Antonio Álvarez Gil “llora” lágrimas negras

Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.

“Sonetos desde el infierno”, Reinaldo Arenas

 

Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2009.

Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2009.

El fuego ya no arde en el hogar. La llama sigue viva en el recuerdo pero solo queda ceniza. Ulises no debió regresar a Ítaca. Es mentira que Penélope le esperara tejiendo un velo. El tiempo sin nosotros es el tiempo de los otros, no es el nuestro. Por eso el retorno siempre es doloroso. La nostalgia muere asesinada por la realidad. Más aún si se regresa a una distopía como Cuba donde es necesario sonreír y esconder el cuerpo, como el gato de Cheshire, para que a uno no le corten la cabeza.

Antonio Álvarez Gil regresa a Cuba desde el exilio con Rolando Ortega, el protagonista de su novela Después de Cuba, y como Pablo Neruda se interroga por el niño que fue y también como el poeta chileno puede responder con la pregunta: “por qué no morimos los dos/cuando mi infancia se murió”. Leer más…

Antonio Álvarez Gil: un autor multinacional

"Siempre he preferido los amigos francos y sencillos, que suelen ser más verdaderos y fieles que el dinero".

“Siempre he preferido los amigos francos y sencillos, que suelen ser más verdaderos y fieles que el dinero”.

La literatura de Antonio Álvarez Gil tiene un sabor multicultural. Lo descubrí al leer Callejones de Arbat, que además me sorprendió por la mirada cubana sobre la Perestroika. Éste no es un tema frecuente en la literatura cubana,  visto que muchos escritores se enfocan (nos enfocamos) en el ombligo isleño de nuestro país. Las referencias a El Maestro y Margarita le dan una suerte de telón de fondo universal a la obra. En cuanto a la pregunta: ¿qué se supone que haga un escritor, cuál es la función de éste en la sociedad? no hay una respuesta absoluta, pero el leer la novela puede ayudar a formarse la propia. Leer más…

Nueve cuentos para recordar

La Fundación José Manuel Lara edita este ‘relato fragmentado’ de Antonio Álvarez Gil,
que ha sido premiado en Málaga.

 

Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005.

Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005.

El cubano Antonio Álvarez Gil nos regala en este volumen nueve bellas historias cortas que, aunque no son autobiográficas, sí están inspiradas en el universo del autor. Así, los escenarios son, por ejemplo, los cuatro países en los que el escritor y traductor literario ha vivido a lo largo de su vida: Cuba, Rusia, Suecia y España. La obra, ganadora del primer certamen del Premio de Narrativa Corta convocado por el Centro Cultural de la Generación del 27 de la Diputación de Málaga, tiene así un hilo común, aunque cada cuento pueda leerse de manera independiente. Leer más…

Un Capablanca que convence

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

Hay dos personajes cubanos que, en mi opinión, son extremadamente cinematográficos: Kid Chocolate y José Raúl Capablanca. Asombra que ningún director de fuste haya reparado en el detalle. En realidad ya hubo un intento en lo que se refiere al ajedrecista, mas todos sabemos que fue polvora mal gastada: resultó una cinta mediocre y aburrida.

Sin embargo, a la hora de novelar la vida de Capablanca, parece que el acierto ha sido mayor. Le atinaron, como decían en mi pueblo. La prueba de lo que digo es Perdido en Buenos Aires, el excelente texto de Antonio Alvarez Gil. Leer más…

La novela Las largas horas de la noche, de Antonio Álvarez Gil

Edición de Costa Rica de su novela "Las largas horas de la noche", 2000.

Edición de Costa Rica de su novela “Las largas horas de la noche”, 2000.

Las largas horas de la noche, de Antonio Álvarez Gil, es una novela cuya estructura narrativa evoca la tragedia. Aunque se trata de una narración lineal, estrictamente empieza  por el final; desde el primer momento el autor decide no someternos a sorpresas inútiles, sino que nos dice cuál fue el destino de los personajes.

Aquí no hay, desde luego, ningún dios protagónico que los conduzca al cumplimiento de un destino que él mismo les hubiera trazado. Pero hay un contexto histórico, hay condiciones culturales, hay esquemas de valores como el honor  y el deber ser, que sin duda encadenan, atan, limitan el actuar de los personajes. Leer más…

Perdido en Buenos Aires: la humanización del héroe

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

José Raúl Capablanca (La Habana 1888-New York 1942), probablemente el jugador de ajedrez más sobresaliente de todos los tiempos, es el protagonista de esta novela del cubano Antonio Álvarez Gil, ganadora del Premio de Novela Vargas Llosa de 1909.

La novela se concentra en los dos meses y medio que, en la ciudad de Buenos Aires, duró el decisivo encuentro entre el cubano, Campeón Mundial, y su retador, el emigrado ruso, de nacionalidad francesa, Alexander Alekhine. Al contrario de lo que se pudiera esperar, el relato fluye como una suerte de thriller, con una tensión creciente sobre el resultado del torneo. Leer más…

Delirio nórdico

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Antonio Álvarez Gil (1947), pertenece a una promoción de narradores cubanos que hace su aparición con posterioridad a lo que se ha dado en llamar la novela épica de la revolución cubana, un conjunto de obras que se perfiló a partir de un compromiso explícito con los aspectos más sobresalientes de la lucha armada revolucionaria, fuera ésta contra Batista, la invasión de Playa Girón o el enfrentamiento con los alzados en el Escambray. Esta narrativa épica contó con nombres tan sobresalientes como Norberto Fuentes, Jesús Díaz y Eduardo Heras León, entre otros. Leer más…

Unas palabras sobre Naufragios, de Antonio Álvarez Gil

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Esta novela se desarrolla en la Cuba de hoy en día y en ella se cuenta la vida cotidiana de la gente en un hipotético pueblo costero, situado en las cercanías de la capital. El argumento de la trama es sencillo: Durante una noche de tormenta un yate de recreo encalla en la costa donde está enclavada la población. Al otro día, desde muy temprano por la mañana, los vecinos se arremolinan junto a la embarcación. Los náufragos, que resultan ser tres canadienses que iban camino a la playa de Varadero, traban relación amistosa con algunos lugareños. Conocen a un electricista por cuenta propia, que domina el inglés y hace las veces de traductor. Invitados por él a cenar, terminan la noche en la casa de una vecina del electricista, una sencilla mujer del pueblo. Este hecho desencadena la trama, que va dejando al descubierto la vida de los cubanos en su país, mostrando la manera cómo se ganan la vida en las difíciles condiciones actuales. Leer más…

La obra de Antonio Álvarez Gil

antonio-alvarez-gil-entrevista8Muy pocas veces extraño tanto a Cuba como en los ratos en que me siento a leer o releer las novelas de Antonio Álvarez Gil. No es fácil explicarlo por alguien como yo, que no es cubano aunque haya pasado largas temporadas en la isla, la haya querido con toda su alma y la lleve dentro a pesar de una ausencia que ya se está haciendo demasiado larga.

Pero lo que yo me llevé de Cuba, por mucho o poco que sea, y que guardo como si fuera un tesoro, vuelvo a sacarlo de la caja de los recuerdos cada vez que me acerco a un libro de este escritor habanero, afincado en Suecia. Leer más…

En la bruma de un futuro incierto

Ningún hierro puede despedazar el corazón humano
como un punto puesto en el lugar que le corresponde
”.
Isaac Babel

 

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

La cita anterior, plena de fuerza y de emotividad, estaba pegada en un ficha de tres por cinco sobre el escritorio de Raymond Carver, el famoso escritor de cuentos norteamericano, padre del llamado realismo sucio y  autor de algunos cuentos magistrales como “Catedral”, “El elefante” o “Tres rosas amarillas”.

Traigo a colación las palabras del autor de Caballería Roja porque creo que son el punto de partida adecuado para pensar el libro de Antonio Álvarez Gil Callejones de Arbat, que he tenido el gusto de leer y ahora la oportunidad, y el placer, de comentar.

Si como decía Babel un punto bien colocado puede devastar un corazón humano, podemos preguntarnos qué no hará entonces la cadencia evocadora de un poema o la fuerza expresiva de un relato  cuando alcanzan a conmover a quien lo lee, a despertar al que está dormido o a iluminar a quien se encuentra en tinieblas.

Este es el núcleo del núcleo sobre el que gravita la novela de Álvarez Gil. La inmensa fuerza de la palabra escrita en libertad y el recelo que ésta provoca en el poder, pues  siguiendo en paralelo el famoso adagio de Lord Acton; el poder (cualquier poder, todo poder) tiende a desconfiar  del que piensa (y escribe) en libertad, y el poder absoluto a desconfiar absolutamente.

En Callejones de Arbat, el autor, con un pulso narrativo ágil y solvente nos va desvelando el gradual proceso de toma de conciencia que de todo esto hace el protagonista principal, Mario, un periodista cubano que trabaja para un organismo multilateral de los países del antiguo orden comunista.  En el Moscú turbulento y en ebullición, a la vez que desconcertado y ansioso, de la Perestroika y de la Glasnost,  el Azar (así, con mayúsculas)  conducirá a Mario hacia Dolores y a través de ésta hacia su padre, uno de aquellos “niños de la guerra” enviados a la Unión Soviética durante la Guerra Civil Española. De ese encuentro fortuito (si lo pensamos bien ¿qué no lo es en esta vida?) Mario aprenderá el dolor que provocan las lealtades compartidas y el desasosiego que conlleva, siempre, la pérdida de la fe. Pues fe es lo que se nos exige cuando se nos niega la libertad de pensar por nosotros mismos.

El descubrimiento, a través del viejo exiliado español, de la vida y obra de los escritores maldecidos por el poder estalinista (Ajmátova, Pasternak, Babel, Tsvetayeva, Mandhelstan…), hombres y mujeres cuyo único delito había sido escribir lo que llevaban dentro con honestidad personal, sumirá al protagonista en la angustia que genera la duda.

Un poder como el soviético que no sólo era todopoderoso en lo material sino que se sentía absolutamente legitimado por su visión dialéctica de la historia y que estaba inoculado de una conciencia de superioridad moral no podía tolerar al que pensando en libertad disentía, al que era crítico con aquello que tenía ante sus ojos, a quien no aceptaba las verdades oficiales, a aquel que veía al rey pasearse desnudo cuando los demás ensalzaban sus costosos vestido  o se resistía a creer en los paraísos prometidos, siempre luminosos y a la vez sumidos en la bruma de un futuro incierto y que nunca terminaba de llegar. Por muy velada que fuera la crítica, por muy tenue que fuese la resistencia, su monopolio de la verdad absoluta no admitía ningún tipo de competencia. Además, y ahí creo que radica el quid de la cuestión, el que escribe aspira a ser leído y comprendido y aceptado por sus lectores, lo que lo hacía, a los ojos de un poder como el soviético, enemigo de la peor especie. Saber colocar un punto en el lugar adecuado se entendía como más peligroso, mucho más, que ser, pongamos por caso, uno de aquellos saboteadores que según parece se obstinaban en boicotear los planes quinquenales.

Mientras va adentrándose, cada vez más, en las vicisitudes personales de aquellos intelectuales que habían sido triturados y vilipendiados por el poder soviético, que habían padecido humillaciones incontables, torturas y vejaciones sin límite y sobre los que se había dejado caer encima todo el poder del estado totalitario –¿Sabes cuánto pesa el estado? que preguntó una vez Stalin a uno de sus colaboradores, en los tiempos de lo de Kírov-  Mario se va enfrentando a su propia realidad, la suya y la de su propio país, con la que había aprendido a convivir y por ello a aceptar como algo natural e inevitable.

Pero la duda genera desconfianza y la desconfianza deviene en desapego y éste a su vez anula el infantil entusiasmo  que reclaman para sí los que exigen fe y adhesiones inquebrantables. Y eso, por mucho que se intente disimular, nunca deja de pasar desapercibido para el ojo siempre atento e insomne de los  guardianes de las esencias revolucionarias. Ahí será cuando en cierto modo los caminos de Mario y los de aquellos otros se entrecruzarán.  Por suerte para él los tiempos no eran exactamente los mismos.

A la virtud de un trasfondo profundo se une en Callejones de Arbat una acción que se deja leer con soltura, cosa que es muy de agradecer, con esos toques de “mágica realidad” que diría otro cubano universal como Alejo Carpentier, y que sazonan, en su justa medida, el relato. Los personajes femeninos que comparten protagonismo con Mario, Dolores y Vera, son, cada una a su manera, dos de esas mujeres fuertes y bellas, inteligentes y sensibles, que hacen que uno entienda el crudo debate que se libra en el interior del protagonista. Cierto es que en obligar a elegir se complace el diablo.

Las conversaciones de Mario con diversos miembros de la “nomenklatura” cubana, en especial la que mantiene con Pedroso, agente encubierto de los servicios de seguridad, son, a mi juicio, tan interesantes como ilustrativas de como se juega en una dictadura como la cubana, que por cierto, tantos y tan fervorosos aduladores tiene en todo el mundo libre.

En resumen, Callejones de Arbat es una novela lúcida y bien escrita que casi seguro no defraudará al que se aproxime a ella con espíritu abierto y tolerante.