Estado de Sitio
Paradójicamente, el filme Estado de sitio (1972), de 115 minutos de duración, con guión de Franco Solanas -el guionista favorito de Gillo Pontecorvo- se filmó en Chile, a principios de 1970’s, durante el breve período de gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, cuyo derrocamiento por la fuerza militar golpista de Pinochet se muestra en Missing (1982), exhibido una década después.
Estado de sitio al igual que Missing tiene una estructura de thriller político basado en hechos reales, por lo cual se hace necesario adelantar algunas de las circunstancias históricas que determinaron la presencia de las diferentes fuerzas sociales en pugna.
En Estado de sitio el director Costa-Gavras no oculta ni camufla la referencia –como en Missing del lugar de los hechos. El país es el Uruguay, la ciudad es la capital, Montevideo, aunque utilice a Santiago de Chile como la locación idónea para desarrollar la peripecia del filme.
Y la elección de Santiago por Montevideo no es casual sino que contiene matices políticos. En el Uruguay, desde fines de los 1960’s, estaba a punto de repetirse el triunfo en las elecciones de 1970’s de una fuerza política de izquierda –el Frente Amplio- modelada en el troquel de la Unidad Popular de Chile del presidente socialista Salvador Allende, esta vez contra el gobierno oligárquico del Partido Colorado del presidente Pacheco Areco, que había sumido al Uruguay en una grave crisis social6.
No es casual entonces que el director Costa-Gavras, aprovechándose del espacio de libertad creado por el gobierno de izquierda de Allende en Chile, ubicara las locaciones ficticias del filme Estado de sitio en Santiago, la capital, mientras que Montevideo, en Uruguay, la verdadera capital, se encontraba envuelta en la lucha de los insurgentes del Movimiento Tupamaros y el gobierno derechista de Pacheco Areco.
Un año después de exhibido el filme, la historia daría una vuelta de tuerca regresiva y sería ahora Chile, el país que cobijó un año antes la filmación de Estado de sitio, donde se produciría en la vida real un escenario similar al que se observa en el filme de 1972: cercos policiales, registros de autos y domicilios, disparos, vuelos rasantes de helicópteros artillados, toque de queda, calles desiertas, cadáveres abandonados, etc.
¿Cuál es la historia que se narra en Estado de sitio?
Estado de sitio comienza o se prolonga en el punto donde termina Missing, con cateos policiales en busca de desaparecidos y enemigos. El sujeto desaparecido también es un norteamericano, con la notable diferencia de que en Missing solo Ed y Beth -padre y esposa- eran los únicos interesados en dar con el paradero de Charles Horman, mientras que a Michael Santore (actor Ives Montand), lo busca la fuerza policial completa del Uruguay a instancias de la embajada norteamericana.
¿Cuál es la importancia de este personaje?
Se trata de un funcionario asignado a una de las agencias del gobierno norteamericano que mantiene vínculos de cooperación con los gobiernos sudamericanos en la década de 1960’s , los años de la Alianza para el Progreso. La agencia a la que pertenece Santore es una muy especial, la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), que mantenía nexos con la CIA y se especializaba en métodos de contrainsurgencia como los que necesitaba la policía uruguaya para combatir el terrorismo urbano del Movimiento Tupamaros, la izquierda política. Los métodos de lucha contra la insurgencia incluían diversas prácticas de interrogatorios y torturas. Y para ese fin -adiestrar a la policía- supuestamente llega Santore a el Uruguay.
Los encargados de develar el misterio de su presencia en el Cono Sur no serán sus empleadores –la policía uruguaya- sino el enemigo perseguido por ellos “a sangre y fuego”, la guerrilla urbana tupamara.
¿De qué forma se valen para poner en claro el verdadero rol de la presencia de Santore en el Uruguay?
Mediante el secuestro e interrogatorio clandestino en una de las llamadas “cárceles del pueblo, condicionando su futura puesta en libertad a la liberación de ciento cincuenta presos políticos. Y al llegar a este punto del análisis es necesario insistir en el carácter documental que sigue el filme aunque muchas veces emplee nombres y entidades ficticias para hacer más dramática y verosímil la trama.
Michael Santore es, a todas luces, un trasunto de Dan Mitrione, un agente de la AID, secuestrado el 31 de julio de 1970 en Montevideo por un comando tupamaro que procedió a interrogarlo mientras estuvo en cautiverio acerca de su pasado como oficial de policía experto en interrogatorios y del involucramiento ilegal de Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos.
El gobierno uruguayo, con el apoyo norteamericano, se negó a negociar y a satisfacer la demanda de liberar a los ciento cincuenta prisioneros políticos, Mitrione fue ejecutado de dos disparos en la cabeza, el cuerpo, al ser hallado poco tiempo después, no mostraba señales de tortura ni maltrato.
Estado de sitio deconstruye las circunstancias del secuestro de manera singular, en lugar de comenzar por la peripecia del secuestro en el que Santore-Mitrione resultó herido en el hombro, comienza por el final –el hallazgo del cadáver del desaparecido- en un tono de suspense que va “in crescendo” al mostrar a Montevideo cercada por la policía que patrulla por tierra, mar y aire.
Estas imágenes de gran tensión se mezclan con las de una tranquila barriada de la capital, de calles desiertas, en la que está aparcado un viejo auto Cadillac, cuando una patrulla policial se acerca para revisión, encuentran en el fondo del depósito trasero el cuerpo sin vida de Santore-Mitrione.
Estado de sitio, repetimos, es un filme de ficción, pero se observa un interés específico del director para que la textura, a medida que progresa la trama, sea cada vez más documental y ofrezca a los espectadores un panorama de la amenaza de sospecha generalizada y del “encierro letal”-en términos de la novela La peste de Camus- en la que viven los ciudadanos de la capital uruguaya.
En ese punto entra en funciones tanto la pericia de Solanas en la factura episódica del guión como la de Costa-Gavras para plasmar en imágenes la historia. A favor de ambos habría que señalar cómo mezclan ingeniosamente los diversos niveles en los cuales está ocurriendo la acción. Hay un nivel subterráneo, clandestino, apenas sin muebles, mal iluminado, de paredes tapiadas con cartones –la llamada cárcel del pueblo- en el que se suceden los interrogatorios de los militantes de rostros “encapuchados’ a Santore-Mitrione. Y hay otro nivel, público, bien iluminado, lujosamente amueblado, el de los jardines y salones del Congreso y el Palacio, donde el presidente y los ministros ofrecen las conferencias de prensa.
En el primer nivel –el espacio de la pobreza del clandestinaje- sobresalen el acoso verbal de los interrogadores para que les revele su identidad de especialista en métodos represivos violentos contrapuesto al silencio del prisionero, que parece recordar subjetivamente en una serie de flash-backs insertados dentro de las preguntas que quedan sin respuesta, detalles reveladores, como el de una demostración en un teatro ante un grupo de futuros oficiales de los ejércitos latinoamericanos de la tortura a un prisionero con equipos eléctricos.
En el segundo nivel –el espacio del lujo de la clase política dominante- sobresale la objetividad con la cual se muestra en datos y cifras la presencia del capital monopolista internacional y el involucramiento del gobierno y la oligarquía local con los intereses comerciales y políticos foráneos7.
Otro ejemplo de pericia cinematográfica de ambos –guionista y director- , es el montaje de imágenes y el riguroso control del tiempo cinematográfico en las secuencias finales.
A punto de expirar el plazo para el canje por los ciento cincuenta prisioneros políticos, al no llegar a un acuerdo la guerrilla y el gobierno, se suceden en pantalla en montaje paralelo las imágenes de las detenciones del comando insurgente que secuestró a Santore-Mitrione mientras que uno de los sobrevivientes, de pasajero en un bus local, se entrevista por separado con los integrantes de otras células clandestinas –obreros, empleados, militares, mujeres- pidiéndoles lacónicamente que voten Sí o No respecto de la ejecución extrajudicial del prisionero8.
Resumen
En lo formal, tanto Missing (1982) como Estado de sitio (1972) contaron con excelentes actores que contribuyeron a una realización exitosa de filmes del género de thriller político-policial que es una de las marcas de fábrica de la cinematografía internacional de Costa-Gavras. Vale la pena mencionar en Missing las actuaciones de Jack Lemon y Sisi Spacek quienes fueron nominados respectivamente como Best Actor in Leading Role y Best Actress in Leading Role y en Estado de sitio la actuación de Yves Montand.
La banda sonora, en particular la elección de los temas musicales empleados para contrapuntear la textura dramática, estuvieron a cargo de compositores y grupos virtuosos del arte musical que cuentan con una larga experiencia en las adaptaciones de textos para la cinematografía como Vangelis (Missing, Blade Runner, etc.) y Mikis Theodorakis (Zorba, el griego, Estado de sitio, etc.).
En el contenido, ambos filmes develan un capítulo poco conocido de la historia contemporánea que no solo corresponde a los grandes centros metropolitanos sino también a los países de la periferia del planeta. Acostumbrados algunos críticos y lectores a visualizar el período de “la guerra fría” como una lucha exclusiva entre capitalismo y comunismo (Estados Unidos y los países aliados vs. la Unión Soviética y los países del este de Europa) en escenarios de Europa Oriental y Occidental y de Norteamérica, a veces dejan de ver y analizar conflictos políticos y sociales que conmueven a otras regiones comúnmente denominadas como del Tercer Mundo.
El hecho de que los dos protagonistas principales de Missing y Estado de sitio sean norteamericanos y en cierta forma víctimas de la “guerra fría”, arroja una nueva e inquieta luz hacia las problemáticas de los países del Cono Sur latinoamericano como Chile y el Uruguay que en los años de 1970’s atravesaron por un desorbitado crecimiento de las luchas sociales, las dictaduras militares, la represión y el exilio masivo de sus ciudadanos.
En este sentido, además de la calidad del contenido y la forma, es realmente plausible que un director como Costa-Gavras, le haya dedicado tiempo y espacio dentro de su filmografía a la reciente historia contemporánea de América Latina.
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