Fausto Arnaldo Pompa Abreu. Fue primer lugar en el encuentro debate taller municipal de Plaza de narrativa en el 2009 (en La Habana) y tercer lugar en el debate taller provincial del mismo año. Finalista en el concurso Cosecha Eñe 2009. Publicación en revistas como: Catálisis (México); y Pez Ciego (México). Entrevistas en: www.polvo.com.ar, www.havanatimes.org. También en publicaciones digitales, tales como: www.isliada.com, otrolunes.com, la8ctavanota.com, www.halmas.org, www.esquife.cult.cu, entre otras. Durante dos años hizo lecturas en un espacio propuesto por el Instituto del Libro, donde la lectura y la crítica eran los eslabones principales. En la actualidad trabaja para revistas digitales independientes en Canadá. También ha participado en proyectos comunitarios en la zona donde vive. Autor de la novela inédita: Apología sobre la acidez (actualmente en progreso).
–***–
Capítulo 4
Aliens vs Catarro
Llegamos en la noche alrededor de las nueve. Abrí la puerta con defecto mientras Julio se despedía haciendo un movimiento con el índice de te veo mañana.
No podía dejar de pensar en los repentinos e inexplicables dolores de cabezas, así como la visión donde para los efectos, las gordas, o lo que tuviese delante se advertía de manera esférica. No descarté la posibilidad de que fuese uno de esos catarros locos que rondan los veranos, que junto con los calores, nos dan por repartir golpes y gritar ¡allí viene la guagua! y todos corren, se acumulan como niños que esperan merienda; luego dentro de la lagunita de calor, que se deja ver por sobre la esquina, aparece “una”, pero de las grandes y rojas que son construidas quirúrgicamente para turistas, de las que puedes ver toda la habana sentadito en el techo y por consecuencia valen cantidad. O los mosquitos, ahora ya encabronados, sordos, asmáticos, de tanto humo raro, se hubiesen inventado una mutación supermala, fula y contagiosa para los humanos; Donde los primeros síntomas serían los ya dichos. Quizás también, pudiera ser una fiebre tropical traída de algún país con mucho frió, o calor, o los dos juntos, algún país terminado en vocal, isla ya no desértica en medio del triángulo de las bermudas, aliens atomizadores de enfermedades; virulentas y sucias pesuñas de algún bicho nuevo, de esos que muestran en los discovering y son feísimos, con patas largas, cortas, tres ojos, con pelos, sin pelos, mojados, secos, terrestres, acuáticos, descaraos, de esos que esperan con sus palitos abiertos todo el día, a que el otro bicho, el chiquito e indefenso, caiga en las garras atraído por…esta enfermedad. O cambio climático vuelto loco, que al tiempo jode nuestros cuerpos, nosotros que ya lo jodimos todo, un castigo, pudiera ser un castigo del más allá, uno divino y despiadado, ¡no hay segundas oportunidades, ya la jodimos seguro!. Ahora prefieren, ellos, volvernos locos con alucinaciones. En fin, pudieran ser tantas cosas, donde la presión ocular, ya dejó de ser excusa.
Y abrí la puerta.
Lo primero que vi al pasar por la cocina fueron los dos panes, aún intactos, desde mi posición se advertían rígidos, patisecos, pero de igual manera le arranqué un pedacito a uno, y masticando con poca gana, arrastré prácticamente los pies hasta el cuarto.
Tony aún dormía, como un niño, abrazaba de forma pueril la almohada, la apretaba contra su pecho. Lo miré fijo por varios segundos, parecía que estaba muerto, en paz, como cuando me botaron de la embajada, y yo estaba en aquella cama súper relajada, con tremendo frío y comiéndome mis rositas al tiempo en que Elizarde le declaraba amor eterno a Sebastián. Eso, recuerdo, fue casi como a las ocho y piquito. Unos documentales sobre unos tipos allí, que fueron a la luna, (que yo no sé quién se cree tal cuento), habían retrasado el final de capítulo. Bueno, de igual manera yo, resuelta a verlo no me iba a parar de aquella cama por nada en la vida, así cayeran rayos, o los hijos del embajador comenzaran a joder, o las chuletas que había puesto en el horno para la recepción de unos árabes ahí se me quemara, o llegaran los electricistas, esos descaraos que te miran de arribaabajo sosteniendo destornilladores enormes, o el chofer, el gordinflón que me cae mortal me pidiera un poquito de agua, o los tres niños malcriados, hijos de la familia que vive en la esquina vinieran a jugar con los que dicen palabras con muchas vocales, quienes creen que han hecho buenos amigos en una especie de solidaridad cubana-noruega, amor, unidad, todos para uno y…..un cocotazo les daría a aquellos niños, al pensar que son más inteligente que yo, que nací en el medio del vedado; los cogía por detrás y les decía: -a ver, qué están inventando ahora, qué tú tienes ahí javao, y tú, Lilia, vacíate los bolsillos anda. Sé que les daba pena, pero hay que enseñarlos desde niños, porque cuando se ponen grandes….
En fin, no me iba a parar de aquella cama aunque los mocosos se llevaran la casa ¡e-n-t-e-r-a! Ese capítulo parecía tener buena pinta, desde días anteriores le habían dado una ¡propaganda! que pa que, intercalaban pequeñas imágenes de peleas, discusiones entre Fernanda y Bárbara Greco, y alguna que otra galleta se veía lentísima, al tiempo en que una letras de color rojo chillón venían en… anjá, en fade in y ¡puf!
MAÑANA ES PARA SIEMPRE
CAPITULO 41
NO SE LO PIERDAN
Chocaban contra la pantalla, siendo estos, indicios suficientes para saber que la cosa estaba caliente. Ese día, el acostumbrado negocio con el de las muchas vocales fue bien temprano, en el preciso momento en que el papá salio disparado en su súper carro, que luego el gordinflón me dijo que era un mercedes. Bueno, el punto es que yo, acostada a todo lo largo de la cama, con mis lindísimos dedos color bonsái fuera, pensamientos negativos fuera, barriovedado fuera, Clarita y Julio fuera, bodega fuera, panes y mamá fuera, masticaba con lentitud rositas crujientes, con la convicción, de que una vez dentro, y mirando a Sebastián abrasar a Fernanda como mismo lo hizo mi Tony con la almohada, no habría vuelta atrás.
Aquí me entró un dolor de barriga insoportable y mirando el pedacito de pan que aún tenía en la mano, abrí la ventana (costumbre) y lo deje caer al tiempo en que veía como mi vecino, el dueño del maldito gallo, estando en el parqueo del edificio, alumbraba con una linternita para todas partes. Luego abrí la gaveta de la mesita de noche, aparté el libro de física quántica, agarré un periódico y corrí hasta el baño.
Mientras hacía caca no puede dejar de pensar en cuando era niña y creía que si me limpiaba con las páginas centrales, donde salía una tipa toda bien vestida, en un estrado, diciendo creo, palabras súper inteligentes, podría llegar a ser hasta presidenta. O nadadora profesional si veía las repetidas fotos donde una muchacha, que saliendo de una piscina grandísima hace el típico gesto de campeones a la cámara. Mamá siempre me peleó porque me demoraba en el baño, y es que yo, solo escogía mi futuro, pero lo más triste fue cuando dejaron de traer periódicos a la casa, desde ese entonces no he podido hacer caca como Dios manda, no sin dejar de pensar en mi futuro.
Alrededor de la media hora salí de baño, fui hasta la cocina (siempre como un rayo). Preparé una taza de café bien fuerte, saqué dos pastillas de la tableta, y al tiempo que me las tragaba abrí al refrigerador; lugar perfecto donde siempre digo barbaridades, maldigo por lo alto cuando veo pomos de agua siempre congelados. También maldigo al ver esas pequeñas hormigas que saben a gasolina dentro de los panes, que con sagrado protocolo preparo en las noches, que no se escucha el famoso sonido ensordecedor que precede, sin ningún contratiempo a la eterna oscuridad. Cerré el refrigerador y tocando madera, le arranqué otro pedacito al pan y miré hacia arriba, al bombillo ahorrador infectado de maripositas bobas y quedé así, con mis manos autómatas revolviendo el café, con la esperanza de que Tony se recuperara en la mañana, me de cuatro besos bien dados, nalgadas furtivas, pase sus dedos gruesos por todo mi cuerpo, me tire pa la cama y en ese momento, contra todo pronóstico, toquen a la puerta y yo tenga que vestirme rapidísima, diciendo hasta del mal que va morir quien haya sido. Mi Tony quedaría desnudo, con la piernas abiertas, manoseándose y diciendo palabras cómo: mami, eh mami, mua mua. Tire besos seguidos de los típicos chiflidos melódicos, como cuando uno tiene tremendo cuerpo; y siendo éste mí caso, yo le respondería: Ay chico, tú siempre en la jodedera, deja que yo venga, ¡prepárate! Y me acuerde del capítulo…43 donde Fernanda, oe, la que parecía una mosquita muerta, le dio un movimiento de cintura mexicano a Sebastián que lo dejó loco. Luego de vestirme, apuradísima como debería de estar, porque los golpes en la puerta son más seguidos e imitan la clave cubana, correría chancleteando hasta la sala, miraría por el ojito de la puerta. Y allí mismo daría una patada contra suelo al ver a Clarita metiéndose un dedo en la nariz porque cree que nadie la está viendo. Aquí yo diría, con la técnica de las manos en forma de bocinas, para crear el efecto eco: ¡un momento que estoy en el baño!, por consecuencia, mis palabras se deberían oír súper lejos, como quien se encuentra haciendo caca, mirando en el periódico una foto como un Ruso hace trizas a una computadora en ajedrez; donde en una pequeña columna, un poco más abajo ponen numeritos y letras y….tendría que agarrar otro periódico, de los que tienen muñes mal pintados y hablan del calor, pasas una página y siguen hablando del calor, dos, tres, el calor, cuatro, seis, el calor. En ese momento me entraría un frío tremendo por todo el cuerpo haciéndome poner toda rígida, ya casi, electrizante, rico. Al fin.
Esa técnica, se puede aplicar de diferentes formas, es común para quien vive en un edificio, y que inclinándose sobre el balcón gritan, ¡Julio tráeme el pan!, ¡¿Julio llegó el pan?! ¡Clarita espérame!, ¡Eh Rodrigo!, ¡¿Ernesto, oye, llegó algo a la bodega?! ¡Mirta mija! Manos en forma de bocinas arriba, ¡¿Luís tienes ron?! Hacia abajo, ¡Guajiro de mierda cállate! Técnica del diablo diría quien vive en barrios residenciales donde no podrías, ni por asomo, pedir alguna pizquita de sal, o de azúcar.
¡Mierda, café capuchino!, me dije sabiendo que lo mío es el americano, cuando de tanto revolver la taza y pensar tanta bobería, se había creado una espuma derramándose por la meseta.
Y como un perfecto gorrión caníbal, después de haber limpiado todo aquello, metiéndome nuevamente los pedacitos de pan en la boca, procurando pequeños resoplidos sobre la taza humeante, arrastré mis dedos color bonsái hasta el balcón. Me senté en mi butaca preferida, (la de mimbre), balanceé mis pies una y otra vez, (como una niña) al tiempo que bebía pequeños sorbos. La noche, como una carpa o telón, al igual que el documental de los chinos, se disponía detrás de nuestras mentes; y nosotros, siendo niños, niños que abanican las manos al aire, retozamos, sabiendo que solo somos espectadores de un documental cualquiera.
En el antiguo parqueo, aún podía ver la luz de la linternita de mi vecino, saltar de balcón en balcón de los edificios del frente, también la pude ver, subirse, guindarse del tendido eléctrico, hacer malabares esquivando otros papalotes y preservativos con complejo de globos, intentar el famoso salto del ángel, meditar, fumarse un cigarro, ponerse en poción de ataque, de espera, y cansado, en mi opinión, se dejó caer, luego entró en el edificio del frente, seguro tomaría las escaleras, por temor a quedar atrapado, Dios, en elevadores de películas de horror, después, supongo, tocaría puertas que dejan ver cartelitos que dicen; “Villa Laurita” junto a pequeñas palmitas del caribe. Pero no, en cambio se mantuvo vacilante en el hall, (si, así de finísima que soy); a continuación salió y se paró en medio de la calle, miró para ambos lados; después hacia mí.
Aquí solté un: me cago en su madre bien bajito, al hacer poner mis ojos súper chinos y procurar un bufido de encabronamiento.
La luz me dijo:
–Eh vecina, ¿todo está tranquilo?
–Si, si.
Luz vacilante.
–Por favor podrías –y abaniqué mi mano libre entre el haz de luz y mi cara
–Ah disculpa, ¿cuándo te toca? –repuso la luz perdiendo intensidad.
–Qué cosa
–La guardia, ¿cuándo te toca?
–Pues no sé.
Luz en espera.
Bueno aquí dice…, que la semana entrante.
–Ay gracias por recordármelo.
Luz titilando como si fuese un electrochismoso de las películas.
–No hay de que, aquí estamos para cualquier problema –dijo la luz– bueno, déjame seguir, no se puede bajar la guardia.
Y procuré el ademán característico de campeones, en el que uno tiene que mostrar el pulgar hacia arriba y poner cara de anormal.
Luz que se pierde, luz que te irás.
Luego de esto, supuse que mi bonsái me daría las gracias, a tal inoportuna contrariedad, al verme siguiendo con la vista, la ya lucecita titilante, perdiéndose ahora, dentro de los edificios contiguos.
–Ya, duérmete –le propuse al bonsái. Y solté otro, y más profundo resoplido a la taza.
Me llevé mis dedos a la sien, la froté por algún tiempo, rezando por unos segundos, que no regresaran los dolores de cabeza y sus efectos secundarios, y que mi Tony, viril en la mañana, me hiciese gemir.
Pero mi intento por querer ver otra realidad, fue en vano.
