


José Antonio Sáez (Albox, Almería, 1957) ejerce como docente de Lengua y Literatura Castellanas en su localidad natal, desde donde lleva años desarrollando una actividad lírica de elegante e interiorizada trascendencia, sólidamente anclada en un comprometido y personal humanismo y exteriorizada en una voz poética en la que se dan cita lúcidamente la memoria y la nostalgia, los estragos de la soledad y la intimidad de los escenarios cotidianos. Poesía del conocimiento honda en sus verdades y reflexiva en el decir, lejos de excesos culturalistas pero culta en su más prístina acepción. De todo ello daba buena cuenta la, hasta el momento de edición de la presente obra, última de sus entregas: Limaria y otros poemas de una nueva Arcadia, finalista del Premio Andalucía de la Crítica, interesante y personalísimo poemario en el que el autor acertaba a dibujar un nebuloso territorio propio, casi en la frontera entre la realidad y el sueño, lo figurado y lo real, la vivencia y la evocación, para rescatar de la mano del recuerdo los escenarios perdidos de la infancia, los rostros añorados del pasado y la devastación por el paso del tiempo, todo ello sustentado sobre la piedra angular de la íntima, elegíaca y delicada emoción.
Con Gozos de Nuestra Señora del Saliente (denominación alusiva a la advocación mariana de Nuestra Señora del Buen Retiro de los Desamparados o del Saliente venerada en su Santuario sobre la cima del almeriense Monte Roel) el autor se adentra en el siempre difícil terreno de la poesía religiosa y de connotaciones espirituales y lo hace con armoniosa elegancia y equilibrada finura, bien lejos del tópico y de los excesos localistas, alcanzando a urdir un poemario que emocionará profundamente a quien lo saboree desde la perspectiva de la fe pero que merecerá a la par y por su valor literario el respeto de quienes a él se aproximen desde su ausencia.
En sus cinco bien vertebrados Cantos el libro discurre hondo y palpitante en su intensa y acendrada espiritualidad, sin concesiones a la simpleza de un confesionalismo huero y convencional; antes bien, el intenso poemario se degusta desde la soledad del silencio y el lector experimenta la sensación de asistir a una oración de conmovedora autenticidad y sencillez elevada desde la frágil conciencia de lo netamente humano (el autor confiesa en el esclarecedor prólogo de la obra que fue gestada en un período de enclaustramiento como consecuencia de la convalecencia de una incómoda dolencia).
Los tres primeros cantos (Anunciación del Ángel a Nuestra Señora, El Magnificat y La mujer envuelta en el sol) se desarrollan en poemas de dieciséis versos a base de cuatro estrofas de alejandrinos sin servidumbre a rima. Por el contrario, el cuarto canto (Poemas en Cuaderna Vía -concebido como homenaje a Gonzalo de Berceo-) adopta esta forma estrófica y quizás en este tránsito pueda cifrarse una de las escasas objeciones que este comentarista podría realizar al poemario en su conjunto en su apreciación lectora, pues pese a lo meritorio de la construcción y del esfuerzo lírico de Sáez el desusado tetrástofo monorrimo confiere el poemario en el cuarto canto cierto aire añejo que contrasta, en cierto modo, con la naturalidad de la fluencia de los tres cantos anteriores.
El quinto canto (Gozos del pueblo) es, a mi juicio, un afortunadísimo repertorio de seguidillas, soleares, redondillas, coplas, cuartetas y liras de fina impronta popular y alada gracia andaluza que dibujan, por demás, un interesante contrapunto respecto del aliento espiritual de mayor severidad y hondura de los cantos anteriores.
Justo es destacar, con independencia de la muy legítima vivencia íntima y personal sobre el fenómeno religioso que pueda alentar en cada cual, la valiente y sincera honestidad de un poemario a contra estilo de modas y tendencias, en un mundo de tan doliente relativismo e indiferencia, un poemario como una oración coral en el mejor contexto y tradición de la poesía mariana y religiosa (Gonzalo de Berceo, Arcipreste de Hita o las Cantigas del Rey Sabio, por citar sólo alguno de los más conocidos exponentes) a la que tan sinceramente se rinde homenaje. En esta abismada soledad -oscura es nuestra noche- de un monólogo interior basado en una autenticidad sin fisuras con la Virgen del Sol Saliente, Madre que nos bendice con los días azules y las cálidas tardes, están cifradas la indudable altura y el interés lírico del poemario de José Antonio Sáez.