Crítica y recepción del arte: dos acercamientos.

Gregorio Vigil-Escalera
Asociaciones Española y Madrileña de Críticos de Arte (AECA/AMCA)

 

Las críticas de arte se engalanan para explicar lo imposible

Las críticas de arte parten del factor clave que las hace posible y ése es el hombre y su intelecto, el cual llega a proponerse como crítico cuando en su saber, percibir, intuir y sentir, el ejercicio de este cometido es una prueba eficaz de su idoneidad y capacitación  para realizar tal labor.

Si es verdad que como dice Kenneth Clark, la impresión de una obra de arte se construye a partir de multitud de sensaciones, analogías, recuerdos y pensamientos diversos, algunos manifiestos, la mayoría de ellos inasequibles al análisis, también lo es que el crítico de arte es el responsable de individualizar en el marco de su propio conocimiento e integridad.

Lo que es importante es que la apreciación esté íntimamente relacionada con la obra de arte y no en función de reacciones de placer o desagrado –que dicho sea de paso, también son inevitables-, sino de un juicio capaz de argumentar, razonar, de referirse a ciertos paradigmas, establecer determinadas afinidades o de basarse en otras experiencias, conceptos, lenguajes y enfoques multiculturales e históricos.

Lukács, muy doctrinal y terminante en sus estimaciones, consideraba arteramente que cuanto más alto es el nivel de sinceridad, de inteligencia y de cultura, propio de estos críticos, tanto mejor servicio prestan a los intereses de los capitalistas.

Respecto a las críticas de arte se pueden establecer distinciones desde la romántica e idealista, muy centrada en la autonomía de la obra y la singularidad del artista, considerando que su producción creadora es el resultado de una voluntad constante de investigación e inspiración.

Hasta otra, actualmente mayoritaria, que se atiene a un entorno de directrices, tendencias, movimientos, mercados y contextos políticos y socio-culturales, en que el hacer artístico del autor queda subsumido en estas corrientes doctrinales.

Todas ellas conducen finalmente a ser el objeto verificador de unas teorías empeñadas en desdecirse, en contrariarse o simplemente en configurarse dentro de los márgenes de un debate que vive de perseguirse a sí mismo.

Cuando se trata de supuestos inmersos en estas controversias, el examen de la obra es escueto. Más un pretexto para divagaciones un tanto herméticas, opacas, ininteligibles, sobre la peripecia  dialéctica de la globalización estética. Se observa tal fenómeno por el mucho énfasis en el uso de vocablos de moda, términos oscuros, impermeables, que hagan demostración indudable de una pátina intelectual adquirida por sus supuestamente sesudos expertos en esta disciplina artística.

En resumen, en relación a la crítica de arte se han vertido innumerables pesquisas que con variables resultados han concretado su función y dinámica, por lo que si se constituye y estructura como un proceso encaminado al discernimiento y entendimiento de la obra de arte, a su intervención mediadora, se justifica como una tarea necesaria en este ámbito.

 

¿Qué recepción es mera recepción?

El fenómeno de la recepción parte de que toda obra de arte es a la vez imagen, representación y presencia de una existencia, pero a condición de que esa existencia sea certificada por la comparecencia de la mirada. Entendiéndose entonces que tal fenómeno había quedado subsumido y absorbido como un efecto inmanente a aquella sin más.

El Romanticismo, una vez culminado con Hegel, con su concepto de obra cerrada y manifestación de lo absoluto, daría lugar a una teoría de la recepción, que pediría un lugar más importante en el campo teórico de las artes estéticas y visuales.

La teoría aprehende la recepción como contemplación, en la que el receptor/espectador, en una actitud totalmente pasiva, se olvida de sí mismo y desaparece en la obra, hasta entregarse y dejarse llevar en su condición de pura representación. Con ello estamos, pues, ante un supuesto de recepción contemplativa como aceptación pasiva.

Tal teoría sirvió para la explicación y análisis de una época, pero a medida que se produce un arte de vanguardia, las bases de la misma son insuficientes para cubrir todo el fenómeno, por lo que, en ese momento, se da paso a lo que se denominó una recepción activa, que es un enfoque más en este proceso de absorción de la obra de arte, en virtud del cual se procede a la apropiación, por así decirlo, de un contexto del pasado que conjuga la experiencia estética del presente dentro de un ordenamiento evolutivo y estructurador de estética, historia, creación y vida.

En tales términos y conforme a sus postulados, la obra, haya o no respuestas, tiene que plantear cuestiones a la hora de su recepción, sin perder nunca la condición artística que le es propia, y con la exigencia de que la personalidad del receptor ha de adoptar una actitud activa, propia de una acción estimulatoria e impulsada.

La fuerza del arte reside en su constitución múltiple y, por tanto, y en virtud de ello, su culminación definitoria se tiene lugar cuando el espectador/receptor, en tanto se debate entre significados y significaciones, experimenta la vivencia que se genera con la mirada que interroga y al mismo desvela, siente y piensa.

Del Autor

Gregorio Vigil-Escalera
Oviedo, Asturias, 1950. Reside en Madrid y es Licenciado en Derecho. Colabora en la sección de cultura de noticias digital y en la revista de arte Latin American Art.Autor de un pintor habanero conjugador de la luz y la penumbra (dedicado a Humberto Viñas) y la Universalidad del rapsoda sobre Felipe Alarcón Echenique. También es el creador de los blogs Goyo-Vigil Blogspot y Goyo-Vigil Wordpress, así como de la presentación de Catálogos de diversos artistas. También es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA). En 2013 publicó la obra El camino es el arte y en 2014 No hagan preguntas de arte en la España de hoy.