Elia

Rolando Hinojosa-Smith

Difícil es de escribir sobre Elia Barceló sin parecer que uno exagere.

Esposa fiel, madre ejemplar, y persona que no sólo es amiga personal del que esto escribe, sino también, como aguinaldo, sabe y practica lo que define la voz amistad.

Nos conocimos gracias a Paco Taibo que nos invitó el mismo año como participantes en la Semana Negra; no nos conocíamos Elia y yo pero al charlar unos cuantos minutos (bien puede ser que le conté un chiste y que ella me contestó con otro) que me dije, ésta sí que merece la pena y mi tiempo.

No me equivoqué.  Por varios años cuando yo aún asistia a la S.N. andábamos juntos en esto y aquello,  al carnaval, por un ejemplo, en la montaña rusa, comiendo helados, asistiendo a las ponencias, y comiendo aquí y allí, en particular comida china en uno de los multiples cafés en Gijón.  Y hablando de todo un poco;  yo con toda la confianza ya que además de escribir como un angel, también es gran lectora, yo no tenía que detener mi cháchara ya que sobresabía que Elia supiera algo o mucho del tema que yo discutía o introducía.

También tuve la gran suerte de conocer a Klaus; vecino y originario del Tirol, y a los chicos.  No exagero cuando digo que los chicos también son de primera; esto, pues, dice mucho de Elia y de Klaus que tampoco se queda atrás como experto en su materia como historiador.

Paco, que conseguía dinero para que la S N fuera un éxito año tras año, acaparó pica de la Pepsi para dedicar un libro sobre el cuarto amarillo en Arles; libro que consiste de monitos, de ensayos y cuentos; en fin un derroche de primera; servía yo ese día que

 

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Se presentaría en un panel al fin del cual se regalaron los ejemplares; Elia andaba en lo suyo, seguramente en otro panel pero llegó un poco antes de la distribución del libro al cual el gran Justo Vasco me había invitado a contribuir un cuento.   De repente aparece Elia, le señalo con el brazo donde sostengo un ejemplar, y haciendo todo tipo de señas  le dejé saber que tenía dos ejemplares que compartiríamos.

Lo lindo de esto es que cada vez que veo el libro (ocupa un lugar especial en mi biblioteca) me acuerdo de ella y de esos lindos tiempos durante la Semana Negra.

¿Y esta mujer tendrá un sentido de humor?  Dejara de ser de Alicante:  sabe un montón de chistes y, mejor, sabe contarlos.

La cocina.  Cuando me invitó a la universidad de Innsbrück, preparó varios platos de algo; ni sé lo qué comimos, pero lo menciono porque aún me acuerdo de que probé y me comí dos platos de todo; los que me conocen saben que como lo que me pongan en frente pero poco.   No soy de mucha comida.  Esa noche sí.

¿Y para celebrar después de la cena?  Una chela austriaca y de repente se me sale un chiste; Klaus lo topa, y Elia nos topa a los dos.  Aquello fue una guerra de chistes  (bueno, también de una risotada de pronóstico) y duró no menos de tres o cuatro horas).   Estábamos en un porche pequeño y me imagino que los transeúntes que pasaban creían que lo que oían era una juerga de primera.  Nada.  Tres profesores que gozaban de la vida debido a la linda compañía.

No hablo de los éxitos de Elia como escritora; los que no saben de literatura ni para qué preocuparse por ellos.  Pero para los que leémos y creamos cuentos de todo tipo, sí ya que domina la prosa y goza de sus buenos y merecidos premios.

 

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Aquí cierro estas pocas palabras con un abrazo electrónico reservado para  Elia Barceló que sabe lo que es ser amigo y saber qué cosa es la amistad.