José Ramón Gómez Cabezas (Ciudad Real, 1971) es psicólogo. Desde hace algunos años combina su actividad profesional en una asociación atendiendo a niños afectados por TDAH con una intensa labor como colaborador de distintas publicaciones dedicadas al género negro. En la actualidad ejerce la presidencia de la Asociación Novelpol (Amigos de la Literatura Policial). Sus novelas anteriores fueron: Requiem por la bailarina de una caja de música (Editorial Ledoria, 2009), Orden de busca y captura para un Ángel de la guarda (Ledoria, 2014) y El ataque Marshall (Serial, 2014) con la que llegó a ser finalista de varios premios nacionales. Acaba de publicar las novelas Metástasis (Ed. Milenio, 2018) y Ojos que no ven (Ediciones del Serbal, Premio La orilla negra 2018).
La sinopsis de Metástasis presenta así la novela: «En los tiempos en que un padre de familia puede enterarse del embarazo de su hija de diecisiete años a través de internet, en la comisaría del distrito Ronda 1 los ordenadores obsoletos mueren en decadencia. La ciudad entera se degenera a pasos de gigante. Los gloriosos éxitos deportivos se trasladaron hace tiempo, el esqueleto de su cancha abandonada es testigo de los yonquis que viven más allá del deseo. La biblioteca, albergue de día de los sin techo, las plazas, epicentro de campamentos ilegales de desheredados. El aeropuerto y los accesos del tren de alta velocidad, propiedad privada de los nuevos ricos del Este, que han construido una ciudad paralela de casinos y complejos hoteleros donde la ley se flexibilizó hasta la sinrazón. En medio de este panorama de austeridades selectivas, el inspector Félix Perea debe investigar el fallecimiento del coordinador regional de empleo, cargo vinculado a un pasado político llamativo. La comprometida situación en la que encuentran el cadáver, no es más que el comienzo de una investigación que poco a poco irá contaminando cada uno de los pasos como un foco cancerígeno que no puede evitar contagiar otros órganos. Como una auténtica metástasis».
Sobre Ojos que no ven se dice que: «Son tiempos convulsos, de inestabilidad, donde la monarquía de Alfonso XIII se tambalea ante los intentos golpistas y el afán por instaurar una nueva república. Joaquín Córdoba es reclamado por su amigo Mateo con carácter de urgencia. Toledo lo recibe con una niebla característica que intenta esconder por momentos el esplendor de una ciudad milenaria. Poco a poco, Joaquín se va viendo inmerso en una serie de acontecimientos desagradables que suceden en la ribera del Tajo. Los cadáveres de varias prostitutas van apareciendo secuencialmente con las cuencas de los ojos vacías sin que a nadie parezca preocuparle este hecho. La investigación llevará a Joaquín a poner en peligro su vida y la de los que lo rodean. Joaquín sigue la pista de un grupo extraño de jóvenes que dice llamarse La Orden de Toledo, pero la evolución de los asesinatos le lleva a sospechar incluso de su propio amigo. Todo podría resultar una pesadilla de no ser por la belleza de María».
Sobre esas novelas trata esta entrevista.
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¿Quiso explicar en Metástasis que los nuevos tiempos requieren nuevas formas de investigación?
Metástasis es una distopía, mínima, pero distopía. Una realidad paralela de lo que pudo haber sido y no fue, en una ciudad que había alimentado sueños posibles amparada en una burbuja económica que explotó. Finalmente de las ilusiones destruidas se apoderaron otros y construyen una ciudad de casinos, juegos y políticas a medida. En medio asesinan a un viejo político con un cargo intranscendental, hilo del que tirarán nuestros investigadores para obtener respuestas. Se enfrentan a nuevos retos y desafíos que evidentemente requieren nuevos métodos y estrategias, la famosa adaptación de la que ya hablara Charles Darwin.
¿Tenemos más corrupción en segundos cargos políticos de lo que suponemos?
El nombre del título es Metástasis y no es en vano. Se habla de la perdida de privilegios o derechos sobre la que en un momento determinado construimos nuestra zona de confort, como la Seguridad Social y la Sanidad; se habla del cese de actividad de la investigación de nuevas enfermedades, pero también de la corrupción, como no solamente es patrimonio de altos cargos de poder, sino que está enquistada en los distintos estadios de las pirámides jerárquicas.
¿Cómo nació el personaje protagonista de Metástasis?
Félix Perea, es un policía que vive en esa ciudad que vende toda su dignidad al nuevo postor económico. Evidentemente, no podía ser un personaje que transpirara alegría por todos los poros. Es un personaje que no es inmune; su mujer, una de sus hijas, su padre, todos están inmersos de una u otra manera en ese ambiente de pérdidas y decadencia. Perea intenta sobrevivir aferrándose probablemente a lo poco que le queda y es su capacidad para encontrar respuestas lo que le da un mínimo de sentido a todo.
¿Por qué decide escribir unas novelas en presente actual y otras en pasado?
Lo he comentado en varias ocasiones: yo empecé a escribir inspirado en las historias que me contaba mi abuelo cuando era pequeño. Las primeras novelas están ambientadas en los años veinte y treinta por esa razón, al final se han convertido en saga. Pero también me gusta escribir de otras épocas y la actual es la mía, sobre la que hay cosas que me gusta relatar, sin duda. Los años treinta podían ser muy de novela negra, pero la actualidad tiene matices turbios interesantísimos sobre los que narrar.
¿Le costó dominar el día a día de la España de la época de Ojos que no ven?
Siempre me gusta documentarme todo lo que puedo y de Toledo en los años 30 hay todavía bastante documentación. Los pequeños detalles son más difíciles, pero hay novelas de la época, sobre todo, costumbristas que ayudan mucho.
¿Cómo eran los policías de la época de Alfonso XIII?
Pues como la Scotland Yard que dejó escapar a Jack el destripador. Una policía que no tiene mucho que ver con la actual, dedicada a otros menesteres más del día a día que a las investigaciones. Muy dependiente del poder político de la época y utilizada en mayor medida como fuerza de represión, en unos tiempos muy convulsos, prebélicos casi diría yo, en los años cercanos a la Guerra Civil española.
¿Qué supuso ganar el premio de festival Black Mountain Bossost?
A nivel personal, un reconocimiento al trabajo desarrollado durante muchos años. Antes del premio estuve cerca en varios certámenes: Tenerife, Valencia, otros varios, y el conseguirlo en ese momento te da un extra de motivación para seguir escribiendo sin perder la perspectiva de la humildad y el trabajo diario.
¿Su profesión de psicólogo le ayuda o perjudica a la hora de dejarse ir escribiendo?
Sin duda, algo tiene que ver. Al escribir, o más bien al definir los personajes, me gusta conocerlos en profundidad, diseñarles una vida, incluso anterior al momento puntual que aparecen en la novela. Ante todo, soy lector antes que autor y lo que siempre he odiado son los personajes planos en algunos thrillers que dan la impresión de que el autor utiliza a su total antojo y no tienen mayor trascendencia en la historia. Para que tenga verosimilitud lo que escribes, el detalle, los personajes secundarios, el paisaje es tan importante como la trama.
¿Le costó encontrar el estilo de la época de cada uno de sus libros?
No. Cuando me pongo a desarrollar un proyecto intento documentarme al máximo, esto ayuda para inmiscuirme en la novela en la época todo lo que puedo. Durante un tiempo, a veces meses, estoy buscando información sólo para esa novela. Cuando la termino, descanso y si me pongo con otro proyecto, tengo la facilidad de poder volcarme al cien por cien de nuevo. Además me gusta “desintoxicarme” escribiendo historias nuevas entre proyectos parecidos. Tengo un cuento y otro de próxima publicación, también otro libro de psicología y deporte; en fin, me gusta hacer cosas distintas para escaparme de la monotonía y también de la zona de confort, si no es difícil crecer y aprender.


