
Margarita Fresco es, sin dudas, una de las profesionales más destacadas en el panorama del arte fotográfico en Cuba. En una isla pródiga de talentos en este oficio, e igual de pródiga en escenarios sorprendentes para ser atrapados en imágenes, su mirada incisiva al detalle de lo humano, y del impacto de lo humano en la realidad cotidiana, destaca por su naturalidad plástica y el poder de comunicación que logra en cada imagen.
Con una amplísima obra que retrata muchos de los más importantes ámbitos de la sociedad cubana de las últimas décadas, hay en su mirada una búsqueda de esencias que es al mismo tiempo histórica, antropológica, ideológica…, pero básicamente humanística y crítica: incluso aquellas imágenes que ella atrapa de la realidad donde la presencia humana no aparece, resultan un juego de espejos que matiza en disímiles detalles la existencia de ese ser humano, su impacto en la definición de esa cubanía también vital para entender el cuerpo de una nación.
Aparentemente sencillas, esas imágenes que ella arranca al poliédrico tapiz que es la vida política, social, económica, íntima y cotidiana de su gente, son de una conmovedora sensibilidad: en sus calles, sus rincones, sus parques, aparecen trozos del descalabro público, íntimo y espiritual de un proyecto llamado a lograr todo lo contrario a esa cara triste de la destrucción arquitectónica, urbanística, geográfica; en el rostro y la gestualidad de los protagonistas de sus fotografías se vislumbra esa dicotomía que muchos dicen es parte del espíritu cubano: la alegría natural de una raza mestiza mezclada o aplastada o escondida o sepultada en la desesperanza.
No se trata, entonces, de alguien que tira fotos al azar, aprovechando un entorno complejo y convulso que es caldo de cultivo para las grandes fotografías; se trata de un oteo inteligente a los ámbitos que ha habitado y que conoce profundamente, en busca de ese matiz definitorio que solamente una verdadera artista del lente como ella es capaz de atrapar.
Margarita Fresco, entonces, es una de esas y esos excelentes profesionales de la fotografía que han ido definiendo, año tras año, foto a foto, ese amplísimo mural de imágenes mediante el cual el mundo, y también nosotros, los cubanos, podemos entender la inmensa complejidad de nuestra pequeña pero entrañable Cuba.
Amir Valle
Director General – OtroLunes