No por gusto se le ha llamado “la Dama de la Ciencia Ficción y la literatura fantástica de España”. Lees sus libros y notas que se trata de algo fuera de lo común, una verdadera imaginería anclada en un profundo conocimiento de las verdades humanas, y no ese retablo de esquemas superficiales que se vende en librerías y salas de cine como éxitos del género.
Elia Barceló, junto a la cubana Daína Chaviano y a la argentina Angélica Gorodischer son consideradas las tres cumbres del género en lengua española. Y aunque sea cierto que ellas conforman eso que se ha llamado “la trinidad femenina de la ciencia ficción en Hispanoamérica”, yo prefiero eliminar esa incómoda palabrita “femenina” y decir que ellas son autoras de la mejor literatura de ese género que hoy se escribe en español. Así de simple, sin etiquetas discriminadoras.
Desde la aparición de Sagrada, allá en 1989, la narrativa de Elia Barceló se notaba distinta. Y la lectura de cualquiera de sus novelas desde la excelencia de El secreto del orfebre, del 2003, hasta Las largas sombras, del recién concluido 2009, ofrece un amplio diapasón de todas las cimas de calidad alcanzadas a lo largo de estos 20 años desde que su nombre comenzara a sonar en las letras de España.
En una de nuestras conversaciones en Semana Negra, en Gijón, me contó que incluso su primer escrito, que según ella era algo indefinible genéricamente, se movía por los lindes de la ciencia ficción; que el cuento le sirvió para ir dando pasos cada vez más confianzudos dentro de esa temática, pero que la publicación de Sagrada, por Ediciones B, una noveleta o relato largo de poco más de 100 páginas, le supuso un reconocimiento que ella misma no esperaba, aunque como todo escritor que se inicia, lo soñaba. Desde entonces hasta hoy, Elia ha ido creando ese universo imaginario propio que alcanza cumbres de configuración literaria como “Umbría”, ese sitio mítico que aparece en El vuelo del Hipogrifo y El secreto del orfebre (ambas publicadas por la muy respetada editorial española Lengua de Trapo). Aunque para llegar a esa altura haya tenido que atravesar algunos momentos difíciles, como el que se produjo cuando su novela Consecuencias naturales, de 1994, la enfrenta a otros escritores del fantástico español, a partir de un tratamiento muy especial que ella hace del machismo, que fue entendido como un ataque contra los hombres.
Escribo lo anterior con toda intención: nótese, quiero decir, que aunque sus mundos imaginarios se ubican en los precisos terrenos de la ciencia ficción y la literatura fantástica, no se trata de una obra que anda por los cielos, sin anclas echada en esta tierra que habitamos. De ese modo, como ella misma confiesa, Umbría, su territorio novelado, nace en el recuerdo de una España que la niña Elia vivió, y es un sitio donde la nostalgia gravita como igual gravitan ciertas esencias mágicas de todo espacio fantástico. De ese modo, como ella misma ha repetido en algunas entrevistas, sus personajes, escenarios, tramas, le sirven para ofrecer una mirada crítica sobre el presente a partir de un profundo conocimiento de la historia que ha vivido su país, y el mundo, hasta el momento en que se escribe la novela. “Las numerosas aristas de lo mágico pueden ser un camino muy directo a la más directa de las criticas sociales”, dijo en una de sus intervenciones durante la Semana Negra de 2004.
Sus mundos imaginarios, además, incluyen una cota abierta de espacios fantásticos, cada uno de ellos rico en posibilidades expresivas, con lo cual su obra se distingue porque no desanda los trillados caminos del género: la mezcla de historia y fantasía, realidad y absurdo, amor y odio, religión y cultos paganos, brujería, terror, intriga apegada al cauce de la novela negra con la más cotidiana de las estrategias de vida: la vida misma que nos ocupa en estos años de cierre de siglo e inicio de un nuevo milenio (con todas las particularidades comunicativas que ese escenario permite) son claves para ese éxito, para esa especificidad distintiva en la narrativa de Elia Barceló.