Asuntos de telenovelas

Annabel Miguelena

adiccion-a-las-telenovelasTodos hemos visto alguna vez, al menos una telenovela, ya sea por añadidura como resultado de la incontrolable adicción de nuestra nana o abuela. Otros, por curiosidad frente al bombardeo publicitario. En mi caso, durante mi adolescencia, para ver al guapo galán con 5 nombres y 8 apellidos que traía a medio país arrastrándose por él. (Por cierto, lamento mucho haber despilfarrado mi tiempo y productividad en semejante tontería)

Independientemente de la razón que nos haya atrapado en las telarañas de una determinada telenovela, no cabe duda de que en su mayoría están repletas de incongruencias y contextos absurdos que son magistralmente ocultados por una historia inmutable y un común denominador: todo gira en torno a un enredo que se hubiese solucionado si alguien que conoce un secreto hubiera hablado claro y en momento oportuno.

Y ni hablar de los sucesos sin sentido que rodean la trama principal, los cuales delatan la ignorancia y descuido del guionista al desatender ciertos detalles referentes a la lógica jurídica, inclusive, en “Betty, la fea” que rompió esquemas por sus innovadores elementos, se presentaron situaciones improcedentes desde el punto de vista legal. Otro ejemplo clásico radica en la siguiente pregunta: ¿en qué legislación es posible hacer efectivo un juicio de sucesión, a la semana posterior a la muerte de un abuelito multimillonario? ¡Vaya eficiencia para repartir una herencia! Eso sólo ocurre en el país de Marta Ximena del Valle de la Rosa.

Pero, ¿qué lleva a una persona a convertirse en adicta a las telenovelas a pesar de los escenarios incoherentes y los hechos monótonos?

Siempre nos encontramos con las sobreactuaciones, monólogos constantes, mujeres recién levantadas con maquillaje de fiesta, parejas que se separan porque descubren que son hermanos de sangre, pero, al final se devela que era un error; mujeres vestidas de lujo adentro de sus casas, el amor imposible entre una mucama y su patrón… y qué decir del imperante maniqueísmo: la chica buena es extremadamente piadosa y la mala, es indescriptiblemente perversa, incapaz de realizar un solo acto de bondad.

Toda esta situación me llevó a cuestionar a la vecina de mi abuela, que era la fanática número 1.

-Señora Fulana, ¿por qué usted ve 4 novelas al día que la dejan deprimida e insultando a señoras que usted ni conoce? Aparte, desaprovecha su tiempo y lo peor, todo trata de lo mismo, sólo que con diferentes personajes

-¡Ay, mija! Es que con esto se entretiene uno. Además, es reconfortante saber que existen personas que tienen una vida más miserable que la tuya.

Gracias a las telenovelas, la vecina de mi abuela había aprendido a odiar a los ricos y a permanecer en su zona de confort, justificándose con la frase “soy pobre, pero honrada”

En Panamá, ver telenovelas es uno de los hobbies que predominan entre la población, contexto que favorece abundantemente a los políticos y gobernantes, pues las tertulias de una gran cantidad de ciudadanos es distribuida en un 5% para hablar de los actos de corrupción, y el otro 95% del tiempo, es empleado para comentar acerca de lo que va a suceder en el siguiente capítulo, que aunque predecible, siempre es un buen momento para fomentar el bochinche acerca de la vida de algún personaje.

Recuerdo hace varios años, que uno de nuestros canales nacionales intentó innovar y crear toda su producción “sin novelerías” ¡Qué va! El rating se fue a pique y no les quedó más remedio que seguir con esas novelas que aumentan la cuenta de luz, promueven la ansiedad y el sedentarismo, afectan la parte emocional del ser humano, entre otras consecuencias. Lo que no podemos negar es que quienes las escriben, dirigen y producen, manejan a la perfección el arte de sembrar curiosidad. He allí el éxito.

Lo más probable es que un grupo pequeño apruebe mis aseveraciones y una gran mayoría pueda llegar a detestarme por lo que expongo, sin embargo, mi instinto me dice que seguiré siendo apoyada, pues aquellos que de alguna forma pudiesen refutar la información de este artículo, jamás se enterarán de su existencia. Ni siquiera se inmutarían en leer una revista cultural. Ellos prefieren sentarse como zombis en un cómodo sillón, a disfrutar de sus entretenidas telenovelas.