Encastes españoles en la América taurina

Caballero Esplandián

Homenaje a los toros de lidia en Aguscalientes, México.

Homenaje a los toros de lidia en Aguscalientes, México.

El toro de licia actual tiene su más remoto antepasado en bóvidos de origen africano que transmigraron a Europa. Su presencia en estas tierras admite dos teorías: La primera sitúa la trasmigración de manadas a través de lo que es actualmente el estrecho de Gibraltar en épocas en que tal estrecho no estaba aún cubierto por agua.

La segunda cree que pasaron por Asia Menor, llegando a Centroeuropa y descendiendo en busca de mejor clima y pastos al sur de Francia y España.

Allí, ese ganado asilvestrado y que ya embestía con un principio de fiereza, fue pronto utilizado para lucimiento de caballeros en los juegos de toros de las cortes medievales y del Renacimiento. El Cid Campeador alanceaba toros, el conde de Villamediana, los Caballeros árabes de la Andalucía mora, Carlos V, etc. etc., según grabados y crónicas de la época.

Ese toro fue llevado al continente americano por la conquista española que perseveró en sus costumbres peninsulares. Se dice que los primeros animales bravos que pisaron América eran de la raza Navarra. Un grabado de la época muestra al hermano de Hernán Cortes alanceando un toro en México, en el siglo XVI.

 

Escuela Rodena

En Espa­ña decae el alancear toros a caballo y el toreo pasa paulatinamente a manos de los toreros de a pie, los antiguos chulos, ayudantes de los caballeros montados, que toman a pie el protagonismo de las corridas. Da comienzo la escuela rondena protagonizada por Pedro Romero. Que escribe y ensena las bases de la tauromaquia del toreo a pie.

El toro empieza a evolucionar por iniciativa de ganaderos que comienzan a seleccionar las características de bravura y surge el desarrollo de los encastes primigenios, base fundacional del toro actual, que es el resultado de siglos de la selección de la bravura del toro. Su capacidad de acometividad.

A mediados del siglo XIX explota el toreo como gran espectáculo de masas, unido a las fiestas tradicionales del pueblo y aparecen los héroes, capaces de someter a pie la bravura violenta de las reses de esa época, mediante una serie de conocimientos técnicos y de las reacciones del toro. Es cuando empiezan a surgir por todos lados las plazas de toros redondas, capaces de acoger a la multitud de interesados en ver las corridas.

 

Las Américas

Es por iniciati­va de una de las grandes figuras de finales del siglo XIX, Ricardo Torres “Bombita” que se piensa por primera vez en llevar los productos de los en­castes triunfantes de España a Améri­ca. Gracias a un personaje de nombre Llaguno llegan a México las primeras reses de origen Saltillo y Santa Coloma. Llaguno probó 30.000 vacas y seleccionó solo tres mil para iniciar las ganaderías mexicanas.

Estos encastes son la base del actual toro de lidia mexicano, que fueron adquiridos por los nuevos ganaderos de este país. Entre los más antiguos, Piedras Negras, Garfias y Pastejé. Teniendo como base una genética común, el toro mexicano es muy parecido en su comportamiento general. De salida es un animal más bien frio, huidizo (abanto) que se va centrando poco a poco en la lidia y desarrolla progresivamente. Va de menos a más.

Por eso es más difícil torearlo con el capote y haya que esperar el primer puyazo para aprovechar su embestida con el capote -primer tercio de la li­dia-. Es más suave que el español y más duradero en su bravura, por regla general. Es curioso que animales de la misma procedencia, de los que se conservan en España se parezcan en comportamiento, como es el caso de la ganadería de Victorino Martin, tambien de origen Saltillo y Santa Coloma.

La llamada América taurina se compone de aquellos países donde se dan corridas de toros y se cría el toro bravo de origen español: México, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador configuran este territorio.

En Venezuela, el dictador Juan Vicente Gómez era un acérrimo aficio­nado a las corridas y propicia la importación de ganado bravo, en este caso de origen Murube, vía Parladé.  Más tarde se introducirá,  junto a lo anterior, ejemplares del encaste Domecq, proveniente de Marqués de Tamarón y Conde de la Torre, con remoto origen Veragua.

Las ganaderías ecuatorianas, más recientes, se han decantado más por el encaste Domecq, preferido por las figuras actuales de España y Francia. La América taurina tiene aficionados de gran categoría, profundos conocedores del toro y del toreo. Existe un trasvase del aficionado español que viaja a América para asistir a las ferias y a la inversa, del aficionado venezolano o colombiano que todos los anos viaja a España, para ver la Feria de San Isidro o Sevilla, sin excluir alguna escapada a Francia, donde hay una temporada interesantísima, serios y disciplinados aficionados y ganaderos de bravo.

El pasado 17 de junio (se refiere a Junio de 2007: Nota del Editor) reapareció en Barcelona, después de un voluntario retiro de varios anos, el gran torero José Tomás, lo que ha sido considerado una de las efemérides de mayor relieve en los últimos anos. Los tendidos de la Monumental se llenaron de aficionados de toda la América tauri­na, en peregrinaje para la ocasión.

 

Encastes nuevos

Resulta interesante -sobre todo en América, con sus grandes variaciones orográficas- observar la diferencia de comportamiento de los diversos encastes, determinadas en gran parte por el clima y la altitud donde se crían, que condicionan sensiblemente sus carac­terísticas. Puede decirse que el criado en tierras altas tiende más al genio y a la agresividad violenta y el de llanura baja es más pastueño, sin que esto sea una regla inamovible.

Hace algunos años abortó un experimento interesante. El ganadero mexicano Chafik, propietario de toros de origen Saltillo, con muchos años de asentamiento en México, intentó utilizar semen de sementales de la ganadería de Victorino Martin, también del mismo origen, pero separados en el tiempo por casi un siglo, para inocular a sus vacas. Por la razón que fuera no fue posible y es una pena que no hayamos podido ver el resultado.

La lucha del ganadero parece no tener fin. Se encuentre donde se encuentre su ganadería, siempre hay que introducir variantes, sin estar nunca seguro del resultado final. Es una al­quimia sin garantías. Es casi imposi­ble fijar unas características perdurables, dada la complejidad y cantidad de elementos que hay que manejar, que van desde las características de la finca en que se crían las reses, el cuidado veterinario, la alimentación, el clima, la altitud, las características del encaste y la idiosincrasia y capacidad del ganadero.