La muerte de Armonía
Antonio Colinas
Maravillas Concretas. Fundación Jorge Guillén. Valladolid, 2019
Este 2019, se cumplen cincuenta años de la aparición del primer poemario de Antonio Colinas, Poemas de la tierra y de la sangre (1969). En estas cinco décadas, el autor leonés ha articulado una obra que respira trascendencia y sentimiento y que conjuga la búsqueda de la esencia humana con la empírica simbología del ser.
Ahora, La muerte de Armonía, revive un poema de poemas, escrito en 1990, el cual homenajea y memora a María Zambrano, maestra y amiga del poeta bañezano. Recuerda Antonio Colinas en su nota a esta edición que en aquel entonces “no fue libro, pero ahora lo es, pues en lo escrito se salva lo esencial de cuanto yo deseaba decir al proyectarlo”.
Con el habitual esmero que envuelve esta colección pucelana, el lector tiene ante sí un diálogo lírico y de honda consciencia, un umbroso jardín de contrarios, donde cada dualidad batalla por alcanzar su equilibrio, su mudanza hacia una verdadera euritmia. No en vano, Antonio Colinas dejó escrito tiempo atrás que “el poema, el canto, la plegaria, la salmodia, la música, el ritmo, en una palabra, serán los medios para lograr esa armonía que la vida habitualmente no proporciona”. Y por eso, su cántico se dirige hacia una realidad en consonancia con los protagonistas de esta bella llama versal donde murmuran la Armonía, el Fulgor, la Serena, el Poeta.., o lo que es lo mismo, el candor machadiano: “Qué duro es comprender en la frontera/ del exilio y la muerte que la vida/ sólo es aquel aroma de la infancia (…) Todo cuanto fue bello y verdadero/ nubla el sol de la sangre fratricida. ¡Cómo vence el amor toda la guerra!”
Con el sabio aroma de lo perdurable, “La muerte de la Armonía” revitaliza los acordes de una melodía inspiradora, tocada por la gracia de la plenitud y la consumación amante: “Mas temo que este sueño de tenerte/ tan cerca y tan hermosa se me escape”.