


"Estas son las líneas más serias que he tenido que escribir en mi vida (...) Hay que haber vivido al menos tres años en Cuba, hay que tener la pretensión de decir la verdad, toda la verdad y parte de la mentira. He aquí la situación límite de una isla rodeada de viento por todas partes. Aquí han ocurrido grandes y terribles esperanzas, han halado con todas sus fuerzas sin varar en el vacío .../... Volveré. No mires atrás. Adiós, Cuba"
Mas no volvió. Blas de Otero (1916-1979), regresó de la isla con un cáncer y con deseos aún de inaugurar una nueva etapa "entre el cielo y la tierra, recién divorciado" y un buen puñado de poemas y memoria anudado al corazón. En esas circunstancias, -"estaba instalándose serenamente, de vuelta, en la última parte de su vida", recordaba días atrás su viuda, Sabina de la Cruz-, inicia "Hojas de Madrid con La galerna", publicado ahora de manera íntegra y avalado por la importancia que supone que de los 306 poemas reunidos, 161 sean rigurosamente inéditos.
Escritos entre 1968 y 1977, esta imprescindible edición, cuenta con un notorio prefacio de un gran amigo y experto en la obra oteriana, Mario Hernández, quien anota: "Volvía a la familiaridad de su patria y a un entorno que estaba lleno de sentido histórico para él: historia de su vida, de quien fue niño en el Madrid anterior a la guerra civil (...) Madrid asentaría su alma y la ahondaría".
Sabina de la Cruz, que ha ordenado los poemas de manera cronológica, los ha dividido a su vez en cuatro secciones, más un apéndice que lleva por título "La galerna", tal vez, la parte más alejada de la unidad temática que envuelve el conjunto. En estos 58 textos, el poeta bilbaíno se acerca a su lado más depresivo y convoca con su verso la fugacidad del tiempo, a la par que comienza a mostrar las debilidades físicas que entonces le acechaban: "El día dice a veces que estoy muerto,/ a veces dice sí, sí, sí:/ entonces doy un grito y me despierto".
El resto, es un volumen de voz madurada y evocadora, un profundo ejercicio de conocimiento y revisión vital, del que sobresale una temática muy oteriana: la creencia desmedida en el hombre y la batalla interior por encontrar el pleno dominio de la conciencia. Se aprecia, a su vez, un mayor sosiego, una mirada menos crispada hacia el entorno y hacia el ayer: porque muchas de estas páginas retoman sus remembranzas bilbaínas -sobre todo en su segunda parte- y su casi definitivo adiós: "Bilbao. Me voy ya pronto/ y no sé si volveré". Pero también aborda su distinta realidad social, su reencuentro grato con la capital, su gozosa y renovada bocanada de saludable amor, la cotidianeidad de saberse en la rueda de su patria "después de cincuenta y dos años y de dar la vuelta al mundo cinco veces", junto a su ácida dosis de ironía: "Yo amo a tus problemas como a tu seno izquierdo./ Sólo para acariciarlo".
Y al mismo tiempo, queda en algunos de sus textos, esa esencia y esos recuerdos cubanos de haber vivido allí durante más de tres años. Y de haber exprimido a fondo sus vivencias. En poemas como "Jimaguas", "La jaba", "Me complace más que el mar" ("Te veo allá recostado en el malecón de la Habana, la camisa suelta y sandalias y grandes gafas oscuras", Blas de Otero retoma ese resón lingüístico, ese decir feraz y de resistencia, que tanto tuvo que ver con su estancia caribeña. En otros poemas, como "Bajo el sol de las doce", su verbo se hace eco sentido de cuanto allá vivió y dejó: "Aquella casa en La Habana, en el reparto Santos Suárez, donde vivía con Fernanda y con Jorgito./ Mi única casa./ Mi casa caída de espaldas contra mi última esperanza (...) Sepa todo el mundo, de un lado a otro del Atlántico, que yo recojo mi casa entre las cenizas y la pongo en el sitio del corazón".
Ahora, los lectores, tienen la inmejorable oportunidad de acercarse a esta emocionada e íntima biografía y dejar que fluyan por sus venas todos aquellos textos que, tras más de cuatro décadas, se hacen públicos; y que el mismo Blas de Otero imaginara viendo leer a su esposa: "Cuando yo muera, tú te sentarás a la mesa con el pelo entrecano y releerás mis papeles, mis cuadernos, mis desdichas".