigadora bastara para ahuyentarla. Vete. Tú ya has terminado aquí.

Elia-investigadora toma entonces las riendas de este lado de la realidad, y se sienta a la mesa del despacho para retomar el artículo en el que lleva semanas trabajando: en parte, rescata algunas ideas de su tesis doctoral (sobre los arquetipos del terror en la obra de Cortazar), en parte no. Todavía no tiene un título, y eso le inquieta. Sabe que, cuando se trata de un texto académico, tener claro un título equivale a tener claro la mitad de los objetivos.

Así se le escapa la tarde. Hacia las seis, ya es noche cerrada. Afuera hay un simulacro de invierno, y el viento silba una nana suave entre los árboles. Elia-investigadora escucha entonces un ruido que la devuelve de golpe al mundo real. A un mundo sin citas ni pies de páginas. Alguien manipula el pomo de la puerta de su despacho desde el otro lado. Es sólo unos segundos. Enseguida, el pomo cede, la puerta se desliza hacia el interior y una figura se recorta, hambrienta e impaciente, bajo el marco. Elia-investigadora comprende, asiente en silencio, y mientras cierra los libros y apaga el ordenador, con esa docilidad que le es tan propia, su imagen se va volviendo cada vez menos nítida, como los fotogramas que encadenan una escena con la siguiente. Por fin, desaparece. Y Elia-escritora, que permanece bajo el marco, con un agujero en el estómago que le pide alimentarse, sabe que es su hora. Que a partir de este instante ella tiene el mando.

Más tarde. A las diez de la noche. Encorvada sobre la pantalla del ordenador de su casa, Elia-escritora siente que ya se ha saciado. Ha comido tres páginas nuevas y otras dos que ha reescrito. El agujero en el estómago ha cedido, y por hoy (pero sólo por hoy), la bestia que la impulsa a desangrarse en una página desde hace años ya está satisfecha. Lo que esta semana tiene entre manos es un cuento. La acción tiene lugar en dos líneas temporales dispares (la actualidad y un pasado medieval) que acaban por contaminarse entre ellas. Estrictamente, el cuento se erige sobre una premisa fantástica, un quiebro temporal imposible desde el punto de vista ontológico, pero ¿a quién puede importarle eso? Elia-escritora ha ganado premios en el terreno de la ciencia ficción y también en el de la literatura juvenil, y nunca ha tenido la sensación de hacer géneros puros, sino de partir de las constantes que se le presuponen a cada uno de ellos para escribir lo que quisiera. O lo que necesitara. Las dos cosas son lo mismo.

Hay otras Elias, por supuesto, además de Elia-docente, Elia-investigadora y Elia-escritora, y todas dialogan entre sí, se contaminan, se influyen. De la misma manera que el agua de una cubitera es la misma, pero cada hielo es un estanco cerrado en sí mismo. Posiblemente habrá también una Elia-mujer, una Elia-amiga, una Elia-conversadora, pero esas me están veladas. Yo sólo soy un lector. Uno que ha disfrutado mucho con El secreto del orfebre, con Las largas sombras, con un puñado de cuentos, y los lectores, a veces, tenemos la manía de fantasear con las vidas de aquéllos a los que leemos.

“Elia”, por Rolando Hinojosa-Smith

Difícil es de escribir sobre Elia Barceló sin parecer que uno exagere.

Esposa fiel, madre ejemplar, y persona que no sólo es amiga personal del que esto escribe, sino también, como aguinaldo, sabe y practica lo que define la voz amistad.

Nos conocimos gracias a Paco Taibo que nos invitó el mismo año como participantes en la Semana Negra; no nos conocíamos Elia y yo pero al charlar unos cuantos minutos (bien puede ser que le conté un chiste y que ella me contestó con otro) que me dije, ésta sí que merece la pena y mi tiempo.

No me equivoqué.  Por varios años cuando yo aún asistia a la S.N. andábamos juntos en esto y aquello,  al carnaval, por un ejemplo, en la montaña rusa, comiendo helados, asistiendo a las ponencias, y comiendo aquí y allí, en particular comida china en uno de los multiples cafés en Gijón.  Y hablando de todo un poco;  yo con toda la confianza ya que además de escribir como un angel, también es gran lectora, yo no tenía que detener mi cháchara ya que sobresabía que Elia supiera algo o mucho del tema que yo discutía o introducía.

También tuve la gran suerte de conocer a Klaus; vecino y originario del Tirol, y a los chicos.  No exagero cuando digo que los chicos también son de primera; esto, pues, dice mucho de Elia y de Klaus que tampoco se queda atrás como experto en su materia como historiador.

Paco, que conseguía dinero para que la S N fuera un éxito año tras año, acaparó pica de la Pepsi para dedicar un libro sobre el cuarto amarillo en Arles; libro que consiste de monitos, de ensayos y cuentos; en fin un derroche de primera; servía yo ese día que

 

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Se presentaría en un panel al fin del cual se regalaron los ejemplares; Elia andaba en lo suyo, seguramente en otro panel pero llegó un poco antes de la distribución del libro al cual el gran Justo Vasco me había invitado a contribuir un cuento.   De repente aparece Elia, le señalo con el brazo donde sostengo un ejemplar, y haciendo todo tipo de señas  le dejé saber que tenía dos ejemplares que compartiríamos.

Lo lindo de esto es que cada vez que veo el libro (ocupa un lugar especial en mi biblioteca) me acuerdo de ella y de esos lindos tiempos durante la Semana Negra.

¿Y esta mujer tendrá un sentido de humor?  Dejara de ser de Alicante:  sabe un montón de chistes y, mejor, sabe contarlos.

La cocina.  Cuando me invitó a la universidad de Innsbrück, preparó varios platos de algo; ni sé lo qué comimos, pero lo menciono porque aún me acuerdo de que probé y me comí dos platos de todo; los que me conocen saben que como lo que me pongan en frente pero poco.   No soy de mucha comida.  Esa noche sí.

¿Y para celebrar después de la cena?  Una chela austriaca y de repente se me sale un chiste; Klaus lo topa, y Elia nos topa a los dos.  Aquello fue una guerra de chistes  (bueno, también de una risotada de pronóstico) y duró no menos de tres o cuatro horas).   Estábamos en un porche pequeño y me imagino que los transeúntes que pasaban creían que lo que oían era una juerga de primera.  Nada.  Tres profesores que gozaban de la vida debido a la linda compañía.

No hablo de los éxitos de Elia como escritora; los que no saben de literatura ni para qué preocuparse por ellos.  Pero para los que leémos y creamos cuentos de todo tipo, sí ya que domina la prosa y goza de sus buenos y merecidos premios.

 

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Aquí cierro estas pocas palabras con un abrazo electrónico reservado para  Elia Barceló que sabe lo que es ser amigo y saber qué cosa es la amistad.

“Dos reseñas”, por Pilar Zori

Sobre El secreto del orfebre

Dentro de mi particular canon El secreto del orfebre de Elia Barceló junto a La tregua de Mario Benedetti son las dos novelas de amor cortas más grandes que he tenido la suerte de tener entre mis manos.

La tregua, tras un montón de años sigue a mi lado en el recuerdo aunque no haya podido volver a abrirla –la presté y aún no ha regresado a mí- por tanto ha resultado una maravillosa novela larga por su prolongada compañía. Podría parecer que las dos historias carecen de nexo de unión por el estilo y tratamiento tan distintos, pero yo sí se lo encuentro: en La tregua también se da una relación de mayor con joven que reserva una sorpresa inesperada, no siempre el vulnerable es el mayor, a veces la parca también se encapricha y secuestra al joven para invertir ese orden que no sé por qué nos han dicho que es el natural.

Como su título nos indica esta preciosa novela es un extraordinario y singular trabajo de orfebrería.

No sé si tendrá que ver o no con un detalle generacional, pero aunque sea una frivolidad, espero que perdonable, a mí me gusta pensar que sí y jugar a coincidir, Elia Barceló tiene mi misma edad y al igual que a Quentin Tarantino se le notan como poso sus lecturas de comics durante la infancia, a nosotras se nos ven algunas series televisivas en las que un curioso transporte inamovible te trasladaba, sin embargo y en cuestión de segundos, a otra parte en el espacio temporal e ibas y venías por el cronológico sin una arruga y sin haber perdido milagrosamente ni uno solo de tus átomos. También se nos ven en el magma las lecturas que indagaban en la preocupación por el tiempo y su relatividad, nos pasábamos las horas a vueltas con Einstein juntando años y luces y mirando estrellas que ya no existen y que sin embargo vemos… Con H.G. Wells y sus máquinas, viendo a H.P. Lovecraft buscar por los resquicios la apertura hacia la cuarta y la quinta dimensiones y si me apuras también las llaves de la sexta, la séptima y ya puestos a dimensionar la octava, creo que no hay más; Carlos Castaneda también se nos asoma entre las líneas en otro tipo de viajes más alucinados y el propio Fulcanelli nos lleva de misterio en misterio y de catedral en catedral; hasta Dalí nos deja escurrirnos por los toboganes de sus relojes blandos. Puede que Elia leyera o no a estos autores que acabo de mencionar, pero el aire sí estaba impregnado por ese afán de dominar el tiempo y dicho aire sí lo compartíamos.

Pero ya he advertido que mis palabras iban a ser pura anécdota especulativa frente a lo más hermoso de la novela El secreto del orfebre que es la realidad en la ficción de amar atravesando dicho tiempo sin que importe el aspecto de la cáscara, es más, corrijo, lo bonito es que la Sra. Barceló transgrede el tópico para que en dicho viaje a destiempo la añorada por el protagonista sea la Celia adulta y no la joven, así como para Celia él, a quien le rebusca bajo su piel de diecinueve años los 23 que le faltan, aquellos a los que acarició primero, y lo hace tan creíble que el lector sólo desea que la ciencia lo explique para darle la razón a la autora y se queda con gusto en el último piso del Empire State a esperar a Celia junto al protagonista para que no decaiga, por los siglos de los siglos si es necesario y en cualquiera de sus edades.

Nadie ha definido aún la eternidad, tal vez sea como esos laberintos arbóreos, o un difícil entramado de papiroflexia y todo se reduzca a conocer sus ringorrangos o sus pliegues y a saberlos desdoblar, tal vez sólo así, aprendiendo los lugares en los que se besan los distintos planos logremos coincidir y quién sabe si desde el presente podremos ir a repasar el pasado enmendándole así la plana a nuestra historia, por algo estaremos dándole vueltas al tema, intentando bucear por todos esos territorios todavía insondables para buscar una buena trascendencia.

Hay una frase que se repite en Disfraces terribles y es la de “Has vuelto” que tanta controversia produjo en el club. Atravesar al joven para llegar al mayor, ¿suplantar?, ¿proyectar?, ¿buscar en otros al mismo?, en el caso de El secreto del orfebre sí es el mismo hombre, en Disfraces terribles no, y finalmente sí hay definición y Amelia distingue y consigue amar en cada tiempo y por separado a cada uno de los dos, en el pasado a Raúl y en el presente a Ariel, aunque para ello parta de una bifurcación.

Me gustaría tanto preguntar, si pudiera, a Elia por esa constante en su literatura, me encantaría indagar en el origen de ese “has vuelto”. No se puede aguardar más que hacia adelante, de momento no hemos conseguido hacerlo hacia atrás. Pero nos queda el consuelo, de que al menos en el universo particular de Elia Barceló los protagonistas pueden permanecer por siempre, yo también he jugado a eso en alguna de mis novelas, lo escrito es lo que tiene, que queda, puede que por ello los que escribimos utilicemos tanto el flashback, como venganza para dominar el tiempo y arreglar lo inconcluso de la vida.

Por alguna hermosa razón también esta novela me ha remitido a una bellísima película de Jaime de Armiñán: La hora bruja, en ella los protagonistas pueden disfrutar de una cena de gala en un lujosísimo hotel, la bruja les ha trasladado en el tiempo y en esa época su pobre dinero se convierte en millonario.

Hace unos días escuchaba a un gran chef español decir que la inspiración se pierde si se pierde la humildad, “…si crees que lo sabes todo no aprendes y la inspiración se va.” Los cocineros están siempre atentos a lo que elaboran otros creativos de su gremio, y se sienten maestros y alumnos a la par. Creo que la escritura al igual que la cocina son dos artes muy similares que tienen mucho que ver con la las elecciones y decisiones del autor, con la distribución de los tiempos, el trepidar de la cocción o el caramelizado a fuego lento, con las dosis y los elementos sorpresa, la composición, el armado, el brillo, el recipiente… ambas artes requieren una delicada y larga elaboración que sin embargo se consume en mucho menos tiempo del requerido para su preparación. Por ello y haciendo alarde de humildad –en este caso las dos palabras, alarde y humilde, sí concuerdan- proclamo que me sentiría privilegiada si pudiera asistir a cualquiera de las clases que la escritora imparte, tengo entendido que Elia Barceló además de enseñar literatura también adiestra en disciplinas de estilo. Ha sido un gran descubrimiento, poco a poco iré adquiriendo toda su obra, de paso voy comprendiendo las valientes decisiones de la editorial Lengua de Trapo y tal como está el patio con tanta ausencia de mecenas chapeau por ellos.

 

Sobre Disfraces terribles

Hemos terminado esta preciosa novela, corrijo: sería más exacto decir esta piedra preciosa por el perfecto tallado y pulido de sus facetas en las que la luz y la sombra juegan con sus reflexiones y refracciones para rebotar contra nuestros ojos y nuestros pensamientos con el destello de sus múltiples enfoques.

En el año 2002, el biógrafo Ariel Lenormand investiga la vida y la obra del prestigioso escritor de origen argentino Raúl de la Torre afincado en París. La literatura del venerado y estudiadísimo autor obtuvo su máximo reconocimiento en los años setenta y formó parte de la estela del cometa del “boom” narrativo sudamericano. Su inesperado e incomprensible segundo matrimonio, la posterior declaración pública de su homosexualidad y su trágico suicidio le colocaron en el ojo del huracán.

Ariel Lenormand quiere ir más allá de los hechos para comprender las razones que los desencadenaron. En la búsqueda de información entrará en contacto con las personas que rodearon a Raúl de la Torre e inevitablemente desembocará en la escritora Amelia Gayarre, su primera esposa, y en los mejores amigos del singular matrimonio: André, el editor de ambos, e Ives el compañero sentimental de André, médico forense que conoce algunos detalles reveladores que la autopsia arrojó.

Tanto Amelia como Ives y André esconden secretos que nunca han compartido entre sí, Ariel en cambio es el personaje incontaminado y la autora, Elia Barceló, le entrega el difícil papel de la ecuanimidad, no sin antes implicarle afectivamente. Para el lector, parte activa en esta historia, los dilemas éticos están servidos:

¿Qué es la verdad?, ¿quién está en posesión de ella?, ¿qué debemos hacer con dicha verdad? y ¿hasta dónde se tiene derecho a saber, y sobre todo a desvelar cuando el protagonista principal ya no está entre los vivos y no puedes obtener de él mismo sus respuestas?

Para demostrarnos que la vida a menudo es un puro malentendido, la autora escoge un entramado que raya el virtuosismo. El lector sólo tendrá que estar pendiente de distinguir los cambios de voz. Elia Barceló nos ayuda con la herramienta del narrador omnisciente, ese diosecillo que todo lo ve y que nos acompaña, tanto en el presente como en el pasado de los personajes, para hacernos creer que sabemos mucho más que los propios protagonistas, pero pronto nos daremos cuenta de que al igual que ellos tampoco nosotros lo conocemos todo.

La autora usa además otro registro: los recuerdos que Amelia va escribiendo en primera persona, -legado que Ariel Lenormand recibirá cuando ella ya no esté y la biografía de su primer marido Raúl de la Torre haya sido publicada-, nosotros, los lectores tenemos la ventaja de ir siguiendo esas memorias al mismo tiempo que Amelia Gayarre las escribe y lo hacemos colándonos en la intimidad de su despacho para espiarlas sin permiso frente a la pantalla de su ordenador por encima de su hombro. Y de ese modo, como en una hermosa partitura iremos escuchando al cuarteto en presente ejecutando sus solos y también en conjunto. Sólo en el último tramo se nos invitará a entrar como quinteto para que podamos añadir al puzle las piezas que hemos ido atesorando durante todo el recorrido de las páginas y con ellas lo podamos completar. Finalmente ellos no lo sabrán todo, pero nosotros sí. Ese es el hermoso regalo de ventaja que la escritora guardaba para nosotros, sus mimados lectores.

La autora no da puntada sin hilo, y es un hallazgo ver con qué maestría cose las piezas de pasado y de presente para regalarnos la belleza de la hechura final. Por el camino se divierte jugando de vez en cuando a despistarnos por ello el lector debe estar muy atento a los detalles como las fotos y qué lugares y quienes aparecen en ellas, a quién rodea con su brazo Raúl… ha de estar muy pendiente de las miradas que huyen, de las sonrisas fugaces… de frases como “A Raúl nunca le gustó Venecia”, (perdonad que no cite textualmente), o esa otra en la que escuchamos a Amelia decir: ”Dame unos días para que le haga unos retoques a la novela” arreglos delatores que permanecerán escondidos en Amor a Roma hasta que la sagacidad de Ariel los descubra para redimir la injusticia de la usurpación impune, naturalmente Amelia ha ido desmigando su afición por los palíndromos y los juegos de palabras escondidas. En otras palabras, sin esos rastros él nunca habría encontrado el camino.

Bellos juegos de espejos llenan las páginas: la misma librería de viejo en el presente y en el pasado, los mismos lugares de encuentro para cerrar los círculos y enmendarle la plana a la historia… porque todo en el libro, continente y contenido, es significativo. Elia Barceló no deja nada al azar ni en el principio ni en el desarrollo ni en el desenlace, los anclajes son perfectos. Levanta un magnífico edificio clásico contemporáneo de resistentes pilares demostrando así que una novela de intriga no es una obra menor con mucha trama y poca hondura, la profundidad que alcanza con las decisiones transgresoras que toma, tanto en las relaciones amorosas como en el análisis de un tiempo social, los años 70, poblado de intelectuales con los que no escatima la crítica, no en vano Raúl de la Torre sin ser un arquetipo sí nos recuerda y de algún modo representa el esnobismo de algunos escritores que alardearon de pose política sin mojarse porque la pose añadía un barniz. Pero la autora no se conforma con marcar ese tiempo, en realidad lo utiliza como punto de partida para recorrer las décadas posteriores recalcando así evolución y transiciones.

Elia Barceló nos hace entrega de un trabajo de introspección que bucea hasta las capas más abisales partiendo de personajes muy complejos a los que da vida hasta el punto de hacerlos queridos e inolvidables. Y para muestra el librero, personaje ‘secundario’ que con cuatro pinceladas adquiere una relevancia fundamental en la novela: gracias a él, Ari recuperará el rumbo y tomará las decisiones necesarias para hacer justicia y homenaje -con el vehículo de la ficción- a una artista eclipsada y convertida en satélite de un hombre que jamás la mereció.

Durante su viaje por este universo, el lector pasará por diversos estados de ánimo moviéndose al igual que los protagonistas por ese campo de minas que son los sentimientos encontrados, ambivalentes, contradictorios… y llegará incluso a la indignación, emitiendo juicios sumarísimos a veces, para trocarlos en compasión y comprensión otras, al fin y al cabo la novela desmitifica a un ídolo con pies de barro que para brillar parasitó la luz de los demás consiguiendo de ellos la idolatría con los trucos fascinadores del ilusionista. Un ‘fantasma’ en definitiva y en este caso juego con el término en su acepción más cómica y despectiva, porque Raúl de la Torre no merece salvación.

La experiencia en el club también ha sido sorprendente hasta el punto de que escenas como la protagonizada por Amelia y Ari en el restaurante Jules Verne y el posterior encuentro en el lujoso hotel sembraron de opiniones contrarias la segunda sesión. Para unas compañeras, Amelia se comportó de forma manipuladora e innoble con Ariel, al que consideraron engañado y para otras sin embargo, entre las que me incluyo, fue lícita seducción y entrega generosa adornada con el obsequio de alguien que al fin puede permitírselo y decide tomar la iniciativa, aunque al mismo tiempo también supusiera un ajuste de cuentas con el pasado en el que se redime una escena para dejarla en como debió ser y no en cómo fue. Pocas veces se tiene el placer de asistir a dos pasajes de tanta potencia y tensión que en ambas ocasiones adquieren el punto más álgido. En cualquier caso la frase “Has vuelto” dolió a muchas compañeras. Tampoco Ariel con Solange fue demasiado honesto quise contraponer, pero en la balanza pesaron más las palabras de Amelia y es que si hubiera que amar por méritos no nos salvábamos nadie.

Durante los tres encuentros de club se han compartido reflexiones extraordinarias, que como siempre lamento no poder transcribir textualmente por esta memoria mía tan vaga que se nutre y metaboliza pero luego no sabe repetir y porque si no escogiera llenaríamos con ellas páginas y páginas, por elegir al azar escribiré el subrayado que hizo una de nosotras sobre Amanda Simanski, -la oscura segunda esposa de Raúl de la Torre- a quien mi compañera consideró el detonante, el punto de inflexión que transforma la vida de todos los personajes. Fue muy interesante el análisis de otra compañera sobre las distintas formas de reaccionar frente a un mismo malentendido y como eso nos define y destacaré el protagonismo de la palabra honestidad que otra amiga vio presente entre las líneas de todas y cada una de las páginas diciéndonos que de ella trata la novela, porque la honradez no tiene épocas que le quiten o le añadan valor, ni circunstancias atenuantes, eres íntegro o no lo eres. Y para finalizar pondré la bella imagen de la maleta que otra de nosotras destacó como símbolo del equipaje que resume la vida de Raúl y que representa por tanto el eje en el que ha girado toda la novela.

La abrimos lentamente y dejamos que se expanda por este pequeño rincón el aroma que emana aún del perfume impregnado en su americana, vemos las fotos que él escogió para guardar y que marcan los momentos cruciales de su vida, sacamos el pequeño lápiz para corregir de su bolsillo y con él escribimos en letra emocionada:

Gracias Señora Barceló por este regalo incomparable.

“Las largas sombras”, por Marta Planes

Ediciones Ambar presenta Las largas sombras, de Elia Barceló. Una obra con todos los ingredientes habituales de la novela negra: asesinato, policia, sospechosos, pruebas, investigaciones… pero con mucho más: el retrato psicológico de siete mujeres y la crónica de unos años, los setenta, en los que todo parecía posible.

Después de treinta y tres años sin verse, un grupo de amigas del instituto se reune casi al completo en Elda, su ciudad natal. Pocos días después, una de ellas aparece muerta. Aparentemente, se ha suicidado en la bañera de su casa, pero la policia enseguida tiene claro que alguien la ha asesinado.

La acción de Las largas sombras se desarrolla en dos tiempos: en el 2007 y en el 1974, cuando las siete amigas estaban acabando el COU. A medida que vamos conociendo los hechos que tuvieron lugar en los setenta, vamos comprendiendo muchas cosas: cómo son, cómo se comportan, lo que han hecho en sus vidas, todo es consecuencia de lo que pasó aquel verano del 1974 y, más concretamente, durante el viaje de fin de curso a Mallorca, momento clave en el que aparece la sombra del secreto que las amigas han guardado durante todos estos años. Y comprendemos también que el pasado siempre vuelve y que los viejos pecados proyectan largas sombras.

Llevándonos al 1974, además, Elia Barceló nos invita a viajar a la pre-Transición en una pequeña ciudad de provincias y a la vez nos permite ver y comparar en qué se han quedado los sueños y esperanzas de esas chicas. Si el presente es resultado de lo que sucedió en el pasado, en la novela las siete amigas le deben mucho a los hechos que ocurrieron en aquel viaje de fin de curso y que la autora nos revela con cuentagotas, manteniendo la tensión hasta el final.

La autora traza con precisión el retrato de siete tipos de mujer y nos muestra cómo el paso del tiempo ha unido a unas y ha alejado a otras. También nos habla de la intensidad de la amistad entre mujeres y de la solidaridad femenina: Las largas sombras es una novela protagonizada por mujeres, los personajes masculinos quedan en un segundo plano y en general no salen muy bien parados. Junto a la siete mujeres protagonistas, un personaje más: la desilusión, el desencanto, ver que aquellos sueños y esperanzas del pasado han desembocado en nada.

Las largas sombras está escrita de un modo muy directo, con un lenguaje actual, vivo. Dominan los dialogos sobre la descripción, lo que le da al texto un ritmo ágil y rápido, como si fuera un guión cinematográfico o una obra de teatro.

“Disfraces terribles”, por Luis García

Abandona la escritora alicantina afincada en Austria, Elia Barceló, que pasa por ser una de las escritoras más versátiles del actual panorama literario, el género que tantas alegrías le diera los últimos años, el fantástico. No en vano, es reconocida como una de las renovadoras del mismo, y sin remontarse mas lejos basta recordar su reciente novela “El contrincante” o la pequeña obra maestra “El secreto del orfebre” , todo un ejemplo de concisión y belleza literaria al alcance de pocos autores. Ahora, Elia Barceló vuelve con un registro en apariencia totalmente diferente, “Disfraces terribles” , y digo en apariencia ya que nos encontramos ante una trama compleja y llena de misterios, un argumento que juega a comportarse como esas cajas chinas que tanto gustan a los niños. Y es que hasta en sus novelas Elia Barceló no puede dejar de ser un poco niña, algo que le agradecemos sus lectores. “Disfraces terribles” arranca del proceso de investigación para escribir la biografía de un autor del boom fallecido en dramáticas circunstancias, Raúl de la Torre, cuya popularidad en los años sesenta era directamente proporcional a la misteriosa personalidad de su primera esposa, Amelia, precisamente a quien se empeña en entrevistar el joven critico francés Ariel Lenormand (Ari) y con quien iniciará una relación que le llevará a descubrir la verdad. Y aunque Elia Barcelo hace un repaso a su modo a la historia del boom , homenajeando a quien a buen seguro fueron autores de sus lecturas de juventud, esto no es más que una excusa para escribir una historia sobre la impostura y sobre ese travestismo (en este caso literario) en el que todos caemos de una manera u otra para ocultar nuestra verdadera personalidad y en que se ven envueltos Raúl, Amelia, Amanda y demás personajes colaterales. Y digo travestismo porque las apariencias engañan desde el principio de estos “Disfraces terribles” , y el propio Ari lentamente irá desenredando una madeja de incomprensiones y malentendidos formada años atrás. (Lo único a mi juicio criticable sería el papel asignado a Amanda, la segunda esposa de Raúl de la Torre, lo que le resta credibilidad al conjunto de la novela). Thriller psicológico, la historia se enreda hasta su desconcertante y verosímil final con el que se cierra el círculo y la enigmática cita con la que comienza la novela. Pero eso es otra historia.

“Corazón de tango”, por Iván Fernández Balbuena

De los autores de ciencia ficción que iniciaron su carrera en los 90 en eso que genéricamente se ha venido a llamar fandom, sólo unos pocos consiguieron escapar del ghetto y propulsarse a otro tipo de terrenos, eso sí, la mayoría tuvo que renunciar a su pasado cienciaficcionero en el camino. Por poner un par de ejemplos, Cesar Mallorquí se dedicó al juvenil, y León Arsenal al Best Seller.

Y, sin embargo, ha sido Elia Barceló la que ha seguido un itinerario más especial y, a la postre, ambicioso. Quizá por su condición de profesora de literatura, quizá por su calidad innata o, sencillamente, por qué se lo pedía el cuerpo, Barceló eligió el camino del Fantástico Literario con mayúsculas, en la estela de clásicos como Hoffmann, Poe o Gautier, de contemporáneas como Pilar Pedraza o Cristina Fernández Cubas, o de maestros como Borges, Cortazar o Calvino. Una elección ambiciosa, desde luego, pero de la que ha salido triunfante con creces y que le ha valido un claro reconocimiento de crítica y público, si que, curiosamente, haya perdido a muchos de sus lectores fandomitas.

Este “Corazón de tango” es un buen ejemplo del magnífico hacer de esta autora. Una novela corta de fantasmas tan evocadora como efectiva, tan bella como despiadada.

Vaya por delante que a mí, personalmente, el baile en general y el tango en particular, me dejan bastante frío y que, a buen seguro, no me hubiese detenido en este librito si no fuera por qué sabía con quien me iba a encontrar. Me apresuro a decir que uno puede ser tan insensible y mostrenco como yo mismo y no por ello dejar de disfrutar con esta obra. El baile, aunque juega un papel fundamental, no es el único eje de la historia.

Y es que “Corazón de tango” es fundamentalmente un relato de amor más grande que la vida y el tiempo (literalmente). En este sentido cumple con una serie de tópicos, digamos, folletinescos: el amor imposible a primera vista, el destino trágico, los afectos contrariados, las casualidades increíbles… Y sin embargo, Barceló consigue hacer creíble una historia mil veces leída y mil veces vista, en parte por una magnífica creación de personajes, y, especialmente, por una maravillosa elaboración de escenarios: ese Buenos Aires de principios del siglo XX descrito de una forma tan minuciosa como nostálgica (¿se puede tener nostalgia de un sitio qué nunca hemos conocido? con libros como este la respuesta es sí, sin duda), y donde se nota que la autora ha hecho muy bien sus deberes ya que la imitación del habla porteña da el pego a la perfección (aunque esto lo dice un español mesetario, quizá habría que preguntarle a un bonoarense de pro al respecto).

Pero, especialmente, la novela remonta más allá del tópico gracia a dos cuestiones donde la valenciana brilla por encima de lo común: el tango como eje vertebrador de lo contado y como metáfora deslumbrante de la pasión de los protagonistas, y la historia de fantasmas que convierte en cruel, hasta un extremo inimaginable, una narración que, aparentemente, se quedaba sólo en lo trágico.

Una novela pues exquisita, que demuestra el buen gusto de su autora y sus editores, 451, uno de esos sellos jóvenes que está teniendo problemas con la maldita crisis y que ha arriesgado fuerte por autores distintos como es el caso de Elia Barceló. De cualquier forma, espero que 451 sobreviva, aunque únicamente sea para poder disfrutar de historias como esta y de más novelas de Elia Barceló, una autora, indudablemente, a seguir.

“Futuros peligrosos”, por Ignacio Illarregui

Con la inmensa riqueza que tienen los relatos de ciencia ficción para originar debates en las clases de secundaria o bachillerato, es difícil de entender cómo  apenas han sido explotados en las colecciones que las editoriales promueven como lecturas recomendadas en colegios e institutos. Se pierde -por no decir desprecia- un impresionante caudal narrativo que resulta bastante accesible para los lectores adolescentes y un hilo conductor perfecto para clases más participativas. De ahí que haya que felicitar a la editorial Edelvives por haber publicado Futuros peligrosos, una colección de relatos inéditos de Elia Barceló que contribuye a llenar este hueco en el que apenas se cuentan unos pocos títulos disponibles, como Los mejores relatos de ciencia ficción en Alfaguara.

La práctica totalidad de las historias recogidas en el presente volumen entroncan con la ciencia ficción de temática social y se acercan a temas de actualidad, como el triunfo de lo políticamente correcto, la inmigración desde los países en vías de desarrollo, la telebasura, el fin de la privacidad, el problema de la tercera edad, el racismo subyacente en nuestra sociedad… desde una perspectiva no demasiado habitual en las colecciones de literatura juvenil. En su mayor parte apenas hacen uso de las muletillas habituales de este género, como los consabidos protagonistas adolescentes con los que la identificación sea automática o las lecciones de Historia, tecnología, literatura… que rompen la narración sin una razón justificada.

Los personajes son casi siempre un vehículo para acercarnos a la idea central, en apenas una o dos secuencias nos sumergen en el problema a desarrollar y el tratamiento es descarnado y directo, muy efectivo. Aunque también hay historias que tienen su protagonista adolescente y que abordan algunas de las inquietudes más propias de esta edad, caso de la que abre el libro, “El deseo de tu corazón”, un reflejo de la diatriba adolescentes-padres en forma de pacto mefistofélico.

Como curiosidad, con Futuros peligrosos se regala un cómic de Jordi Farga y Luis Miguez que adapta el más extenso de ellos, “Mil euros por tu vida”. La historia de amor de dos seres que se ven obligados a albergar en sus cuerpos a dos europeos ancianos durante 20 horas al día. Un relato que entronca con el drama romántico de amores imposibles que tan bien se le da a Barceló y que en el último año disfrutamos en Corazón de tango y Cordeluna. La pena es que no resulta demasiado atractiva en el aspecto gráfico; pierde su componente romántico en unas ilustraciones feístas y su progresión se diluye en una narrativa un tanto deslabazada. Un anticipo de un tebeo que acaba de publicarse en tapa dura y que recoge otras dos historias: “Noche de sábado” y “El deseo de tu corazón”.

Futuros peligrosos interesará mucho a los lectores entre 14 y 16 años, sin quitar que los más talluditos puedan también disfrutarlos, siempre que tengan claro que su público objetivo es otro.