Amores a distancia sí, amores a distancia no

Patricia Suárez

Amor por internet.Los argumentos a favor y en contra de los amores a distancia por la Internet, los hay a montones. Si doña Rosita la soltera fuera de esta época, seguro se la pasaba enganchada en el Facebook o chateando. Lo cierto es que hace año y pico, Microsoft compró por la ganga de 8.500 millones de dólares la empresa de telefonía por internet Skype, que cuenta, hoy por hoy con 660 millones de usuarios. Es evidente, entonces, que Microsoft cree en el futuro del amor a distancia; de hecho protagonizaron la compra empresarial más cara de la historia. Recientemente, el libro de Ulrich Beck y Elizabeth Beck, analiza estas nuevas modalidades de relación, propiciadas por las migraciones, el turismo y las guerras, hijos todos de la globalización. La pregunta es ¿qué distancia necesita el amor para ser amor? Y dan el caso de un boxeador ucraniano residente en Hamburgo, Wladimir Klitschko quien decide separarse de la actriz de Los Ángeles, Hayden Panettiere, diciendo que la distancia geográfica era el motivo de la ruptura amorosa. Un periodista les salió al toro: “Queridos amigos: si pensáis que una relación a distancia es dífícil, ¿¡cómo creéis que se puede sobrevivir durante años a un combate diario cuerpo a cuerpo?!” Demasiada cercanía puede matar el amor: la cotidianeidad es una patada al riñón para muchas parejas. Desde los años ’90 apareció la legitimación del estilo ‘cama afuera’, modalidad llevada a cabo, por ejemplo, por el matrimonio Allen-Farrow, aunque después se hizo trizas en el escándalo cuando él le fue infiel a su esposa con la hija adoptiva de ella. Hay parejas que juegan a separarse un poco, para no tener que cargar el peso del todo-los-días-todo-junto. Muchas formas de relación se dan entre el abanico que va de el matrimonio convencional a la chica Almodóvar. Sin embargo, el nuevo problemita parecería ser no la dicotomía entre aguantar al otro todos los días o de vez en cuando, sino la soledad y el anhelo romántico. Así que nos pusimos todos a buscar desesperadamente el amor verdadero en el espeso bosque del chat y las páginas webs. Páginas del corazón, páginas de encuentro para todo tipo de orientación sexual y grado de compromiso. Va desde el hombre que te ofrece sacarte a pasear al perro a cambio de tu amor, a –porque al fin y al cabo también fue una especie de pedido psicópata de amor- el caníbal que te dice “Vení que te como”.

Sin embargo, para Zygmunt Bauman “El amor es el primero de los daños colaterales de la modernidad líquida. Y, para la mayoría de nosotros, que lo necesitamos y lo perseguimos, figura también entre los estragos que causa.” Esto de conectarse no está del todo bien, dice él, no es verdadero. Es virtual (que antes del consenso y el apoyo a la virtualidad que le hemos dado, “virtual” era sinónimo de mentiroso); y la gente, comenta Bauman, habla cada vez más de conectarse y de estar conectado que de relacionarse. Escribe en la Introducción a Amor líquido : “Las conexiones son “relaciones virtuales”. A diferencia de las relaciones a la antigua (por no hablar de las relaciones “comprometidas”, y menos aún de los compromisos a largo plazo), parecen estar hechas a la medida del entorno de la moderna vida líquida, en la que se supone y espera que las “posibilidades románticas” (y no sólo las “románticas”) fluctúen cada vez con mayor velocidad entre multitudes que no decrecen, desalojándose entre sí con la promesa “de ser más gratificante y satisfactoria” que las anteriores. A diferencia de las “verdaderas relaciones”, las “relaciones virtuales” son de fácil acceso y salida. Parecen sensatas e higiénicas, fáciles de usar y amistosas con el usuario, cuando se las compara con la “cosa real”, pesada, lenta, inerte y complicada. Un hombre de Bath, de 28 años, entrevistado en relación con la creciente popularidad de las citas por Internet en desmedro de los bares de solas y solos y las columnas de corazones solitarios, señaló una ventaja decisiva de la relación electrónica: “uno siempre puede oprimir la tecla ‘delete’”. Un amor, concluye él, está hecho del esfuerzo en deponer el narcisismo propio en pos de otro ser humano: hay que trabajar.  Pero seamos honestos: ¿quién quiere trabajar en materia de amor? ¿Acaso no nos enseñaron desde las primeras películas de Disney de la infancia que el amor es algo fácil, signado por la magia? Trabajar es algo que se hace en una fábrica, en una empresa, en nuestra imaginación el concepto de trabajo se presenta casi (gracias al capitalismo salvaje en el que vivimos) como la esclavitud más negra. Y, llevados por un mal pensamiento, sospechamos que quizá don Zygmunt es un viejito enamorado perdido por una jovenzuela que usa talle 110 de corpiño y a quien el genial filósofo le es completamente indiferente, y de allí sus palabras duras y casi resentidas respecto de los encuentros por la web. Claro que este es un pensamiento injusto y prejuicioso y no tiene razón de ser; muchos usuarios se sienten trágicamente frustrados cuando, al cabo de equis tiempo de conexión, se conocen con el “amor de sus vidas” y resulta ser una vil estafa moral, emocional o real.
De aquí, que ahora vengan los Beck a decir que si bien el amor a distancia (el affaire que uno consiguió por la web, pongamos) tiene la pata coja en el sentido de que nunca conoceremos por completo a quien tenemos en la pantalla (como si en la vida real el ‘otro’ quedara del todo revelado: a quien piensa así, que vaya y le pregunte a las esposas de Landrú o Chikatilo cuánto sabían ellas acerca de que estaban casadas con sendos monstruosos asesinos seriales), también nos enseña a soñar con otro al tamaño de nuestro deseo y donde la compatibilidad es posible.

De aquí que los Beck parecen considerar que el amor a distancia es una opción en crecimiento siempre y cuando exista la posibilidad de verse en presencia cada cierto lapso de tiempo, ya que la red resta la sensualidad, piel, besos, caricias, a cada encuentro. ¿Cómo seguirá la historia del amor en Occidente, desde el punto en que estamos parados? No lo sabemos; quizás en cinco o diez años según indican las estadísticas de crecimiento de Internet, los dueños de corazones solitarios hallen su media naranja allende los siete mares…