Poder, masa y exilio interior

Carlos Enrique Cabrera

La palabra movilizadora, provocativa, que pregunta y que interroga, está siendo suplantada en esas publicaciones por el aturdimiento.José Saramago

 

cool-culturaEl poder  es intrínsecamente plúmbeo silencio. Cuando habla, si habla, impone un discurso uniforme,  monolítico, monocorde, gris, mortalmente soporífero,  clara manifestación  del vacío y la estolidez que representa, discurso construido con eslóganes, consignas, eufemismos, clichés, frases hechas, hipérboles,  interjecciones y onomatopeyas, obviedades  sin cuento que quieren pasar  por mensaje significativo, lógico y coherente, amparándose, por lo general, en el deslumbrante reverberar de los datos y las cifras, de los complejos cuadros estadísticos, de los contundentes tecnicismos.

Es por ello que el Poder requiere para perpetuarse de la legitimación de la cultura y de la palabra. Necesita  disfrazar su grisura. Así que tradicionalmente capta a intelectuales y plumíferos con atractivas dádivas y regalías (nombramientos en posiciones públicas relevantes, publicación y difusión de sus obras,  intervenciones en importantes actos institucionales, viajes al extranjero, homenajes y reconocimientos, otorgamiento de premios, becas y pensiones, etc.), para que éstos trabajen de forma entusiasta y entregada en la dirección que se les dicta y señala, o por lo menos no mantengan una actitud frontalmente crítica ni beligerante contra el poder y sus representantes.

Los intelectuales y artistas que no se avienen a las exigencias y requerimientos del Poder, literalmente no existen y viven como auténticos exiliados en su propio país,  reducidos sin más al  ostracismo, al más escandaloso silencio. ¿Cuántos de estos intelectuales desterrados, que viven en un auténtico exilio interior, tenemos en nuestra  cálida república  que quiere aparecer ante los ojos  del mundo como moderno Estado  democrático en impetuoso avance hacia el pleno desarrollo y el total progreso? Penosamente quizá sean hoy en día bastante más de los que estemos dispuestos a reconocer.

El asunto tiene además otra consecuencia de alta rentabilidad para el Poder y de muy marcada negatividad para el conjunto de los ciudadanos, pues la productividad artística y bibliográfica artificialmente  incentivada desde la burocracia estatal (o que florece de un modo u otro bajo su estímulo y amparo: véanse por ejemplo los productos de la Editora Nacional o de la Editora FeriLibro) ofrece al espectador no avezado la visión deslumbradora de todo un real auténtico “Renacimiento” cultural nacional (aquí hasta los políticos publican libros y más de uno hasta se ha colado en la Academia de la Lengua), cuando la verdad es que hay sí en efecto cantidad notable de actos y eventos y actividades “culturales” y publicaciones bibliográficas y puestas en circulación de libros, etc., pero de ningún modo calidad, dado que el único criterio para su gestación, selección, impresión y promoción efectiva es el entreguismo al Poder que las genera y propicia y las hace posibles. Nada ciertamente garantiza en un tal estado de cosas la  hondura, pertinencia y trascendencia de obra humana alguna, mucho menos de las literarias y artísticas.

Es por esta vía de la falta de significación y fundamentación real de los productos culturales y literarios dirigidos o nacidos ya de por sí sin auténtica vitalidad creativa ni nervio crítico, que retorna de nuevo el Poder a su cerrado mutismo, a su oscuro silencio de cosa muerta.

Y es por ello que “nuestra cultura” nacional no llega al conjunto de la población ni prende en el alma de ésta. Todos los esfuerzos realizados en nuestro país durante  estos ya largos años de vida cultural democrática y el loable empeño de creación de un Ministerio de Cultura (2002), no ha hecho del dominicano un pueblo más culto, más amante de la cultura y decididamente degustador o consumidor de productos culturales de alto nivel. ¿Tenemos real y verdaderamente un público lector en nuestra media isla hoy, hay espacios para el debate de ideas y la civilizada discusión de los grandes temas nacionales, se renuevan las artes y las letras impulsadas por una poderosa creatividad en perpetua  ebullición y renovación transformadora que las internacionalice de una vez por todas, que de una vez por todas las inscriba por derecho propio en la corriente de la cultura universal?

Año tras año se suceden sí la aparatosa y costosísima Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, los Premios Anuales de  Literatura, Música, Teatro, Ensayo…  que otorga el Ministerio de Cultura y el Premio Nacional de Literatura que auspicia la Fundación Corripio, y de igual modo  las charlas y conferencias y la puesta en circulación de libros proliferan  de mes en mes, pero  cada vez tenemos un pueblo más inculto y menos instruido, encerrado en su feroz individualismo, volcado de forma frenética al consumismo de bienes y servicios, que  invierte sus horas de recreación y de ocio en el consumo  desbordado de bebidas alcohólicas y de deleznables productos de la cultura de masas (culebrones, cine mediocre, revistas de sociedad y de farándula, bachata, merengue de calle,  reguetón, dembow…).

Aquí conecta de nuevo el Poder con su interesada conveniencia y sale notablemente fortalecido y ganancioso, porque el ruido atronador que se produce  de la mañana a la noche a lo largo y ancho del país en colmadones  (que desbordan su frenética actividad a  las vías públicas), bancas de apuestas, liquor store, car wash, etc.,  generado por una población idiotizada y narcotizada, siempre  en permanente francachela, dispendio y relajo (por no hablar del caos inverosímil del tránsito urbano e interurbano que protagoniza, el cual  cobra anualmente su alta cuota de muertes, así como  los elevados niveles de  violencia intrafamiliar con su alarmante índice de  feminicidios), es sin lugar a duda un lograr imponer de nuevo de forma contundente, como si dijéramos con otra terrible vuelta de tuerca, el sinsentido, la no significación, el vacio,  la pura mudez, el opaco silencio, la horrible y dolorosa presencia de una  humanidad menoscabada y  degradada, corrompida, cosificada en suma.

El sosiego y la paz alterados por un consuetudinario, estruendoso desorden y con esto toda posibilidad de emplearse un segundo  a la reflexión y el pensamiento, a la conversación rica e inteligente, al “otium cum dignitate” que decían los latinos, de nuevo  (reitero) a cuantos  no comparte tal forma de vida –esta “moderna cultura nacional” deliberada y perversamente dirigida desde arriba–, no le queda más recurso que el refugio en su propia interioridad preservada e invicta, el exilio interior, único modo hoy por hoy y hasta nuevo aviso de escapar, en el degradado y exiguo  espacio de esta media isla  por completo a la  deriva, a la implacable corrosiva doble dictadura de la Masa y el Poder.