
«Yo me considero un autor comprometido pero, al mismo tiempo, siempre he odiado dar respuesta a la demanda social, pero al menos estoy lúcido e intento ser crítico».
Matei Vişniec
Si no tan amplia como la de Francia, Reino Unido o España, la dramaturgia de Rumania posee no pocos exponentes de valía, entre los que sobresalen: Eugène Ionesco,Vasile Alecsandri, Lucian Blaga, Ion Luca Caragiale, Mircea Eliade, Petre Locusteanu, Camil Petrescu, Liviu Rebreanu, Mihail Sebastian, Barbu Ștefănescu Delavrancea, Elena Văcărescu, Jacobo Langsney y Matei Vișniec, quien, nacido el 29 de enero de 1956, además de poeta y periodista de Francia Radiofónica Internationale, es uno de los más relevantes autores desde décadas atrás.
Internacionalmente conocido por sus textos en lengua francesa, se graduaría en la Facultad de Filosofia y Letras, de la Universidad de Bucarest. En los ‘80s escribió ocho obras divididas en dos o tres actos y algunos guiones, pero todos fueron censurados. En 1987 fue invitado a Francia por una fundación literaria y pidió asilo político. Entre agosto de 1988 y octubre de 1989, vivió en Londres donde trabajara para la sección rumana de la BBC. Tras establecerse en Francia, escribiría en francés y recibiría la ciudadanía francesa. En 1989, tras la caída del comunismo en Rumanía, Matei Vișniec devendría uno de los dramaturgos más representativos de su país con más de 30 piezas de teatro en Bucarest y otros ámbitos.
En 1996, el Teatro Nacional de Timisoara organizó el Festival Matei Vișniec, en el que doce compañías representaron igual número de obras suyas. Mas, su audiencia internacional como dramaturgo comenzaría en 1992, con Horses at the Windows [Caballos en la ventana], representada en Francia, y Old Clown Wanted [Se requiere un payaso] en la Bienalle de Bonner. Asimismo, son muy conocidas sus piezas breves: El bolsillo del pan, Caballos en la ventana y La araña en la herida.
Durante los años de su estancia en París, Vişniec vería más de 20 de sus obras en Francia en puestas de importantes compañías, como Théâtre Guichet Montparnasse, Studio des Champs-Elysées, Théâtre du Rond-Point des Champs Elysées. Paris, Théâtre de l’Utopie, La Rochelle, Compagnie Pli Urgent, Lyon, Théâtre Le Jodel, Avignon, Théâtre de Lenche and Théâtre de la Minoterie Marseille y Compagnie Nice-Théâtre Vivant, Nice).
Old Clown Wanted ha tenido puestas en Francia, Alemania, Estados Unidos, Dinamarca, Austria, Polonia, Finlandia, Italia, Turquía, Brasil, Rumanía, Moldavia, y Georgia.
Como aun acontece en muchos escritores de Nicaragua, Venezuela y Cuba, como en Corea del Norte, estuvo entre los autores prohibidos en su país natal, por lo que partiría a París en 1987, donde solicitara asilo político.
Tras la caída del comunismo, Vişniec devendría el dramaturgo rumano vivo más representado en su país ya liberado. Escritor crítico y denunciante, confiesa escribir por lo que ama y por el tipo de sociedad que quiere, en tanto concibe la literatura como «un espacio de libertad en medio de la dictadura de lo políticamente correcto».
Por la significación de este multiautor, como por sus opiniones sobre los peligros que hoy acechan a la democracia en Europa y América Latina, entrego a los lectores de mi habitual sección en OtroLunes varias respuestas del autor, aparecidas en la valiosa entrevista —publicada en la web El Kiosko Teatral— con la dramaturga, directora y actriz escénica de Barlovento Teatro: Beatriz Velilla, quien asimismo es Máster en Política Social (Universidad de Deusto, Bilbao) y egresada de la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático, Madrid).
«Nacido en una época en la que vivía en un país esquizofrénico, era una sociedad esquizofrénica total la comunista de Rumania. Muy pronto descubriría que quienes me rodeaban tenían una doble identidad o moral. De tal manera, por una parte debías jugar el juego del poder, hacer como que estabas de acuerdo con la ideología, los protocolos sociales, el Partido y el poder. Y por la otra, la gente llevaba una vida secreta: en la casa, la cocina, los amigos… criticabas el regimen y escuchabas las emisoras de radio extranjeras para informarte. En definitiva, llevábamos una doble vida. Siempre me llamó la atención esa esquizofrenia total de la sociedad».
Doble identidad
Asimismo, en ese tiempo descubriría que debía dividir su personaldidad en dos: una en el colegio, de cara a la sociedad, donde debía ser correcto, sumiso; y, otra muy distante y distinta, por su ambivalencia: debía encontrar, en secreto, un espacio de libertad. Y justo en esa época, el entonces ingente autor, descubriría que la literatura era justamente eso: un espacio de libertad. Pero no estaba solo. Hubo toda una generación en la época comunista que hacía crítica social mediante la literatura, pero de forma velada, a veces discreta, muy codificada, por lo que la definían «literatura codificada».
De tal suerte, aprendería muy pronto, con catorce o quince años, a escribir una literatura metafórica, crítica, de oposición y resistencia cultural. Y subraya:
Entonces, sí, puedo decir que en ese país descubrí la doble identidad social, aunque en el interior yo seguía siendo el mismo. En el momento en que me fui de Rumanía, empecé a construir este otro personaje: el escritor francófono que soy. El idioma francés me ha formado de otra manera, es decir, la lengua francesa me ha hecho, en cierto modo, renacer. Así que puedo decir que tengo una doble identidad, porque siempre he sido algo así como un enlace entre mi ciudad provinciana y la ciudad de Bucarest, donde estudié, más tarde entre Bucarest y París, entre el idioma rumano y el francés, entre las culturas de Europa del Este y la occidental. De tal suerte, poseo una doble identidad. Y tengo también la doble nacionalidad, rumana y francesa. Pero estas son formas, digamos, de volar, y para volar hacen falta dos alas. Estas dos identidades me han ayudado a volar y a comprender muchas cosas.
La poesía me fascinó
Cuando comenzó a escribir, escogería la poesía, pues había descubierto, tempranamente: en plena adolescencia (con apenas diez u once años) el poder de la palabra.
Deseaba tanto leer cuentos y más cuentos, después novelas, poemas… La poesía me fascinó. Y muy pronto empecé a escribir porque la palabra era para mí como la materia que me permitía construir universos. Con el texto, con las palabras, con mis poemas podía construir mundos en los que yo era el rey. Podía evadirme con la poesía. También podía, por supuesto, transmitir cosas secretas, emocionar, impresionar. La palabra se convirtió muy pronto para mí en el instrumento principal de mi vida y enseguida supe que sería escritor. Me fascinaban los escritores, los escritores vivos que veía en esa época en Rumanía, pero también las biografías de escritores que leía para ver a qué edad habían comenzado a escribir, en qué momento empezaron a tener éxito. Mucho tiempo estuve marcado por ejemplo por el narrador francés, Raymond Radiguet, que murió a la edad de veinte años, que había escrito dos novelas y que, sin embargo, es célebre. Así que yo también soñaba con morir con veinte años, pero escribir dos o tres novelas entre los dieciséis y los veinte años. Viví esta fascinación por la literatura en cierto modo como Don Quijote, porque precisamente con mi amigo Evelio Miñano —Catedrático de Filología francesa de la Facultad de Filología, de Valencia— he hecho un recorrido tras el rastro de Don Quijote.
Preferí el teatro
Sí, la literatura sería para el creador, la verdadera vida, ya que era en ella donde sentía que estaba vivo, el resto eran deberes. Solo más tarde, se percataría que los géneros eran como sus hijos: amaba la poesía, las piezas breves, los cuentos, los ensayos, las novelas, el teatro, probaría todo. Y confiesa:
Nunca en mi vida he sido actor ni director de teatro y, sin embargo, he escrito poemas, novelas, piezas breves, cuentos y, por supuesto, obras de teatro. Quizás entre todo yo prefería el teatro porque era lo que me ayudaba a abrirme más hacia los demás. En el teatro eres el primero en lanzar una aventura extremadamente interesante, el espectáculo de teatro comienza con el autor, es la fundación de algo en lo que después viene el director con su visión, los actores con su cuerpo, imaginación y expresividad; después llega el escenógrafo con su punto de vista y su maquinaria escénica, más tarde el que hace la música y el iluminador, y finalmente el público. Por ello, el teatro como hecho colectivo me ha fascinado desde siempre porque aunque yo tenía un espacio pequeño, era yo el que iniciaba el milagro. Y todavía hoy cuando veo una obra mía bien montada y veo que el público se emociona me digo: «Soy autor pero también creador del milagro». El milagro es el encuentro entre los artistas y el público alrededor de una idea, un tema, una emoción, una forma de enfrentarse al mundo, alrededor de un deseo de tambalear el mundo, y eso siempre me ha gustado, ese intento de impactar al mundo tal y como lo conocemos a través de las emociones emanadas de un texto o de una obra de teatro. Así que yo soy el detonante de un diálogo más interesante y sutil que el de todos los días. Para mí el teatro es casi el último reducto social que queda donde poder relacionarse de forma directa, porque hoy en día, rodeados de tantas pantallas como estamos, es extraordinario poder reunirse alrededor de una emoción, y eso es el teatro.
Antes de partir de Rumanía, en 1987, había escrito muchos poemas, incluso había publicado tres colecciones, como había escrito una veintena de piezas, y descubriría algo muy interesante: a pesar del lado crítico de sus poemas, aunque velado y metafórico, conseguía publicarlos, pues el poder se veía confundido ante la poesía, ya que que se ocultaba tras una táctica confusa, no directa, y así esquivaba la censura.
Igualmente revela:
eso no ocurría con mis piezas, que nunca fueron aceptadas en la escena profesional de aquella época, porque el teatro trabaja con la emoción directa y el poder tenía más miedo del teatro que de la poesía y de las novelas. Y eso era así porque los poemas se leen estando solo, cada uno en su casa, igual que las novelas, que leemos en el sofá de casa, incluso aunque se trate de novelas contestatarias, uno no puede hacer la revolución estando solo en casa.
Era el más peligroso que los otros géneros
Hay una suerte de magia en el teatro que describe con veracidad:
Si hay cuatrocientos espectadores y treinta, quince o diez actores, se genera una emoción creciente, es casi el inicio de una revolución, el público puede salir del espectáculo con el deseo de hacer frente al poder, de actuar; es por eso que el teatro era más peligroso que los otros géneros literarios. Escribí muchas piezas en Rumanía, en lengua rumana, que nunca fueron representadas. Me censuraban, aunque finalmente yo estaba feliz de ser censurado, pues esto suponía la confirmación de que mis obras molestaban, y el hecho de ser censurado me corroboraba que en mi cabeza era libre, había conseguido ser un escritor libre en mi propio país y la censura suponía esa constatación de que yo había logrado una forma de libertad interior.
Más tarde, en Francia, la nueva lengua le ayudaría de un modo excepcional, abriéndole a lo internacional y la universalidad. Comenzaría entonces a traducir sus piezas al francés, como a escribir en francés y montar sus primeras obras en el Festival de Avignon. Esto ejemplifica cómo la lengua francesa, como idioma de circulación internacional, consigue crear puentes, diálogos. Y lo ejemplifica el hecho de que tendría piezas traducidas del francés al japonés, al inglés, al ruso, incluso al búlgaro y otros idiomas. Ello, además, colaboraría en abrirle vías a la circulación internacional, a lo que coadyuvaría su conocimiento de la nueva lengua adquirida.
Y añade:
Igualmente podría haber encontrado esa vía en España, ya que el español es también un idioma de circulación internacional, al igual que el inglés, no hay muchos idiomas que te aseguren esa salida hacia lo internacional. Yo era más cercano al francés, tanto por mi naturaleza como por el hecho de ser rumano, y porque la lengua rumana se formó gracias a las aportaciones del francés, y para mí era más fácil escribir en francés que en inglés o en español. De todas formas, para mí cualquier lengua latina está más cercana a mi alma. Viví un año en Londres e intenté escribir en inglés, pero no fue para nada igual, me siento mejor en la familia de lenguas latinas porque me he formado con la música de lenguas latinas, la cultura latina, y el francés ha tenido un rol muy fuerte en mi vida.
Pero se refiere a Europa y su identidad, valor innegable: En ella, donde durante siglos se ha acumulado tanta cultura, tanta lucha por la libertad, es el espacio donde el Siglo de las Luces creara una revolución del pensamiento. Por ello, Europa constituye un espacio de identidad en la medida en que la democracia nació aquí, donde la práctica democrática ha dado resultado, es un lugar donde la democracia funciona. Europa, con su espíritu de apertura ha dado también una lección al mundo. Mas, tiene también una identidad negativa, pues aquí ha habido dos guerras mundiales que han sacudido al mundo. Y añade que es
también suicida por las ideologías nefastas que han nacido aquí, como la nazi y la comunista. Europa es un espacio de identidad complejo y contradictorio. Alain Finkielkraut, gran filósofo francés, en un libro muy interesante: L’Identité Malheureuse (La identidad infeliz), trata de ver cuál es finalmente la verdadera identidad de Europa, atendiendo a lo que constituye su verdadera dimensión esencial, y concluye de esta suerte: «La verdadera identidad es la apertura». Europa es, a fin de cuentas, un espacio abierto que ha convertido la apertura en un valor primordial. Aunque también es cierto que una apertura muy grande tiene, igualmente, sus límites porque de una casa que se abre demasiado, si rompemos las paredes, construimos demasiadas ventanas o quitamos el techo, si rompemos las paredes para hacer demasiadas puertas… no quedará nada. Para mí el problema es que para conseguir la verdadera identidad hay que encontrar un equilibrio entre apertura y la inspiración que esa apertura puede provocar en el exterior.
Y subraya que Europa podría haber devenido un modelo a imitar por otros ámbitos; pero no lo ha conseguido, y esto es un drama, pues no ha logrado exportar su modelo democrático, ni el cultural, ni siquiera imponer la paz en sus fronteras. Y como ha envejecido, tampoco ha conseguido exportar la prosperidad ni un modelo económico interesante que no destruya el medio ambiente. Reflexiona a rato, confiesa, sobre Europa, porque se ve también impactado por todo lo que está pasando: la crisis migratoria, el auge del populismo y de los extremismos. Aunque si le alegra que Rumanía haya entrado en la Unión Europea, hecho que considera una enorme victoria. Cuando era joven soñaba con que su país fuera un día aceptado, integrado y reconocido por Europa, lo que, finalmente, lograría.
E insiste en este punto que tanto le interesa:
Soy muy sensible a lo que tiene que ver con Europa, y escribo a veces sobre ello, por ejemplo, mi última obra: Migraaaants ou On est trop nombreux sur ce putain de bateau (Migraaaantes o Sobra gente en este puto barco) es precisamente una pieza donde analizo el fenómeno migratorio y la forma en que este fenómeno va a cambiar la fisonomía de Europa. De hecho, no sabemos lo que nos espera ni en lo que vamos a convertirnos. La sociedad, la historia, no es una ciencia exacta. Estamos en un momento de transición, de profunda metamorfosis y nosotros, los autores, no tenemos la solución, yo como escritor no tengo la solución, lo único que puedo hacer es hablar de ello y formular preguntas interesantes, porque todavía hoy existe en Europa algo que la perturba, una especie de dictadura del pensamiento políticamente correcto.
Y ello, le supone imaginar el regreso a su país, treinta años atrás, bajo la dictadura del pensamiento comunista.
El pensamiento políticamente correcto es lo mismo: una forma de no ver la verdadera realidad: impedir a los demás constatar el verdadero problema, no plantear los problemas y exigir a los extranjeros que llegan a Europa, el cumplimiento de las reglas de la democracia: la igualdad entre hombre y mujer, la laicidad, la cultura europea, ya que no imponer nuestras normas a los extranjeros, es una forma de no ver el verdadero problema, no querer actuar y esconderse tras grandes palabras y falsos aires de humanismo. Eso es insoportable. Y lo denuncio en algunas de mis obras, como en Migraaaantes, los estragos y la humillación para el pensamiento de lo políticamente correcto.
El teatro puede aportar mucho
Y asegura que el teatro puede aportar mucho, pues se he formado gracias a libros que lo han impactado y, a veces, gracias a obras de teatro vistas, como a actores que lo han emocionado. Por eso escribe, dice también, que ahora le toca formar, o transformar, sobre todo a los jóvenes que tienen edad para captar el mensaje y dejarse impactar, emocionarse y formarse por la gran literatura. En la escena, recuerda, nos podemos formular las preguntas de otro modo, podemos ver el mundo, analizarlo de forma diferente, pues la literatura es capaz de captar las contradicciones del mundo y las de los humanos, de forma diferente a la filosofía, la sociología, la psicología o las ciencias sociales. Y subraya que la literatura y la emoción que genera, es un útil instrumento de conocimiento. Gracias a ella, podemos conocernos mejor, dialogar mejor y llegar a comprender mejor hacia dónde va el mundo.
Y ejemplifica:
De hecho, yo he visto esta obra ya montada en Rumanía, Italia y Francia, he hablado con los espectadores, ya que en ella abordo precisamente a los emigrantes, pero también hablo de los muros, las barricadas que se erigen delante de estos emigrantes, como de las murallas, de nuestra cobardía y, aunque sea duro de oír, hay que decirlo: Europa no puede recibir millones de pobres porque es una forma de suicidarse, es la prosperidad la que debe enviarse a otros países, a otros continentes. Y reitera que habla de todo esto, de manera simple, con personajes concretos, y el público le ha llegado a decir a menudo: «Gracias, hemos entendido más gracias a usted con su obra que leyendo los periódicos o viendo la televisión». Y subraya que ese es, precisamente, el papel de la literatura, que capta el drama individual, y los dramas individuales son, no pocas veces, portadores de mensajes universales de una forma más fuerte que otras iniciativas de los periodistas, los políticos o los historiadores. Por eso piensa que la literatura es cada vez más una antorcha, una llama que por la noche alumbra el camino de la historia contemporánea.
Escribo para los jóvenes
Escribe obras para los jóvenes, los más pequeños, los más grandes, los alumnus. Piensa que el teatro para la infancia y la adolescencia puede ser, para empezar, un espacio de descubrimiento de sí mismo. Ha presenciado en colegios e institutos que los alumnos logran vencer su timidez porque participan en talleres de teatro donde descubren otro lenguaje diferente al didáctico, al del colegio, por lo que consiguen expresar sus emociones, actuar, pues encarnar un personaje es encontrar su libertad interior y su capacidad creadora. Hacer teatro supone a veces descubrir la creatividad, la fuerza para abrirse al mundo y comprender que el diálogo es muy importante, comprender la generosidad de la acción en común, es decir la actuación conjunta.
Y reafirma:
El teatro es, sin duda, una disciplina que forma cerebros y almas. Si pudiera, impondría una hora de taller de teatro por semana en los colegios como disciplina de socialización. El teatro supone reunirse y nos ayuda a volver a abrirnos y a dialogar hoy, en una época en la que vemos a todos apartados en un rincón con sus pantallitas, con su Facebook. Un niño puede descubrir muy pronto en una obra de teatro cosas sencillas como el amor, la generosidad, el hecho de que hay que combatir el mal, que puede tener la forma de cualquier cosa, por ejemplo de un lobo. El teatro nos ayuda a reflexionar sobre la relación con el mal, con la belleza, con la amistad… todo eso puede desencadenarse desde la edad de seis u ocho años, once, doce años… una nueva forma de ver y de comprender el mundo.
Por eso, confiesa que, en ocasiones, escribe por encargo para grupos que le piden obras, y siempre le produce gran satisfacción escribir conjuntamente con los alumnos, como Enquête sur la disparition d’un nain de jardin (Encuesta sobre la desaparición de un nomo de jardín), escrita a medias con ellos.
Y ya llegando al final, entrega una aseveración que, con ambas manos levantadas, apoya quien escribe, pues nunca tuvo prejuicios en realizarlas: la poesía destinada a los chicos, como el disfrute del teatro para tan importantes estadios: la niñez y la adolescencia:
Para mí los niños son tesoros, son minas de oro y solo hay que ayudarles a expresarse para que salgan cosas extraordinarias de su alma y de su inocencia. Estos alumnos del instituto estaban deseosos de escribir y luego representarlo. Tengo una obra nueva que se titula Le bonhomme de neige qui voulait rencontrer le soleil (El muñeco de nieve que quería conocer el sol), pero es diferente, se trata de una obra para niños a partir de cinco, seis o siete años… es una obra sobre la generosidad, pero también sobre la muerte, o mejor dicho, sobre la desaparición, porque aunque a esta edad no se puede reflexionar sobre la muerte, sí puede uno darse cuenta de que el muñeco de nieve debe desaparecer, y eso siempre genera emociones. Aunque el muñeco de nieve finalmente nunca desaparece sino que se convierte en sueño, así en mis obras para niños siempre hay una apertura, en ellas escribo siempre bajo el signo de la esperanza.
Y finaliza con otra confesión que evidencia la honestidad del reconocido creador rumano:
Lo que escribí en aquella época en Rumanía todavía es válido hoy, es decir, encontré espacios de libertad interior, por ejemplo al llegar a Francia me estrené con una obra que había escrito en aquella época en mi país. La censura no me obligó a hacer renuncias porque yo no quise hacerlas. Hacer renuncias en relación al poder o a la sociedad de consumo es para mí una forma de prostitución. Así que nunca he escrito obras ni textos «para» la sociedad totalitarista de aquella época en Rumanía, ni para la sociedad de consumo, ni para la industria del ocio, siempre he creído que tenía por misión la lucidez, la independencia total. Uno no puede decretarse así como así autor lúcido o independiente o resistente. Creo que siempre he tenido una voz interior que me guiaba constantemente y que me decía: «Matei, no tienes que escribir por el dinero, para los poderosos, por la ideología, tienes que escribir para ti, por lo que amas y por el tipo de sociedad que quieres.»







