IMAGO MUNDI
Haru. Primero de mes. Abril, ¿Llegará mayo? Confiemos.
Una abubilla me despierta,
abubilla de los bosques,
me quedo mariposeando
en la cama, el cuarto
ventilado, duermo con
la ventana entornada,
me propongo pasar abril
de cabo a rabo sin gastar
un centavo.
Sakura. Herví café, lo colé con una media, rebané un
pedazo grueso de pan
de centeno con alforfón,
lo tosté en sartén, le
eché un chorro de
aceite de colza, un
cuenco de gachas
de avena con canela,
fui al servicio como
si aquello fuera mi
vocación: me duché.
Hana. La brisa invita a salir a la terraza a leer, página 8,
Platonov, HappyMoscow,
en portada un cuadro de
Kasimir Malévich, cuando
encuentro algo suyo, su
sentido del diseño
(geométrico) color, me
regocijo: me vuelvo un
arrapiezo que acaba de
robar con impunidad un
paquete de cigarrillos
Oh dócil mundo Oh,
una caja de cremas
de leche a compartir
a la orilla de una bahía,
primavera, luces de
bengala a la noche,
laureolas, con unos
pordioseros.
Aki. Pasaron unos meses, me acostumbré. Hago a diario lo
mismo, cambiar las
flores del búcaro, ver
caer las hojas amarillas,
rojizas, del plátano de
Indias acodado al
alféizar de la ventana
en alto, seguir el vuelo
de la bandada de
tordos, hoy como
ayer ver abalanzarse
en diagonal la gaviota,
a cada cuarta o quinta
zambullida se aleja con
un pejerrey en el pico.
Todo tiene asidero. No novelo, no forjo cuadros ilusorios, no
trastorno ni tiempo ni
horarios, me deslizo,
no me entretengo:
sostengo en alto la
pierna derecha, el
brazo izquierdo a fin
de mejor equilibrar
el cuerpo, mantener
la pose de la grulla,
almuerzo a diario
una verdura, una
tortilla calentada
en sartén, una pieza
cuadrada nada grande
de salmón, tomillo,
fruta troceada (la
mondo) en mayo
sandía, en octubre
melocotón.
Tengo una serie de gastos fijos, no en balde soy moderno,
los imponen los políticos
de turno ruego a Dios
que Dios exista para
condenarlos a
perpetuidad al infierno:
por lo demás hace un
mes que sólo gasto en
comer, me atendré a lo
mismo mes a mes,
transmitir la idea
hasta minar lo que
pueda el capitalismo
embrutecido, insistir
en volver a una cierta
ficción de épocas
pasadas que no
existieron: en cinco
años, a mis cincuenta
y ocho, me organizo,
ocio, altura, otro ritmo,
casa de piedra, mi
antiquísima compañera,
arrugas, venas salidas
de las manos, galana.
Pasaré décadas
conversando en
voz baja, reír como
reímos esta tarde
recordando unos
chistes andaluces
que eran la repera.
–***–
IMAGO MUNDI
La
rosa
verde
botella
hoja
granate
fulgurante
confunde
los
sentidos
del
poeta
persa
que
desde
aquel
entonces
vio
escarabajos
donde
había
espinas
tallos
y
ramas
revocaban
la
fuerza
de
gravedad
las
nubes
se
ajaban
los
rosales
de
cabeza
tremolaban
hojarasca
en
alto
navegando
en
la
mirada
de
pronto
inexacta
confundida
ojos
deteriorados
del
poeta
persa
que
en
adelante
escribió
cifra
y
aturdimiento
propia
obstrucción
en
una
habitación
que
hacía
el
papel
de
habitación
celosías
vista
a
un
estanque
de
nenúfares
y
peces
corrientes
de
colores
indistintos
y
un
anciano
de
barba
tupida
cuidada
que
se
ha
sentado
en
una
otomana
día
y
noche
a
la
espera
del
jardín
donde
la
rosa
es
roja
verde
la
hoja
el
león
dos
veces
una
estatua
de
piedra
la
hermana
risa
el
padre
llamada
sonriente
por
una
vez
al
orden
y
la
madre
una
nalgada
convocando
al
poeta
a
reportarse
tomar
en
serio
lo
presente
material
imperante.
–***–
IMAGO MUNDI
Celebra su cumpleaños realizando dos o tres ejercicios
espirituales que
sugiere o más bien
impone Loyola
(y no era broma): a
continuación se pega
un atracón de pan con
lechón, ron, chatinos,
yuca con mojo, casco
de naranja, café carretero,
hacia el anochecer se
pasa la hora escuchando
a Celia Cruz, Daniel
Santos, la Orquesta
Aragón, se saca Cuba
del cuerpo, duerme,
lirón, y si Dios quiere
hasta el año que viene.
Deja aflorar, correr pensamientos que de ser religioso
llamaría pecaminosos,
una vez al año no hace
daño prestarse a la
bachata genital (manos
a las pudendas) (ñingas
en alto) soltarse el pelo:
hacerse pasar por cubano
corriqueiro y vulgarote
(lo lleva en la sangre):
de espejo en espejo
pasear por la casa
copulando con cuanto
tenga hueco, ano de
puerca, culo de pollo,
nalgueríos equinos,
vestir travestí,
rascabuchear por el
ojo de las cerraduras,
mirillas, y desde una
atalaya ver a Betsabé
lavarse a fondo sus
anchas pudendas, a
Diana (preferible llamarla
Artemisa) amamantar
ocas en seco, gansas,
ancianas núbiles ay
guayosas de
desventurados cuerpos,
hay ideas que prenden,
sonsacan, causa son
y efecto de servidumbre:
suelta una que otra mala
palabra que de oírla otro
día lo pondría colorado,
hay cerdadas que todavía
no es capaz de soltar
delante de la madre,
su mujer, las hijas: de
mañana vuelve al
desayuno, pan de fibra,
aceite de oliva, café
solo, tomate triturado
o pasta de garbanzos,
tiene por delante Deo
volente un año más
para poner en orden
los negocios del alma,
dar rienda suelta
(comedida) a su
exacerbada relación
con la escritura: ¿anal
compulsión? No hacerlo
reír que tiene el labio
partido.
¿Qué edad cumplió? ¿A qué nombre atiende cuando
lo interpelan? ¿Cómo
desenreda la madeja
que montó? ¿Cabe
decir que como
Chacumbele el
mismito se mató? Se
sucederán los días y
morirá de muerte
natural, como es
natural en general.
Recluso
inconcluso,
cubano
una
vez
de
casualidad,
Papa
Montero,
judío
rumbero,
budista
según
el
día
y
lo
que
lee.
–***–
IMAGO MUNDI
Tres vueltas según la dirección prescrita a la stupa, se
aleja, nada ha cambiado,
la mano del pordiosero
implora, no le da nada,
no cree en limosnas, Lenin
no creía tampoco, Lenin
nunca daba nada, se
exaltaba arengando,
se apasionaba, sobrecogía
a las multitudes, no tenía
que meter la mano en el
bolsillo: todo aquello entre
gente sin oficio ni beneficio,
lo llevaban en andas, daba
ideas, nunca de su peculio.
Así cualquiera. Leyó a
Petrarca, dos volúmenes,
en la página 30, traducción
al español, volumen dos,
cerró el libro (Cátedra,
Letras Universales) no
recuerda si lo regaló o
lo vendió, una de dos,
ya no lo tiene en casa,
tampoco lo hubiera
terminado de leer. Al
diablo con Petrarca. A
qué haberse empujado
Elconvivio de Dante si
no recuerda nada. Ni
nada de aquella
bibliografía durante
sus años de estudiante
leyendo a Sobejano,
Ayala, Pelayo, Pidal,
Díaz-Plaja, Bousoño,
Casalduero, dormía
como un tronco leyendo
soporíferos, ensayos
sesudos, artículos de
fondo sobre el Siglo de
Oro, a la mañana los
encontraba estrujados
entre las sábanas. Meritorio
en un negocio que no
prosperó (1962) gerente
de exportación de REA
INTERNATIONAL, 80
Broad Street, despachaba
avionetas Mooney de la
oficina a Buenos Aires,
París, Aerotaxis a Brasil,
Caracas y Radios King,
Autopilotos Britain a
Montevideo y Asunción:
algunos se caían. Qué
recuerda qué no olvida.
Nunca olvida que quiso
tomar órdenes religiosas,
hacerse monje, estudiar
Cábala en Safed,
prosternarse, cantar
sutras hacia adentro,
orar a altas horas de
la noche (oscura) a la
mañana resplandecer.
Acabó bacán. A medias
ratero, pillastre artero,
y superándose con los
años llegó a ocupar el
venerable cargo de
maestro de español
para chamacos
malcriados en un
primero de Liceo.
Caradura. Y en la
plenitud de sus
facultades mentales
llegó a ser considerado
poeta más o menos de
quinta categoría. Euforia.
Simulacro. Pose y entrega.
Arrebato. Memorizó tres
temas que elaboró a base
de Google y la Enciclopedia
Británica del año cuarenta,
cada tema le sirvió para
una que otra conquista
amorosa, y para publicar
en editoriales paganinis o
de compinches igual de
malogrados su Obra
Selecta. Bebidos se las
ingeniaba para obligar
a interesarse por Beckett,
el existencialismo, poesía
provenzal: nadie sabía
nada y él se daba banquete,
rostro iluminado, vista baja,
hilvanando fechas, datos,
nombres extranjeros,
conceptos esotéricos,
contrapunteo erótico
que sabía al dedillo,
así ligaba su amiga
del momento para la
noche, bebía agua para
no deshidratarse: los
amigos lo consideraban
una mente ingente en
el Cedar Tavern, Café
Fígaro, en uno de los
bancos cercanos a NYU
(Washington Square
Park) vio a Delmore
Schwartz, de lejos, no
se le acercó, una tarde
en Woodstock habló
largo y tendido en su
inglés macarrónico (1963)
con Philip Guston: lo oyó
perorar sobre pintura
moderna, la propia,
escuchó a de Kooning,
siempre briago, se sintió
legendario, y sucumbió.
Pasó las últimas dos
décadas de su larga
existencia en una
habitación de pobre de
solemnidad, portañuela
desabrochada, piernas
escuchimizadas, el pelo
largo rabo de mula,
uniforme pasota,
holgado pantalón de
lana, camisa de mezclilla,
saco de pana carmelita
(coderas) zapatillas que
olían a chotuno a sus
vehemencias.
–***–
IMAGO MUNDI
Desciende
de las Alturas, me pega una buena patada en la canilla
(ambas) otra (centrada)
en el fondillo, y ya me
apropio de mi berrinche,
ante el Injusto respondo
justiciero, tengo razón
de ser: por un día. Voy
variando acusaciones,
la coz que recibo es
venia para rechazar
el mundo, la majestad
en alto del Tiempo, y
si se me aprieta
mandar al diablo
íntegra la
Creación.
Autóctono, quebrar las vasijas, romper las imágenes
contra el onceno
basamento de la
Jerusalén Celeste,
cosas del Libro, de
mi animadversión:
cesar. Arrebujarme.
Dejar a su aire,
aire de aires, la
imaginación.
Llueve, en cada gota un pez.
Gobios.
Tetras.
Neón.
Ni altas montañas de nieves perpetuas ni cavernas del
sentido, un piso con
tres cuartos, dos
baños intercalados,
uno completo, otro
para las necesidades
(obrar) pocos impuestos,
bajos costos, se come
dos veces al día
conversando
intermitente, la Muerte
más allá de la edad, y
más allá de la Muerte,
¿eh?
Un certificado.
Me
siento en la terraza a la tarde ora repantigado, ora recta
columna propiciando la
meditación: en otro
balcón fuma mi padre
(ojeroso) una tagarnina
cubana, breva marca
Cazadores de Beck,
mazos de a veinticinco,
fumas, a peso la unidad
(quemar dinero, exclamaba
el viejo). Olor a fósforo, a
trasudor. Leo un libro de
ensayos de medio pelo
de Alejo Carpentier me
quedé dormido, soñé
con el Libro, Reyes y
San Juan de Patmos:
se me escurrió de las
manos el libro de
Carpentier, se me
escurrió del sueño
(me quedaba por leer
un capítulo de II Reyes)
el
Libro.
Escampó: está perdiendo agua la pecera de la sala.
Lento
mi
cuerpo
rezuma
linfa,
savia
el
sicomoro,
respiración
una
agalla,
Dios
no
tiene
candor:
de
trasmano
a
mi
madre
imagino
hilo
y
carrete
tras
las
magnitudes,
nada
revelan
Cloto y Átropos (préndeles velas de cumpleaños).
–***–
IMAGO MUNDI
Una voz lo conmina a detenerse en un punto del camino,
se sienta (conminado)
desaparece el recorrido,
se palpa ah: corrige la
postura, su trayecto
está ahí enfrente a la
mano en la mirada:
helechos, berros
silvestres, a un lado
juncias, unas espadañas
donde termina el macizo
de vegetación, la vara
vegetal, cierra los ojos
(clorofila) sampanes.
Tai Shan. Kukai. Sube.
Se detiene donde se
detiene, aquí, y al
alzar la cara, allá,
sigue subiendo,
camina andando, se
centra en cada paso
de la Subida (¿llegará
a un Monte Carmelo?)
caminar es un ritual.
Está en un sitio, y tres. Esta mañana el río está como un
plato, bonancible,
chicha calma, nada
surca, ve saltar un
pez volador, cruzarse
la mirada con unas
lentejas de agua,
guijarros (pulidos)
su rostro arrugado:
cacarizo, férula de
manchas, la erupción
cutánea de un grano
(¿acné a sus ochenta
años?) en la nariz: la
perfección de una
cabeza de pus
redondea la punta
de la nariz.
Amarillo. Blancas garzas. Setas naranja. Hongos
carmelitas, verdes y
ultramarinas aguas
nacidas de veneros
a las crecidas
lapislázuli las mareas:
bosques. Lluvias y pan,
algas rojas y vino maluco
a granel: para alternar
dos libros (dos idiomas)
poemas de Dickinson,
ensayos de Carpentier.
Todo parte de la voz
que lo conmina a
detenerse en un
puro artificio.
Poco que hacer, decir: se mete en el río a sus necesidades,
alimento de peces de
paso: se seca al sol,
muda la ropa, pasa
a sus pies un escarabajo
pelotero, ve macaos de
su niñez y las púas
enhiestas del erizo
de mar en las nidadas
submarinas, translúcidas
mareas, manglares,
pinares, los Doce
Pares de Francia a
la mesa, la mala
sombra del guao,
lengua calla.
Mira, no piensa. Ve dos pájaros bullangueros fajándose
a santo de qué si no
es época del celo,
esa fajazón le
resulta gratuita,
allá ellos: se
despedacen. Se
adentra, bosques,
suma estamentos,
peldaños de silencio,
no mira más: lengua
callada, mente vaciada,
limpia las suelas de los
zapatos, los pone a
secar, regresa: músicas
calladas en cháchara
íntima con totíes, donde
abedules lo circundan
(se circunda) uvas de
playa.





