Por el gran mar
Andrés Sánchez Robayna
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019
La belleza gestada con esmero y la intensidad de una palabra que es fundamento y ofrenda para el lector, laten de manera corazonada en Por el gran mar, de Andrés Sánchez Robayna (1952).
En esta nueva entrega, el poeta canario apuesta por un corpus que sigue la línea temática del anhelo, del pasado y de la muerte. Y todo ello, aunado por una tensión lírica que oscila entre la temporalidad humana y la estética de la naturaleza como fidedigna quimera. Porque sin querer caer en la tentación del consabido conflicto decadencia-duración, el yo lírico reverbera su expresividad mediante un verso concatenado a la lumbre de la memoria: “me acerco hasta las lindes del recuerdo/ como hacia el fuego el animal nocturno,/ una pequeña hoguera que llevara/ hasta ella al sediento animal, y la noche/ se agrandara sin fin sobre la llama”.
Sánchez Robayna se detiene a contemplar e ilustrar la minuciosidad de un paisaje que le resulta tan familiar como indispensable. De ahí que el mar, el oleaje, la arena, el viento, la niebla, las palmeras… se alineen con encendida pureza entre sus versos y ocupen espacio prominente entre estos treinta y cinco cantos: “Manchas vivas de sol entre los pinos,/ éxtasis de las bocas bajo el celaje puro./ Aire del bosque, toma nuestras vidas/ para girar contigo en el fulgor del mundo”.
La sabiduría con la que el escritor isleño conjuga sentido y pensamiento deviene en un equilibrado y lúcido mapa por el que adentrarse despaciosamente. Al hilo de su geografía, se puede recrear el bello diálogo de un tiempo y un espacio cómplices y solidarios; síntesis y certidumbre, en suma, de un decir que regresa para quedarse, “hasta encontrar, sereno,/ a un niño del pasado”.