
Las redes sociales se han convertido en escenario para darle visibilidad a la dura situación de nuestro pueblo, allá en Cuba. Pero también para analizar, con seriedad, muchos aspectos necesarios para entender la compleja realidad de nuestra isla.
Uno de los proyectos más interesantes es Métele Coco, un programa que conecta a cubanos residentes en todas partes del mundo con cubanos de la isla, dispuestos a intercambiar criterios sobre muchos ámbitos y conflictos de la realidad cubana actual. Ese intercambio se hace vía Whatsapp. Y fue una idea nacida del antropólogo cubano Carlos Infante, radicado en Holanda, por cierto, uno de los jóvenes intelectuales más lúcidos que conozco.
En la última de esas charlas virtuales, a partir de la propuesta de Carlos hablé sobre un tema que me preocupa mucho: los Retos actuales que sobrepasan a la sociedad civil y a la oposición cubanas.
¿Cuáles son esos retos?
PRIMERO
La Disparidad en el accionar estratégico de los diferentes sectores opositores (sean estos políticos o ciudadanos) ante una estrategia unificada de la dictadura para, por un lado, minimizar el efecto del disgusto opositor y social en sectores más amplios de la población (táctica de alcance nacional), mantener a raya a la oposición organizada (táctica de alcance nacional y extraterritorial donde se manifiesta la oposición de cubanos en la diáspora) y evitar que legalmente se consolide en los organismos internacionales el criterio de que el pueblo cubano se manifiesta contra el gobierno (táctica de alcance internacional).
RESULTADO: la oposición lanza palos de ciego contra el accionar organizado de la dictadura.
SEGUNDO:
Campaña de descrédito contra la oposición y sus líderes en la isla y la diáspora, sostenida en los medios masivos de información y en las instituciones oficiales… sumada al propio descrédito de la oposición, que no ha logrado establecer un programa efectivo de convencimiento de sectores más amplios del pueblo, pese a que más que nunca las condiciones objetivas de la vida económica, social y política en Cuba así lo permiten.
RESULTADO: Incapacidad de la oposición organizada y la sociedad civil de canalizar el cada vez mayor descontento social.
TERCERO:
Recursos excesivos del gobierno en fortalecer su estructura de represión nacional e internacionalmente vs falta de recursos de la oposición. Como algunos líderes en la isla lo han comentado, la salida al exterior de numerosos protagonistas de la oposición y sus campañas en otros países para luchar por Cuba ha provocado una desviación de los fondos de ayuda y hoy nos encontramos ante un hecho innegable: la oposición en la diáspora recibe casi el 90% de las ayudas económicas, entretanto ha disminuido escandalosamente la ayuda que reciben los opositores en activo dentro de la isla. RESULTADO:
1.- Imposibilidad de gestión más amplia para establecer proyectos sociales y políticos alternativos en la isla;
2.- Concesión a la dictadura del pretexto propagandístico de que la oposición fuera de la isla “no le interesa el pueblo, pues vive del sufrimiento del pueblo cubano”;
3.- Descrédito de la lucha cubana por la libertad en el exterior en organismos internacionales, que entienden que pese a los grandes recursos invertidos “para la libertad de Cuba” los cubanos no han logrado nada con esa ayuda.
4.- División aún más radical entre los sectores y grupos de oposición de la isla y la diáspora a causa de la desequilibrada distribución de las ayudas económicas.
CUARTO:
Caudillismo vs formación de canteras políticas en la oposición de la isla y el exilio, que deriva en el protagonismo excesivo de líderes y en la prolongación del concepto de la necesidad de un caudillo o mesías, en detrimento de crear una conciencia sobre el poder de la participación política democrática ampliada apoyada por la independencia de los poderes del Estado como fundamento de la sociedad democrática a la que debemos aspirar.
RESULTADO:
1.- Estancamiento del liderazgo de la oposición política.
2.- Eclosión y predominio del discurso de figuras mediáticas sin programa político de futuro, pero que esgrimen de modo abierto y con mucha inteligencia lo que el pueblo desea, que ganan protagonismo ante la falta de proyectos políticos y sociales que debían generar la oposición y la sociedad civil.
3.- Éxitos de la táctica de la policía política y de la dictadura de generar una oposición consentida, supuestos líderes reformistas y proyectos opositores reformistas dentro del socialismo (entendido este como el sistema de gobierno del castrismo). En suma: división y luchas entre la oposición y la sociedad civil opositora.
QUINTO:
Exilio voluntario o forzado de las principales figuras de la oposición política o líderes ciudadanos descontentos. Nos vemos ante la realidad innegable de que en Cuba siguen luchando los grupos líderes de la oposición tradicional (muchos de esos grupos penetrados por la policía política y con casi nula credibilidad entre la población), mientras que la inmensa mayoría de los numerosos líderes jóvenes surgidos de los movimientos San Isidro, 27N o del periodismo independiente y la oposición intelectual en internet, que representaron una enorme esperanza de cambio, no han logrado sobreponerse a la estrategia de presión y represión contra ellos y han decidido salir al exilio, donde algunos se mantienen activos y serios en la lucha por la libertad de Cuba, pero otros parecen más bien figurones mediáticos concentrados en exhibirse disfrutando “de las mieles del capitalismo” en las redes sociales.
SEXTO:
Falta de cultura política en la oposición. Lo que se ve son acciones aisladas, unilaterales y personalistas contra la dictadura, y una casi absoluta ausencia de un programa político/social basado en cualquiera de las tendencias políticas existente en el mundo. Incluso aquellos grupos que se hacen llamar Partido Tal Cual, en su accionar propagandístico y activo hace evidente que no tienen mucha idea de lo que dicen representar.
RESULTADO: Limitaciones en el análisis de la realidad social en la isla. Por ejemplo: Cualquier análisis basado en cualquiera de las tendencias políticas existentes en el mundo arroja un hecho claro en las actuales circunstancias que atraviesa hoy la isla: los opositores cubanos deben aprovechar el descontento social y pasar de la acción política directa contra el gobierno a la lucha por imponer en sus radios de acción programas sociales de corto espectro (o de amplio espectro, si es posible) que atraigan la atención de los residentes en esas zonas y movilicen sus conciencias en el entendimiento de que no es el Estado/la dictadura la única salida a sus problemas.
Y SEPTIMO:
—Divorcio entre oposición política y sociedad civil opositora. La experiencia histórica demuestra que, en el caso de los regímenes totalitarios, es esencial la estrecha vinculación de objetivos comunes entre estos dos sectores en dos rutas prioritarias: la movilización de la población para crear conciencia de la necesidad de su participación social en diversos proyectos (raciales, de igualdad sexual, de género, etc.) y el establecimiento de una estrategia común de cara a las estrategias del régimen en estos terrenos.
RESULTADO: los proyectos por la diversidad sexual, racial, de género, de defensa de los animales, etc…, de la sociedad civil resultan proyectos de accionar aislado, alcance limitado y protagonizados por muy pequeños sectores de la población, mayormente sin ninguna resonancia a nivel nacional e internacional, contrariamente a lo que sucede en esos mismos ámbitos con los proyectos presentados por las instituciones gubernamentales.
Después de la charla, la filóloga y socióloga Helen Ochoa, desde Cienfuegos, en Cuba, me hizo preguntas que respondí allí por escrito y que aquí reproduzco:
Por qué crees que actualmente sigue siendo el descredito de la oposición por parte del régimen una de las principales causas de la inviabilidad de la sociedad civil para unirse en un objetivo común contra la dictadura en Cuba?
Si un pueblo lleva 60 años engañado por el discurso político y ha dado pruebas de que ya no cree en el discurso político, la oposición debe proponer un discurso distinto, convincente, que demuestre en la práctica que lo que se propone no es más de lo mismo. No lo ha hecho. Eso desacredita a la oposición.
Si el gobierno ataca impunemente a la oposición y es sádicamente agudo en elegir las zonas débiles de la oposición y aprovechar el casi monopolio informativo y propagandístico, la oposición debe ponerse de acuerdo en su normal diversidad para encontrar vías de confrontar esos ataques. Lo ha hecho muy aisladamente y con el foco dirigido al mundo exterior, no a los cubanos de la isla, que es (o debería ser) su target principal. Eso desacredita a la oposición.
Si el pueblo ha descubierto que la vía más fácil es apartarse de la política y luchar la supervivencia, o huir de la isla, desconfiando por igual de la política oficialista y de la política opositora, la oposición debe conformar plataformas unificadas (o colaborativas) de derribar ese modo de pensar, de manera que ese sector poblacional se fije en la idea de que otro país es posible y que el país los necesita a ellos (de hecho es el reto mayor que tienen los partidos políticos en las sociedades democráticas). Si la oposición no hace eso, entonces eso desacredita a la oposición.
Pregunta final en este sentido: si mañana mismo se cayera el régimen y la oposición continúa como hasta hoy en el quítate tú pa’ ponerme yo que hemos visto, ¿podría la oposición superar su descrédito actual e implementar el proyecto de país diverso, amplio y plural que necesita Cuba?
¿Qué papel le asigna a los influencers cubanos en la confrontación al discurso oficial interno y externo del régimen cubano?
Es un papel muy peligroso, como todo lo que se mueve en la lucha política e ideológica a través de ese caos incontrolable de información que es internet y las redes sociales. Siendo sincero, soy muy pesimista. En los primeros tiempos, aquellos tiempos que comenzaron con la blogósfera opositora en Cuba y que se extendió luego en los medios periodísticos independientes, los influencers y su actividad en internet fue muy útil porque visibilizó internacionalmente la cara oscura del régimen. Hoy, con toda sinceridad, creo que han perdido el foco del objetivo principal de su labor, se han transformado en proyectos cargados de personalismos excluyentes del pensamiento ajeno… y hacen más daño que utilidad. Y es que si hubo un tiempo en que el trabajo de los influencers unió en la diversidad a los cubanos nacional e internacionalmente, ahora mismo lo que veo es un ruedo de individualidades que se atacan unos a otros ante cualquier pequeña disparidad de criterios o posición ante el régimen, provocando una división entre sus seguidores cubanos como nunca antes se había visto. Y encima de eso, se ha enraizado en el discurso de esos influencers, youtubers, instagramers, etc., una figura que había ido perdiendo fuerza en la sociedad cubana ante el descalabro de credibilidad de Fidel Castro y otras figuras históricas que encarnaban en la política ese fenómeno: el caudillismo. Si a eso le sumamos que más de uno de esos actores han convertido su accionar en un sello mercantil, con lo cual cualquier otro proyecto o idea se percibe como competencia, creo que todavía falta mucho por recorrer en el objetivo de contrarrestar el discurso oficial interno y externo del régimen (incluso hoy, que cada vez menos gente cree en ese discurso).
¿Cómo percibe el cambio en Cuba dado el escenario actual en lo interno y en el acontecer mundial?
Según la inopia social y el natural escapismo del pueblo cubano intentando sobrevivir en la isla o escapar de la isla; según el estado de la oposición tanto en la isla como en el exilio; según ese circo romano de influencias que existe en internet fuera de la isla, según la complicidad o aceptación tácita que recibe el régimen por parte de la opinión pública internacional y de los organismos internacionales, y según los acercamientos internacionales del régimen y sus estrategias económicas y financieras internacionales de los últimos años, Según yo lo veo uniendo todos esos elementos, el único cambio vendrá del régimen mismo y veremos en Cuba ese mismo capitalismo de Estado mafioso y militarista que vemos en la Rusia de Putin, con una política exterior al estilo de China y el mismo discurso internacional falsamente conciliador y mañoso del régimen de Vietnam.







