La dura realidad caribeña según Mayra Santos-Febres

Por Amir Valle

Mayra Santos-Febres, escritora puertorriqueña.Antes de convertirme en un fan de su narrativa fui amigo de Mayra Santos-Febres. Y recuerdo que mi primer acercamiento a su obra se produjo gracias a la periodista dominicana, residente en Puerto Rico, Silvestrina Rodríguez, quien en uno de sus viajes a La Habana se apareció en mi casa con un ejemplar del libro de cuentos Pez de vidrio y me dijo: “te recomiendo a esta muchacha”, me dijo, “yo creo que es lo mejor que hoy tenemos en Puerto Rico, literariamente hablando”. Y fue la misma Mayra, en un encuentro brevísimo en La Habana, quien me regaló su novela Sirena Selena vestida de pena, de la que ya me había hablado el narrador y poeta cubano Jesús David Curbelo que había conseguido un ejemplar en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Me habían gustado mucho los cuentos, por desenfadados, porque tenían la gracia con la que los cuentacuentos populares hacen sus historias, por la naturalidad con la que utilizaba el lenguaje, mezclando la poesía y la visión más cotidiana de la realidad. Y leí la novela hundido en un doble aturdimiento: descubrir que podía hablarse con tanta libertad de un tema tan crudo como el travestismo (ya que de esos temas estaba prohibido hablar en Cuba) y comprobar que no era errada una teoría que yo había elaborado viviendo en el medio mismo de la marginalidad centrohabanera: de aquella vida marginal sólo era posible escribir desde dentro, como un testigo, pues hacerlo como un observador (desde las gradas, como ya lo habían hecho otros escritores) siempre sonaría a falso.

Y esa fue la primera lección que aprendí con aquella primera novela que leí de Mayra: nada hay más certero cuando se quiere atrapar un mundo que contar la historia desde la perspectiva psicológica del personaje, hundido como ese personaje en su mundo. Pues el adolescente gay que en la novela utiliza el nombre de Sirena Selena, dueño de una sensual voz que atrae a quienes la escuchan como el canto de una sirena, no es “contado” por Mayra: ella, con un agudo olfato narrativo, sabe que debe ponerlo a vivir, a sufrir, en las páginas de su novela y, utilizando un contrapunteo muy bien logrado con Martha Divine, la vieja travestí dueña de bar en Puerto Rico, presenta desde una perspectiva “suave” pero desgarradora fenómenos de la marginalidad de su país tan extendidos como la explotación ilegal del trabajo de los menores de edad y el mercado sexual en torno al travestismo en su más publicitada arista: el terreno artístico.

Sirena Selena y Martha Divine, por ello, quedan enmarcados en las letras puertorriqueñas como dos personajes inolvidables, de esos que siempre regresan a la mente del lector cuando algo le hace pensar en el tema. Y es lógico que así sea pues, aún en medio del profundo desgarramiento humano que la novela devela, la historia nos llega rodeada de anécdotas teñidas de ese excelente sentido del humor, aventura y jolgorio que caracteriza a buena parte de los sectores más humildes de Puerto Rico, como si nos recordaran esa máxima caribeña que asegura que nada hay mejor para sobrevivir que reírse uno mismo de sus propias desgracias.

Años después compré en Madrid la novela Cualquier miércoles soy tuya, donde otra vez la marginalidad es escenario, con ese toque de realismo que Mayra imprime en sus historias, ya sean cuentos o novelas. Y disfruté mucho más la historia de Julián, ese periodista que pierde su trabajo y tiene que irse a buscar la vida a una posada (motel de citas, le llaman en Europa), pero aún más logrado es esa conjunción de historias (que se entretejen alrededor de un argumento central) y permiten a Mayra incursionar en otras zonas convulsas de la realidad nacional: la inmigración ilegal mediante las “yolas” que arriban desde República Dominicana cargadas de sufridos dominicanos y haitianos tras el “sueño americano”, el infierno de las cárceles, el narcotráfico y todas las heridas que estos y otros males provocan en la endeble sociedad puertorriqueña.

Y la otra obra de Mayra que he leído: Nuestra señora de la noche, reafirmó en mí lo que a través de su narrativa había ya comprobado: Mayra Santos-Febres es, sin dudas, una de las voces narrativas más interesantes de la letras latinoamericanas actuales, especialmente por las apropiaciones que ella hace de la voz de los que no tienen voz, de los marginados, de los olvidados, de los ninguneados por la sociedad, tesis que esgrime en esta novela a través de otro personaje inolvidable: Doña Isabel Luberza Oppenheimer, una pobre hija de lavandera, abandonada por su madre, que tras una terrible niñez llega a convertirse en una mujer poderosa, respetada, un mito a quien, además, se teme.

¿Qué nueva contribución nos traerá Mayra Santos-Febres? será siempre una pregunta intrigante. De cualquier modo, estoy seguro, ahora que posee una madurez literaria indiscutible, un sello que dota a sus obras de eso que los críticos llaman “estilo propio”, estoy seguro de que cualquier historia próxima que salga de sus manos llegará visualizada por personajes de carne y hueso, es decir, tan reales como en la vida misma, y a través de esa prosa colorida, ágil, traviesa, sonora, y llena de resonancias que definen esa amalgama de razas y culturas que es Puerto Rico.