
A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Asley L Mármol? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Asley L Mármol, el ser humano y Asley L Mármol, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
Me resulta difícil separar estos dos “egos” que mencionas pues son un mismo hueso en mi existencia; pero acepto tu reto y lo voy a intentar… Asley el ser humano vive obsesionado esencialmente por dos cosas, mi familia y mi fe. Mi esposa y yo hemos vivido juntos casi treinta años. Nos casamos en la universidad y salimos de Cuba exiliándonos en Holanda; hemos dado tantas vueltas, sufrido y logrado tanto que es como si fuésemos un mismo ser. Nuestras dos hijas nacieron en Los Estados Unidos y son seres increíbles, muy exitosas, ambas en la universidad en estos momentos. Son nuestro mayor logro y hemos sacrificado todo por darles la vida que no tuvimos y creo lo hemos logrado en gran medida. Sobre mi fe pudiéramos discurrir toda una noche y parte de la mañana, pero al menos he de decir que soy un hombre con una sed espiritual enorme. El Asley escritor lucha por exprimir la vida minando tiempo para hilvanar obras que posean aliento para existir por sí mismas y sean dignas de llegar a alguna parte. Busca maneras de vivir escribiendo y no meramente escribir cuando se pueda. Vive constantemente elucubrando poemas fallidos, historias pretenciosas y tramas imposibles que probablemente terminará desechando; pero que acaso en momentos de elevación seráfica se conjuran frente a mí y toman la forma textual que se les antoja.
Aunque seguramente alguno se molestará con esta afirmación: la Cuba en la que creciste, incluida esa Habana periférica donde entraste al mundo de la cultura, era un entorno muy rico y lleno de posibilidades para desarrollar el talento creativo, especialmente los nuevos creadores. ¿Qué recuerdas de esos primeros momentos en tu vida como escritor?
Permíteme ofrecer un poco de color a tu afirmación. Mis años germinales como escritor en Cuba fueron breves pero intensos; estamos hablando de los últimos cinco años de la década de los noventa. Admito que horizontalmente el entorno literario e intelectual era bastante diverso, pero recuerdo padecía de poca profundidad y originalidad en muchos casos además de estar plagado de limitaciones. Para los escritores más jóvenes podía tornarse asfixiante. Los escritores consagrados dominaban los escasos medios que existían y los espacios para los novicios o carecían de autenticidad y relevancia o requerían de una integración política hacia las instituciones oficiales que instintivamente detestaba. No obstante, a pesar de mi juventud tuve el privilegio de conocer y codearme con grandes escritores y artistas que me marcaron como intelectual. Figuras como Pablo Armando Fernández, Eduardo Heras León, Lina de Feria, artistas plásticos como Roberto Diago, entre muchos otros abrieron sus puertas y ofrecieron su experiencia a aquel joven obstinado en conquistar la perfección estética. Ya había logrado aparecer en publicaciones oficiales como El Caimán Barbudo, Unión, Alma Mater y otras revistas de corte independiente como Jácara, DeLiras, Verbum. También formé parte de la antología Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo que incluyó a los autores más jóvenes del momento, publicada por Letras Cubanas en el año 2000. El medio como tal, aunque parecía empezaba a reconocerme, se tornaba para mí cada vez más en un anillo ofídico con el que rompería definitivamente a finales del año 1999. De haber permanecido en Cuba habría de sucumbir irremediablemente ante la oficialidad para poder acceder a los principales medios de publicación y fuentes de empleo en el campo de las letras. No obstante, fueron años que atesoro en la memoria. Uno de los momentos que me marcó para toda la vida fue en uno de aquellos talleres literarios a nivel municipal o provincial, no recuerdo bien, creo que tendría no más de quince años, presenté lo que creía era un relato titulado “Testimonio de una oreja.” Uno de los miembros del jurado, tras haberme explicado que semejante texto carecía de una trama por lo que no calificaba como cuento, me aseguró que yo era plausiblemente un escritor y me exhortó a continuar escribiendo, otorgándome además una mención especial. Aquel miembro del jurado eras tú, Amir. Otro momento fundamental fue haber participado en el primer taller de narrativa Onelio Jorge Cardoso fundado por Eduardo Heras León y Francisco López Sacha donde se aglutinaron los principales narradores jóvenes del momento, donde también estuviste, Amir. Tuvimos el privilegio de estudiar con escritores de la talla de Senel Paz y Leonardo Padura entre muchos otros. Fue un momento crucial en mi formación. Como es lógico tras abandonar el país y comenzar a publicar en los medios del exilio, solo unos pocos estaban dispuestos a continuar asociándose conmigo; precio que estaba dispuesto a pagar a cambio de la libertad.
Hay una experiencia en tu vida de la que me gustaría hablar: fuiste uno de los “cabecillas” de uno de los proyectos más originales que he conocido en la historia de las revistas cubanas… Jácara, una revista de manuscritos, si no me equivoco, conjuntamente con el también escritor Luis Rafael Hernández. ¿Cómo fue esa experiencia?
Jácara fue el arca y el diluvio a la vez. Arca en cuanto a ofrecernos un medio confiable para distanciarnos de la mediocridad imperante y trazar nuestra propia ruta. Conocer a Luis Rafael, con quien he mantenido una muy buena amistad durante todos estos años, fue trascendental en mi vida. Hombre muy culto y con un profundo sentido de nuestra futuridad, vio en mí quizás lo que ni yo mismo era capaz de discernir. No solo me presentó a Jácara, me invitó además a subdirigirla y crecerla. Diluvio pues acaparamos la energía de los autores menos reconocidos que nos negábamos a embadurnarnos con la politiquería oficial o con el extremo opuesto de un discurso contestatario muy de moda en aquellos años en que el gobierno quería aparentar una apertura cultural. Queríamos hacer literatura y punto. Nos remontamos a la estética del grupo Orígenes y propusimos una revista insólita en la historia de las letras cubanas: publicaríamos los textos manuscritos de puño y letra de los autores. Muchos de los escritores de marras se rieron en nuestras caras, pero más nos reímos nosotros cuando nombres como Cintio Vitier, Fina Garcia Marruz, Jose Kozer, Excilia Saldaña, Rafaela Chacón Nardi, Dora Alonso, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Lina de Feria, Eduardo Heras, Waldo Leyva y muchos más, se tomaron el tiempo de sentarse a escribir en la mejor caligrafía que les era posible sus colaboraciones. Por supuesto que en sus páginas figuran también decenas de escritores jóvenes, muchos subvalorados, compartiendo el espacio con figuras consagradas, propósito principal de la revista. También comenzamos a incorporar a pintores de calibre con ilustraciones originales: Zaida del Rio, Eduardo Fabelo, Roberto Diago, Nelson Domínguez, Pedro Pablo Oliva, Alfredo Sosabravo, ilustraron las páginas de Jácara. Tuvimos, gracias al apoyo de Fefé de Diego, quien nos abrió los archivos de su padre el gran poeta Eliseo Diego, el increíble honor de publicar un poema manuscrito inédito de Jose Lezama Lima, además de textos manuscritos de Eliseo Diego y Gastón Baquero. En fin, gracias a su audacia y autenticidad, Jácara fue un fenómeno literario de esos que te llevan sin quererlo a formar parte de la historia.
Cuba, un día queda detrás y apuestas por el exilio, como otros millones de cubanos, con todo el trauma del desarraigo que eso suele representar para la mayoría. Y mientras en Cuba publicaste apenas un poemario, ya fuera de la isla desarrollas una carrera literaria más sólida y que, además, se extiende a otros géneros, el cuento, la novela. ¿Qué te ha dado y que te ha quitado el exilio?
Huir de tu país natal en busca de la sanidad mental y la libertad que te eran negados es un proceso tan duro como un trasplante de alma. El exilio no solo te desarraiga, sacude el basamento de tu devenir, de tu carrera. Tuvimos que dejarlo todo atrás, un futuro que conducía a la servidumbre, pero que aun así era el nuestro, labrado con ansias y sacrificios. Al cabo del tiempo te acostumbras, las heridas cauterizan y el pasado se vuelve un punto cada vez más lejano en el tiempo. Con los años se difuminan los nombres de las calles, las caras de la gente, pero nunca alcanzas a borrar las huellas y la presencia de esa patria sufrida. Luego, mientras más te sumerges en tu nueva vida las sombras, esta vez coloridas y danzantes, reaparecen haciéndote sucumbir en la nostalgia. Quienes emigran por razones meramente económicas no pueden entender lo que sufren los inmigrantes cubanos; es como el dolor de un hijo que pierde a la madre. Pero no todo son penas; el exilio es el mundo, ese mundo que nos ocultaban cuando vivíamos inmersos en el experimento político castrista. Y sed de mundo tenía. Mas allá de lo material, el acceso a la cultura, la información, la diversidad política fue impactante para mí. Ver el mundo con mis propios ojos y poder construir una familia, un modesto legado que, aunque no valga mucho es auténticamente mío sin tener que agradecerle a político o gobernante alguno. Algo muy especial que nos da la condición de exiliados es que nos une de una manera especial como pueblo, como grupo étnico. En cualquier punto geográfico donde encontramos a otro cubano o cubana, al menos a mí me sucede, sentimos una conexión inmediata y la necesidad de ayudarnos mutuamente. A este País en el que vivo y a las generaciones de cubanos que nos precedieron les debemos mucho y vivo satisfecho más que nada por haber podido darles a mis hijas un futuro en el mundo libre; pero tal vez hubiese preferido mil veces una vida menos lujosa en una Cuba libre y democrática.
Hablemos de tus dos novelas: Magister dixit y The Watchers. ¿Te animarías a resumirle a un hipotético lector qué va a encontrar en esas dos obras?
Magister Dixit (latín que significa ‘el designio del maestro’ o ‘el maestro ha dicho’) ocurre en las nefastas escuelas en el campo durante el llamado período especial en la primera mitad de la década de los noventa. Los protagonistas son una pareja de estudiantes, Jesús del Monte y Magdalena Casals (Magda) quienes son acosados mental y físicamente por su profesor de matemáticas, Fausto, un hombre de vasta cultura, una suerte de genio frustrado, cabalista y esoterista quien logra envolver a Jesús, valiéndose de la sed por aprender del estudiante, con su aura mística con el fin de sacarlo de su camino para poseer a Magda. El trasfondo de miseria, asfixia existencial, adoctrinamiento político en que viven los personajes ensombrece más aun el entramado dramático de la historia que inevitablemente termina de manera trágica para fatídico triángulo amoroso.
The Watchers (Los vigilantes, novela en inglés) es la historia de dos hermanos cubanos judíos, descendientes del linaje sacerdotal Aarónico, quienes viven en mundos antagónicos. El mayor, Daniel Coen, no quería regresar a Cuba. Desde las alturas de su éxito empresarial en Miami, su familia y la isla de su infancia eran un recuerdo borroso en su vida perfecta. A noventa millas más al sur, el genio creativo de Emanuel, el hermano menor, no paraba de meterlo en problemas con la oficialidad en su querida Habana. El caos se adueña de sus vidas cuando una misteriosa y poderosa familia que afirmaba ser descendiente de Los Vigilantes, los ángeles caídos de antaño quienes sucumbieron a la tentación y se mezclaron con las mujeres dejando un linaje monstruoso según afirma el libro de Genesis, habían hecho una fortuna ayudando a dictadores alrededor del mundo a permanecer en el poder. Daniel se ve obligado a regresar a la isla una vez que Los Vigilantes lograron tener a Emanuel bajo su control, valiéndose de medios sutiles con el objetivo de atraer al hermano mayor de regreso a Cuba, donde tienen su base de operaciones. Daniel debe hacer su parte para facilitar la extracción de la isla de un objeto antiguo y extremadamente valioso que supuestamente aseguró la longevidad en el poder de su poseedor temporal, Fidel Castro. La prioridad para Daniel es recuperar a su hermano y sesgar la influencia de Los Vigilantes de sus vidas. En el proceso, se ven inmersos en un mundo de sórdidas redes de poder que los colocarán en medio de situaciones increíbles en algunos de los lugares más fantásticos del mundo.
¿En qué se diferencia el poeta Asley L Mármol de ese cuentista Asley L Mármol que escribió El interior de la montaña
Al poeta no le queda más remedio que dilucidar el misterio que es la colisión entre la imagen y el verbo teniendo lugar constantemente en el alma. La poesía fluye cuando alcanzo la paz interna y me rodeo de las cosas que me empujan a crear. Estas pueden ser de naturaleza disímil como puede verse en mi libro El esplendor, una especie de compendio de varias facetas creativas y momentos evolutivos como orfebre de la palabra. Períodos de extrema tensión me cierran el ojo interno que ve dentro de esa dimensión impredecible e inexplicable. El narrador vive constantemente absorbiendo el fluir del mundo, los acontecimientos, intentando visualizar el eje de una historia antes de escribirla, al menos el rictus de lo que será. Como te decía más arriba, dejo que mi espíritu guíe a mi mente que como ave cetrera sale a encontrar conflictos humanos que tengan el potencial de devenir en algo digno de narrarse. Tengo varias historias visualizadas y estructuradas en mi mente aguardando el momento preciso para volcarse en el papel.
No te vinculas a ninguno de los usuales grupos literarios o movimientos que existen en la diáspora cubana en Estados Unidos; de hecho, vives como una especie de lobo solitario en esos ámbitos. ¿A qué se debe esa lejanía?
La verdad es que, tras haber vivido por casi por dos años en el limbo legal de un proceso de asilo político en Holanda, al llegar a Los Estados Unidos las circunstancias me obligaron a concentrarme en mi familia y la faena que pone el pan en la mesa. No me quedó más remedio que desconectarme del mundo intelectual por unos años. Nunca dejé de escribir y continué publicando en alguno que otro medio, mayormente poesía y artículos periodísticos. Terminé de escribir mi primera novela que había comenzado en la universidad antes de irme de Cuba en 1999. Inicié un proyecto editorial alrededor del año 2008, Editorial Sigla, donde publiqué tres obras: Lis desea de Luis Rafael Hernández, una reedición de tu novela Muchacha azul bajo la lluvia y mi primera novela, Magister Dixit. Tenía ya muchos textos de autores notables en revisión, pero no fui capaz de sobrellevar las presiones de mis obligaciones cotidianas y no quería defraudar la confianza de los autores por lo que decidí cerrarlo por completo. Debo confesar que estar al margen no es algo necesariamente negativo. Me permitió escribir The Watchers, el cual fue un proyecto muy riesgoso mayormente por ser mi primera novela directamente al inglés -libro que Eduardo Casanova Ealo diseñó y publicó en el año 2020 en su fantástica Editorial Primigenios en Miami-, y trabajar en mi tercera que espero terminar este 2023 titulada Poemas de sangre, una historia de amor en medio de los conflictos entre grupos mafiosos que operaban en Ybor City y cuya trama fluctúa en el tiempo desde principios del siglo pasado hasta la actualidad.
Siento en la proyección que haces de tu obra publicada un deseo latente de integración al universo angloparlante de la cultura. Incluso tu segunda novela fue publicada en inglés y no existe una edición en español. ¿Deseas alejarte de “lo cubano”? ¿No te preocupa que eso te coloque lejos de los análisis que, en algún momento, pueda hacerse de tu obra, especialmente sabiendo que la cultura en la que vives no ha sido para nada inclusiva con los escritores de nuestro idioma?
Lo que está ocurriendo en el mundo literario y editorial en Los Estados Unidos es algo sumamente interesante. La cantidad de libros que se publican y autopublican es increíble, en los miles de títulos al año. Se escribe mucha literatura de pacotilla, pero hay un auténtico público lector que consume diversos tipos de literatura. También la demanda de los diversos canales de streaming y Hollywood por contenido fomenta la creación literaria. No te miento que me interesa mucho penetrar ese mercado y llegar a dicho público, lo cual es bastante difícil en mi experiencia; me refiero a trabajar con editoriales y agentes literarios. Es un mundo muy competitivo debido el alto volumen de obras y autores; son muy específicos en lo que buscan y muchas editoriales pequeñas no tienen la capacidad de publicar muchos libros al año. Permíteme especificar que como dice el refrán ‘lo cortés no quita lo valiente.’ El ser cubano no se separa de mis letras. Mi novela en inglés The Watchers te lo demuestra. A pesar de que intenta atraer a un público más amplio e incluso insinuarse como adaptable para la pantalla (de hecho, la adapté recientemente como guion de cine), el conflicto político y social cubano es la columna vertebral de la historia. Es un thriller bona fide que abunda en la historia bíblica, conflictos políticos internacionales y se mueve en parajes exóticos, históricos y ricos desde el punto de vista cultural. Mi tercera novela, esta vez escrita en español, ocurre también dentro y fuera de Cuba y la mayoría de los protagonistas son cubanos o cubano americanos. Me es imposible aislarme de mi esencia, aunque sí intento universalizarla, salirme de esquemas preestablecidos pues después de todo el exilio nos ha dado la posibilidad de escribir desde un prisma más universal. Me siento un poco como un Alejo Carpentier (perdóname la comparación) en el sentido de que era un hombre que había visto el mundo y podía escribir desde parajes foráneos pero su esencial cubanía sale a relucir directa o indirectamente.
Cuba… ¿qué significa hoy para Asley L Mármol?
Un anhelo al que no puedo renunciar. Un dolor profundo al ver la desolación de la gente y la depauperación física y espiritual del país. Sueño con regresar cuando un cambio democrático trascendental suceda a ayudar a reconstruir la democracia y las instituciones sociales, políticas y culturales que por décadas han fungido como instrumentos de opresión o adoctrinamiento comunista. Soy optimista de que Cuba pueda recuperar el tiempo perdido y detener la regresión económica en unos pocos años y que los millones que estamos fuera -junto al talento y sed de progreso de los que viven dentro- pondremos lo que hemos aprendido y los recursos e influencias que podamos aunar en función de reestablecer el país y convertirlo en una nación moderna, exitosa y próspera.
Finalmente, hablemos de tu más reciente libro: El reflejo, que en edición bilingüe acaba de publicar Ilíada Ediciones. ¿Qué encontrará el lector de novedad en este libro, en el contexto de tu poética?
No hay nada nuevo bajo el sol, pero sí creo que El reflejo nos pone delante de uno de los conflictos humanos más cruciales de la historia desde una perspectiva inusual: los hijos como negación de los padres en medio de un mundo dominado por las redes sociales y corrientes ideológicas de extremos. Es una visión poética del conflicto filosófico intergeneracional visto desde ambos puntos de vista. La sección ‘Ellos’, pretende definir el ethos de las nuevas generaciones, sus puntos débiles, pero también su brillantez como seres humanos en una gesta por corregir lo que suponen fueron errores cometidos por la generación anterior. ‘Nosotros’, es un desgarrador compendio del trauma existencial de los padres al enfrentarse a las distintas etapas y reacciones en el desarrollo espiritual e intelectual de sus hijos. El conflicto es inevitable, más la complementación en ese proceso de negación dialéctica será la conclusión; el entendimiento de que cada generación deconstruirá a la anterior para luego tomar de ella los rasgos que enriquecerán su novedosa configuración. Creo que este libro hace el intento por comunicar conceptos bien definidos con la mayor claridad posible dentro del lenguaje poético, sin renunciar al lirismo ni caer en burdo coloquialismo. También se aleja de amaneramientos estéticos innecesarios, purgando la maleza exuberante que suele abundar en la mente del poeta. Creo en un discurso poético que sugiera y eleve a la vez. Espero haberlo logrado en El reflejo.








