

"Recibir Un premio es importante, pero no recibirlo carece de la menor importancia", esta frase se la escuché por primera vez al poeta cubano Manuel Díaz Martínez, no sé si es original de él. Antes de recibir, este año, el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa era un gran escritor en lengua española; era un clásico. Ya en su primera novela, La ciudad y los perros, el escritor peruano aportaba nuevas técnicas narrativas. Sería bueno aclarar que una cosa son "ingredientes" narrativos y otra "técnicas", según mi humilde opinión. Lo primero son hallazgos a partir de credos técnicos ya establecidos -lo cual puede y debe alcanzar cualquier escritor de verdadero talento- y lo segundo es, precisamente, inaugurar un credo que luego le servirá a los demás autores, para dar con los hallazgos.
Desde aquella primera novela, hasta hoy, Mario Vargas Llosa ha dado a conocer una novelística exuberante y, lo más difícil, de altos quilates. Lo que quiero decir es que es muy difícil, es excepcional más bien, que un escritor de novelas consiga una obra copiosa a la par que cada pieza resulte extraordinaria.
En varias de sus conferencias, el autor de La guerra del fin del mundo ha afirmado que su guía para la concepción de la novela ha sido Víctor Hugo. "Una novela son muchas novelas", ha sentenciado Vargas llosa, quien piensa además que este género gana por "acumulación" y que toda obra novelesca tiene, lo quiera o no el autor, un asidero político. Recuerdo que en una de sus intervenciones públicas, él tomaba como ejemplo, para argumentar lo anterior, a Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Y su argumentación resultaba convincente. Y, por lo tanto, un norte para quienes querían tomar o redefinir su camino en al arte de la novela.
"Ojalá que salga electo para que se joda", cito textual esta expresión de una investigadora literaria estadounidense -de izquierda, claro- cuando el gran peruano-español se postulara para la presidencia de Perú en 1990, lo cual demostraba que aun los cerebros superiores (me refiero a Vargas Llosa) comenten pifias. El precio que pagó el pueblo peruano luego que eligiera al contendiente de Vargas Llosa en aquellas elecciones, ya lo sabemos, fue caro, sangriento: Alberto Fujimori resultó un absolutista de timbre mayor. La gran pregunta es: ¿qué hubiera sido de Perú si las votaciones hubieran beneficiado a Mario Vargas Llosa?, ¿qué hubiera sido de la literatura hispanoamericana y universal si así hubiera resultado? Dejo la respuesta a otros. Aclaro, el hecho de que antes yo haya escrito "pifia" se refiere sólo a que, en mi opinión, un escritor no debe sacrificar a sus lectores inmolándose de esta manera; o sea, cuando califico de "pifia" aquel gesto romántico de Mario Vargas Llosa, esto no sugiere una respuesta para las interrogantes anteriores.
Y solemos decir, cuando nos referimos al autor de Conversación en la catedral, "novelista" y "novela". De este modo, la mayoría preterimos la otra obra, igual de magna, que corre paralela a su novelística. La ensayística, de la cual creo que son paradigmas García Márquez: historia de un deicidio y Entre Sartre y Camus; así como su creación dramática, de la cual, según lo que he leído al respecto, destacan Al pie del Támesis y Ojos bonitos, cuadros feos.
Como era de esperar, la izquierda más rancia, o más cochambrosa, ha atribuido el otorgamiento del Nobel de Literatura al autor peruano como la consecuencia de su postura política -en favor de la democracia y en contra por tanto de los regímenes dictatoriales, y enaltecedora del liberalismo-: no podía ser de otra manera, los izquierdistas de bajo rango humano jamás estarán de acuerdo, o peor, siempre irán al ataque -de cualquier forma, por sucia que fuere- contra quien se pronuncie contra la enajenación propia de las dictaduras. Llama la atención que cuando el Nobel ha sido destinado a ciertos escritores autoproclamados de izquierda, defensores de dictaduras como, por ejemplo, la castrista, han resultado enaltecidos por aquélla de modo inusitado.
¿Una llamada telefónica de la Academia Sueca puede cambiar el destino de un gran escritor? ¿Acaso antes de esa llamada un autor excepcional no era lo mismo que después de contestar la llamada: excepcional? Bueno, de cualquier modo, gracias a Mario Vargas Llosa, gracias a la Academia Sueca.
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(Santa Clara, Cuba, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha obtenido en dos ocasiones (1983 y 1988) el importante Premio Nacional de la Crítica concedido en la Isla a los mejores libros de cada año. En el campo de la narrativa tiene publicados los libros de cuentos Las llamas en el cielo (considerado un clásico del género en Cuba) y En el nombre del hijo; y las novelas Con tu vestido blanco, Serás comunista, pero te quiero e Inglaterra Hernández. Su novela Un ciervo herido, publicada por la Editorial Plaza Mayor en 2003, fue traducida al italiano en 2005, con una acogida extensa en la crítica literaria de Italia. Acaba de publicar su novela El corazón del Rey. Actualmente trabaja en México.