A la memoria de Librada Machado,
madre adoptiva del “Grupo Literario Espiral” en la ciudad de Bayamo
A su hija Zoelia Frómeta por permitirlo
Las figuras claves de la literatura cubana están regadas por el mundo, y estamos conscientes de que nuestra literatura es una sola. No importa en qué confín se encuentren sus creadores, dónde la procreen, siempre será nuestra (nacional). Lo que se escribe acá en la Isla también les pertenece a los que no están.
A ustedes que, por cualquier razón se marcharon de la Patria por conocer la libertad.
Pronto fijarían su rumbo en la mar
a mis hermanos, otros más
Llega Navidad, no tengo voz para darme fuerzas.
Los Cafés en la patria quedan huérfanos,
mustios brebajes
que en desamparo denuncian el silencio.
Voy quedando a solas.
No sé cómo se llorará esta ausencia.
¿Con qué palabra descender al fuego de la estufa
o simplemente imaginarla?
No había nubes,
música contra el malecón,
sin saber
nos decíamos adiós.
La charla giraba en menudencias:
temas pueriles,
o poéticos.
Cosas que se olvidan,
o que no se olvidan.
7 de agosto de 2018
–***–
Abrir un libro, asistir a lecturas de jóvenes poetas siempre implica riesgos, enfrentarse a otras maneras de escribir el verso, ver el arte, la vida quizás desde ángulos disímiles ante el asesinato masivo de las generaciones que les antecedieron. Son ellos quienes van a mantener respirando a una que otra vaca sagrada o no, quienes la salven de las llamas, la censura, el ostracismo, quienes hagan que aflore un nombre, una obra conservada en las cenizas de la Inquisición.
Dos nuevos nombres:
Malcolm David Encina Yero (Baire), y Ray Nelson Pons Díaz, (Las Tunas), ambos nacidos en 2005. Esta generación hace parecer adultos (viejos) a los escritores nacidos en la década del 90.
Malcolm David Encina Yero
Pienso en algo
La risa de tu corazón
entra en el mío
el consuelo
de tu alma termina
una voz
al final
todo entra en tu boca
mi amor.
Flecha directa
Se entierra
se impulsa
cae sangrienta
después
se encarna
me derriba
caigo
ya muero
la flecha no me deja
hablar.
Cuando se marchita una rosa
La rosa se abre
se desarrolla
como si caminara en su sitio.
Las hojas se secan
como surcos viejos
arrastrados por un ciclón
pero me gusta cuando una rosa se marchita.
Día Libre
Bailar el trompo todo el día
correr saltar jugar bolas
subo a la mata de almendra
también voy a pescar
en el arroyo de la vida.
Golpeado por cinco
El hombre abre los ojos
para llegar a los cielos de Contramaestre.
Han golpeado a un viejito
pobre infeliz
para quitarle todo.
Con magia, el viejito
pobre y golpeado.
El sueño
El sueño es una paloma
pasa por mi mente.
No sé si es una serpiente
que por la noche se asoma.
El sueño es una paloma
que asusta de repente.
Donde quiera
En la noche
voy caminando
miro
al cielo
la luna me persigue
La miro,
me persigue
donde quiera donde quiera
la luna me persigue.
Lo que mi vida espera
Mi vida espera
la luz del sol
mi vida espera
la luz de la ilusión
espera oír
mi dulcísima canción
un arcoíris
pienso:
lo que mi vida espera
es un corazón.
Palabras sobre mis manos
Tengo palabras
escritas sobre mis manos
unas en los rasguños
que dicen la marca
del cinto viejo.
Las cosas del miembro entero.
No recuerdo lo que haría…
Palabras sobre mis manos.
Fue ayer
Mi cama fue deslizada
por un arcoíris
llegué a un gran sueño.
Ya estoy en el centro.
Estoy muerto,
pensé.
Ray Nelson Pons Díaz
Libertad
En el aire planean las cometas.
Grandes artefactos recorren el cielo de este a oeste.
Los pájaros sobrevuelan tranquilos la serenidad del mar,
y el hombre,
el hombre no puede volar.
Las aguas
Los pájaros pescan,
los pescadores nadan,
el barco, tranquilamente,
penetra en el fondo de los mares.
Evelin
Traes hojas en el pelo
y sollozos de viento tras los ojos.
Yo, verso de nadie,
lloro junto a ti tus hojas escarlatas.
Tú, canto que presides mi dolor,
desnudas los suspiros,
los pones en mi pecho y vuelvo
a llorar tras la muralla.
Hola-Adiós
Dijiste Hola, yo dije Adiós,
con el pantalón y el corazón rotos,
adolorido.
Después llegó el despecho
y lo lancé a tu cara.
Ahora eres tú quien dice Adiós,
vas con urgencia
a contárselo a tu madre.
Historia
La historia me envuelve con el cemento.
Desde entonces, las palomas cagan mi cabeza en medio de la plaza.
Sin palabras
A las tres de la tarde me quedé sin habla.
Justo en el momento del té.
El vaso y el azúcar conversaron con mi soledad.
Entonces, llegó el gato y espantó al ratón que me había comido la lengua.
Espejos
Yo, polvo de lo oscuro en el vacío,
soy el matadero que ambos quisiéramos tener.
Los espejos en las paredes
nos trasmiten ese lúgubre y vil reflejo,
pero resulta que ese armario, ese ventilador y el azogue
eran nada para este infierno.
(de Libre por el mundo. Inédito).
–***–
Dos poetas interesantes, irreverentes, incómodos, corrosivos, son ahora mismo: Maikel J. Velázquez “Fito”, (Las Tunas); y Hugo Fabel, (La Habana), los dos nacidos en 1983, 22 años antes que los jovencitos Malcolm David y Ray Nelson.
En una lectura que hacía Hugo unos años atrás en Bayamo, en la Biblioteca Provincial 1868, un escritor consagrado me dijo al oído algo que tomé como un elogio al poeta: “Vilches, todos los días intento escribir como él, pero no lo logro”.
Son dos escritores insurrectos, de una escritura centrífuga, poseídos. Sus alucinaciones nos hacen ver la miseria cotidiana, colindante, su escritura va al límite de las situaciones, nos muestran los poros putrefactos de la supervivencia. Su ambigüedad es solo aparente, pero para obviarla hay que hundirse en el delirio, acudir a la enajenación que provoca el material objetivo, echar humo e inhalar fuerte, sin histeria el relumbre de la luna, que las imágenes de la otredad salten como ideas e imágenes con delicadeza, del cerebro hacia una realidad nada sublime, ni virtual. Van del discurso poético al narrativo sin escalas, su ascenso o descenso es hablarnos de la vida, su desenfreno, todo dentro del éxtasis para sobrevivir a la realidad única, evasiva, para imbuirse en la escritura y hacer el entramado de cada uno de sus argumentos.
Los excesos en sus textos es el fluir de un discurso tormentoso; mientras transitan por las llamas, respiran las cenizas de un país.
Maikel J. Velázquez
Todos los cerebros se juntan
Tengo amigos que podrían inventar alguna bomba
capaz de sacarle los huesos por la nariz a la gente.
Sin embargo, mis amigos dedican sus vidas a luchar con las editoriales
y el resto del tiempo hacen poemas impublicables.
Ningún Científico o Ministro sabría lo que saben mis amigos;
ellos se han educado en la plenitud de las cosas tal y como son:
bellos y brutales.
Comprendieron la esencia de la poesía alienígena
pero acordamos que hablar de ello era como bailar arquitectura.
Cada dolor del mundo está en nosotros y es el mundo quien respira,
quien digiere, quien sueña por nosotros.
Somos tan susceptibles a su muerte como cerebros en un frasco de cristal
expuesto al sol.
Aun así, mis amigos se consideran afortunados
por no atravesarse el corazón con una cuchara afilada
como lo haría cualquiera con escorpión en la garganta.
Todos los cerebros se juntan para tomar cerveza.
Alguien podría especular que traman la construcción de una bomba increíble
mientras ellos, discuten japoneísmos.
La patria como una guillotina
Paseábamos sobre la tabla del faquir un día de banderas a media asta
y de pronto cayó sobre nuestros cuellos.
Besos negros
Para Elizabeth
De nada más lamerle el culo supe que estaba enamorado.
Un hombre sabe que está enamorado y los güebos se le aprietan,
salen las costillas y entran los ojos, el sueño lo abandona para siempre.
Y aunque pueda creerse que el vehículo del amor es irrelevante,
cuando el amor llega con un beso negro es tan certero y desconcertante
como una tomografía que revela un tumor.
Sería nihilista entrar en los detalles que lo separan del amor a primera vista
y del amor por correspondencia.
Este amor que se descubre con la nariz, la punta de la lengua y el fondo de la garganta
se lleva como una maldición.
No genera ramos de flores, sonetos ni chocolates.
Es un amor de camisas de fuerza y cementerio, es azúcar en un cuenco de sal.
Y nada más saber que estaba enamorado ella se bajó el vestido,
contó el dinero con indiferencia y volvió a la esquina
donde ya la esperaba otro pobre diablo.
Mediática
Algunos viejos me detienen en la calle para decirme que he salido bien por la TV,
que cómo va la poesía?
Y yo pienso, la poesía?
La poesía va jodida porque el mundo es un deshuesadero.
Y sonrío, les sonrío y ellos entienden.
Nada ha cambiado en cincuenta años, al menos no para los poetas.
Luego me encuentro con unas chicas calenturientas y bien rasuradas,
como debe ser.
Aseguran que me han visto más alto y bronceado,
que disimulaba las malas noches, el acné y la gastritis, la tristeza, el tedio, las náuseas.
Evado la orgía y llego a casa.
Abro el refrigerador.
Quedo hipnotizado por el cielo de escarchas.
Repaso los retratos de mis muertos,
El genuino olor de la tarde descomponiéndose al anochecer.
Prendo la televisión.
Un círculo de hombres de corbata está lamiéndose el culo al rededor del mundo,
asfixiándolo,
pudriéndole el ombligo con sus lenguas moradas como espadas enmohecidas.
Y sonríen, me sonríen y yo entiendo.
Nada cambiará en cincuenta años, al menos no para la poesía.
(de Pent House en el infierno, Ed La Luz, Holguín, 2016).
Hugo Fabel
Contemplo la ciudad, me huele vieja, los lugares donde crecí me parecen ajenos, me siento distante del niño ingenuo que pretendía ser
Ángel Santiesteban Prats
Ni Cuba ni la noche
Soy el pequeño bastardo con la lengua llena de
clavos. No sé qué hago vendiendo ataúdes si yo
nací para jugar en Las Mayores junto a Céspedes
y Chapman. No sé qué hago en brazos de una
tailandesa o travesti que ni siquiera me ha
cobrado, al verme tan sin fueros y preguntando
maltrecho por el número falso de Caronte.
El rastro
A Lito, y a Frank Castell
Era extraña la belleza del viejo rastro, pero estaba
ahí: chatarra buena para el alma de un niño que oía
hablar de la Unión Soviética y que manoseaba trastos
de la Unión Soviética. Nada aprovechable verían en
un sitio de deshechos, con que le echaron encima
una escuela de artistas. (Bueno). Y así mataron aquel
planetario surtidor de caja bolas insufribles, porque
en este mundo hay que joder hasta que te jodan. O
dios o el hermano, pero intentar joderte lo intentan.
El rastro, eso sí era vida, con aquella rabia limpia
abrevando el tónico de la herrumbre. Allí podías
nacer o ahorcarte. Pero una escuela era necesaria
para el encendido y el apagado, y no entendieron
o temieron el ritual de ese Vulcano menesteroso:
siervo de siervo que gobernaba donde crecía como
parábola cósmica, la suerte del moriviví.
Informe del parricida
Mi padre murió en Troya atravesado por una pica.
Cayó en Orleáns bajo el caballo de la doncella
campesina. En el Reichstag las bayonetas se
disputaron sus vísceras. En Girón lo encontró la
ráfaga proletaria cuando intentaba desembarcar.
Murió en Kabul en una gasolinera a donde fue a
parar un carro bomba. Desde mi nacimiento, mi
padre no ha cesado de morir, una y otra vez, por
mis propias manos.
Mephisto
Yo, como Hendrik Hofgen, solo necesito colonia
para la nuca y una mascarilla que me resguarde
del rostro cotidiano. Los caballeros mencionan un
talento en los excesos de mis criaturas, descubren
algo que pudiera salvarme de la reiteración
de los postes. Soy el bufón deslenguado al que
la historia ha pasado por delante, y aunque los
gestos pudieran insinuar un gramo de sobrevida,
algo civil en las traiciones del montaje, yo, como
Hendrik Hofgen, solo necesito colonia para la
Nuca y una mascarilla que me resguarde del rostro
Cotidiano.
El bronce que te imita es virtuoso
(Quevedo)
La estatua del Padre de la Patria siempre tiene
palomas en la cabeza. La mierda de las aves
va creándole más estatura. Ya no es el dandy
ajedrecista que llevaba muchachas domésticas a la
noche marina; ahora se atormenta en días festivos
cuando le pasan la escoba y le restan centímetros.
El hombre no se siente a gusto bajo ese bruñido.
Ruega que amanezca y vengan las palomas y le
recuerden de qué están hechos los auténticos
héroes. Desafía las cámaras con ese pulimento
animal. Nadie lo encuentra ya en los salones
parisinos ni en la ardorosa manigua; nadie suele
advertir la verdadera relación de la palabra estatua
con la estatura.
De gobiernos y flores
Una ola y otra y otra
y ni siquiera sé lo que dijiste
todo por el error que me comete
Ángel Escobar
Para tu gobierno requieres de al menos dos
conductos: uno que conduzca hacia abajo el ascenso
y otro el ascenso mismo. La ciudad cuenta con
largos sistemas de alcantarillado para desangrarse
sin prisa, y en el mar se cumplen los pronósticos
a pesar del hermetismo de las olas. La gente
entrega su carné. La gente sabe que justo encima
de sus cabezas pende todo un linaje de cabezas.
Para tu gobierno debes cultivar frases imposibles
como grandes avenidas iluminadas donde todos
se abrazan sin pedirse perdón. Los cuerpos
saben oponerse en la ternura, caminan hacia el
banquete con su flor intacta y justo en el centro
estallan cual si no formaran parte del recuento.
Gobernar es un peligro demasiado tentador,
querida: entro en la guerra y los carnavales con
la misma pompa que asumo en el mercado donde
subastan la fe. Si preguntan por mi promesa mejor
recítales un poema de Heredia o Zenea. Da igual.
Esos muertos fueron tan patéticos como yo.
(de La sopa y el cuchillo, Ed. Bayamo, 2015).
–***–
La irreverencia, sino de los poetas, seres sospechosos, de quienes el poder político no se fía, criaturas lúcidas, altamente peligrosas, hay que mantenerlos vigilados. Dan testimonio de su tiempo, quitan el manto negro, con sus versos ponen zancadillas a las mentiras pregonadas a voces por los líderes que no fueron elegidos en democracia por su pueblo. No se les pasa picadillo de soja por carne de res, pollo por pescado, gato por liebre. Siempre hay una estrella iluminándolos, aunque los silencien y los desamparen encerrándolos en las mazmorras de la tiranía, como hicieran con Huber Matos, Armando Valladares, Carlos Alberto Montaner, Jorge Valls Arango, Ángel Cuadra, Nelson Rodríguez Leyva, Ángel López Rabí, Jesús Castro Villalonga, Miguel Sales, Ernesto Díaz Rodríguez, Reinaldo Arenas, Belkis Cuza Malé, Heberto Padilla, Carlos Victoria, María Elena Cruz Varela, Félix Luis Viera, Pablo Milanés, Manuel Díaz Martínez, Juan Manuel Herrera, José Mario, Elena Montes de Oca, Rigoberto Díaz Cutiño, Reinaldo Bragado Bretaña, Rafael E. Saumell, Raúl Rivero, Guillermo Fariñas, Manuel Vázquez Portales, Claudio Lahaba, Samuel Perdomo, Rolando Ferrer, Jorge Olivera, Danilo Maldonado (El Sexto), Víctor Moreno, Gorki Águila, Tania Bruguera, Wilber Brizuela Moreno “El Nagüe”, Ángel Santiesteban, entre otros escritores, artistas, intelectuales, quienes padecieron, y a los que aún padecen las ergástulas de la Isla-Cárcel como presos políticos (maravillosas presas de la política).
¿Pero, quién no ha sentido esa sanción de encierro, de acoso, después de declararse poeta?
La verdadera Cuba no se conoce por las guías turísticas, sus noticieros, su prensa, la historia contada y escrita por los últimos que ganaron, sino por la carga de luz o sombras que al vivirlas o sufrirlas (al entrar y salir del Paraíso, o del Infierno), en todas sus dimensiones, van dejándonos en cada época, oral, en papel o en soporte digital, sus escritores.
Ejemplo de ellos es lo escrito por Felipe Gaspar Calafell, (Manzanillo, 1964), y Alberto Garrido, (Santiago de Cuba, 1966), no los visitaron, no los arrastraron o encerraron en celdas, pero aun así padecieron todos los dislates de la dinastía gubernamental imperante, en sus versos denuncian el ahogo, la claustrofobia que padece el cubano, éste último fue expulsado de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba por parafrasear a Monterroso: “Y cuando desperté el Tirano-Saurio ya no estaba ahí” (Monterrosicidio). Son auténticos cuando en el silencio de un grito persiste en la sangre del dolor colectivo y hacen de ese alarido su padecimiento dándole voz. Cuerdos, ebrios o no, en esta tierra de un total absurdo, sus versos se aventuran a cruzar el remolino, comandando la nave de locos con su pertinente cargamento de riesgos y quimeras.
Alberto Garrido
Madre
Le están doliendo las tejas
más oscuras Madre empolla
cartas de domingo y de olla
a quien se pierde entre rejas
(tiznan su pulmón)
Sus cejas
enarcan sueños a extramuros
(en rojo
blanco
gris puro)
y como a un perro y adentro
de su piel al sur
al centro
le dan con un palo y duro.
Órdenes del tribuno
―Con un palo dadle duro al Poeta,
perro triste.
―…
―Si su corazón insiste como un
Cristo, como un puro peregrino,
dadle. Duro.
―¿ ?
Con la soga, verso a verso,
quebrad su costado inmerso en el
hombre.
―…
―Y que su vela no humee. Que no
se duela de la Ciudad.
El cielo prohibido
Preparen apunten fuego
ninguna mueca aproxima
su lúdica pantomima
de espantajo
Ningún ruego
pesa su danza de ciego
Oh mazo descolorido
quién salvará lo perdido
en la risa de arlequín
Disparen se acerca el fin
Me voy al cielo prohibido.
(de Sueños sobre la piedra, 1998)
Premio Cucalambé 1997.
Un denuedo, una pregunta
Me has preguntado a qué le tengo miedo.
Cuando era niño le tuve miedo
a qué faltara, no el pan de mis hermanos,
sino mi mendrugo de Oz,
aceitoso como la herrumbre,
decúbito prono siempre en la hojalda.
Después faltó
y ya no tuve miga, ni gorriones, ni infancia.
Contra la voluntad de mis hermanos
fue tanto el miedo, sobre todo el domingo,
de que papá nos faltara a la mesa;
su silla era sagrada como limosna,
como un filme de Tarkovski.
Mi padre se fue a otra mesa, otra constelación, otros hijos
y ya no tuve miedo: perdí la adolescencia,
como si la jugara a las cartas,
como si me apostaran entre Tampa y Santiago.
Y aún el miedo, el miedo,
vieja bandera sobre el ayuno de una patria,
siempre viene, al menos de visita:
Miedo a no tener más hambre, de puntillas
miedo a que nos falte la taza de café
o me sobren los hijos,
o me duerma de bruces sin un ángel.
El miedo es breve, pero le tengo miedo,
miedo a encogerme de hombros,
a que me llamen de Santiago,
balbuceando a mi madre, sin tabular,
sin tabularme.
Miedo, mujer, a que preguntes
si quiero despertarme en otro idioma,
a huir a nado de mi casa,
a ir postergando que amanezca.
Miedo
a
las palabras.
Al Hosanna.
Al candado
que dicen
mi país.
A que caiga la espiga de mi diente
antes de la siega, de tu siega.
Amiga, el miedo es breve,
pero da miedo a veces no saber
dónde se esconde.
Ni siquiera lo digo, sobre todo
me da miedo que un día nunca preguntes,
que no venga tu voz de hormiga loca,
sideral, provinciana,
a pasarme la mano;
a que no amanezcamos
casi monstruos de amor,
contra el invierno
desnudamente
juntos.
(de Carnes de mi carne, y otros lugares (nada) comunes, 2018).
Felipe Gaspar Calafell
Este pueblo de provincia se va a morir.
Los poetas de academia se alejan
buscando el arcángel de la posteridad.
De noche nadie canta.
Los astros apenas pueden verse
porque detrás de los ojos tenemos
solamente nieblas
nieblas que nos legaron los suicidas
amantes de su propia sombra.
Aquí no hay puentes para los soñadores
aquí solo yo devorando estrellas
sacando del polvo viejas cartas
tratando de recomenzar mi elogio a la sal.
Este pueblo de provincia va a morir.
Puedo yo
acaso
apuntalarlo.
Un pájaro y otro buscan lo inaudible.
Lugar de mi primer canto
Parque mío, en ti corrió mi infancia
con todas las estrellas ya perdidas en la memoria.
Por qué no hace sus ruidos de alegría
el agua de tus fuentes.
Cómo es posible buscar un rostro pintoresco
y no encontrar más que fatalismo en las miradas.
O estoy mirando a través de un llanto turbio
o no revolotean los gorriones sobre las cabezas de los paseantes.
El gris de los cristales aquellos me quitó el azul de los ojos.
Ah, píldoras oníricas para verte colores y guitarras
y jóvenes cantándole al prodigio
que es amanecer ileso cada día.
Oh, lugar de mi primer canto, sombra habitable.
–***–
Escritores populares en Cuba (me sumo a lo dicho por el poeta, narrador y editor Argel Fernández Granado: Cuando se dice popular, no multitudinario ―condición negada a la literatura―, entiéndase notorio, reconocido, y se estará siendo justo): José Martí, José Ángel Buesa, Dulce María Loynaz, Reinaldo Arenas, Delfín Prats, Gastón Baquero, José Lezama Lima, Eliseo Diego, Virgilio Piñera, Heberto Padilla, María Elena Cruz Varela, Guillermo Cabrera Infante, Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Guillermo Vidal, Amir Valle, Ángel Santiesteban, Raúl Rivero, Frank Abel Dopico, Ramón Fernández-Larrea, Zoe Valdés, Daniel Chavarría, Leonardo Padura, Carilda Oliver Labra, Nelson Simón, Antonio Borrego, Reinaldo García Blanco, Pedro Llanes, Arístides Vega Chapú, y Sigfredo Ariel; los cinco últimos jinetes nacidos en 1962, Las Tunas, Venegas, Placetas y Santa Clara, respectivamente. Los tres hacen del amor un ritual social al cruzar por la cuerda floja sabiéndose en el abismo entre lo sentimental y las miserias del cotidiano vivir, saben que arriesgan perderlo todo en la caída, pero en el salto sostienen el vuelo, ganándolo todo. Poetas maduros, francos, espontáneo, profundos, ya no son aquellos jóvenes que conocí a principios de los años 90 del pasado siglo, ahora ostentan premios, libros, un nombre bien o mal ganado, porque el único logro en la poesía es el dolor propio, el asimilado de los otros que no sospechan que eres quien das voz a sus frustraciones haciéndolos visibles ante la jauría que colérica arrumba los destinos del país.
Antonio Borrego Aguilera
Pequeño taller sobre la palabra como
Para un gran amigo, Guillermo Vidal
El español no alcanza como idioma
para decir Tengo hambre tus ojos ya comieron
en ellos voy como buscando un queso
o la última cuchara que llevaras a la fuente
El español no es idioma para locos tales
para tales cosas como repetir el como
palabra entorpeciendo este poema
El español acerca el hambre y dice
Ya he comido tus ojos me denuncian
ellos conocen el símil que pretendo
El español no alcanza y lo repito
fíjese cómo inicia cada estrofa
Pude haber usado comas
como para evitar la palabra en juego
Ejemplo Tus ojos ya comieron coma
iguales a los míos vienen como diciendo
Ya comimos coma estamos listos para atenderle punto
Sin dudas el español alberga muchos comensales
Los héroes
A Camilo Cienfuegos
Todos los héroes nacieron
un cuatro de abril de mil novecientos tanto.
Estas son historias de los bisabuelos,
de las tierras fértiles del tiempo.
Desde la infancia me llega una canción de cuna
para recordarlos, saberles plantas vivas, raíces
enredándonos por dentro y fui tan pequeño
para amarlos y es lógico:
el niño no ama, no juega, no duerme con sus ojos,
ni sabe que están muertos para siempre.
Él le canta desde sus juegos, enarbola sus manos,
como dos banderitas que saben aplaudir el aire,
recoger begonias, lanzarlas al río, al mar distante,
el mar, húmeda tumba de Cienfuegos.
A los niños no se engañan con los héroes.
porque después nacemos o crecemos calle abajo,
cazamos alguna mariposa de chocolate
y le inventamos una sabana verde, pero bien verde,
para que vuele, retorne, nos bese, pero además,
nos convierta el corazón en un violín desafinado,
ingenieros de metáforas y símiles.
Cuidado con estos ingenieros,
los poetas son fábricas de candies,
puro merengue colegial, dicen conocer al hombre,
fábula para conquistar aplausos,
ellos inventaron los alejandrinos, octosílabos,
trampas de azúcar para encerrar a los héroes
después construyeron los libros y las catedrales
y les pusieron sus nombres.
Mentira de los poetas,
los héroes, sí están muertos:
comencemos a llorarlos.
(de Doy gracias a Dios de ser ateo, 1991, 2012).
Olor de la utopía
Con el incienso olerás la patria
y en el azufre, la vida que despierta con los gallos.
De todos los olores que amanecen
ha de surgir alguno que te empuje
a perseguir el paraíso más cercano,
la libertad que supusiste el día anterior.
Mi patria es el recuerdo, de allí vengo
con una cruz de roble que cortara
de aquellos tiempos inseguros que no tuve
una moneda breve
para el brumoso pan que me reclama
el hambre más humilde,
la herida que no sangra.
Cómo escribir de nuevo aquel olor a patria
y no sentir la fetidez de siglos
que mancharon de sangre los contenes,
de todos mis recuerdos imposibles
que se fugaron sin decirme adónde
y así prendieron la implacable estufa
donde quemamos, cada lunes mercenario.
Reinaldo García Blanco
Estrella y yugo (lamentoso)
¡Ay! si yo tuviera dos matrias
que no fueran Cuba y la noche
¡Ay! Si yo
un plátano sonante
un escudo carmesí
¡Ay! Si yo dos perros
una silva patriótica
un cargo municipal
¡Ay! Si yo tuviera
El regreso de la tórtola (tremolando)
Tórtola mía
Ahora que estás presa
-Isla entre dos luces-
veo que tu sombra se aviene como un Golem
un triunfo
una dádiva
Tórtola mía. Mira eso
sin cama
sin mesa
Los pies rojos del tanto caminar
cimarronzuela
es decir los límites.
(de Instrucciones para matar un colibrí, 2002).
Vacas con un mar de fondo
A Luis Felipe R
y Martha María Montejo
están ahí. Recostadas sobre el borde azul. Yo las veo. Las
dibujo con una mano y con la otra les digo que volveré.
Están ahí. Vacas que Dios dispone entre la sal y el resplandor.
Ellas se hunden muy despacio en el mar y flotan y mugen y
los monteros que saben la costa, los declives, vienen en caballos
oscuros y el sol calienta los cráneos. Están ahí breves y
concisas como tortugas en fuga. Yo las veo, las dibujo, les
digo adiós vacas con mar de fondo mar de Manzanillo,
vacas f-1 a litro por tetas vacas que Dios dispone entre la
sal y el resplandor.
Borgiana
(Apuntes para un poema conversacional)
Ayer en la tarde
mi esposa y yo cerramos la Biblia
y bajamos a la santa ciudad
a emborracharnos
ella habló mal del poder político
y el poder eclesial
Yo conté el chiste que dice
para reunir a Los Beatles se necesitan…
dos disparos más
y los amigos lloraron hasta el desastre
Regresamos pasada la medianoche
dejando atrás a la puta e inmunda ciudad
y fuimos muy felices
porque vimos a Dios dos veces.
(de País de hojaldre, 2004).
Vodka nacional
A José Luis Serrano
Voy al mercado
al estante de los líquidos.
Me detengo a leer con cierta ironía
la etiqueta del vodka nacional.
Me palpo el bolsillo
y apenas alcanza para migajas.
Regreso a mi casa detrás de las colinas
cabizbajo
delirante.
Enciendo la radio pero transmiten un parte meteorológico en cadena.
Enciendo la televisión pero no hay señales.
Abro la ventana
una fina llovizna me recuerda
que debo elaborar una teoría sobre el aburrimiento
ahora que el vodka nacional
corre el peligro de convertirse
en un rubro de exportación.
De cuando Joaquín Sabina asaltó el Banco Central de España
Ya el mundo no es tan ancho ni tan ajeno
Lo vimos segundos apenas de sucedido
Las cámaras de seguridad lo muestran de perfil
Sin guitarra
Sin canciones
Solo una alforja, una de esas que utilizan los mochileros europeos.
Pero ya el Banco Central de España no tiene plata
Para robar
Para financiar discos
Y mucho menos libros.
Pero siempre hay un asaltador de bancos
Que se llama Joaquín Sabina
Y unos pocos
Que nos asomamos al mundo
Sin sospechar que ya no es ancho
Que ya no es ajeno.
Antonio, Antonio, se robaron el oso hormiguero
Querido poeta, en este zoológico ya no podemos tener nada.
Se roban la expresión del elefante, las bisagras de las puertas
en las jaulas de los osos. ¡Ay, Cisneros! Teníamos tantos deseos
de tener un oso hormiguero y hoy amanecimos con la noticia.
¿Te puedes imaginar un país sin ese animalito? Ahora
Vendrán las rojas hormigas de la desidia a comernos por una
pata, por haraganes, por no tener en cuenta el protocolo de
vigilancia en nuestro zoológico provincial.
¡Ay, Antonio, ay, Cisneros, tú no sabes nada!
(de Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, 2017)
Premio Casa de las Américas.
Carne levantisca
Una vez estábamos a marzo (finales)
y en la mesa teníamos carne,
carne de verdad,
de esa que compramos en off.
Pero la historia no comienza ahí.
Una vez estábamos a miércoles
y pasaban las tres de la peeme y un tal L.F. Rojas
que se dedica a cosas impuras
me llama por teléfono
y me dice que tiene dos metros de tela roja
si me interesaba
y claro que sí.
Fuimos mi mujer y yo por cebollas
y espinacas
y debajo de ese verde colocamos
lo que una vez fue el costado derecho superior
de un dinosaurio Holstein F.1
que días antes comía hierba
y miraba la luna con su cara de animal sagrado.
Una vez estábamos a marzo
en las afueras de la ciudad,
en mi casa,
con algo de esas músicas
y en la mesa teníamos carne
carne levantisca,
carne de verdad.
Pedro Llanes
Yogacharya en el cielo de Flandes
A mi amigo muerto, Evelio L. Capote
El maestro Yogacharya asediado por los fantasmas
se esconde en el puesto de los artífices:
el aire de la mañana revuelve el olor de los dólmenes
que bate invisible contra los muros.
Los mandolinistas abren el cielo de Flandes,
empozados en los ojos de Yogacharya.
Un gato pasa a destiempo,
bajo los profusos celajes del sur.
La música de las mandolinas destroza el estanco
donde el gato se junta con él,
para quedar brevemente restituidos,
en el sitio límpido de las cornisas.
Vienen con los caballos los gendarmes azules
atenazados por el silbido del látigo.
Sus cuerpos giran en el aire trémulo
de los bisuteros y el martilleo de los caballos.
Los unos y los otros ominosos avanzan,
fijos los ojos en el puente de muerte.
El gato se detiene para lamer el silencio,
y justo a la llegada de los gendarmes,
el maestro Yogacharya se marcha
con los mandolinistas que abren el cielo de Flandes.
Para Katy
En tu copa veo las lápidas arremolinadas
y veo las ciudades en el silencio.
En tu copa veo las inmensas planicies
y también el rocío del amanecer.
Veo la lluvia maravillosa,
por la que escapan las bestias y los guerreros.
En tu copa veo sus rostros y sus ojos,
veo a una muchacha sobre las mieses.
En tu copa veo el vuelo de la gaviota hacia el Norte
y las mariposas hechas de ascuas oscuras.
En tu copa veo los abismos sin fin.
En tu copa veo los árboles encantados
cuyas sombras caen dobladas contra el vacío.
En tu copa veo venir el abanico del fuego,
profuso y silencioso como la muerte.
En tu copa veo animales ajedrezados
y el resplandor del tilo y de la ciruela.
En tu copa veo un patio fragante y un mantel muy blanco.
Ay de ti, aldea de silencio…
Ay de ti, aldea de silencio.
Ay de tus muros y de tus vírgenes,
yuxtapuestos y revueltos en la turbulencia.
Ay de tus sombras como caravanas
dispersadas a través del crepúsculo.
Ay de ti, aldea de silencio.
Ay de tus senescales y tus tasadores
vueltas las cabezas contra el árbol del odio,
al compás del treno de sus ramas.
Ay de ti, ay de tus taciturnos y tus nigromantes
confabulados en la indiferencia y muertos para siempre.
Ay de ti, aldea de silencio.
Ay de tus panderetistas y tus agoreros
cuyos rostros son el dulce pasto del fuego.
Ay de tus guardianes en las puertas.
Ay de tu agua hecha de ponzoña,
en la que ya no nos vemos los ojos.
Ay de ti, aldea transida por el silencio.
(de La estrella de Cuba…, 2004).
Arístides Vega Chapú
Conciencia de la pérdida
Estoy a oscuras,
en el vacío espacio de los que fue mi casa,
sobre las estáticas flores
de una loza tan antigua
como mi pasado.
Justo en el sitio
donde un caudaloso río se deshizo
de todos los peces
que con su ambición traspasaron los limites
fijados por el movedizo dibujo del agua.
Sucedió antes de que inundara mi casa,
la dividiera en dos
como un libro que se deja momentáneamente.
Bien sé que no he sido inocente,
ni siquiera me lo propuse
y ahora no espero perdón.
Estoy a oscuras,
sin pensar ni esperar de este tiempo
que flye hacia un pasado inexistente.
La oscuridad desciende
desde una áspera franja de cielo
sin luna ni sol.
Bajo ella aguardo la señal
de los que alguna vez perdieron
el miedo a las pasiones
y fueron condenados sin piedad alguna,
no obstante su sentido común
sólo les permitió anhelar
lo que la luz de sus ojos convirtió +en predios posibles.
Conversación con Gastón Baquero en San José
“Volverás de nuevo a decirme adiós”,
dice Gastón Baquero, y no le creo.
Bajo el intacto cielo que desconoce la noche,
no será posible.
El destino trazará el mapa
del país que he imaginado.
Podré despertar,
solo y nostálgico en Madrid
o en un accidental paisaje
al que me aferro
por no encontrar nada
en derredor que sienta como mío.
En el lento cielo las estrellas se reflejan
sin ofrecer descanso.
Quiero dejarlas caer sobre el papel
cuando el cielo en su extensa región
se nos vuelva a mostrar amaneciendo en Madrid,
en la isla,
o en cualquier otro paisaje
de los que navegan
el profundo océano del deseo.
Aspiro una bocanada del habano
y sigo las efímeras rutas del humo,
hasta regresar a la bodega de mi pueblo
donde todos se conocen,
y continuar una conversación familiar.
Lo que recuerdo no podrá ser relatado,
aunque caigan todas las estrellas
sólo para satisfacerme un deseo.
Si alguien pudiera recordad el pasado por mí
me agotaría menos,
pero estoy solo con la foto del joven Maceo,
sin machete a la cintura,
la almidonada banderita y una flor de majagua.
Me apropiaría de todos los recuerdos
como si fuesen los míos,
y así los ojos enrojecidos no se desesperarían
al no ver el país que he imaginado
dormir, como un ángel, en mi hombro.
A mal tiempo buen corazón
A veces extiendo las manos,
las que hornean el pan y lo dividen
en partes iguales
como si estuvieran observadas
por el ancestral cielo.
Las mismas que con puño y letra
intercambian palabras,
caricias que benefician la tiranía de un corazón
minimizado por la solidez de esta luz.
No soy quien suplica el perdón,
las extiendo solo por mostrarme
partidario de la verdad,
pero son pedazos de carne apenas sin fuerzas
para poseer vida propia.
Escucho voces que imploran otro destino.
Respirando con profundidad me palpo
el vacío de mi cuerpo
que es parte inseparable de esta imparcial penumbra
provocada por un pájaro que vuela
sin hallar punto exacto donde posarse para siempre.
A veces reconstruyo el pasado
que creo contemplar en los rostros agonizantes
de quienes me rodean.
Bajo esta penumbra mis ojos descifran todo
por lo que no se me podrá arrebatar
la sombra ceniza del pájaro
convertido en plomo
antes de que descienda.
¿Acaso no escuchas mi verdad?
Advierto que me he quedado solo
repitiendo mi verdad a nadie.
La memoria no servirá para reconocer
a quién intento convencer con estos gestos.
Ubico la tempestad en un horizonte límite de nada.
Estas lágrimas provocadas por ningún dolor real
me pertenecen.
Ciegan mis ojos con su penitente ácido
para no ser testigo de cuanto sucede
sobre la sombra irrepetible
de un tiempo en que olvido cómo reconocerme,
cómo describir mi rostro,
es decir, el que dispone las circunstancias.
Soy tantos otros,
tantos seres desconocidos
y hasta inexistentes.
Estoy fuera de la imagen
con la que reconstruyo el pasado
en el que no será reconocido nadie
después de sumergir sus cabezas en la penumbra.
Sobre la solitaria tierra que aguarda tras el mar
se configura la noche.
Es algo que presiento
y mis ojos extremadamente agotados
de preferir la luz
me hacen creer que todo cuanto es posible imaginar
sobre la tierra me pertenece.
(de La estrella de Cuba, 2004).
Sigfredo Ariel
Manos demasiado pequeñas para el piano
En el tren que se dirige al mar
entre nativos provinciales como uno
cajas amarradas con cordeles de pesca
maletas de madera azul de Prusia
personas con sus hijos, su cuota de cigarros
se juntan y separan, entienden ̸ desentienden
bajo los duros apagones del estío.
En el vagón al pairo
encuentras por un tiempo
el nirvana: algunos entusiastas
lo entienden como hogar.
La tierra está rodeada por murallas de gente
con sus aves de corral del paraíso la foto
de la niña examinada cuando casi no hay luz
la rara habilidad para peinarse
ante los vidrios opacos superficies ciegas
el dialogar dormidos y todas las demás
tremendas experiencias que sacaron
en limpio de sus expediciones desde todas las tierras
en dirección al mar.
Donde quiera que viaje me hiere Grecia
(Seferis)
Para Damaris Calderón
Más cerca de Micenas que de Jagüey
Grande, en un café de la Matanza
de Gómez madura la cerveza
y la mañana
abre su pulpa de mamey
cuando nos vemos
bajo los mismos dos leones sin cabeza.
Donde quiera que llegue –que lleguemos
se levanta aquella misma figura triangular.
Va a ser la puerta atrida traspasada
otra vez: tú a Santiago más lejano
que Creta, yo a ningún lugar
en un carro de alquiler sobre la mano
griega nuestra, Damaris, mal cortada.
(de Born Santa Clara, 2006).
Premio UNEAC de Poesía 2005 «Julián del Casal”
–***–
En Cuba Reinaldo Arenas es poco conocido como poeta, acá su poesía es casi inédita, pero sus cuentos y novelas circulan como la carne de res, café en granos, a escondidas, mercadería negra, de contrabando, a expensas de ser sorprendidos in fragantes y en el hecho de la lectura nos alcance el castigo del encierro o la pena de muerte. Casi toda su obra poética se encuentra en Leprosorio. Trilogía poética (1990).
Aquí pongo a consideración de los lectores el poema dedicado a Nelson Rodríguez Leyva un escritor cubano fusilado en 1971.
Si te llamaras Nelson (A un joven norteamericano)
Los que te tienen, oh libertad, no te conocen.
José Martí.
Si te llamaras Nelson
estarías ahora desfilando marcialmente
(mano levantada, paso firme, pelo al rape)
frente a la tribuna donde el Jefe
conceda quizás las gracias de un saludo.
Si te llamaras Nelson
grabarías en la memoria esta escena
y luego clandestinamente
en el breve descanso o el pase reglamentario
(veinticuatro horas) escribirías.
Si te llamaras Nelson
pasarías días enteros (los mejores) en la cola
del helado
pasarías toda tu vida esperando un par de zapatos
que una tía “bondadosa” prometió enviarte de “El Norte”.
Si te llamaras Nelson
estarías ahora siendo interrogado
no porque hayas protestado públicamente
no porque hayas salido a la calle con tus hermosos cabellos
/sueltos
no porque hayas criticado abiertamente
como haces aquí
el sistema (allí nadie se atrevería a tanto)
sino porque alguien descubrió que eras poeta
o algo por el estilo
y por lo tanto ya esgrimen contra ti
“el cuerpo del delito”.
Si te llamaras Nelson
de la misma plaza donde gritas o te diviertes
serías conducido a un campo de trabajo forzado
te levantarías al alba y contarías las horas
solo por la llegada del camión custodiado
que te llevará al barracón.
Si te llamaras Nelson
por lo que haces por lo que no haces
llevarías siempre un mono azul, una cabeza rapada
unas botas rusas molestísimas y un número
junto al pecho.
Si te llamaras Nelson
conocerías el verdadero significado
de esa libertad que desprecias y atacas
porque nunca la habrías disfrutado.
Si te llamaras Nelson
estarías ahora intentando salir de tu país
estarías ahora lanzándote al mar
estarías ahora siendo capturado en pleno vuelo
estarías siendo capturado antes de que iniciases la
/estampida
(el mejor delator es allí siempre tu mejor amigo)
estarías ahora otra vez incomunicado y esperando la
/sentencia
estarías ahora caminando con las manos atadas
hacia el pelotón de fusilamiento.
Si te llamaras Nelson
tendrías como única recompensa a toda tu vida
la visión de tus propios hermanos apuntándote.
Pero si te llamaras Nelson
ni siquiera en el momento en que la metralla entra en tu
/cuerpo
podrás gritar
como gritas aquí defendiendo impunemente a los verdugos
porque ellos hombres previsores
te llevarán amordazado al paredón.
Si te llamaras Nelson
estarías ahora pudriéndote en una fosa común
estarías ahora enterrado en un lugar anónimo
que nadie irá a fotografiar
estarías ahora bien sepultado en un hueco
donde nadie irá a descubrirte ni sabrá qué hiciste
ni quién fuiste
ni si realmente has existido.
Si te llamaras Nelson
comprenderías lo que significa esa libertad
gracias a la cual (y contra la cual) gritas y
comenzarías a conocerte y a despreciarte.
Pero te llamas Jimmy, Tom, Eddy y ya recoges la pancarta,
impresa en tinta impecable. Tomas el tren o el auto y regresas
a casa pues esta noche has de estar ready para asistir al concierto
de los Rolling Stone (ya tienes el pulóver lumínico) en el Madison
Square Garden o ver el Festival de Cine soviético
(qué progresistas) en el Carneige Hall Cinema. Y luego, con
un grupo de amigos (o de amigas), riendo, bebiendo, fumando,
aullando de vida, Village abajo, rumbo al río.
Si te llamaras Nelson…
(de Voluntad de vivir manifestándose, Madrid: Betania, 1989).
Nueva York, 14 de agosto de 1981.
–***–
Descubrir a un poeta que se hace llamar José Kozer, primero en revistas, luego en libros, más tarde encontrármelo frente a frente en La Habana, fue un total asombro, darme de narices en el desparpajo del lenguaje, en una lengua que da las mil opciones para el verso, caminos que solo él ha transitado, imbuirme en un discurso alucinante, tropezar con lo cubano a millas de la costa, de la Isla sitiada, no por el agua, sí por sus testaferros nacionales. En su poesía todo es nuevo y cotidiano (judío, polaco, checo, un cubano universal). Kozer no nos pertenece, es del mundo. Criticado y alagado en las mismas dimensiones, aun así, nos sigue dejando día a día sus manojos de poemas. Un poeta a reverenciar. Su poesía es eso, un escándalo en todas las culturas. Candidato al Cervantes, ¿y por qué no? al Nobel de Literatura.
José Kozer
Para Guadalupe
Éste es el libro de los salmos que hizo danzar a mi madre
Éste es el libro de los salmos que hizo danzar a mi madre,
éste es el libro de las horas que me dio mi madre,
éste es el libro recto de los preceptos.
Yo me presento colérico y arrollador ante este libro anguloso,
yo me presento como un rabino a bailar una polca soberana,
y me presento en el apogeo de la gloria a danzar ceremonioso un minué,
brazo con brazo clandestino de la muerte,
yo me presento paso de ganso a bailar fumando,
soy un rabino que se alzó la bata por las estepas rusas,
soy un rabino que un Zar enorme hace danzar ante los bastiones de la muerte,
soy el abuelo Leizer que bailó ceñido ceremoniosamente al talle de la abuela Sara,
yo soy una doncella que llega toda lúbrica a dilatar las fronteras de esta danza,
yo soy una doncella dilatada por un súbito desconcierto de los tobillos,
pero la muerte me impone un desarreglo,
y hay un búcaro que cae en los grandes estantes de mi cuarto,
y hay un paso lustroso de farándula que han dado en falso,
y son mis pies como un bramido grande de cuatro generaciones de muertos.
Mi padre, que está vivo todavía
Mi padre, que está vivo todavía,
no lo veo, y sé que se ha achicado,
tiene una familia de hermanos calcinados en Polonia,
nunca los vio, se enteró de la muerte de su madre por telegrama,
no heredó de su padre ni siquiera un botón,
qué sé yo si heredó su carácter.
Mi padre, que fue sastre y comunista,
mi padre que no hablaba y se sentó en la terraza,
a no creer en Dios,
a no querer más nada con los hombres,
huraño contra Hitler, huraño contra Stalin,
mi padre que una vez al año empinaba una copa de whisky,
mi padre sentado en el manzano de un vecino comiéndole las frutas,
el día que entraron los rojos a su pueblo,
y pusieron a mi abuelo a danzar como a un oso el día sábado,
y le hacían prender un cigarro y fumárselo en un día sábado,
y mi padre se fue de la aldea para siempre,
se fue refunfuñando para siempre contra la revolución de octubre,
recalcando para siempre que Trotsky era un iluso y Beria un criminal,
abominando de los libros se sentó chiquitico en la terraza,
y me decía que los sueños del hombre no son más que una falsa literatura,
que los libros de historia mienten porque el papel lo aguanta todo.
Mi padre que era sastre y comunista.
(de Bajo este cien, 1983)
Centro de gravedad
Mi patria es la irrealidad.
Un cuervo se deshace y tiene cuatro albergues: nido, hamadríade,
sustento del espantapájaros.
Soy ese cuervo, natural.
Me llamo Cuervo, por entero, puede hacerse todo un catálogo con ese
Nombre.
Doy un ejemplo, la guía de teléfono (¿habrá mayor desolación?).
Aves y cernícalos de la guía. El disparo del ballestero, la caída arremolinada,
plomo, desplumadura, eso que crascita es un
recorrido del índice cadavérico por páginas
amarillas, doy fe, doy fe de muertos, de sus
letras borra las letras, del número avariento
no es posible alterar nada, se nutre de la
muerte, y en la guía, Gran Guía (¿de teléfonos?)
el número sigue instalado, cambian las letras:
otro es el nombre, son otros los apellidos
para el 544-9097.
Mi patria era ese número.
Diapasón del cinco al cuatro, tropezón del nueve, perfección del siete y
ahí en medio El Sadday, El Eterno, perfección
del cero, Alabado Alabado (no hay nada que
hacer) oiga, Cero, quién crece, así cualquiera
es inmaculado.
Es el cero mi Patria.
Parece nueva, y es la más vieja acera de todas, y es la más vieja calle de
adoquines. Con el carro del mantecado
tirado por un caballo. Con el barquillo. Con
la petición, tres bolas de helado, por favor,
del niño. Un níckel. ¿Y de qué las quiere?
Chino, ponme una de mamey, dos de mango.
Chino, todo cambia, cambió la cosa, cámbiame
la de mamey por la maceta de vicarias, las dos
bolas de mango por las dos sillas vacías de
enea en la terraza. Esa materia no se derrite.
¿Y qué va a ser de la Patria de mi materia?
(de Díptico, 1998).
Babel
Mi idioma
natural y materno
es el enrevesado,
le sigue el castellano
muy de cerca, luego
un ciempiés (el inglés)
y luego, ya veremos:
mientras, urdo (que no
Urdu) y aspiro a un idioma
tercero para impresionar al
clero, a ver si puedo de una
vez por todas acabar esta
errancia, regresar a Ur, estancia
del estanciero habanero que fui
aquel año primero, cigoto, hocico,
marsupial, cebón y molleja,
gameto de sus potables pechos
empecinados en enseñarme
yiddish por el izquierdo, por
el derecho décimas y endechas
del güiro y del tres cubanos: de
dos en dos me fui alejando por
progresión geométrica, me volví
poeta (enrevesado) ni Urdu ni Ur,
más bien ripios, gallos, lenguajería,
lisiada, tanatófoba, guillada,
siempre recelosa de la insalvable
distancia entre glotis y retina, glotis
Ur y retina Ur se van al diablo,
descalabro a la hora contrahecha
de la expresión: amador de vocablos
cuales turiferario y rubescente, no
retoco, lo pago caro y no cejo de
acatar a la Premiosa, me perjudico,
troto al día en el quehacer poético
(la salud me lo factura) un whiskey,
un poema, un poema, dos pajaretes,
un poema, tres cuatro dedos de vodka
y aquello ya parece Obras Completas:
el idioma dio de sí lo que pudo, a mi
madre se lo agradezco, y a la Madre de
madres de los idiomas: su bonche y
alharaca a babor, a estribor han dejado
estela ubérrima, Poesía, un túmulo vacío,
un catafalco deshabitado (pueril) (pueril)
y de regreso, cortejo fúnebre del lenguaje,
su cero utópico multiplicando indócil
le extremaunción (mil y una noches, con
sus días) de mis poemas en extinción.
(de No buscan reflejarse (otros poemas), 2001).
–***–
Leerme Agradecido como un perro cuando aún no había trabado mano ni amistad con el poeta fue descubrir con asombro la reminiscencia de mi terruño, respirar, beber de golpe junto a aquellos versos todo el misterio de las aguas del Cauto y Las 1009, sitio donde nací. Rafael Alcides desde ese preciso instante comenzó a ser un patrón tutelar dentro de mi habitación literaria con la luz de sus palabras. Luego me visitó Nadie. Y tuve la suerte de que algún que otro amigo sacara de su librero otros títulos de Rafael y lo dejara a mi amparo para que me hiciera compañía. Que el bueno de Francis Sánchez una tarde lluviosa de un febrero lejano ya, cruzara conmigo La Habana para presentarme al hombre que, desde entonces, al igual que Carlos Galindo Lena, Toni Borrego y Guillermo Vidal, vi como padre literario, al igual que la bayamesa Zoelia Frómeta viene a ser una madre-hermana literaria. Después nos dejábamos caer por casa Ángel Santiesteban, Neltón Pérez, Jorge Ángel Pérez y yo a tomarle el café a Regina Coyula, a refugiarnos en los saberes, la literatura, la historia patria contada por el poeta.
La muerte siempre nos golpea, y cuando es un amigo-padre-poeta no hay palabras para definir el dolor, no existen despedidas… Aquí mi humilde homenaje…
Cantinelas ni elegías
A Ángel Santiesteban Prats, Nelton y Jorge Ángel Pérez
Rafael Alcides se recostó un momento,
nos dice Regina.
Lo vi entornar los ojos.
Ha hecho un alto,
luego forjará un aparte para continuarnos su charla.
Nos hablaba de
la Patria.
Barranca.
Las 1009.
Literaturas.
Revoluciones.
El Esbirro.
La Vida.
Solo se escucha en la calma el sonsonete de güines.
Aún se conserva caliente el café en su jícara.
Regina va y viene,
la luz en sus ojos no perturba el viento
para que Alcides no se nos sobresalte.
La perra loca se echa a sus pies, de una mordida engulle el escándalo.
Alcides toma un suspiro para alcanzarnos en la palabra.
En casa no reina estado de sitio,
es que de un golpe
todo se detuvo.
Sé que en cuanto se percate dejará escapar los soles
que trae guarecidos en el pecho.
Por ahora se ha silenciado toda música.
Cuba, acaba de caernos encima
toda la noche.
Las Tunas, 16 de julio de 2018.
Rafael Alcides
Hojas
Húmedas están las hojas.
Muy húmedas,
Sobre las de los árboles,
llovió.
Y sobre las de la carta de la madre
al hijo balsero que le comieron los tiburones
con mujer y prole, cayeron
las lágrimas.
Las de los árboles,
como no llueve todos los días,
no todos los días se mojarán.
Las hojas de la madre se mojan a diario.
Ella escribe tan pronto se tira de la cama,
mete la carta en una botella
y puntual, al caer la tarde,
con la disposición
de quien se dirige a Correos
toma con su botella el ómnibus
que la dejará a una cuadra de la playa.
29 de agosto del 2016
Mi secreto
No es que yo sea valiente,
es que he estado tan solo,
he sentido tanto miedo,
me pasaron tantas cosas
que ya ni la muerte
podría matarme,
porque, de hecho,
estoy muerto hace tiempo
25 de agosto del 2016
Testamento
Es mi modo de amar, Regina:
a la antigua. No te asustes.
Así te amo yo, amor,
así: con todo el amor de antes,
más el amor de hoy
y el de mañana, siempre
siempre para siempre, y siempre
como si amara por primera vez.
17 de noviembre del año 2015
Memorias
Sintió caer la puerta de su casa mientras buscaba en la memoria un endecasílabo sin rima para cerrar el poema que acababa de escribir secándose las lágrimas. Espiando detrás de las persianas, el barrio vio cuando lo metieron en un automóvil tal vez negro, pues a esa hora de la madrugada la calle estaba todavía muy oscura. Nunca volvió. Ni en el barrio se habló jamás de eso. Se hablaba de Lenin, de Marx, de ganar la emulación.
25 de agosto del 2016
Curso de historia comparada
A Jorge Ángel Pérez, Rafael Vilches y Nelton Pérez
Cuando un gobierno totalitario cae y se abren los archivos, cunde el miedo en el barrio. Unos vecinos porque delataron, otros porque temen saber quién los delató. Supón que tu delator no sea la persona que creías durante tus años en presidio, sino que haya sido tu mejor amigo, o tu mujer, o tu padre, o tu hijo, o tu hermano, o tu madre misma. Quien fuera, ¿por qué lo hizo? Por lo general, para obtener un ascenso en el trabajo, o un apartamento, o un automóvil o un viaje al exterior. Y hasta por un paquete de café. Pero, sobre todo, lo hizo por miedo. Vigílalo, pero perdónalo. No te extremes. Como en sus días de la cueva y el garrote, el feroz animal a que el estado totalitario retrotrae al individuo, necesita desde lo hondo de sus instintos tributar a sus deidades Si éstas lo fueron en el pasado el trueno, el rayo, el terremoto y los fantasmas del bosque, en los tiempos modernos las suplen con creces las divinidades del Partido. Aplaudirlas en la Plaza, vivaquearlas, y volverlas a aplaudir mientras las oye anatematizar y urdir nuevas guerras es para este individuo casi como volverse a sentir danzando en cueros junto a la hoguera de sus primeros tiempos mientras se comía a un prisionero crudo.
28 de septiembre del 2016
El caso del general
El general solía pensar que lo vigilaban, pero no se atrevía a consultar al médico. De ir a un doctor que no fuera el médico militar que le correspondía por su unidad, la contrainteligencia militar se daría a sospechar. Y de ir, por el médico militar se enteraría la contrainteligencia de que descubrió que lo vigilaban o que sospechaba que era vigilado. Optó por auto medicarse, Durante diez años consumió el general cuanto fármaco halló en Internet contra las dudas y los malos pensamientos, y en todo ese tiempo ni por casualidad durmió una noche bien. Por sospechar, llegó a pensar que también su mujer y sus hijos formaban parte del complot. Dándole esta sospecha un severo vuelco a su vida, el general no dudó en dar por confirmado algo que venía sospechando de tiempo atrás: por exceso de trabajo o por lo que fuera, había enloquecido: así lo demostraban aquéllas nuevas sospechas filiales y todas sus anteriores fantasías. Descubrir esto fue un alivio para el general, pero también un compromiso impostergable. Aunque no manejaba mayores secretos de Estado Mayor, se le hizo muy claro que un general en sus condiciones era un peligro para el Ejército. De modo que un día no pudo con eso. Cerró la puerta de su despacho, besó su carné del Partido y se pegó un tiro. Hacer esto sin permiso de la autoridad competente fue en definitiva la única mácula que quienes lo venían vigilando pudieron al cabo señalar en el hasta entonces impoluto expediente del general.
29 de agosto del 2016
Donde se habla de un fatalismo famoso
Cuando el tirano con sus rejas sea olvido entre los polvos de la eternidad, los versos del poeta seguirán siendo horcones de la casa, talismanes, brújula, orgullo de la especie. De ahí el duelo, el inacabable, eterno duelo del tirano con el poeta. Algo así como el del ciclón que pasa matando y destruyendo y la tierra por donde pasó el ciclón permaneciendo. Esta vez te tocó, Ángel Santiesteban. No aplaudiste.
22 de agosto de 2013
Algunos poetas y poemas que estremecen el corazón y la Isla, hacen caso omiso a las bufonadas de esbirros y sicarios en el escenario actual, tienen voz propia y hacen uso de ella. Por eso les temen.
